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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 192

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192: La Llegada 192: La Llegada Era una lucha épica entre el bien y el mal, donde cada golpe y cada estrategia decidían el destino de su preciada libertad.

Galatea sintió la punta afilada de la lanza acercándose peligrosamente, pero activó su armadura justo a tiempo.

Esta se desplegó con un brillo metálico, cubriéndola por completo y protegiéndola como lo hacía con todos los guerreros de Fuertelia.

“Maldita…

Ya veo por qué murió Troba.

Eres una de esos avocados de la familia fuerte,” gruñó Mejod, desenvainando una espada con un destello amenazante.

“No importa.

Morirás por mi mano.” “Chicas, váyanse.

Yo me encargo de él.

Nomak, encárgate de lo demás,” ordenó Galatea con firmeza.

Nomak asintió en silencio y partió junto con las hijas de Galatea para apoyar al resto de los aliados.

Mientras tanto, Rodelos y los demás avanzaban lentamente, ganando terreno gracias a la magia conjunta de Alita y Nakia, así como al poder destructivo de las explosiones de Chip.

Ron y Chiki tampoco se quedaban atrás, luchando con una determinación feroz que inspiraba a sus compañeros.

“¡Vamos, ataquen!” gritó Tertrol a sus soldados, animándolos a lanzarse hacia el frente con renovada ferocidad.

Por su parte, Opal comenzó a lanzar ataques mágicos contra los enemigos, flotando elegantemente en el aire mientras se acercaba a Alita.

“Yo me encargo de esa maga,” declaró Opal con frialdad, preparando otro hechizo.

Alita reaccionó rápidamente y lanzó un torrente de fuego para contrarrestar los misiles de hielo que Opal había enviado.

“Nada mal, niña,” dijo Opal con una sonrisa burlona.

“Qué bueno que te veo.

No me caes mal, por eso te pido que te rindas.

No quiero pelear contigo,” respondió Alita, su voz calmada pero firme.

“Tú no, pero yo sí lo haré…

¡Por mi señor Tertrol!” replicó Opal, lanzando otro ataque con furia renovada.

Ambas magas estaban inmersas en un duelo de energía, lanzándose ataques mágicos que iluminaban el campo de batalla con destellos de colores intensos.

“¡Vamos!, ¡Alita!, ¡tú puedes!” gritó Nakia desde lejos, lanzando ráfagas mágicas para repeler a los enemigos que intentaban acercarse a la joven.

Rodelos y los demás continuaron avanzando, forzando al ejército de las Sombras Rojas a retroceder.

Sin embargo, las fuerzas azules, verdes, moradas y negras pronto se unieron a la ofensiva, formando una barrera casi impenetrable.

A pesar de ello, los aliados seguían siendo superiores en habilidad y determinación.

“Señor, son más diestros que nosotros.

Solo ese mastodonte dorado ya es un problema,” murmuró un soldado junto a Tertrol, señalando a Rodelos.

“No solo es ese sujeto dorado, sino también el otro que es casi de su tamaño,” añadió otro, refiriéndose a Gikel.

“¡Bah!

Son unos débiles.

Vayan a pelear con esos inútiles.

Son menos que nosotros,” ordenó Tertrol con desdén.

“Me aburro, Tertrol.

No me estás dando un buen espectáculo,” comentó Urugas desde su posición, observando con desinterés cómo la batalla se desarrollaba.

“Tranquilo, señor.

Lo bueno empieza ahora,” respondió Tertrol con una sonrisa maliciosa antes de girarse hacia Meloc.

“Suelta a los Vichus.” De pronto, un centenar de vizcachas mutantes emergieron de las sombras, lanzándose hacia el campo de batalla con ferocidad animal.

Las fuerzas de las Sombras Rojas retrocedieron estratégicamente, uniéndose a las otras facciones para formar una especie de muro defensivo mientras los Vichus avanzaban implacables.

“Luego pelearemos, Alita,” dijo Opal flotando en el aire mientras regresaba junto a Tertrol.

Antes de retirarse por completo, le lanzó una mirada desafiante a Alita acompañada de un gesto sutil, como si dijera: “Si es que sobrevives.” “Bien, creo que seguiremos más tarde…

Si es que sigues viva, mujer,” comentó Mejod con arrogancia, dirigiéndose a Galatea antes de retroceder al ver cómo los Vichus eran liberados.

“Con estos mi señor se deleitará un poco,” pensó Tertrol mientras observaba a las bestias mutantes lanzarse hacia sus enemigos con furia incontrolable.

“¡Qué cobardes!” exclamó Nomak, dispuesta a avanzar tras ellos, pero Galatea la detuvo con firmeza.

“No, será mejor que regresemos con los demás.

Se acerca algo peligroso,” advirtió Galatea, su tono reflejando preocupación.

“¿A qué se refería con eso?” murmuró Alita para sí misma, pensativa, recordando las palabras de Opal antes de marcharse.

