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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 183

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183: Preparativos (2) 183: Preparativos (2) En Tehtra, tras la reunión de las sombras, los señores tejones se dispersaron hacia sus respectivos lugares designados, donde aguardaban sus ejércitos.

Troba, o más bien Galatea disfrazada gracias a la magia de Meliradal, caminaba con cautela.

Estaba visiblemente alterada por lo que había presenciado durante el encuentro con los siete miembros del consejo de sombras.

Su misión era clara: debía informar a su reina, Strongia, sobre todo lo ocurrido para prepararlos ante lo que se avecinaba.

El lugar era grande y uno se podía perder, pero para fortuna de Galatea, los edificios estaban marcados con colores distintivos que identificaban cada ejército de sombras.

Mientras buscaba su posición asignada, algo llamó su atención: un encapuchado cruzó corriendo un callejón cercano.

Su figura oscura y furtiva despertó sospechas en ella.

Sin dudarlo, Galatea decidió seguirlo.

Entró al callejón con rapidez, pero el sujeto había desaparecido.

“Quizás sea solo mi imaginación jugándome una mala pasada”, pensó, atribuyendo la extraña sensación al ambiente tenebroso de Tehtra.

Justo cuando estaba a punto de marcharse, una corriente de aire frío proveniente de uno de los laterales capturó su atención.

Siguiendo el rastro del aire, inspeccionó los contenedores de basura y unas cajas apiladas.

Al acercarse, sintió nuevamente la misma brisa.

Movió las cajas con cuidado y descubrió un hueco en el suelo, oculto bajo ellas.

Dentro, una escalera descendía hacia la oscuridad.

Sin vacilar, Galatea comenzó a bajar, pisando con cautela cada peldaño.

Al pie de la escalera, un túnel oscuro se extendía frente a ella.

A lo lejos, divisó al mismo encapuchado que había estado siguiendo.

Este parecía indeciso, observando tres túneles que se bifurcaban en el camino.

Finalmente, eligió uno y avanzó.

Galatea lo siguió desde una distancia segura, confiando en sus lentes especiales para ver en la oscuridad sin necesidad de antorchas o fuego.

Después de un tiempo, escucharon voces a lo lejos.

El encapuchado se detuvo de golpe, ocultándose entre las sombras mientras prestaba atención.

Galatea hizo lo mismo, acercándose lo suficiente para escuchar también.

De pronto, el encapuchado sacó algo de su bolsillo.

Pequeñas flamas en forma de aves cobraron vida en su mano, iluminando parcialmente el túnel.

Un holograma apareció ante él: era Tejod quien lo observaba desde la proyección, quien había sido convocado por el general Bleko.

Bleko le explicó que planeaban traicionarlo.

Galatea, escondida en las sombras, escuchaba atentamente cada palabra, tratando de no hacer ningún ruido que pudiera delatar su presencia.

Cuando la conversación terminó, Bleko decidió avanzar más adentro del túnel.

Galatea lo siguió manteniendo una distancia prudente.

Pero entonces, algo inesperado ocurrió: Bleko se desplomó de repente, inconsciente, en el suelo.

Galatea sintió un escalofrío recorrer su espalda al ver una criatura horrenda arrastrando a Bleko hacia una sala oscura.

Su piel se erizó cuando notó que la criatura no estaba sola: un científico de apariencia grotesca, con características de rata, estaba junto a ella.

Era Meloc.

“Lo has hecho bien, mi querido Gibrido”, dijo Meloc con voz rasposa mientras acariciaba el cuerpo inerte de Bleko, ahora atado a una camilla.

Galatea contuvo una mueca de asco.

“Qué repugnante es esa cosa”, pensó para sí misma, tratando de mantener la compostura.

Pero algo más le heló la sangre: Bleko llevaba la misma insignia de las sombras negras que se mostraba en una pared del lugar.

“Si a su propia gente le hacen eso… no quiero ni imaginar lo que me harían”.

Desvió la mirada hacia otro lado y vio a Blajon y Tertrol conversando en voz baja.

Sin embargo, lo que realmente capturó su atención fue Meloc, quien parecía emocionado frente a una especie de ataúd metálico.

