La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 179
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179: La Prisión 179: La Prisión Paltio miró fijamente a Desirnight, pero su mente estaba dividida.
Por un lado, estaba Toco-Toco, atrapado en una pesadilla viviente combinada con un deseo que parecía tan agridulce como confuso.
Era su amigo, su maestro, quien lo había estado entrenando desde el principio.
No podía abandonarlo, no después de todo lo que habían compartido.
Pero, por otro lado, estaba el trato con esta criatura dual enfrente de él.
Golden no habría encerrado a Desirnight sin una razón poderosa.
¿Era posible que liberar a este ser pusiera en peligro no solo al mundo, sino al universo entero?
“¿Qué esperas, niño?
Si ves, es un trato justo…
bueno, algo justo,” dijo Desirnight, girando sus máscaras con un movimiento fluido.
“Además, si me ayudas, te entrenaré como bono extra.
Pero tendrás que dejarme salir al mundo.
Tú decides, niño.
Tic, tac…
Se acaba el tiempo.
Mientras más se quede tu amigo en ese lugar, más difícil será sacarlo.
Terminará pegado en la pesadilla, convirtiéndose en un nutriente para mi deleite.
Vamos, niño, apresúrate.
Esta oferta expirará pronto.
¿Es un sí o un no?” Paltio cerró los ojos con fuerza, tratando de imaginar qué harían sus seres queridos en su lugar.
“¿Qué haría Golden en estos momentos?” pensó.
“Creo que no dejaría a Toco-Toco en ese lugar y accedería a la demanda de este ser.” Luego, recordó a Mok.
“Mok me diría que la vida de un amigo vale más que cualquier cosa…
aunque también está el tema de que esta cosa puede perjudicar al mundo si sale.” “¿Y Alita?” reflexionó.
“Ella lo haría y luego engañaría al ente con su astucia…
pero eso no es propio de mí.” Sonrió ligeramente ante la idea, pero sabía que no era su estilo.
“Ron, no.
Solo diría que le dé unos buenos golpes al enemigo y libere al gato.” Sacudió la cabeza.
“Eso tampoco funcionaría aquí.” Luego pensó en Lukeandria.
“Ella directamente mataría al ser antes de querer hablar.
Definitivamente, esos dos últimos no serían una buena opción.” Finalmente, recordó a su abuelo.
“Si mi abuelo estuviera aquí, lo salvaría sin dudar, porque piensa igual que Mok.
Después de todo, fue su maestro.” Rykaru apareció en su mente.
“Él también querría enfrentarlo y salvar a Toco-Toco a la vez.” “¿Qué dirían mis padres?” se preguntó.
“Ellos siempre decían: ‘Hazlo según dicte tu corazón.'” Abrió los ojos lentamente, respirando hondo.
“¿Qué hago?
¿Qué hago?” murmuró para sí, intentando ponerse en la posición de alguno de sus conocidos.
Finalmente, tomó una decisión.
“Si lo libero, después puedo intentar atraparlo.
Lo intentaré,” se dijo a sí mismo.
“Si doy mi palabra, no puedo retractarme.
Después de todo, alguien de la realeza no es digno de confianza si no cumple su acuerdo.” “¡Niño!
Y bien, ya me estoy aburriendo.
Tic, tac,” presionó Desirnight, su cola moviéndose con impaciencia.
Paltio lo miró fijamente durante unos segundos antes de hablar con determinación: “Está bien, acepto tu trato.
Pero garantízame que me dejarás salvar a Toco-Toco y que me entrenarás.
Solo así yo te dejaré libre.” “Qué bueno que accediste, niño.
No eres tonto después de todo…
Aunque aún un poquito,” dijo Desirnight, riendo con ambas máscaras al unísono, sus risas combinadas creando un eco extraño que resonaba en el aire.
Pero Paltio no se dejó intimidar.
“Necesito algo que garantice que no solo me das tu palabra vacía,” aseguró, mirando a la criatura dual con desconfianza.
