La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 180
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- Capítulo 180 - 180 El Último Entrenamiento
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180: El Último Entrenamiento 180: El Último Entrenamiento Paltio, con energías renovadas, desató un golpe devastador que destruyó todo a su paso.
La pila de huesos y las bolas de pelo se desintegraron por completo, liberando finalmente a Toco-Toco.
El gato, al sentir la mano de Paltio tocándolo y verlo frente a él, abrió los ojos lentamente.
“¿En verdad eres tú, muchacho?
Miau,” preguntó, su voz llena de incredulidad.
“Sí, soy yo, Toco-Toco.
Soy Paltio,” respondió el joven con una sonrisa cansada, pero antes de poder decir algo más, sus fuerzas lo abandonaron por completo.
Cayó rendido sobre el felino, quien lo miró con una mezcla de sorpresa y molestia.
“¡Miau!
Quita de encima, muchacho, pesas demasiado.
Aunque…
sí, eres real,” dijo Toco-Toco, moviéndose para acomodarse bajo el cuerpo inconsciente de Paltio.
“Qué bueno que lo logré…” murmuró Paltio débilmente antes de perder el conocimiento por completo.
Desirnight observó la escena con diversión.
Con un movimiento elegante de su cola, abrió una grieta dimensional y sacó tanto a Paltio como a Toco-Toco del lugar.
Al despertar, el gato se encontró en un espacio oscuro y desconocido, con el cuerpo de Paltio a su lado.
“¿Qué pasó?
¿Dónde estoy?” preguntó Toco-Toco, mirando a su alrededor con preocupación.
Se acercó rápidamente a Paltio y comenzó a zarandearlo.
“¡Paltio!
¡Mocoso, estás bien?
Miau,” exclamó, tratando de despertarlo.
“Tranquilo, estará bien.
Solo se desmayó,” respondió Desirnight, apareciendo frente a ellos.
Su presencia imponente llenaba el espacio, aunque su tono era relativamente calmado.
“¿Qué cosa eres?” preguntó Toco-Toco, mirando al ser dual con desconfianza.
“Por ahora, soy un amigo tuyo y del mocoso,” respondió Desirnight con una media sonrisa en su máscara blanca.
El ente se acercó a Paltio y colocó sus manos sobre él.
Toco-Toco, alerta, se interpuso rápidamente.
“¡Oiga no le vayas a hacer nada con esas garras afiladas!” dijo el gato, intentando proteger a su amigo.
“Tranquilo, gato.
No le voy a hacer nada.
Además, me debe algo,” replicó Desirnight con calma.
Retrajo sus garras y, con un toque suave, una luz cálida emanó de sus manos, reanimando a Paltio.
El joven abrió los ojos lentamente, sobresaltándose al ver a Desirnight tan cerca.
Pero al notar la presencia de Toco-Toco a su lado, una sonrisa de alivio se dibujó en su rostro.
“Estás bien,” murmuró, sintiendo una oleada de gratitud.
Desirnight explicó brevemente a Toco-Toco cómo Paltio lo había salvado de su prisión.
El felino, conmovido, se acercó a Paltio y, en un gesto inusual, lo abrazó.
“Puedes tocar mi pelaje si quieres, te doy las gracias por salvarme.
Aunque a veces te trato mal, miau,” dijo Toco-Toco, su voz cargada de afecto.
“Tranquilo, todo está bien,” respondió Paltio, tratando de incorporarse.
Aunque aún estaba débil, sentía una renovada determinación.
“Bien, muchacho, eres toda una proeza,” dijo Desirnight, cruzando sus brazos.
“Ahora descansa un poco, porque empezaré con tu entrenamiento lo antes posible.
Aunque veo que ya llegaste al cien por ciento por unos instantes, solo falta que lo mantengas.” Como si supiera lo que necesitaban, Desirnight hizo aparecer comida frente a ellos.
Tanto Toco-Toco como Paltio tenían hambre, y sus estómagos rugieron en señal de agradecimiento.
Ambos comieron hasta saciarse, recuperando sus fuerzas.
“Bien, siguiendo lo estipulado en el contrato, ahora procederé a entrenarte,” anunció Desirnight.
De pronto, el lugar comenzó a transformarse, convirtiéndose en una plataforma de torneo rodeada de energía vibrante.
