Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 18 - 18 ¿Vida Extraterrestre y Anillos
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: ¿Vida Extraterrestre y Anillos?

18: ¿Vida Extraterrestre y Anillos?

Pasó un día más, y el carruaje seguía avanzando a toda prisa sin detenerse.

Sin embargo, Paltio interrumpió el viaje cuando notó que uno de los caballos cojeaba ligeramente.

—Pax, debemos parar —dijo con firmeza—.

Uno de los caballos está herido.

Pax frunció el ceño, pero finalmente accedió.

No lo hizo por obligación, sino porque Paltio había sido amable al devolverle su energía durante la última batalla.

Se detuvieron junto a un claro en el bosque.

Con la ayuda de la esfera Ulimeo, Paltio curó rápidamente la pata del caballo.

Mientras tanto, el resto del grupo comenzó a sentir los estragos del hambre: llevaban todo un día de viaje sin probar bocado.

—No podemos detenernos mucho tiempo —indicó Pax, cruzado de brazos—.

Si logramos llegar antes, podrás ver a tus padres más pronto.

—Lo sé —respondió Paltio con cansancio—, pero…

Un rugido sonoro proveniente del estómago de Ron interrumpió la conversación.

Todos se miraron; incluso el estómago de Pax no pudo ocultar su protesta silenciosa.

—Bien, haremos una breve parada —cedió Pax, aunque con reticencia—.

Solo un rato.

Recuerden que aún nos quedan dos días de camino hasta Fuertelia.

—¡Bien!

—exclamaron todos al unísono.

—Tengo tanta hambre que podría comerme un caballo —bromeó Ron, frotándose el estómago.

Los caballos lo miraron con ojos acusadores, y él levantó las manos en señal de inocencia—.

¡Solo bromeaba!

Pero sí, tengo mucha hambre.

—¿Qué hay en las provisiones?

—preguntó Alita, dirigiéndose a Paltio.

—Bueno, creo que cargaron algunos cereales y panes —respondió este con seguridad.

Ron corrió hacia el baúl del carruaje, ansioso por saciar su apetito.

Pero al abrirlo, su entusiasmo se desvaneció al instante.

En lugar de comida, encontraron un enorme hueco vacío.

—¿Y la comida?

—preguntó Ron, incrédulo y frustrado—.

¿Dónde está?

—No puede ser —replicó Alita, acercándose para verificar.

Ella también se sorprendió al ver el hueco en el baúl—.

Es verdad, Paltio, ven a ver esto.

Paltio se acercó y observó el interior del baúl.

Solo quedaba una bolsa con la mitad de los granos.

—Esto no es posible… Ellos llenaron las provisiones antes de partir —murmuró, desconcertado.

—Seguramente alguien intentó hacerte una broma, chico —intervino Pax con indiferencia—.

Algún idiota del ejército de las Sombras Rojas debió haber robado las provisiones y dejado este hueco como “gracia”.

—¿Cómo sabes eso?

—preguntó Mok, frunciendo el ceño.

—Porque eso solían hacerme cuando era un simple soldado de campo —respondió Pax, encogiéndose de hombros—.

Cosas de principiantes.

—Maldición… Y ni siquiera nos dimos cuenta durante todo el trayecto hasta aquí —se lamentó Paltio, pasándose una mano por el cabello.

—Tranquilo, señorito —intervino Mok con calma—.

Seguro habrá alguna solución.

Por ahora, lo mejor será reunir alimentos.

Iré a buscar algo comestible.

—Dicho esto, cogió un poco de fuego azul y se adentró en el bosque.

—Oigan, Golden —llamó Paltio—, si uso la esfera Ulimeo, ¿podré reparar la madera de este baúl?

—Claro —respondió Golden—.

La esfera puede curar objetos inertes también.

Paltio colocó la esfera frente al baúl, y mágicamente, el gran hueco comenzó a cerrarse.

En cuestión de segundos, el baúl estaba como nuevo.

—¡Asombroso!

—exclamaron Alita y Ron al unísono.

—Bien, iré a buscar comida para los caballos —anunció Pax, ajustándose la capa—.

Y ustedes, reúnan algunas ramas para hacer una fogata.

Así podremos cocinar lo que traiga Mok.

—Entendido —respondió Paltio, asintiendo.

Todos se repartieron las tareas y se dispersaron.

