La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 189
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189: Alba Marina (6) 189: Alba Marina (6) Los amigos de Paltio ya estaban por llegar en su carruaje-tanque cuando Mok notó algo extraño.
Frunció el ceño, mirando a su alrededor con inquietud.
“Espera un momento… ¿Qué está pasando aquí?”, murmuró para sí.
Según sus cálculos, este lugar debería estar envuelto en una espesa bruma, pero ahora todo estaba demasiado claro.
Podía ver cada detalle del camino sin dificultad.
“¿Qué ocurre, Mok?
¿Aún no llegamos?”, preguntó Alita, observándolo con curiosidad mientras él permanecía absorto en sus pensamientos.
“Es extraño, Alita.
Se supone que aquí todo debería estar cubierto por la bruma, pero ahora todo es visible.
Incluso el camino parece más limpio”, respondió Mok, señalando hacia el horizonte con gesto preocupado.
“¿No te estarás equivocando?
Tal vez aún falta para llegar”, intervino Ron, ajustándose la correa de su mochila mientras hablaba.
“No, estoy seguro.
Según mi mapa, este es el Gran Mar de Bruma.
No tiene sentido que la bruma haya desaparecido, así como así.
Ni siquiera con el Alba Marina esto solía pasar”, replicó Mok, sacudiendo la cabeza con frustración.
“Veo energía adelante”, dijo Toco-Toco de repente, su ojo rojo brillando mientras escaneaba el entorno.
“Entonces, si estamos en el Mar de Bruma, debemos seguir adelante”, concluyó Mok, aunque su tono revelaba cierta incertidumbre ante lo que los rodeaba.
Sin más palabras, el vehículo continuó avanzando.
Finalmente, pararon en el borde de un bosque denso para ocultarse y esperar el momento exacto de actuar, apoyando así a Paltio desde las sombras.
En ese instante, una mano surgió de entre los arbustos y asustó a Alita.
Rápidamente, la mano le tapó la boca antes de que pudiera gritar.
“Pero ¿qué…?” empezó Mok, girándose hacia la figura misteriosa.
“¡Tranquilos!
¡Somos nosotros!”, exclamó Ban, bajando la mano de Alita.
Pero no estaba solo.
Detrás de él había traído un numeroso ejército, listo para el combate.
Incluso el profesor estaba ahí, acompañado de su impresionante Rose.
“¡Todos están aquí!
¡Qué emoción!”, exclamó Alita, reconociendo a los recién llegados, aunque también notó algunas caras nuevas entre ellos.
“¿Y dónde está mi amiga Galatea y sus hijas?”, preguntó Alita, buscando a su alrededor.
“Ella y sus hijas están infiltradas en las filas de las Sombras Amarillas.
Recuerda que Meliradal les dio ese apoyo”, explicó Strongia con calma.
“Así es, reina ya me acorde”, añadió la joven haciendo una reverencia respetuosa.
“No es necesario hacer eso, niña”, respondió la reina con una sonrisa amable.
“Pero ¿cómo lograron llegar aquí tan rápido?”, preguntó Lucca, mirando al grupo con admiración.
“Verán”, comenzó Strongia, “todo fue gracias a la ayuda de Galatea, quien nos informó sobre el punto de reunión.
Pero nada de esto hubiera sido posible sin el profesor”.
“Sí, el profesor creó unos dispositivos geniales”, interrumpió Ariafilis con entusiasmo.
“Aunque sigo molesto porque me usaron de conejillo de indias sin consultarme”, protestó Ban, cruzándose de brazos.
“Momentos antes…” —Bien, profesor, todos estamos listos —dijo Rodelos, dirigiéndose al inventor con determinación.
—Perfecto, es hora de ir a Avocadalia —respondió el profesor, ajustando sus gafas.
—¡Esperen, esperen!
—exclamó Strongia, levantando una mano para detenerlos.
—Tenemos problemas.
Strongia procedió a contarles lo que Galatea le había revelado: que las diversas facciones de las Sombras estaban enfrentándose entre ellas mismas debido a mentiras y traiciones.
Además, mencionó un arma secreta que estaban fabricando, una que podría cambiar el curso de la guerra.
Por último, les advirtió que planeaban liberar a su amo, el oscuro Urugas, en el Gran Mar de Bruma utilizando el poder del Alba Marina.
“Básicamente, debemos impedir el resurgimiento de Urugas, ¿verdad?”, resumió Paris, frunciendo el ceño.
“Así es”, confirmó Rodelos.
“Pero no creo que vaya a ser sencillo”.
“Bueno, ya lo veremos en el camino”, dijo el profesor con determinación, ajustándose las gafas mientras miraba al grupo.
“Por el momento, preocupémonos en apoyar a Paltio”.
Todos asintieron, aunque algunos no podían ocultar su angustia.
El resurgimiento de Urugas era una amenaza desconocida, pero el simple hecho de que Tejod tuviera un superior oscuro complicaba aún más las cosas.
Nadie sabía quién era Urugas, pero el peso de su nombre parecía resonar en cada corazón como una sombra inminente.
De regreso al momento del encuentro entre el equipo de Ban y el de Alita, Paris explicó rápidamente la situación.
“Es todo básicamente: debemos acabar con los malos”.
“Bien, entonces no hay tiempo que perder”, respondió Ron, empuñando su arma con decisión.
Pero antes de que pudieran avanzar, Karpi levantó sus binoculares y señaló hacia el horizonte.
“¿Qué es eso?”, preguntó con voz temblorosa.
Una enorme piedra se elevaba desde el centro del mar, y una plataforma comenzaba a formarse lentamente sobre las aguas oscuras.
De pronto, el mar empezó a agitarse con fuerza, subiendo con una presión sobrenatural hasta alcanzar la luna.
