La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 181
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181: Avocadolia les da la Bienvenida 181: Avocadolia les da la Bienvenida “Hemos terminado con tu entrenamiento,” anunció Desirnight, su voz resonando como un eco en el vasto espacio del estadio.
Habían pasado dos años dentro de ese lugar, aunque en el mundo real solo habían transcurrido dos días.
Para Paltio, esos dos años habían sido una montaña rusa de desafíos, sacrificios y crecimiento.
Cada golpe recibido, cada técnica aprendida, había dejado su marca física y mental.
Paltio se detuvo frente a un espejo que apareció repentinamente en el estadio, su reflejo revelando los estragos del arduo entrenamiento al que había sido sometido.
Su cabello, ahora largo por el tiempo que había pasado sin cortarlo, le caía desordenadamente sobre los hombros, enmarcando un rostro marcado por cicatrices frescas y rasguños.
Sus ropas, antes impecables, estaban rasgadas y prácticamente destruidas, colgando en jirones sobre su cuerpo como testimonio de cada golpe recibido y cada batalla librada.
Con un movimiento práctico, sacó un objeto pequeño de su bolsillo —un viejo elástico que había guardado sin pensarlo— y recogió su cabello en una cola alta.
El cambio fue inmediato: su apariencia desaliñada dio paso a una imagen más ordenada, aunque no menos imponente.
Ahora parecía un guerrero curtido por la lucha, con una mirada decidida que reflejaba tanto su crecimiento como su fortaleza renovada.
“Vaya, ese nuevo look te queda bien, niño.
Te hace ver más imponente,” comentó Desirnight, su máscara blanca curvándose en una sonrisa burlona mientras giraba su cuerpo para observar mejor.
Aunque su tono era sarcástico, había un matiz de genuina admiración en sus palabras, como si reconociera el esfuerzo y la transformación que Paltio había experimentado.
El joven príncipe levantó una ceja ante el comentario, pero no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.
“Gracias, supongo,” respondió, pasando una mano por su nueva cola alta.
Sabía que el cambio no era solo estético; simbolizaba todo lo que había pasado durante esos dos años en el estadio.
Cada golpe, cada herida, había dejado su marca, pero también lo había hecho más fuerte.
Desirnight cruzó sus brazos, alternando entre ambas máscaras mientras hablaba.
“No está mal para alguien que apenas podía mantenerse en pie al principio.
Pero recuerda, niño, el verdadero desafío aún está por venir.” Paltio asintió con firmeza, su expresión volviéndose seria.
“Lo sé,” respondió.
“Y estoy listo.” El cuerpo de Paltio estaba cubierto de heridas y cicatrices producto del riguroso entrenamiento.
Pero no eran solo marcas en su piel; eran símbolos de su fortaleza renovada.
Sacó el cetro de Avocios, cuya energía dorada comenzó a curar sus heridas lentamente.
“Todo te lo debo a ti, Desirnight,” dijo el muchacho, inclinando ligeramente la cabeza en señal de gratitud.
“Vaya, tienes esa cosa contigo, niño,” respondió el ente, girando su cuerpo para observar el cetro con ambas máscaras.
“Esa cosa es muy poderosa…
¿Sabes usarla?” preguntó con genuina curiosidad, aunque su tono seguía siendo sarcástico.
“Por desgracia, no del todo,” admitió Paltio mientras sostenía el cetro con firmeza.
“Pero tú podrías enseñarme.” “No, yo no sé,” replicó Desirnight rápidamente, haciendo un gesto con sus garras.
“Además, esa cosa no la puede tocar nadie más que la familia real y el mismo Avocios.
Sus guardias también, pero seguramente tienen que usar un equipo especial…
Bueno, no doy más detalles,” concluyó, cruzándose de brazos como si quisiera evitar seguir hablando del tema.
En ese momento, Toco-Toco entró en escena.
Su presencia era diferente; irradiaba una nueva aura de poder que llamó la atención de ambos.
