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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 175

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175: Deseo (2) 175: Deseo (2) “Ma.… ma.…” repetía Toco-Toco, tratando de articular las palabras que parecían atascadas en su garganta.

Su corazón latía con fuerza mientras miraba a la figura frente a él, incapaz de creer lo que veía.

“Sí, soy yo, tu madre, mi pequeño gatito,” dijo ella con una sonrisa cálida, acercándose lentamente hacia él.

Su nombre era Siri, era una gata blanca como la nieve, con ojos bicolor: uno rojo y otro verde, exactamente como los de Toco-Toco.

Llevaba un vestido celeste que resaltaba su elegancia natural, y su voz era tan amable que parecía envolver al pequeño felino en un abrazo invisible.

“Creo que tuvo una pesadilla o le asustó el entrenamiento de ayer.

Es mejor que descanse,” comentó Siri, colocando suavemente una pata sobre la frente de su hijo para comprobar si tenía fiebre.

“No tiene fiebre, pero seguramente el entrenamiento de ayer le sacudió el cerebro.” “No, puedo ir a entrenar,” insistió Toco-Toco, sus ojitos brillando con determinación.

Aunque su mente estaba llena de preguntas, no quería perder ni un segundo de este momento con sus padres.

“Bien, mi niño, puedes ir,” respondió Siri, besándolo en la frente antes de darle un cariñoso abrazo.

Toco-Toco correspondió al abrazo con fuerza, pensando para sí mismo: “¿Es esto real?

¿En serio estoy aquí?” Se preguntó mentalmente si todo lo que había vivido con Paltio y el remolino no había sido más que un mal sueño.

“Hijo, ¿quién es ese Paltio del que hablabas?” preguntó Ged, interrumpiendo los pensamientos de Toco-Toco.

Su padre lo observaba con curiosidad, inclinando ligeramente la cabeza.

“¿Por qué lo conoces, papá?” respondió Toco-Toco, sorprendido por la pregunta.

“No, pero antes de entrar escuché que repetías su nombre.

¿Es acaso un amigo tuyo?” preguntó Ged, frunciendo el ceño ligeramente.

“No conozco a nadie con ese nombre.” “No es nada, papá.

Olvídalo,” dijo Toco-Toco rápidamente, tratando de desviar la conversación.

“Bien, entonces, ¿es momento de entrenar, te parece, hijo?” Toco-Toco asintió entusiasmado.

“¡Sí!” “Pero primero vamos por el desayuno,” intervino Siri con una sonrisa maternal.

“¡Sí!” dijeron ambos, padre e hijo, al unísono.

El pequeño felino se levantó de la cama y comenzó a prepararse.

Se puso sus botas y su traje azul favorito, junto con sus dos armas preferidas: las sais que su padre le había regalado.

Ajustó su cinturón, hecho especialmente por su madre, y sintió cómo cada pieza de su atuendo lo conectaba aún más con esta realidad.

Los tres felinos compartieron un desayuno lleno de risas y conversaciones ligeras.

Una vez terminaron, Ged y Siri se colocaron sus respectivos trajes de combate, demostrando que ambos eran guerreros experimentados y respetados.

“Te falta esto, mi pequeño,” dijo Siri, colocándole un medallón antiguo alrededor del cuello.

“Es de tu abuela.

Ha pasado de generación en generación.” “Gracias, mamá, miau,” respondió Toco-Toco, tocando el medallón con reverencia mientras una oleada de orgullo lo invadía.

Los tres salieron de su hogar y se dirigieron a un coliseo donde otros gatos ya estaban entrenando.

El lugar bullía de energía, con el sonido metálico de las armas chocando y los gritos de esfuerzo resonando en el aire.

“Bien, muchachos, diviértanse,” dijo Siri, despidiéndose con una sonrisa antes de unirse a un grupo de guerreras.

“Siri es la mejor.

Es una líder ejemplar y la más fuerte entre todos los felinos, ¿no te parece, hijo?” comentó Ged con orgullo evidente en su voz.

“Sin duda, mamá es la mejor, miau,” respondió Toco-Toco con un brillo de admiración en sus ojos.

