La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 178
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178: Desirnight 178: Desirnight “Paltio…
Paltio…” Una voz suave pero firme resonó en su mente, como un eco que lo llamaba desde la distancia.
“¿Es así como te vas a dejar vencer?
Tranquilo, muchacho, esto es más que una simple prueba frente a ti.
Vamos, levántate.
Hazlo por tus seres queridos y por tu deseo de hacer un mundo más justo.” Pero Paltio seguía paralizado, su cuerpo pesado y su mente llena de oscuridad.
“No puedo moverme,” murmuró, su voz apenas un susurro ahogado por el dolor.
“Ya no puedo hacer nada.
El mal ha triunfado.” “Tranquilo, niño,” respondió la voz, ahora tomando forma frente a él.
Era una mujer envuelta en una nube brillante, su figura etérea flotando como una silueta luminosa.
Su presencia irradiaba calma, pero también una fuerza implacable.
“Esto no es real.
Es un lugar que alguien controla, y Golden sabía que sería una prueba difícil para ti.
Pero con esto, podrás alcanzar tu cien por ciento.
Vamos, levántate.” “¿Cómo puedes decir eso?” replicó Paltio, su voz cargada de frustración.
“Todo está perdido.
Todo el mundo me odia.
Piensan que no sirvo para nada.” “No, muchacho,” dijo la nube con dulzura, acercándose un poco más.
“Eso son solo tus malos pensamientos.
En verdad, la gente desea algo grande de ti.
Veo un futuro prometedor para ti, lleno de posibilidades.
Solo necesitas creer en ti mismo.” “¿Y tú cómo sabes eso?” preguntó Paltio, mirándola con recelo.
“No puedo verte bien…
Solo veo una nube con silueta de mujer delante de mí.” “Esa es mi forma, muchacho,” respondió ella con una risa suave.
“Puedes llamarme Nube en Forma de Mujer, como un chico que conozco que tiene más o menos tu edad.” Hizo una pausa y añadió: “Pero esa historia es para otra ocasión.
Creo que lo conoces.
Bueno, yo solo soy un heraldo de los grandes seres.
Vamos, ponte de pie.
Aún sigues vivo, aunque mentalmente estás muerto.
Tú tienes el control de ti mismo.
Vamos, te prometo que esto cambiará para bien.” En ese momento, voces familiares comenzaron a resonar en la mente de Paltio.
Eran las voces de todos aquellos con quienes había compartido su travesía por el Cetro: amigos, aliados, incluso la voz de Rykaru, quien lo quería como un hijo a un padre.
Cada una de ellas lo animaba, dándole fuerzas para seguir adelante.
“No te rindas, Paltio.” “Tienes el poder de cambiar las cosas.” “Confía en ti mismo.
¡Eres más fuerte de lo que crees!” Poco a poco, Paltio comenzó a ponerse de pie.
Se ajustó el cuello, enderezó la espalda y miró hacia adelante con determinación renovada.
Fue entonces cuando escuchó dos voces discutiendo entre ellas, como si estuvieran peleando por algo.
“Bien hecho, muchacho,” dijo la nube con una sonrisa cálida.
“Es momento de irme.
Haz tu mejor esfuerzo.
Ya no puedo intervenir más.
Te deseo lo mejor.” Con esas palabras, la nube comenzó a desvanecerse, dejando atrás solo un brillo tenue que se deshizo en el aire.
Cuando Paltio despertó completamente, se encontró frente a un espacio extraño e indefinido.
Las dos voces que había escuchado antes seguían discutiendo, pero ahora parecían más cercanas.
Al acercarse, estas lo notaron y se detuvieron.
“Vaya, vaya,” dijo una de las voces, llena de sarcasmo y burla.
“Parece que aún quieres más.” “¿Qué cosa son ustedes?” preguntó Paltio, mirando alrededor tratando de identificarlas.
“Buena pregunta, niño,” respondió la voz amarga y enojona.
“Somos algo así como entidades.