Galatea se preguntó qué podría contener aquel objeto, pero sabía que acercarse sería demasiado arriesgado.

Decidió que era mejor regresar por donde había venido y reportar todo lo que había visto.

Por suerte, Galatea había tenido la previsión de marcar el camino con una tiza que llevaba en su cinturón.

Siguiendo las marcas, retrocedió por los túneles hasta llegar a la entrada.

Subió rápidamente por la escalera y cerró la abertura detrás de ella, asegurándose de que nadie pudiera encontrarla.

Una vez afuera, revisó cuidadosamente si alguien rondaba el callejón.

Para su fortuna, no había nadie; parecía que los ciudadanos evitaban esa zona.

Sin perder tiempo, comenzó a buscar el lugar asignado al ejército de la sombra amarilla.

Caminó varias cuadras, observando estandartes colgados en cada edificio con los distintivos colores de las sombras.

Sin embargo, el suyo seguía sin aparecer.

Notó que toda esa área estaba cercada por alambres de púas, probablemente para evitar que los ciudadanos comunes entraran.

Desde la distancia, vio a algunos transeúntes pasar, pero ninguno se acercaba a esta zona, reservada exclusivamente para las residencias de las seis sombras.

Finalmente, llegó al sector asignado al ejército de la sombra amarilla.

Comparado con los demás, su territorio parecía más pequeño, incluso su edificio era modesto en comparación con las estructuras imponentes de las otras facciones.

Al entrar, parte de su ejército la recibió con miradas curiosas.

Dos soldados se acercaron rápidamente, revelándose como sus hijas gracias a los disfraces creados por la magia de Meliradal.

“¡Mamá!

¿Por qué te demoraste tanto?

¿Qué pasó?

¿Cómo te fue en esa reunión?” preguntaron ansiosas, rodeándola con preocupación.

“Tranquilas, niñas, estoy bien”, respondió Galatea con calma, aunque su tono urgente dejaba entrever que no había tiempo para explicaciones detalladas.

“Pero escúchenme: no hay tiempo para dar explicaciones ahora.

Es momento de llamar a la reina y advertirle”.

De inmediato, Galatea sacó su caracola comunicadora y llamó a su reina.

“¡Hola, Galatea!”, respondió Strongia con calma, aunque percibió algo diferente en el tono de su voz.

“Te siento muy alterada”, comentó la reina tras escucharla hablar precipitadamente.

“Señora, no tenemos tiempo que perder”, dijo Galatea sin ocultar su urgencia.

“Al parecer, dentro de las sombras se está gestando algo peligroso.

Hay un equipo que planea derrocar al mismísimo Tejod”.

“Bien, eso podría ser conveniente para nosotros”, respondió Strongia tras unos segundos de reflexión.

“Si ellos se acaban entre sí, entonces no tendríamos que enfrentarnos a ellos”.

“Sí, señora, eso sería lo ideal”, replicó Galatea rápidamente, aunque su tono preocupado no disminuyó.

“Pero eso no es todo.

Están desarrollando un arma poderosa para acabar con ese tejón.

Y si logran usarla contra alguien tan poderoso como él, no tardarán en emplearla contra los demás”.

“Tienes razón, mi niña”, admitió Strongia con seriedad.

“Es prudente estar alerta”.

“Pero eso no es lo único preocupante, señora”, continuó Galatea, bajando la voz como si temiera ser escuchada incluso a través de la caracola.

“Además de esos seis líderes de las facciones de las sombras, hay otros siete sujetos… espeluznantes, como sacados de ultratumba”.

“¿Siete sujetos?

¿Como esa criatura que te vino a buscar?”, preguntó Strongia, visiblemente alarmada.

“Qué horror…

Nunca hemos visto nada igual en acción, pero si dices que incluso los líderes les tienen miedo, significa que son extremadamente peligrosos”.

“Así es, señora, eso mismo temo”, confirmó Galatea con gravedad.

“Y aún hay algo peor, señora.

Cuando llegue el alba marina…

será el momento en que Urugas despertará”.

Un silencio tenso se instaló al otro lado de la línea.

Strongia sabía lo que significaba ese nombre.

La amenaza que representaba Urugas era algo que ni siquiera los más valientes querían enfrentar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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