“Vaya…
Al menos tienes cerebro, bien,” respondió Desirnight, girando ligeramente su cuerpo.
Con un movimiento elegante de sus garras, invocó un contrato que flotó entre ellos.
Luego, con una de sus afiladas garras, se hizo un pequeño corte en uno de sus brazos humanos y dejó caer una gota de su sangre sobre el papel.
“Bien, ahora es tu turno, niño.
Tú también debes firmar.” “Sí, pero primero debo leerlo todo,” indicó Paltio, extendiendo una mano hacia el contrato.
Lo tomó con cuidado y comenzó a leer cada línea detenidamente, buscando cualquier trampa oculta.
Después de unos momentos, asintió con satisfacción.
“Está bien, estoy de acuerdo.” Desirnight sonrió detrás de su máscara blanca, pero antes de que pudiera acercarse, Paltio levantó una mano para detenerlo.
“Espera.
No vas a clavarme esa garra.
Me podrías cortar el brazo entero,” dijo, señalando las enormes garras de la criatura.
“Llorón,” murmuró Nightmare desde su máscara oscura, aunque sin perder su tono burlón.
Con un gesto rápido, sacó un cuchillo pequeño y se lo lanzó al muchacho.
“Toma, niño.
Hazlo tú mismo.” Paltio atrapó el cuchillo con cuidado, agradeciendo brevemente antes de hacerse un pequeño corte en la palma de su mano.
Dejó caer una gota de su propia sangre sobre el contrato, que inmediatamente comenzó a brillar con una luz intensa.
El papel flotó en el aire, vibrando como si estuviera vivo, sellando el pacto entre ambos.
“Bien, chico, ya está listo el contrato.
Ve por el gato y luego entrenamos.
Apresúrate, que no tienes mucho tiempo,” dijo Desirnight, su voz mezclándose con una risa siniestra.
“Aunque, recuerda, el tiempo en este lugar es relativo…
Casi no se mueve, a menos que yo lo desee.” Con un movimiento fluido de sus garras, Desirnight abrió una grieta dimensional frente a Paltio, revelando un espacio oscuro y lleno de energía.
Sin dudarlo, el joven entró en ella, sintiendo cómo la grieta se cerraba detrás de él.
Al otro lado, se encontró en el lugar donde estaba Toco-Toco, atrapado bajo una pila interminable de huesos.
“Aguanta, Toco-Toco, ya voy por ti,” murmuró Paltio, avanzando rápidamente hacia la montaña de huesos.
Escuchó un lamento lastimero proveniente del interior, un débil maullido que le rompió el corazón.
“¡Toco-Toco, resiste!
Soy yo, te voy a rescatar,” gritó mientras comenzaba a retirar los huesos uno por uno.
Pero cada vez que sacaba un hueso, otro aparecía en su lugar, como si la pila fuera infinita.
Paltio frunció el ceño, frustrado.
“Maldición, estas cosas no tienen fin…
¿Cómo desearía tener a Golden en mi mente para que me ayude a saber qué hacer en estos momentos?” pensó, apretando los dientes mientras continuaba intentándolo.
De repente, una idea cruzó su mente.
“Golden…
¡Golden!” exclamó, levantando los brazos al cielo.
Cerró los ojos y concentró todos sus pensamientos en el poderoso guerrero dorado, deseando con todas sus fuerzas que su energía lo guiara.
En ese momento, una oleada de poder recorrió su cuerpo, envolviéndolo en un brillo dorado intenso.
Sus manos fueron cubiertas por unos guantes verdes metálicos que irradiaban energía pura.
“¡Genial!
El poder de Golden sí funciona,” dijo Paltio emocionado, flexionando sus manos recién potenciadas.
Decidido, comenzó a usar sus puños para pulverizar los huesos que lo rodeaban.
Por un breve instante, logró ver al felino atrapado en el centro de la pila, pero justo cuando pensó que había avanzado, los huesos volvieron a reaparecer como si estuvieran vivos.