“¡Ay, no!

¡Son esas cosas otra vez, maestro!” dijo Ron, dirigiéndose a Chiki mientras veía cómo los Vichus avanzaban en masa.

“Sí, muchacho, pero ahora son muchos más,” respondió Chiki, su voz grave teñida de seriedad mientras observaba el avance de las bestias.

“No importa, ahora son pan comido,” declaró Ron con confianza, aunque Chiki lo interrumpió rápidamente.

“No seas tan soberbio, muchacho,” le reprendió el canino con severidad.

“Yo venceré a más,” anunció Rodelos con una sonrisa competitiva mientras pasaba por encima de ellos.

Los tres se lanzaron al combate con todo su poder para enfrentar a las bestias.

“Típico de ellos,” comentó Alita con sarcasmo al ver la escena, pero pronto su expresión cambió al recordar lo que había ocurrido con Paltio.

Su rostro se endureció, y se preparó mentalmente para enfrentar a los Vichus.

Alita conjuró discos con dientes afilados embebidos en fuego, lanzándolos hacia las criaturas.

Sabían que debían avanzar rápido y recuperar el cuerpo inerte de Paltio, que aún permanecía detrás de las líneas enemigas.

Ron activó la segunda forma de su armadura, capaz de enfrentarse simultáneamente a diez de esos monstruos sin vacilar.

Rodelos tampoco se quedaba atrás, blandiendo su espada con ferocidad, mientras Chiki luchaba con la misma determinación implacable.

Lukeandria utilizaba clones de sí misma para eliminar a varios Vichus, y tanto Galatea como Nomak peleaban con una ferocidad que inspiraba respeto.

No pasó mucho tiempo antes de que el grupo inicial de Vichus fuera reducido drásticamente, hasta que solo quedaron diez.

Estos últimos fueron acabados por Ariafilis y su equipo con movimientos precisos y coordinados.

“¿Eso es todo lo que tienes?” provocó Ban, señalando al enemigo mientras eliminaban al último de los Vichus.

“Vaya, parece que tus bestias fueron inservibles,” comentó Urugas con desdén, dirigiéndose a Tertrol mientras fingía examinarse las uñas.

“Esperaba mejores cosas de ti.

Veo que el enemigo te está venciendo fácilmente.

Qué decepción.” “Tranquilo, mi señor.

Esto no se acaba aquí,” respondió Tertrol con una sonrisa maliciosa.

Luego giró hacia Meloc y ordenó: “¡Envía más!” De repente, doscientos Vichus emergieron del bosque, rugiendo con ferocidad mientras se lanzaban al ataque.

“¿Más de esas cosas?

Pues que vengan,” dijo Ron, aunque su voz denotaba un cansancio creciente que no podía ocultar por completo.

“Maldición…

Los hombres están cansados,” dijo Rodelos mientras observaba a su equipo luchar con esfuerzo renovado, pero sin descanso.

“Pero no hay opción.

Debemos acabar con ellos si queremos recuperar a mi nieto Paltio.” “No hay problema,” respondió Alita con determinación, preparándose para invocar más magia.

Su energía brillaba alrededor de ella, lista para ser desatada en cualquier momento.

Mok afiló su espada con un movimiento rápido, mientras Lukeandria empuñaba pequeñas dagas con destreza.

Lucca sujetó su bastón con firmeza, listo para repeler ataques con su magia precisa.

Rykaru, aún consumido por la tristeza y la ira tras la muerte de su padre, se preparó con furia contenida; sus manos ardían con una energía azul que chisporroteaba como relámpagos.

Ban y Ludra también se alistaron para el combate, cada uno con su arma en mano.

Chip, siempre ingenioso, cargó su resortera con pequeñas esferas explosivas, sonriendo con confianza.

Por su parte, Ariafilis, Strongia, Hass y los otros dos reyes levantaron sus espadas con orgullo, dispuestos a enfrentarse nuevamente al enemigo.

Los Vichus comenzaron su avance implacable, enfrentándose al equipo con una ferocidad inhumana.

Pero esta vez, el número de bestias era abrumador.

Cada Vichus equivalía a diez soldados en batalla, y pronto los aliados se vieron superados en número.

Las criaturas mutantes los rodeaban lentamente, acorralándolos en un círculo mortal.

Justo cuando parecía que estaban a punto de ser derrotados, un enorme círculo mágico emergió bajo las bestias, envolviéndolas en llamas intensas que iluminaron el campo de batalla.

El rugido de los Vichus fue ahogado por el crepitar del fuego mientras gran parte de las bestias caían abrasadas.

Luego, una luz cegadora surgió del centro del círculo mágico.

Entre las llamas, cinco figuras aparecieron, caminando con calma hacia el grupo de aliados.

“Tranquilos, hemos llegado,” anunció una de las figuras con voz calmada pero autoritaria, mientras las llamas continuaban consumiendo a los Vichus restantes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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