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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 186

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186: Alba Marina (3) 186: Alba Marina (3) “Bien, mocoso, es hora de irse.

El señor Tejod lo espera”, anunció uno de los guardias con tono autoritario.

Paltio se levantó de la silla sin dudarlo, listo para partir.

Mok lo siguió de cerca, pero antes de que pudiera cruzar la puerta, dos guardias interpusieron sus lanzas frente a él, bloqueando su paso.

“Solo el príncipe puede ir.

Usted debe quedarse, tonto mayordomo”, dijeron los guardias con desdén.

“Mok”, dijo Paltio volteándose hacia la escena, visiblemente molesto por la situación.

“Oigan, no puedo ir sin mi mayordomo”, protestó el príncipe, intentando razonar con ellos.

“No moleste, príncipe”, respondió otro guardia, empujándolo bruscamente al suelo.

“El señor Tejod solo quiere que vaya usted.

Además, sea agradecido de que no ha convertido a su mayordomo en jade rojo y lo deja estar aquí tranquilamente”.

Paltio se puso de pie, sacudió el polvo de su traje y miró nuevamente a Mok.

Este último le dijo con calma: “Tranquilo, señorito.

Yo voy a estar bien.

Lo veré después”, como si tratara de transmitirle confianza y evitar que se preocupara.

El príncipe asintió con resignación.

“Está bien”, murmuró antes de retirarse junto al guardia.

El guardia, un hombre alto y musculoso, condujo a Paltio fuera del palacio hasta los jardines.

Allí, bajo la tenue luz que iluminaba el lugar, esperaban Tejod y Pax.

Este último vestía una capa imponente y lucía una insignia más grande de las sombras rojas, destacando su reciente ascenso.

“¿Qué cara tan amarga, muchacho?” comentó Tejod con sorna, observando a Paltio detenidamente.

“Ah, ya veo…

Debe ser porque tu mayordomo no pudo venir”.

Hizo una pausa dramática, disfrutando del momento.

“No había visto esa mirada llena de odio en alguien.

Me fascina.

Pero tranquilo, estás de suerte, porque hoy estoy de buen humor y aún no he convertido a tu mayordomo en jade rojo”.

Paltio apretó los puños, conteniendo su rabia.

Estaba a punto de responder o hacer algo impulsivo cuando Pax intervino.

Colocó una mano firme sobre el pecho del príncipe, deteniéndolo con calma, pero firmeza, como si le recordara que debía mantener la compostura.

“No olvides el plan”, susurró Pax apenas audible, lo suficientemente bajo para que solo Paltio lo escuchara.

El príncipe asintió ligeramente, reprimiendo su impulso de actuar.

Respiró hondo y se calmó, aunque su mirada seguía cargada de determinación velada.

De repente, un sonido estridente resonó en el aire: trompetas que emitían un eco helador, como si anunciaran algo inevitable.

“Es momento, muchacho.

Vamos a la plaza principal.

Ya estamos casi a la hora del evento principal”, declaró Tejod con una sonrisa malévola.

“¡Vámonos!” Los soldados que aguardaban en los jardines montaron rápidamente sus caballos, mientras Tejod, Pax y Paltio subieron a un enorme carruaje negro.

Los caballos que lo jalaban eran criaturas siniestras, con fuego oscuro emanando de sus patas y ojos, proyectando sombras largas sobre el camino.

La comitiva avanzó, saliendo del palacio por completo.

En el trayecto, Tejod mantenía una sonrisa de oreja a oreja, saboreando la cercanía de su objetivo.

Paltio y Pax intercambiaron una mirada fugaz, como si preguntaran en silencio: “¿En qué momento acabamos con este maldito tejón?”.

Luego de avanzar por un rato, llegaron a la plaza principal, un enorme espacio rodeado de jardines exuberantes y un vasto campo donde ahora se encontraban reunidos todos los soldados restantes de la sombra roja.

Era una cantidad impresionante, la armada más grande que Paltio había visto hasta ahora, incluso superando con creces la fuerza de Blajon.