Y este es nuestro dominio.” La segunda voz, mucho más gentil, intervino con un tono que parecía envolver a Paltio en una calma tranquilizadora: “Dinos, niño…
¿Por qué desististe de continuar incluso en la adversidad?” Paltio bajó la mirada, pensativo, como si buscara las palabras adecuadas para expresar lo que había sentido en ese momento de debilidad.
Finalmente, respondió con sinceridad: “Estaba perdido…
pero decidí continuar.” “Ya veo,” dijo la voz gentil, su tono reflejando una mezcla de comprensión y aliento.
“Pero…
¿quiénes son?
No veo sus cuerpos,” preguntó Paltio, levantando la vista hacia la oscuridad de donde provenían las voces.
Su curiosidad se mezclaba con un leve temor, aunque intentaba disimularlo.
Escudriñó el espacio frente a él, tratando de distinguir cualquier forma o figura que pudiera revelar la identidad de aquellos seres.
De repente, del lugar oscuro donde se encontraban comenzó a emerger una sombra que lentamente tomó forma.
La criatura que apareció era extraña y fascinante al mismo tiempo: un ser humanoide siamés, con dos cabezas que rotaban cada vez que hablaban.
En lugar de rostros, llevaba máscaras: una blanca con bordados dorados y una sonrisa amable, y otra oscura con bordes plateados, cuya sonrisa torcida irradiaba terror.
Las máscaras cambiaban de posición cada vez que la voz alteraba su tonalidad.
La criatura tenía dos brazos con manos humanas, pero en lugar de uñas, poseía garras afiladas que parecían capaces de destrozar acero como si fuera mantequilla.
Vestía un traje de gala plateado impecable, y una cola larga y delgada sobresalía por detrás, moviéndose con vida propia.
Paltio sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Aunque las palabras de la nube femenina aún resonaban en su mente, dándole fuerza, no podía evitar sentirse nervioso e intimidado ante la presencia de esta extraña criatura.
Sin embargo, decidió mantener la compostura.
“Saludos, muchacho.
Espero no asustarte con mi forma,” dijo la máscara blanca con un tono gentil.
“No, nada de eso,” respondió Paltio, aunque sus palabras salieron arrastradas, revelando su incomodidad.
Pasaron unos minutos antes de que reuniera el coraje para hacer una pregunta.
“Me podría decir cuál es su nombre?” “¡Claro!
¿Dónde están mis modales?” dijo la criatura.
La máscara blanca tomó la palabra primero: “Mi nombre es Desire.” Luego, la criatura giró su cuerpo, dejando que la máscara negra quedara frente a él.
“Y yo soy Nightmare,” continuó esta última con una voz que helaba la sangre.
“Déjame hablar a mí,” interrumpió Desire, volviendo a tomar la posición principal.
“Como quieras,” replicó Nightmare con indiferencia.
“Pero nos conocen más comúnmente como Desirnight, una combinación de nuestros nombres,” explicó Desire con una sonrisa en su máscara.
“Es un placer.
Mi nombre es Paltio.” “Encantado,” respondió Desire con cortesía.
“Aunque ya sabemos quién eres al observar tus deseos y pesadillas, pequeño niño.” Luego, con un gesto elegante, invocó una pantalla en el aire que mostraba a Toco-Toco enterrado bajo pilas de huesos, luchando desesperadamente por liberarse.
“¡Toco-Toco, no!” exclamó Paltio, con el corazón encogido al ver a su amigo en esa situación.
“Debo salvarlo.” “No puedes,” dijo Nightmare con frialdad, su voz cortante como una cuchilla.
“¿Por qué?” preguntó Paltio, confundido y frustrado.
“Porque solo aquel que combate sus propios demonios internos puede salir de nuestra realidad,” explicó Desire con calma.
“Ya veo…
Pero está sufriendo,” murmuró Paltio, angustiado.
“Así seguirá hasta que resuelva su problema,” declaró Nightmare de manera tajante, sin un ápice de compasión.
“Maldición…
No puedo hacer nada por Toco-Toco,” se lamentó Paltio, apretando los puños con impotencia.