Esta quedó cubierta por una densa oscuridad, similar a un eclipse lunar, pero algo diferente ocurrió: un halo morado emergió, expandiéndose desde el centro de la luna hasta formar un portal dimensional.
Desde ese portal, unos ojos siniestros se asomaron, observando el mundo con una intensidad que helaba la sangre.
El miedo recorrió a todos los presentes, incluso a Dall, quien, paralizado por el terror, casi mojó sus pantalones.
Era evidente que aquello no era una simple manifestación; algo antiguo y terrible estaba despertando.
“No hay tiempo para eso.
¡Es momento de atacar!”, gritó Alita, lanzando una chispa brillante hacia el cielo.
Solo Paltio, quien estaba distraído contemplando cómo su cetro perdía poder, pudo verla.
“Es la señal”, pensó Paltio, comprendiendo que había llegado el momento de actuar.
Los ejércitos aliados comenzaron a enfrentarse a las tropas de las Sombras.
La batalla estaba a punto de iniciar, y el aire vibraba con tensión.
Tejod, por su parte, se lamentaba en silencio.
Su amo, Urugas, no podía salir completamente de aquel lugar debido a las limitaciones del Alba Marina, cuyo efecto ya estaba por desvanecerse.
Decidido a cumplir su misión, sacó su amuleto con la intención de convertir a Paltio en jade rojo, castigándolo por hablar “tonterías”.
Sin embargo, no notó que Pax le había arrebatado el artefacto.
En ese instante, alguien más irrumpió en escena.
Pax se quitó la armadura, revelando a Lukeandria bajo ella.
“Tú… ¡Deberías estar muerta!”, exclamó Tejod, incrédulo ante la aparición de la joven.
Sin trucos adicionales en su manga, Paltio decidió atacar a Tejod junto con Lukeandria.
Pero el concejal supremo de las sombras fue rápido y letal: Lukeandria recibió un golpe directo, dejándola gravemente herida.
Mientras tanto, Urugas envió un mensaje mental a Tejod, una orden clara y fría: “Hay todavía una luz de Avocios que debe ser exterminada de inmediato para mi regreso.
El niño debe morir”.
Al escuchar esto, Tejod soltó una risa cruel y sacó dos figuras de jade de su capa: los padres de Paltio, petrificados y atrapados en esa forma.
Mirando fijamente a Paltio, le ofreció un ultimátum cargado de crueldad: “Tienes dos opciones: salvas a tus padres o salvas a Lukeandria”.
Paltio se quedó paralizado, incapaz de decidir.
Por un lado, estaban sus padres, quienes lo habían criado y amado toda su vida.
Por otro, estaba Lukeandria, una amiga que había conocido durante su viaje y que se había convertido en una pieza fundamental de su lucha.
Ambos eran importantes, pero solo podía salvar a uno.
El peso de la decisión lo aplastaba.
Cada respiración era un recordatorio de que el tiempo corría en su contra.
“Pues yo te doy otra opción”, dijo Lukeandria con una voz firme que sorprendió a todos al aparecer repentinamente.
Pero no solo era una Lukeandria, sino dos clones idénticos que emergieron a ambos lados de Tejod, cada uno levantando con cuidado las estatuas de jade que representaban a los padres de Paltio.
Tejod, por su parte, se quedó atónito al perder nuevamente el elemento sorpresa.
Las copias de Lukeandria corrieron rápidamente hacia distintos puntos del campo de batalla, asegurándose de poner a salvo a los padres de Paltio.
Una de las figuras llegó hasta el equipo de Alita, quienes confirmaron que esas estatuas eran, sin duda, los padres que tanto habían buscado.
“Así que ese maldito de Tejod los tenía consigo todo este tiempo”, murmuró Alita, apretando los puños con rabia contenida.
El cielo comenzó a desquebrajarse lentamente, dejando entrever una vez más la luz del día que ya estaba llegando.
Los rayos dorados del amanecer intentaban perforar la oscuridad que Urugas había impuesto sobre el mundo.
Paltio, decidido y lleno de determinación, se preparó para enfrentar a Tejod.
Sin embargo, el tejón soltó una carcajada cruel y confiada.
Antes de que Paltio pudiera dar un paso hacia él, una red de rayos lo envolvió como si fuera una telaraña brillante tejida por manos invisibles.
“¿Qué demonios…?”, murmuró Paltio, tratando inútilmente de liberarse.
Era evidente ahora por qué Tejod y sus aliados habían estado tan tranquilos: mientras recibían órdenes mentales de Urugas, habían estado tejiendo aquella trampa mortal sin que Paltio se diera cuenta.
“Sabes por qué mi amo no puede salir, ¿verdad?
Es por ti, mocoso tonto.
Tú eres el único impedimento para su regreso.
No sé cómo, pero lo eres… o, mejor dicho, lo eras”, dijo Tejod con una sonrisa maliciosa.
“Eras la última esperanza de todos”.
Con un movimiento rápido, Tejod conjuró una enorme espada de energía oscura y, sin vacilar, apuñaló a Paltio directamente en el corazón.
El cuerpo del joven cayó inerte al suelo, mientras el silencio se extendía por el campo de batalla.
Todos sus amigos voltearon horrorizados al ver la escena.
El aire parecía haberse congelado, cargado de incredulidad y dolor.
“¡Ja, ja!”, resonó la voz profunda y siniestra de Urugas desde el portal dimensional.
“Por fin empieza mi era… ¡La era de Urugas!”.
Mientras yacía en el suelo, los ojos de Paltio comenzaron a cerrarse lentamente.
Con su último aliento, murmuró unas palabras apenas audibles, como si estuviera recordando algo importante: “Ahí estaba yo, rodeado de innumerables enemigos junto a mis amigos, enfrentando hordas descomunales…”
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