Al llegar, se toparon con una figura oscura envuelta en un traje negro impenetrable que no dejaba ver ni un atisbo de su verdadera forma.

Tejod lo saludó con una reverencia respetuosa, pero Paltio sintió cómo su cuerpo se tensaba al instante.

La presencia del ser era abrumadora, helando la sangre de cualquiera que osara mirarlo directamente.

El príncipe, sin poder evitarlo, cayó en una especie de trance hipnótico al observar al misterioso sujeto frente a ellos.

Sin embargo, gracias a Pax, quien lo sacudió levemente del brazo, logró romper el hechizo de aquella traumática experiencia.

Sin mediar palabra, el concejal comenzó a hablar en un idioma extraño y gutural, sus palabras resonando como un eco distorsionado en el aire.

De repente, el espacio frente a ellos empezó a resquebrajarse, como si el cielo mismo fuera un vidrio frágil que se rompía bajo una fuerza invisible.

Una nebulosa etérea emergió de la grieta, y el ser oscuro ordenó: “Entren todos.

Ya estamos a tiempo”.

Sin rechistar, los soldados y los líderes cruzaron uno tras otro hacia el portal.

La grieta se cerró abruptamente tras el último soldado, dejando el lugar sumido en un silencio absoluto.

Por otro lado, Rykaru, al ver que nuevamente se llevaban a su padre, intentó salir corriendo hacia el frente para enfrentarlos.

Pero Alita lo detuvo con firmeza.

“Continuemos con lo que necesitamos hacer”, dijo Nakia con calma, pero determinación.

Todos intercambiaron miradas decididas y asintieron.

Pronto, Toco-Toco, usando su increíble velocidad, revisó cada rincón del reino.

No encontró a nadie; ni un solo rastro del ejército de las sombras.

“Perfecto”, dijeron Alita y Nakia, intercambiando una mirada cómplice.

Con un movimiento fluido, ambas hicieron uso de su magia: Alita manipuló el aire mientras Nakia controlaba la tierra.

Las estatuas de jade rojo de los ciudadanos comenzaron a levitar, flotando suavemente hacia ellas.

A su vez, Toco-Toco, Ron y Chiki coordinaron para recibir las estatuas y meterlas rápidamente en la bolsa mágica.

Toco-Toco, Lucca y Rykaru, con la ayuda de Lume y Geki, tiraban de cuerdas creadas por estos últimos, haciendo que las estatuas flotaran aún más rápido hacia ellos.

Con precisión y rapidez, Toco-Toco metía una tras otra en la bolsa.

“Vaya, eso fue rápido.

Qué bueno que tenemos a unas excelentes magas en nuestro equipo”, comentó Ron con una sonrisa agradecida.

“Sí, así es”, añadió Chiki, asintiendo con entusiasmo.

“Bueno, es un esfuerzo conjunto”, respondieron Alita y Nakia casi al unísono, sonrojándose ligeramente por los cumplidos de sus compañeros.

Mientras trabajaban, Alita guardó cuidadosamente las estatuas de sus padres y hermanos en la bolsa, murmurando para sí misma: “Papá, mamá…” Ron hizo lo mismo al encontrar a sus hermanos y a su padre, asegurándose de que estuvieran a salvo.

Lo que parecía una tarea interminable se completó en un abrir y cerrar de ojos gracias a la eficiencia del equipo.

Una vez terminada esa misión, solo quedaba el palacio por inspeccionar.

Toco-Toco se ofreció para adelantarse y explorar el lugar.

Al entrar, notó tres presencias gracias a su ojo verde.

Una de ellas era Mok, acompañado por dos guardias que permanecían alerta.

“Esos déjenmelos a mí”, dijo Ron con una sonrisa traviesa antes de colarse sigilosamente al palacio.

Una vez frente a los guardias, silbó para llamar su atención y les hizo señas desde las sombras, como si quisiera sacarlos de su puesto juguetonamente.

“¿Quién es ese?