“Vaya, te hiciste más fuerte, compañero,” dijo Paltio, mirando al felino con admiración.
“Tú también, niño, miau,” respondió Toco-Toco, acicalándose los bigotes con una pata mientras intentaba ocultar su orgullo.
“Bien, Paltio, como ya sabes, es hora de que vuelvas al mundo real,” indicó Desirnight, su tono más serio de lo habitual.
“Y debes cumplir tu promesa.” “¿Promesa?
¿Qué promesa?” preguntó Toco-Toco, exaltado.
Durante todo el tiempo que habían pasado en ese lugar, nunca había tenido la oportunidad de preguntar.
“Es verdad, ¿qué promesa es esa?” Paltio suspiró profundamente antes de responder.
“Verás, a cambio de salvarte y de que me entrenara, le prometí a Desirnight que lo sacaría de este lugar.” “¡¿Qué?!” exclamó Toco-Toco, con los ojos abiertos como platos.
“Mocoso, no puedes hacer eso.
Debe haber alguna buena razón para que el señor Golden lo haya mantenido aquí encerrado.
¡No debes sacarlo!” “Paltio, recuerda que tenemos un contrato,” interrumpió Desirnight, cruzando sus brazos mientras su máscara oscura sonreía con malicia.
“Yo cumplí mi parte.
Ahora te toca a ti.” “Tranquilo, Toco-Toco,” dijo Paltio, colocando una mano sobre el hombro del gato.
“Ahora soy más fuerte.
Si causa algún problema, yo mismo lo recapturaré.” Su voz era confiada, aunque una energía distinta recorría su cuerpo, como si algo dentro de él hubiera cambiado durante el entrenamiento.
“Está bien, niño, pero es bajo tu responsabilidad,” respondió Toco-Toco, aceptando a regañadientes.
Aunque su expresión seguía mostrando preocupación, sabía que no podía detener a Paltio cuando tomaba una decisión.
“Bien,” dijo Paltio, sacando la llave dorada que había usado para entrar al dominio de Desirnight.
Al instante, una puerta se materializó frente a ellos, brillando con un resplandor etéreo.
“En qué momento me quitaste la llave, que ni lo sentí,” murmuró Toco-Toco, mirando a Paltio con asombro.
Paltio soltó una pequeña risa al ver la expresión del gato.
“Supongo que estaba demasiado ocupado luchando contra esos huesos,” respondió, encogiéndose de hombros.
Colocó la llave en la cerradura y giró.
La puerta se abrió, liberando remolinos de energía que comenzaron a envolverlos, intentando arrastrarlos hacia el mundo exterior.
“¡Esos remolinos otra vez!” exclamó Paltio, recordando la primera vez que los había enfrentado.
Sin embargo, esta vez fue diferente.
Con un golpe preciso y cargado de energía, dispersó los remolinos, dejando tras de sí una suave brisa que acariciaba sus rostros.
“Sí, es más fuerte, miau,” dijo Toco-Toco, observando cómo Paltio había controlado la situación con facilidad.
“Bien, señor Desirnight, puede venir con nosotros,” indicó Paltio, haciéndose a un lado para permitirle pasar.
Desirnight sonrió detrás de su máscara blanca.
“Con gusto, niño.
Después de todo, esto apenas comienza.” Los tres cruzaron la puerta juntos, dejando atrás el dominio de las sombras y deseos.
Al cruzar la puerta, Paltio, Toco-Toco y Desirnight emergieron en el mundo de entrenamiento de Golden, un espacio amplio y vibrante donde los rayos dorados del sol parecían danzar sobre el suelo.
La atmósfera era tranquila pero cargada de energía, como si estuvieran en el umbral entre lo real y lo mágico.
“Bien, muchacho, muchas gracias por cumplir con tu parte,” dijo Desirnight, inclinando ligeramente su cuerpo dual.
“Eres un príncipe y una persona de confianza…
Espero que logres tu deseo,” continuó con su máscara blanca sonriendo, aunque su tono tenía un matiz ambiguo.