Mientras tanto, Golden aprovechó para advertir a Paltio sobre el uso de la esfera.

—Recuerda, joven príncipe —dijo Golden con seriedad—, aunque la esfera puede curarlo todo, no debes usarla a la ligera.

Cada vez que sanas a alguien o algo, existe el riesgo de efectos secundarios inesperados.

Por eso Avocios entrego el poder del cetro a los de tu especie para evitar abusos.

—¿Qué tipo de efectos secundarios?

—preguntó Alita, intrigada.

Golden reflexionó un momento antes de responder.

—Por ejemplo, podrías terminar con un cuerno en la cabeza que desaparecería gradualmente en dos o tres días.

Alita se imaginó con un cuerno de unicornio brotando de su frente y se estremeció.

—¡Mejor apunta esa cosa hacia otro lado, Paltio!

Todos rieron brevemente ante la ocurrencia, pero la preocupación por la falta de provisiones aún flotaba en el aire.

Sin embargo, decidieron mantener la calma y trabajar juntos para resolver el problema.

—Bien, la guardaré en mi bolsa —dijo Paltio, asegurándose de que la esfera Ulimeo estuviera a salvo—.

Y recuerda, puedo usarla, pero solo una vez al día por persona.

¿Queda claro, príncipe?

—Sí —respondió Paltio, el príncipe de Avocadolia, con determinación.

Mientras tanto, Pax regresó al campamento cargando comida para los caballos.

Los muchachos ya habían reunido suficientes ramas para encender una fogata cuando vieron a Mok acercarse arrastrando un gran animal que parecía un jabalí.

—¡Vaya!

¿Y dónde encontraste eso?

—preguntó Ron, impresionado por el tamaño del animal.

—Bueno, lo encontré por ahí… —respondió Mok con modestia—.

Nosotros, los Reeds, también somos buenos cazadores.

—Excelente, Mok.

Como siempre —comentó Paltio con una sonrisa, mientras Alita añadía: —Interesante… Y sin ninguna mancha en tu traje.

—¡Bah!

Presumido —murmuró Pax, cruzado de brazos.

Golden, observando al grupo con curiosidad, intervino: —Qué raro que este mundo tenga animales salvajes.

—¿Animales salvajes?

—repitió Paltio, intrigado.

—Sí, príncipe —explicó Golden—.

Durante mis miles de viajes por el universo junto al señor Avocios, conocimos un planeta donde los animales eran similares a estos, pero no tenían pensamientos ni capacidad de hablar.

Me hace reflexionar sobre este lugar…

Un planeta donde el avocado tiene forma humana, al igual que tus enemigos.

Me hace pensar en el por qué el señor Avocios eligió establecerse aquí más que en otros lugares.

—¿A qué te refieres con “formas humanas”?

—preguntó Alita, curiosa.

—Pues verán —continuó Golden—, hay un planeta en una galaxia muy lejana donde existen seres parecidos a ustedes, pero sin pigmentaciones ni hojas.

Tampoco tienen ese color de piel ni las cascaras que llevan en sus espaldas.

Algunos tienen vellos en su cuerpo en lugar de eso.

Es diferente, pero fascinante.

—Pensé que no había vida fuera de este mundo —comentó Mok, procesando la información con asombro—, pero al escucharte hablar así, me dan ganas de investigar más.

—Entonces, ¿hay personas como nosotros?

—preguntó Paltio, interesándose cada vez más en el tema—.

¿Personas que hablan y todo eso, pero sin el color de nuestra piel ni nuestras características?

—¡Vaya!

El príncipe interesándose en algo… ¡Eso es nuevo!

—bromeó Ron, provocando risas entre el grupo.

—Sí, muchacho —continuó Golden—.

Hay muchas formas de vida en este vasto universo.

Espero que algún día puedas visitarlo.

Pero creo que esa raza, los llamados seres humanos, aún no está preparada para ustedes.

Los tratarían como fenómenos.

—¿Entonces son peligrosos?

—preguntó el príncipe, preocupado.

—Algunos sí —respondió Golden con seriedad—, pero también hay quienes son buenos.

De vez en cuando, iba con Avocios a visitarlos.

Claro, en ese planeta adoptábamos otra forma.

Pax interrumpió abruptamente la conversación: —¡Ya basta de charlas!

¿Vamos a comer o qué?