“Bien, muchacho, empecemos,” dijo el ente, señalando el centro de la plataforma.
“¿De qué contrato está hablando ese ser?” preguntó Toco-Toco, mirando a Paltio con curiosidad.
Paltio iba a responder, pero Desirnight lo interrumpió.
“No hay tiempo para explicaciones.” Desirnight, con un movimiento elegante de sus garras, comenzó a transformar el espacio a su alrededor.
El aire vibró con energía mientras las sombras se retorcían y tomaban forma, dando lugar a una estructura imponente: un estadio de peleas que parecía surgir de las mismas tinieblas.
Las gradas eran irregulares, como si estuvieran hechas de obsidiana negra, y el suelo del ring brillaba con un resplandor rojizo, como lava contenida bajo una capa de cristal.
Las paredes del estadio estaban decoradas con runas antiguas que emitían un leve fulgor, como si latieran con vida propia.
“Bienvenido a tu campo de entrenamiento, muchacho,” dijo Desirnight, girando su cuerpo para mostrar ambas máscaras.
La blanca sonreía con calma, mientras la oscura irradiaba una malicia sutil.
“Aquí pondrás a prueba no solo tu fuerza física, sino también tu voluntad y tu ingenio.
Prepárate, porque esto no será un simple juego.” Paltio observó el estadio con asombro, sintiendo cómo la atmósfera cambiaba a su alrededor.
Era como si el lugar mismo estuviera vivo, observándolo, juzgándolo.
Podía sentir el peso de las expectativas, pero también una extraña sensación de oportunidad.
“Estoy listo,” dijo finalmente, aunque su voz tembló ligeramente al principio De repente, desde uno de los túneles de peleadores, emergió un gato sombra musculoso y fuerte.
Era una versión más poderosa y amenazante de Toco-Toco.
“Este será tu oponente, gato.
Gánale y podrás revelar poderes que ni siquiera sabías que tenías,” dijo Desirnight, enviando al felino a otra plataforma cercana.
“Ahora que ya se fue tu amigo, comencemos,” dijo Desirnight con una voz que resonaba como un eco siniestro.
Sin previo aviso, extendió sus enormes garras y se lanzó hacia Paltio a toda velocidad.
El joven príncipe apenas logró esquivar el ataque, rodando hacia un lado justo a tiempo.
Al ver lo ágil y potente que eran los movimientos del ente, decidió no subestimarlo.
Con un rugido determinado, activó el poder de Golden al 80 por ciento, su cuerpo envuelto en un aura dorada que iluminó el campo de entrenamiento.
“Nada mal,” comentó Desirnight, deteniéndose brevemente para observar a Paltio.
“Pero prepárate, porque durante dos años en este mundo estaremos así.
Mientras tanto, en tu mundo solo pasarán dos días.” Su máscara blanca sonrió ligeramente, aunque su tono seguía siendo serio.
“Así que prepárate, muchacho…
Solo no mueras.
Si lo haces, no podrás sacarme de aquí.” Paltio asintió con firmeza, su corazón latiendo con fuerza, pero lleno de determinación.
“¡Sí!” exclamó, preparándose para el combate que sabía sería largo y desgastante.
Los amigos de Paltio también estaban inmersos en sus respectivos entrenamientos, cada uno enfrentando desafíos únicos que los llevarían a alcanzar nuevas alturas de poder.
Alita y Ron entrenaban arduamente bajo la tutela de sus mentores.
Alita ya dominaba las artes completas de la magia, combinando hechizos y conjuros con una precisión impresionante.
Cada movimiento de sus manos generaba destellos de energía que danzaban a su alrededor como luciérnagas mágicas.
Nakia, su maestra, observaba con orgullo mientras evitaba los ataques de su aprendiz.
“Nada mal, Alita.
Te has vuelto poderosa,” dijo Nakia, esquivando un rayo de energía que pasó zumbando junto a ella.
“Todo se lo debo a usted,” respondió Alita con humildad, aunque sus ojos brillaban de confianza mientras lanzaba otro hechizo.
Por su parte, Ron estaba llevando un millón de rocas en su espalda mientras escalaba un risco empinado.
Chiki, su mentor, lo observaba desde arriba, lanzándole proyectiles mágicos para mantenerlo alerta.
“¡Vamos, muchacho!