“De lo contrario, te atormentaré con mis pesadillas.” Una risa escalofriante resonó en el aire, mezclando los tonos opuestos de sus dos voces.
“Desde aquí ya me puedo ir solo,” anunció el ente, girando su cuerpo hacia el horizonte.
“Ahora que soy libre, ¡aire libre!
Extrañaba eso.” Antes de marcharse, Desirnight extendió sus garras hacia Paltio y Toco-Toco, transformando sus ropas en atuendos completamente nuevos.
El nuevo traje de Paltio era impresionante.
Un conjunto verde esmeralda con bordados dorados que brillaban bajo la luz.
Llevaba un chaleco blanco impecable, una camisa blanca bien planchada y una corbata amarilla que le daba un aire elegante.
Complementaba el conjunto un pantalón verde oscuro y una capa que caía desde la cintura hasta los tobillos, ondeando suavemente con el viento.
Sus botas, inspiradas en las de Golden, pero mejoradas, eran de un marrón claro con adornos dorados que parecían emitir un leve fulgor.
Toco-Toco, por su parte, lucía un atuendo azul oscuro que combinaba estilo y funcionalidad.
Llevaba pequeños guantes de combate, un cinturón con múltiples compartimentos y sus armas habituales, ahora impregnadas con un toque de poder mágico que hacía que brillaran débilmente cuando las tocaba.
Su apariencia era la de un guerrero listo para enfrentar cualquier desafío.
“Bien, es momento de irme,” dijo Desirnight, retrocediendo lentamente mientras su figura comenzaba a desvanecerse.
“Espero que ganes, niño.” Y con esas palabras, el ente desapareció, dejando tras de sí una sensación extraña, como si su presencia aún latiera en el aire.
“Papi, ¡papi!” gritó una voz emocionada.
Rykaru apareció corriendo desde la distancia, con lágrimas en los ojos y una sonrisa enorme en su rostro.
Saltó hacia Paltio y lo abrazó con todas sus fuerzas.
“¡En verdad eres tú, papi!” “Sí, soy yo,” respondió Paltio, correspondiendo al abrazo con una sonrisa cálida.
Sin embargo, el pequeño Rykaru estaba tan emocionado que casi lo asfixiaba.
“Tranquilo, Rykaru, me estás apretando demasiado.” “No, eso no, nunca,” replicó Rykaru, aferrándose aún más fuerte.
“Estaba tan solo sin papi y sin el gatito…
Pero ahora estás aquí, y no te voy a dejar nunca, ¡nunca!” “Sí, pero si sigues así, te vas a quedar sin tu papi,” bromeó Paltio, tratando de respirar mientras acariciaba la cabeza del pequeño.
Después de unos momentos, logró calmarlo y miró su reloj.
“Es hora de irnos, Toco-Toco.
Nos quedan solo 12 horas antes de que se cumpla el pacto.” Los tres regresaron al mundo real, emergiendo en un lugar donde sus amigos ya los estaban esperando.
Todos habían cambiado notablemente durante el tiempo que pasaron entrenando.
Mok fue el primero en hablar, acercándose con una sonrisa burlona.
“Vaya, señorito, lo noto diferente…
Incluso copio mi estilo, tiene una cola como yo,” dijo Mok entre risas, señalando el cabello recogido de Paltio.
“Sí…” respondió Paltio, tocándose la cola alta con una pequeña risa.
“Así parece.” Todos lucían diferentes, con auras renovadas y atuendos que reflejaban su crecimiento durante el entrenamiento.
Alita llevaba un traje de maga hecho de plumas mágicas, azul brillante, que parecía flotar ligeramente a su alrededor.
Un chaleco con capa complementaba su look, junto con un báculo que irradiaba un aura de sabiduría y poder.
Parecía toda una maestra de las artes mágicas.
Ron, por su parte, vestía un pantalón negro y una camisa color camello, acompañada de un chaleco marrón que le daba un aire rudo pero sofisticado.