Pero mientras avanzaba hacia el campo de entrenamiento, su mente seguía dividida.

“Qué raro…

¿Por qué el coliseo y los demás gatos están aquí?

¿Y dónde está el mocoso del príncipe?” se preguntaba Toco-Toco, intentando reconciliar esta nueva realidad con los recuerdos que creía reales.

De repente, alguien le dio una palmadita en la cabeza.

“¡Hola!

¿Tierra a Toco-Toco?” dijo una voz burlona.

“¿Despiertas o todavía sigues dormido parado?

¿Es acaso una nueva moda?” “¡Ah!

Eres tú, primo Mikol,” dijo Toco-Toco al ver al gato morado acercarse.

Mikol era más alto que él, con un pelaje brillante de un tono púrpura profundo que lo hacía destacar entre los demás.

“Pues, ¿quién más crees que es?

¿Tu amiguita, la gatita que está por allá?” bromeó Mikol, señalando hacia donde Zaril estaba entrenando.

“¿O es algo más para ti, miau?” “¡Oye, tranquilo!

¿Qué disparates dices?

Ella es solo una amiga,” respondió Toco-Toco rápidamente, aunque sus mejillas se ruborizaron ligeramente ante el comentario.

“Qué bueno, porque ella viene para acá,” replicó Mikol con una sonrisa traviesa.

“Hola, Toco-Toco,” dijo Zaril al llegar, su voz suave pero segura.

Era una gata gris con ojos azules penetrantes, y llevaba puesto su traje de combate.

“Quería saber si quieres acompañarme más tarde a hacer unas compras.” “¡Ah!

Hola, Zaril,” respondió Toco-Toco, sintiéndose aún más nervioso al notar cómo lo miraba directamente.

“Claro…

Con gusto lo haré,” logró decir finalmente, tratando de disimular su incomodidad.

En su mente, Toco-Toco estaba confundido.

“Un momento…

¿Ella nunca me había hablado antes?

Siempre fue tan tímida…

¿Y ahora qué le pasa?” pensó, analizando la situación mientras intentaba mantener una expresión relajada.

“Creo que algún ratón le comió la lengua,” bromeó Mikol, cruzándose de brazos.

“Pero qué bueno, mi primo siempre quiso una cita contigo.” Toco-Toco salió de su trance y fulminó a Mikol con la mirada.

“¡Qué te metes, primo!” exclamó, ahora completamente ruborizado por los comentarios de su primo.

“Está bien, no te me sulfures,” dijo Mikol, levantando las manos en señal de paz.

“Por suerte, tienes a tu primo que te puede dar unos consejitos en el amor.” “No te pedí tu consejo ni tu ayuda,” respondió Toco-Toco, molesto, pero tratando de mantener la calma.

“Si ya terminaron de jugar, es momento de entrenar,” interrumpió Ged, apareciendo detrás de ellos con una expresión seria pero orgullosa.

“Vamos, muchachos, no hay tiempo que perder.” “Sí, ya vamos, papá.

Creo que es mejor hacer eso,” dijo Toco-Toco rápidamente, corriendo hacia el campo de entrenamiento para evitar más comentarios incómodos.

El entrenamiento fue intenso.

Toco-Toco lanzaba golpes precisos, moviéndose con agilidad mientras practicaba con otros felinos.

Aunque seguía teniendo dudas sobre esta realidad, su cuerpo respondía como si siempre hubiera pertenecido a este lugar.

Al final, su padre se acercó para evaluarlo.

“Lo hiciste bien,” dijo Ged, cruzándose de brazos.

“Pero aún te falta más potencia en tus ataques.

Sin embargo, eres mejor que tu primo, que está tirado y agotado en el suelo.” Los amigos de entrenamiento de Toco-Toco lo felicitaron, dándole palmadas en la espalda.

“¡Bien hecho, Toco-Toco!” dijeron algunos, sonriendo con admiración.

A pesar de las felicitaciones, Toco-Toco seguía lleno de preguntas.