Todos se dieron cuenta de que habían olvidado el hambre mientras escuchaban a Golden.

Sin perder más tiempo, pusieron manos a la obra para cocinar la carne del jabalí.

Mok, como siempre, se encargó de prepararla.

—Como siempre, Mok haciendo de las suyas —comentó Paltio con una sonrisa.

Mientras tanto, Golden se decía a sí mismo en voz baja: —Qué interesante planeta… Animales, frutas, verduras y otros objetos inanimados con formas humanas, y algunos pocos en su estado primario, salvajes.

El señor Avocios a veces hace cosas extrañas.

—Una leve risa resonó en el interior de su casco.

De pronto, Paltio preguntó: —Oye Golden, ¿crees que Avocios siga aquí o se haya ido a otro planeta?

Si es así, la búsqueda será mucho más difícil.

Golden respondió con calma: —Tranquilo, aún presiento su presencia en este plano.

Así que si debe estar en este mundo.

Una vez que Mok terminó de cocinar la carne y todo estuvo listo, repartió un pedazo a cada uno.

El aroma era irresistible.

—Huele bien —dijo Pax, levantando la vista desde su escondite en un árbol cercano—.

Espero que también sepa bien.

Todos comenzaron a comer, y rápidamente quedaron extasiados con el sabor de la carne.

Claro, Pax comió apartado de los demás, ocultándose tras el tronco del árbol para evitar quitarse el casco y revelar su rostro.

Sin embargo, desde su refugio improvisado, gritó: —¡Está bueno, mayordomo!

—Gracias —respondió Mok, aceptando el cumplido con una leve inclinación de cabeza.

Pax bajó del árbol para pedir más comida, pero los demás aprovecharon la oportunidad para preguntarle algo que llevaban tiempo curiosos por saber.

—¿Por qué no te quitas el casco?

—preguntó Ron sin rodeos.

Pax fingió indiferencia y respondió con una excusa rápida: —Es un decreto de mi líder, Tejod.

No puedo quitármelo.

Dicho esto, regresó al árbol con otro pedazo de carne, dejando a los demás con más preguntas que respuestas.

—Vaya, estoy lleno —dijo Ron, recostándose sobre el suelo—.

Si como algo más, voy a explotar.

—Yo tampoco suelo comer mucho, pero esta comida estuvo deliciosa —añadió Alita, limpiándose las manos.

—Gracias, Mok —dijo Paltio con una sonrisa, mientras los demás asentían en señal de agradecimiento.

En ese momento, Toco-Toco emergió del holograma que proyectado a Golden apareciendo flotando cerca del grupo.

Parecía que incluso a él se le había hecho agua la boca al ver la carne.

—¿Y tú no comes?

—preguntó Paltio, dirigiéndose a Golden.

—No, muchacho —respondió este con calma—.

Soy más bien vegetariano.

—Ah, ya veo… ¿O es porque no puedes atravesar las cosas físicas con tu forma holográfica?

—bromeó Paltio, provocando una risa entre los presentes.

—Bueno, sí, eso también —admitió Golden con una sonrisa—, pero principalmente no como carne.

Aunque Toco-Toco siempre me representa en esos casos.

—¿Podremos llevar la carne para el viaje?

—preguntó Ron esperanzado.

—Lo dudo —respondió Mok—.

No tenemos cómo mantenerla fresca.

Sin un refrigerador, se malogrará rápidamente y no nos servirá.

—Qué mal…

—se lamentó Ron, quien aún tenía ganas de disfrutar más de la carne al día siguiente.

—Pero, Alita, tú eres una Hassdalia —intervino Golden—.

¿Por qué no usas tu magia para congelar la carne?

—Pues verá, señor… —respondió Alita, apenada—.

Todavía no sé usar magia.

—¡Oh!

Discúlpame por la pregunta —dijo Golden rápidamente, notando su incomodidad.

—No hay de qué —respondió ella con una pequeña sonrisa.

—Quizá yo pueda mantenerla fresca, pero solo por un día —interrumpió Mok, sacando un anillo de uno de sus bolsillos.

Apuntó hacia la carne restante, y esta se congeló instantáneamente.

—¡Guau!

Eso es interesante —comentó Alita, sorprendida—.

¿Cómo lo hiciste?

¿Es magia?, ¿verdad?

—Bueno, sí y no —respondió el mayordomo misteriosamente.