Volviendo a lo que te iba a preguntar, Desire intervino nuevamente: ¿Qué tal si continuamos?
¿Por qué están en este lugar?” “Sí, Ah eso… bueno…
Golden nos dio una llave dorada para completar mi entrenamiento, pero no pensé que esto llevaría a su dominio.
Les pido una disculpa por entrar sin permiso,” respondió Paltio con sinceridad.
“Ya veo…
Al menos eres educado.
Eso debe ser porque eres de la realeza,” comentó Desire con un tono amable.
“Así que ese doradito nos mantuvo aquí y ahora quiere que entrenes porque hay un conflicto inminente.
Además, atraparon al bobo de Avocios,” añadió Nightmare con sorna.
“¿Cómo lo sabes si no te dije nada?” preguntó Paltio, sorprendido.
“Tonto muchacho, puedo leer tu mente y tus pensamientos cuando estuve presente en tus peores deseos y pesadillas, como yo las llamo,” respondió Nightmare con una risa burlona.
“Ya veo,” dijo Paltio, tratando de asimilar la situación en la que se encontraba.
Su mente trabajaba rápidamente, intentando comprender cómo funcionaban estos seres y qué esperaban de él.
“Lo que mi hermano trata de decirte, joven príncipe, es que mientras él imparte el miedo para poner a prueba si la gente es digna de su retorcido juego, yo me dedico a cumplir los deseos más profundos que laten en los corazones de los demás,” explicó Desire, su máscara blanca irradiando una calma casi hipnótica.
“Pero no puedo dejar a Toco-Toco en ese lugar…
Tengo que rescatarlo,” interrumpio Paltio, eligiendo cuidadosamente sus palabras.
Mantuvo un tono educado y respetuoso, pues no sabía cómo podrían reaccionar estas entidades ante una muestra de desafío o frustración.
Temía que cualquier señal de confrontación pudiera hacerlo caer de nuevo en ese ciclo interminable de deseos y pesadillas.
“No, no puedes,” respondió Nightmare con frialdad, cerrándose como si la sola idea de liberar a Toco-Toco fuera absurda.
“Oye, muchacho, ¿no habías venido aquí para entrenar?
Podrías entrenar con nosotros…
aunque no entiendo cómo lograste escapar de nuestro poder.” Paltio sintió una punzada de nerviosismo al escuchar esa pregunta.
Sabía que no podía mencionar a la nube en forma de mujer; si lo hacía, pondría en peligro a quien lo había guiado hasta este punto.
En lugar de eso, optó por una respuesta cuidadosamente medida.
“Es porque mi convicción es fuerte…
Y por eso no puedo ser entrenado por ustedes mientras un amigo está en problemas.” Desire inclinó ligeramente su máscara, como si estuviera sopesando las palabras de Paltio.
“Ya veo…
Entonces, ¿harías cualquier cosa por liberarlo?” preguntó, con un tono que parecía estar poniendo a prueba la determinación del joven príncipe.
“Sí, lo haría sin dudar,” respondió Paltio con firmeza, su voz cargada de seriedad.
Ambas caras de la criatura siamesa giraron simultáneamente, y una risa extraña resonó en el aire, mezclando los tonos opuestos de Desire y Nightmare.
“Bueno, está decidido.
Yo, Desire, no nosotros (Desirnight), dejaremos que salves al gato…
Pero tendrás que hacer algo por nosotros.” “¿Algo como qué?” preguntó Paltio, sintiendo que el peso de la conversación estaba a punto de tomar un rumbo inesperado.
“Deberás sacarnos de este lugar,” respondieron ambas voces al unísono, distorsionadas y resonantes, como ecos que se entrelazaban en una melodía inquietante.
La cola de la criatura se movió con agitación, reflejando la intensidad del momento.
“¿Qué vas a hacer, muchacho?” preguntó Desirnight, su máscara oscura inclinándose hacia adelante, como si quisiera leer más allá de las palabras de Paltio.
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