Todo parecía demasiado perfecto, como si fuera una mentira que no quería desvanecerse.

Este mundo era exactamente lo que siempre había deseado: sus padres vivos, sus amigos cerca y una vida llena de propósito.

Pero, ¿cómo era posible?

¿Cómo podían estar todos aquí, vivos y felices?

Mientras caminaba perdido en sus pensamientos, chocó accidentalmente con alguien.

“Hola, pequeñín, ¿estás bien?” preguntó una voz profunda y tranquilizadora.

Toco-Toco levantó la mirada y vio a Golden frente a él, observándolo con una sonrisa amable.

“¿Toco-Toco?, ¿verdad?” preguntó el líder de los felinos.

“Señor Golden, lo lamento,” dijo Toco-Toco rápidamente, inclinando la cabeza en señal de respeto.

“No fue mi intención chocar con usted.” “Tranquilo, muchacho, no pasó nada,” respondió Golden entre risas, colocando una mano sobre el hombro del pequeño felino.

“Pero debes ver por dónde andas; podría haber alguna cosa peligrosa en tu camino.” “Lo siento, señor.

No volverá a pasar,” respondió Toco-Toco, sintiéndose aliviado al notar la calma en la voz de Golden.

“Está bien,” dijo Golden, observando a Toco-Toco con una mezcla de orgullo y seriedad.

“Vi tu entrenamiento, y vaya que está dando frutos lo que mi gran general, es decir, tu padre, te está enseñando.

Pronto te convertirás en un gran soldado, y quién sabe…

Tal vez luego seas mi mano derecha, como lo es tu padre.” “Gracias, señor, miau,” respondió Toco-Toco, inclinando la cabeza con respeto mientras un brillo de emoción iluminaba sus ojos.

“Veo que eres el más rápido de tu edad, incluso más rápido que otros que son mayores,” continuó Golden, sonriendo entre risas.

“Aunque, claro, no tanto como yo.” “Me halaga, mi señor, miau,” replicó Toco-Toco, sintiendo cómo sus mejillas se ruborizaban ligeramente ante los elogios de su líder.

Mientras conversaban, alguien interrumpió a Golden.

Este se giró hacia la voz, asintiendo brevemente antes de volverse hacia Toco-Toco.

“Nos vemos pronto, pequeño felino.

Ya ansiaba mucho ver en qué te convertirías,” dijo con una sonrisa cálida antes de retirarse.

Toco-Toco permaneció en su lugar, mirando cómo Golden se alejaba.

Su corazón latía con fuerza, lleno de orgullo y satisfacción.

“Esto es todo lo que siempre quise,” pensó.

“La admiración del señor Golden, que mi familia esté orgullosa de mí, y que mis amigos me vean como alguien a seguir…

como mi primo Mikol.” Por primera vez en mucho tiempo, sentía que pertenecía plenamente a este mundo.

Mientras tanto, en otro lugar, Paltio también experimentaba una mezcla de emociones similares.

Todo parecía perfecto: estaba rodeado de amigos que lo admiraban, sus padres estaban presentes y felices, y era tratado con respeto en la escuela.

Sin embargo, algo en su interior seguía susurrándole que esta realidad era demasiado buena para ser verdad.

“¿Es esto real?

¿O solo estoy viviendo un sueño?” se preguntaba mentalmente, aunque no podía negar que disfrutaba de esta nueva vida.

En un rincón oscuro, lejos de ambos mundos, dos figuras observaban lo que estaba ocurriendo.

Una de ellas habló con un tono burlón: “Vaya, vaya…

Parece que se están divirtiendo con el deseo que estaba dentro de sus corazones.

Qué patético.” “Es momento de cambiarlo todo,” respondió la otra voz, cargada de amenaza y frialdad.

“Que enfrenten la cruda realidad, como la pesadilla que realmente es.” Una carcajada siniestra resonó en el aire mientras las sombras comenzaron a moverse, envolviendo a las figuras en una oscuridad densa e impenetrable.

Algo grande estaba por suceder, algo que pondría a prueba la verdadera fortaleza de Paltio y Toco-Toco.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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