Aún no veo tu super armadura.
¿Hasta cuándo vas a seguir así?
¡Recuerda que solo queda un día para llegar a tu ciudad natal!” gritó Chiki, burlándose ligeramente.
“¡No molestes, perro pulgoso!” replicó Ron, jadeando bajo el peso de las rocas.
De repente, su cuerpo comenzó a brillar con un resplandor carmesí, y una armadura parcial apareció sobre su piel.
Era un signo claro de que estaba cerca de dominar su poder definitivo.
“Al parecer, ya falta poco para que este mocoso logre su etapa final,” se dijo Chiki mentalmente, sonriendo con satisfacción.
“¡Tú puedes, pelos de puercoespín!” gritó desde lo alto, lanzando otro proyectil mágico.
Lukeandria, por su parte, había logrado dominar la técnica de combinar sus clones con ataques ilusorios reales.
Cada uno de sus clones podía lanzar dagas de energía, flechas mágicas e incluso empuñar espadas encantadas.
Lume, su maestro, observaba con atención mientras ella enfrentaba múltiples enemigos imaginarios.
“Nada mal,” comentó Lume, cruzándose de brazos mientras veía la cantidad de clones que Lukeandria podía crear simultáneamente.
“Todo va muy bien.
Debemos estar preparados, puesto que muy pronto llegaremos a Avocadolia y enfrentaré a ese tejón malvado,” se decía ella mentalmente, concentrándose aún más en su combate.
Mok, el fiel mayordomo y protector, había logrado dominar las técnicas que Geki le había enseñado.
Ahora podía conjurar armas como kunais y cuchillos directamente desde su abrigo, lanzándolos con una precisión letal que destruía todas las rocas a su alrededor.
Además, había aprendido a utilizar la espada que Geki le había dado, colocando sus anillos especiales en la ranura para aumentar su poder.
“Nada mal,” dijo Geki, observando con orgullo cómo Mok derribaba una serie de objetivos con sus ataques.
“Estás listo para enfrentarte a cualquier desafío que se cruce en tu camino.” Rykaru, al no poder encontrar a Paltio, decidió continuar entrenando con la esperanza de que algún día volverían a reunirse.
“Debo hacerme más fuerte,” se repetía a sí mismo mientras lanzaba ráfagas de energía desde sus puños y piernas.
Cada golpe que daba resonaba con determinación, como si cada movimiento fuera un recordatorio de su promesa de proteger a quienes amaba.
Golden había pregrabado, oponentes en este plano de entrenamiento, diseñados específicamente para desafiarlo al máximo.
Rykaru peleaba contra ellos uno tras otro, enfrentándose a enemigos que aumentaban en fuerza y habilidad conforme pasaban los días.
Aunque estaba agotado, no se permitía descansar.
Sabía que cada segundo contaba.
“Casi, casi…
El pobre Rykaru se hacía autosuficiente,” pensaba mientras se esforzaba al límite, pero en su corazón seguía esperando reencontrarse con su “papi”.
En sus respectivos lugares, todos compartían un mismo pensamiento, aunque estuvieran separados por grandes distancias.
“Debemos hacernos más fuertes para no ser una carga para Paltio y así podamos ayudarlo a vencer a las sombras,” dijeron al unísono, como si sus corazones estuvieran conectados por un mismo propósito.
Cada uno de ellos sabía que el destino de Avocadolia dependía de su unidad y fortaleza.
Mientras tanto, Lucca permanecía atento dentro del carruaje, vigilando a sus amigos en todo momento.
Sus ojos escrutaban cada rincón durante las paradas, asegurándose de que nada ni nadie pusiera en peligro a sus compañeros.
Su postura era firme, siempre listo para actuar ante cualquier amenaza.
Aunque no hablaba mucho, su silencio era una declaración de lealtad y protección.
Ya solo quedaba menos de un día para llegar a Avocadolia, donde el alba marina los recibiría.
Todos sentían la presión del tiempo, pero también la esperanza de que sus esfuerzos darían frutos.
Sabían que pronto enfrentarían al tejón malvado y su ejército de sombras rojas, y que cada segundo de preparación sería crucial.
“Ya falta poco,” murmuró Lucca para sí mismo mientras observaba el paisaje pasar.
“Pronto estaremos allí.”
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