Sus botas marrones oscuro estaban cubiertas de polvo, evidencia de su arduo entrenamiento, y llevaba algunos curitas en la cara, prueba de los golpes recibidos durante su preparación.
Lukeandria se destacaba con su nuevo armamento.
Llevaba un escudo en forma de media luna que brillaba con un resplandor plateado bajo la luz, junto con una espada verde que parecía vibrar con energía propia.
Su traje de guerrera era de un naranja intenso que contrastaba maravillosamente con su cabello oscuro, dándole un aire feroz pero elegante.
Era evidente que estaba preparada para enfrentar cualquier desafío.
Mok, por su parte, seguía luciendo su clásico traje de mayordomo.
A primera vista, parecía que no había cambiado, pero Geki intervino antes de que alguien pudiera comentarlo.
“No se dejen engañar,” dijo con una sonrisa astuta.
“Este traje está hecho con los mejores materiales, resistente tanto a ataques mágicos como a impactos físicos.
Además,” continuó señalando el nuevo saco negro que Mok llevaba colgado al hombro, “este saco no es cualquier cosa.
Es como la bolsa interdimensional de Paltio, pero solo para armas.
Todo lo que guarda dentro está listo para ser usado en un instante.” “Vaya, todos lucen renovados,” comentó Lucca, con lágrimas en los ojos mientras observaba a sus compañeros.
Había algo profundamente emotivo en ver cómo cada uno había crecido durante su tiempo de entrenamiento.
“¡Ah, no te pongas así, viejo!” le dijo Rykaru, abrazándolo ligeramente.
“A mí tampoco me dieron un traje nuevo.” Intentó bromear para aligerar el ambiente, aunque era evidente que también sentía un poco de celos.
“¿Estás bien?” preguntó Alita, acercándose para darle un pequeño tirón en el cachete a Lucca, tratando de animarlo.
“Si quieres, te hacemos un traje,” añadió Nakia entre risas, aunque rápidamente se retractó.
“Bueno, tal vez no yo…
No soy muy buena haciendo trajes para hombres,” bromeó, provocando carcajadas en el grupo.
“Tranquila, déjamelo a mí,” dijo Geki, levantando una mano hacia Rykaru y Lucca.
Un destello de energía pasó por ellos, y sus atuendos habituales se transformaron sutilmente.
Desde afuera, parecían los mismos trajes de siempre, pero ahora irradiaban una nueva cualidad mágica.
“¡Pero si tenemos el mismo atuendo!” exclamó Rykaru, mirándose sorprendido.
“Claro, en efecto,” respondió Geki con una sonrisa confiada.
“Pero, al igual que el traje de Mok, ahora resistirán ataques mágicos e impactos.
No subestimen su apariencia simple; están hechos para durar.” Paltio miró hacia el horizonte, donde se divisaba el lugar que había dejado atrás casi un mes antes.
Aunque habían pasado tan poco, para él había sido como una eternidad.
Inspiró profundamente y se giró hacia el grupo.
“Por fin hemos llegado,” anunció con voz firme.
“Avocadolia…
Estamos de nuevo aquí, donde todo empezó y debe terminar.
Es momento de entrar.” Todos subieron al carruaje, que avanzó lentamente hacia la gran puerta del reino.
La entrada de Avocadolia se alzaba imponente frente a ellos, flanqueada por murallas altas y decoradas con motivos dorados que simbolizaban la grandeza del lugar.
Era un hogar que muchos de ellos habían extrañado, incluso aquellos que no lo conocían tan bien.
“Hogar dulce hogar,” murmuró Ron con una sonrisa nostálgica, aunque con un poco de sarcasmo en la voz, recostándose en su asiento.
“Ok, entonces…
Avocadolia nos da la bienvenida,” dijo Alita, mirando a su alrededor con una mezcla de emoción y determinación.
“Eso creo,” añadió, aunque su tono dejaba claro que sabía que este no sería un regreso tranquilo.
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