“Necesito más poder,” murmuró Paltio, elevando aún más la intensidad del poder de Golden.
Su cuerpo brillaba con una luz casi cegadora mientras canalizaba toda su fuerza de voluntad en liberar a su amigo.
Paltio estaba al 50 por ciento del poder de Golden, lanzando ataques rápidos con sus manos y pies, golpeando los huesos con precisión y fuerza.
Pero, por más que los destruía, los huesos seguían reapareciendo como si estuvieran vivos, multiplicándose ante sus ojos.
“¿Qué hago?” pensó Paltio, frustrado pero decidido a no rendirse.
Entonces tomó una decisión.
Elevó su poder al 80 por ciento.
Su cuerpo comenzó a brillar con una intensidad aún mayor, y aunque la armadura que lo cubría estaba incompleta, el aura que lo rodeaba se volvió abrumadora, casi palpable.
Era como si el aire vibrara a su alrededor, cargado de energía pura.
“¿Quién es?” murmuró Toco-Toco débilmente desde el interior de la pila de huesos.
Pero luego, con voz temblorosa, añadió: “Déjenme…
Este lugar es mi destino.” “¡Nunca!” gritó Paltio con firmeza, su voz resonando como un trueno.
“No me voy a rendir.
Te voy a sacar de ahí, Toco-Toco.
Ya verás.” Con renovada determinación, canalizó todo su poder al 80 por ciento, desatando una oleada de golpes devastadores.
Los huesos comenzaron a desmoronarse más rápido, acercándolo cada vez más al felino atrapado.
“Toco-Toco, ¡soy yo, soy Paltio!” gritó el joven, esperando que su amigo lo reconociera.
Pero la voz de Toco-Toco sonó distante, casi derrotada.
“¿Paltio?
No existe ningún Paltio.
No es real,” dijo el gato, enrollado en posición fetal, como si intentara protegerse de algo invisible.
“Casi te alcanzo,” murmuró Paltio entre dientes, concentrando toda su energía en romper la barrera de huesos.
Sin embargo, justo cuando parecía estar cerca, unas bolas de pelo de gato comenzaron a formarse alrededor de la prisión, sellando el lugar completamente.
Eran duras como el material más resistente del planeta, impenetrables incluso para los golpes más poderosos.
Por más que Paltio intentaba romperlas, estas no cedían ni un milímetro.
Toco-Toco abrió un ojo brevemente al escuchar la voz de Paltio, pero luego lo cerró de nuevo, murmurando con cansancio: “Vete…
Déjame dormir aquí para siempre.” “Toco-Toco, ¡no te rindas!” exclamó Paltio, su voz llena de desesperación y convicción.
“Yo tampoco lo he hecho.
Esto es solo una ilusión, muy real y cruel, pero yo te voy a sacar de ahí.
¡Te lo prometo!” “No puedes…” respondió el gato con un maullido lastimero.
“Déjame…
Miau…
Déjame aquí.” “¡No lo haré!” dijo Paltio con firmeza, sus ojos ardiendo con una determinación inquebrantable.
Decidió aumentar su poder a toda costa.
Por un instante, un casco comenzó a formarse sobre su rostro, completando parcialmente su armadura.
Su aura cambió, volviéndose más brillante y densa, como un sol en miniatura que iluminaba el lugar.
Con todas sus fuerzas, gritó: “¡No te dejaré aquí, Toco-Toco!
¡Eres mi amigo, y vienes conmigo!” Con un rugido feroz, lanzó un potente golpe hacia la prisión de Toco-Toco.
El impacto liberó un rayo dorado que iluminó todo el espacio, desprendiendo una energía tan poderosa que hizo vibrar el aire a su alrededor.
La pila de huesos y las bolas de pelo comenzaron a desintegrarse, desmoronándose como arena bajo una tormenta.
Finalmente, la mano de Paltio tocó la pata de Toco-Toco.
“¡Te tengo!” exclamó, aferrándose a su amigo con fuerza mientras lo sacaba de la prisión.
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