¿Y por qué no está convertido en jade?” preguntó uno de los guardias, frunciendo el ceño mientras intentaba ubicar al intruso.

“¡Tiene los pelos de puerco espín!” añadió el otro, señalando hacia donde había estado Ron momentos antes.

Pero cuando se dieron cuenta, el muchacho ya había desaparecido de su vista.

“¡Dónde estás, mocoso!” gritaron ambos, girando en círculos mientras buscaban en vano.

De repente, alguien los tocó por detrás.

Antes de que pudieran reaccionar, Ron declaró con decisión: “Es momento de que duerman”.

Con movimientos rápidos y certeros, lanzó un par de golpes directos al rostro de los guardias.

La fuerza de sus puños fue tal que ambos salieron despedidos hacia atrás, impactando contra una pared cercana con tanta violencia que esta se rompió bajo el choque.

Los dos quedaron inconscientes entre los escombros.

“¡Ups!” exclamó Ron, mirando el desastre que había causado.

“¡Tonto!

¿Por qué destruyes el palacio?” lo regañó Chiki, dándole un zape con sus patas en la cabeza.

“¡Muchachos!, ¡qué bueno que llegaron!” dijo Mok aliviado al verlos entrar, preguntó preocupado.

“¿Qué?

¿Pero si siempre te pudiste salir de aquí?

¿Por qué no lo hiciste?” preguntó Lucca, confundido.

“Bueno, estaba esperando el momento adecuado”, respondió Mok con calma, aunque su tono escondía un leve reproche.

“Pero ya en serio, Ron, debiste ser más cuidadoso.

Esto saldrá de tu mesada”.

“¿Pero si yo no trabajo en el palacio?” replicó el chico, desconcertado.

“No, pero cuando todo esto termine, tú arreglarás esa pared”, bromeó Mok, disfrutando de la oportunidad de fastidiarlo, aunque su rostro permanecía impasible para ocultar su humor.

“¿O sea que tengo que pagarla?

¿Y si no sobrevivo?” protestó Ron, imaginándose lo peor.

“Bueno, si no sobrevives, creo que sé un poco de magia de levantamiento de muertos y podríamos hacerte trabajar igual”, intervino Nakia con una sonrisa maliciosa, disfrutando de la broma.

“¡No, gracias!” respondió Ron rápidamente, visiblemente alarmado ante la idea.

“Tranquilo, solo te están tomando el pelo”, lo tranquilizó Alita, soltando una pequeña carcajada.

“No le hagan pensar mucho a Ron.

Ya saben que, aunque no es como Paltio, a veces se raya con demasiada información”, comentó ella a los demás, provocando risas entre el grupo.

“¡Déjense de tonterías!” ordenó Chiki, siempre directo y tajante, mientras le daba otro golpe en la cabeza a Ron.

“¡Auch!

¿Y eso por qué fue?” preguntó el chico, frotándose la cabeza con gesto adolorido.

“Para que no te dejes atontar”, respondió el perro riéndose sin disimulo.

Debemos darnos prisa Tejod se fue con Paltio y Lukeandria interrumpió Mok a los presentes.

Si los vimos respondieron todos, pero faltaba revisar el palacio para llevarse las estatuas de jade.

En ese momento, Toco-Toco anunció que iría a revisar el lugar.

El felino quería asegurarse de que no hubiera más estatuas escondidas en el palacio.

Con su velocidad característica, recorrió cada rincón, subiendo y bajando escaleras y pasillos en un abrir y cerrar de ojos.

Rápidamente, con la ayuda de los demás, lograron reunir todas las estatuas que encontraron.

Mok revisó cada una con detenimiento, reconociendo a quienes habían sido prisioneros del embrujo.

Como mayordomo en jefe, conocía bien a todo el personal del palacio.

“El general Rex también está aquí… incluso algunos miembros del consejo”, informó Mok, revisando las figuras con atención.

De pronto, su expresión cambió a una de preocupación.

“Pero no están los más importantes… ¿Dónde están los padres de Paltio?” preguntó, su voz temblorosa reflejando miedo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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