—¿Cómo es eso?

—preguntó Ron, intrigado.

—Es magia atrapada —explicó Mok—.

Es cuando se le echa un encantamiento a un objeto, permitiéndole portar magia por breves periodos de tiempo.

No es tan poderoso como la magia de los grandes hechiceros, pero puede ser útil en ciertas situaciones.

Sacó una caja de su saco y la abrió, revelando seis anillos iguales al que tenía colocado en el dedo con piedras de distintos colores.

—¿Y esto qué es?

—preguntó Alita, observando los anillos con curiosidad—.

¿Por qué tienes siete anillos, contando con el que traía puesto?

—Son anillos de magia atrapada —respondió Mok—.

Cada uno contiene un elemento o combinación de elementos.

Por ejemplo, este que tengo puesto tiene hielo, representado por la piedra celeste.

—Entonces, ¿este que tiene una piedra roja es de agua caliente?

—preguntó Ron, señalando otro anillo.

—No, muchacho —corrigió Mok con paciencia—.

Este con piedra roja es de fuego.

El azul es agua, el blanco es aire, el marrón es tierra, el amarillo es electricidad, y el verde es naturaleza.

Los muchachos miraron los anillos fascinados, imaginando las posibilidades detrás de aquellos pequeños objetos cargados de magia.

—¡Qué genial!

—exclamó Alita, observando los anillos con asombro—.

¿Quién te dio esos anillos?

—Sí, ¿quién te dio ese gran regalo?

—preguntó Golden, genuinamente curioso.

Pax, al escuchar la conversación, también se interesó.

Desde su rincón, pensó en lo útil que sería tener uno de esos anillos o, al menos, saber dónde conseguirlos.

—No sabía que tenías esas cosas.

¡Qué genial!

—dijo Paltio, emocionado por el descubrimiento.

Mok sonrió ligeramente antes de responder: —Bueno, señorito, conseguí estos anillos durante mis viajes gracias a una amiga mía.

Era una gran hechicera que me los entregó como recompensa por una misión en la que la ayudamos en Fuertelia.

Lamentablemente, nunca más volví a verla.

—¡Oh!

Qué pena —comentó Golden con un tono de nostalgia—.

Pero ¿cómo era esta mujer?

—Pues…

siempre llevaba una máscara de búho en el rostro.

Nunca mostraba su verdadera identidad —respondió Mok, recordando aquel encuentro.

—¿Dijiste una máscara de búho?

—interrumpió Golden, frunciendo el ceño bajo su casco holográfico—.

Entonces esa tonta sigue regalando cosas a los mortales… —¿La conoces, Golden?

—preguntó Mok, sorprendido por la reacción del holograma.

—¿Que si la conozco?

Es Meliradal, la hechicera.

Uno de los guardianes de Avocios, como yo —respondió Golden con seriedad—.

Es una vieja conocida, aunque no siempre compartimos las mismas ideas.

—Interesante… —murmuró Paltio, reflexionando—.

¿Crees que, si la encontramos, ella sepa algo de Avocios?

—Es posible —dijo Golden después de un momento de silencio—.

Y si lo que dice el mayordomo es cierto, quizá aún esté en Fuertelia.

Mok asintió.

—La última vez que la vi fue en Fuertelia, en una de las montañas.

—Entonces, ¿crees que todavía esté allá?

—preguntó Paltio, con una mezcla de esperanza y urgencia en su voz.

—Es probable —respondió Golden—.

Tengo preguntas que hacerle.

Además, tal vez ella pueda ayudarme a salir de este holograma.

Debemos irnos ya a Fuertelia.

Sin pérdida de tiempo.

—Quizá ella también pueda enseñarme a usar magia —añadió Alita, entusiasmada ante la posibilidad.

—Podría ser, muchacha —indicó Golden, mirándola con una leve sonrisa holográfica—.

Pero primero debemos encontrarla.

Con determinación renovada en sus ojos, todos subieron al carruaje.

El grupo estaba decidido a llegar a Fuertelia y conocer a la enigmática hechicera Meliradal, cuya ayuda podría ser clave para sus respectivas búsquedas.

El carruaje avanzó nuevamente por el camino, mientras el tiempo seguía corriendo implacable.

Faltaban 26 días para que se cumpliera el plazo impuesto por Tejod.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo