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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 195

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  4. Capítulo 195 - 195 Batalla de Ejércitos 1
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195: Batalla de Ejércitos (1) 195: Batalla de Ejércitos (1) Alita y compañía corrieron junto con el ejército recién recuperado, trazándose una meta clara: llegar al cuerpo de Paltio.

Sin embargo, algo inquietaba a todos.

Urugas, ese ser que irradiaba maldad infinita, seguía inmóvil, sin actuar ni mostrar interés en intervenir.

Su calma era desconcertante, casi amenazante.

“Vaya, eso es nuevo,” murmuró Urugas con desdén mientras cerraba los ojos, visiblemente aburrido.

“Que el ejército enemigo haya pasado a sus supuestos Tropogax…

Su carta bajo la manga es terrible.

¿Qué vas a hacer, Tertrol?” “Tranquilo, señor.

No se desespere.

El ejército se encargará de ellos.

No avanzarán más,” respondió Tertrol con fingida seguridad, aunque en su interior sabía que la situación estaba lejos de estar bajo control.

“Eso espero.

No me decepciones,” indicó Urugas, volviendo a abrir un ojo lentamente.

Mientras tanto, en su mente, comenzó a preguntarse qué era lo que tramaban esos intrusos.

Los aliados se acercaron al ejército enemigo y reiniciaron el ataque con renovada determinación.

“Vaya, otra vez ustedes,” dijo Mejod al ver a Galatea liderando la carga, su tono cargado de burla, pero también de cierto respeto.

“Pues bien, vamos por el round dos,” respondió Galatea con una sonrisa desafiante antes de lanzarse directamente hacia él.

Mejod desenvainó su espada y se enfrentó a Galatea, quien también sacó la suya.

El choque de sus armas resonó como un eco en el campo de batalla.

Nomak y las hijas de Galatea se enfrentaron a lo que quedaba del ejército de las Sombras Rojas, aunque las otras cuatro facciones aún permanecían firmes.

Ariafilis tomó la iniciativa contra las Sombras Negras, cuyo odio hacia ellas ardía con intensidad.

Le debían la muerte de su padre y la usurpación de su reino.

Jock, fiel a su lado, la acompañó en la lucha.

Ariafilis desenvainó su espada y se lanzó directamente hacia Blajon, mientras Jock enfrentaba a Blaget.

Cada golpe de Ariafilis estaba cargado de furia contenida, cada movimiento reflejaba la venganza que había jurado.

Rodelos, por su parte, se enfrentó al ejército de las Sombras Verdes y a su líder volador, Trebolg, quien no cesaba de lanzar ataques a distancia desde su platillo.

Gracias a la ayuda de Chip, cuyas explosiones contenían los proyectiles enemigos, Rodelos logró mantenerse firme frente a la avalancha de ataques.

Strongia, junto a su hijo y esposo, lideró la ofensiva contra las Sombras Azules, con la ayuda del rey Hass y Romeo.

Sus movimientos eran coordinados, sus estrategias impecables.

Cada uno de ellos peleaba con la convicción de quienes saben que no pueden permitirse fallar.

Los soldados del ejército de las sombras verde, se enfrentaron a los ejércitos liderados por los reyes Bacos y Piertol que valientemente, demostraban una resistencia admirable, aunque ambos reyes casi no actuaban en la batalla.

Ban, Gikel y Ludra se unieron para enfrentar a los últimos Vichus que quedaban entre las filas enemigas.

Con movimientos precisos y una coordinación impecable, pronto redujeron a los mutantes peligrosos.

Alita, por su parte, se volvió a encontrar cara a cara con Opal, quien no dudó en lanzarle sus ataques más fuertes.

Pero gracias a los rigurosos entrenamientos con Nakia, Alita era ahora más fuerte, más ágil y mucho más preparada.

Opal reconoció esa mejora en ella, aunque eso no detuvo su intento de derrotarla.

Con un movimiento maestro, Alita combinó hielo y electricidad, creando una ráfaga devastadora que dejó a Opal inconsciente.

Aunque este no había sido malo con ellos durante su estancia en Hassdalia, Alita no podía permitirse vacilar.

Decidió encerrarlo en un bloque de hielo, asegurándose de que no pudiera volver a levantarse.

En ese momento, Milok, el carcelero, intentó atacar a Alita por la retaguardia.

Pero antes de que pudiera hacerlo, Ron apareció de la nada y, con un potente golpe, lo lanzó varios metros hacia atrás.

“Gracias,” dijo Alita, girándose hacia Ron con una leve sonrisa.

“Ni que lo menciones,” respondió Ron, mirando su armadura mientras ambos regresaban al combate.

Jock estaba peleando con Blaget, llevando ventaja gracias a su habilidad con la espada, ya que los Reedalianos eran conocidos por su destreza en el combate cuerpo a cuerpo.

Sin embargo, Blaget no jugaba limpio: usó a Bleko, quien seguía bajo el control del lavado de cerebro impuesto por Meloc, para atacar a Jock desde otro flanco.

“¿Dos contra uno?” dijo Jock, frunciendo el ceño al ver a ambos enemigos acercarse.

No obstante, demostrando su agilidad y experiencia, sacó otra espada de su espalda y se lanzó hacia ellos con determinación renovada.

“Nunca juego limpio,” replicó Blaget con una sonrisa maliciosa mientras atacaba sin piedad.

Aunque enfrentaba a dos oponentes simultáneamente, Jock lograba mantenerlos a raya con movimientos calculados y precisos.

Sin embargo, Blaget, consciente de su inferioridad ética, utilizó a Bleko como escudo humano.

“¿Cómo puedes usarlo como escudo?” gritó Jock, horrorizado, mientras su espada atravesaba accidentalmente el pecho de Bleko.

“Bien, en la guerra todo se vale, además odio a este sujeto, refiriéndose a Bleko,” respondió Blaget con frialdad, empujando el cuerpo inerte de Bleko hacia Jock para desestabilizarlo.

“Siempre eres un cobarde, como cuando entraron a nuestro reino,” espetó Jock, luchando por quitarse el cuerpo muerto de encima.

“Pues ahora morirás.

Te perforaré la cabeza,” declaró Blaget con crueldad, levantando su espada para asestar el golpe final.

Pero antes de que pudiera hacerlo, Lucca apareció de repente.

Con un movimiento rápido, usó su bastón para bloquear el ataque de Blaget, desarmarlo y, acto seguido, noquearlo con un certero golpe.

“¿Estás bien?” preguntó Lucca, extendiendo una mano hacia Jock.

“Sí, muchas gracias, señor Lucca, pero ¿podría quitarme a este sujeto de encima?” respondió Jock, todavía atrapado bajo el cuerpo de Bleko.

“Sí, a la orden,” dijo Lucca, ayudándolo a ponerse de pie.

Una vez libre, Jock agradeció nuevamente a Lucca, quien le informó que debía continuar abriéndose paso hacia donde estaba Paltio.

“Entendido.

Muchas gracias,” dijo Jock, asintiendo con firmeza.

Ambos se despidieron rápidamente y continuaron combatiendo contra los enemigos que aún acechaban el campo de batalla.

Mientras tanto, Tredus y Yaco también estaban en el campo de batalla, enfrentándose directamente a Mok.

Sin embargo, subestimaron al mayordomo, quien derrotó a ambos en un abrir y cerrar de ojos con su nueva espada.

“No tengo tiempo para esto,” murmuró Mok mientras limpiaba su arma.

“Debo llegar donde está el cuerpo de mi señorito.

No puede ser maltratado; quiero darle una sepultura digna.” Con determinación, Mok continuó avanzando, ignorando cualquier obstáculo que intentara detenerlo.

En otro punto del campo de batalla, Ariafilis se encontró cara a cara con Blajon, el temido líder de las Sombras Negras.

Este la miró con una sonrisa amenazadora.

“Hija del anterior rey de Reedalia…

¿En verdad quieres enfrentarte a mí?” preguntó Blajon, burlón.

“Así es,” respondió Ariafilis con firmeza.

“Hoy vengaré la muerte de mi padre.

Aunque tu esbirro no está contigo, eso no me detendrá.” “Ja, ja.

No pidas cosas que no se pueden cumplir,” replicó Blajon con arrogancia.

Ariafilis cargó directamente hacia él, pero Blajon, a pesar de tener solo un ojo, demostró ser un maestro con la espada.

Sus movimientos eran rápidos y letales, y bloqueaba cada ataque de Ariafilis con facilidad.

“Tú no podrás contra mí,” dijo Blajon con suficiencia.

“Además de ser excelente con la espada, me dotaron con fuerza sobrenatural.” Ariafilis apretó los dientes, consciente de que enfrentarse a Blajon sería mucho más difícil de lo que había imaginado.

Pero su determinación no flaqueó.

Sabía que no podía rendirse, no cuando la memoria de su padre dependía de su victoria.

“Pues no dejaré impune tus actos,” dijo Ariafilis con determinación renovada antes de lanzarse nuevamente al ataque.

Ambos eran hábiles con la espada, pero Blajon tenía una ventaja abrumadora: su fuerza sobrenatural.

Con un manotazo afilado como las garras de un tejón, le infligió una herida profunda en el brazo a Ariafilis.

“Ya te lo dije, niña.

No podrás conmigo.

Tengo mucha más experiencia desde antes de que nacieras,” se burló Blajon con desdén.

“¡Bastardo!” gritó Ariafilis, sosteniendo su herida mientras intentaba recuperar el equilibrio.

“Si tanto añoras volver a ver a tu padre, yo puedo hacer ese favor… Así que muere, tonta Reedaliana,” respondió Blajon con frialdad, intensificando sus ataques.

Su velocidad era abrumadora, dejando a Ariafilis sin tiempo para contraatacar.

La reina comenzó a retroceder poco a poco, hasta que finalmente cayó al suelo, aún aferrada a su espada.

Blajon, con una sonrisa cruel, golpeaba repetidamente la hoja de su oponente, forzándola a soportar los embates desde el suelo.

“¡Muere, muere, muere!” repetía Blajon con furia, mientras sus golpes resonaban como truenos.

Finalmente, la espada de Ariafilis se rompió bajo la presión, dejándola indefensa.

“Bien, ahora sí te daré la estocada final, niña.

Tengo otros enemigos que matar,” declaró Blajon, levantando su espada para atravesar el pecho de Ariafilis.

Pero justo cuando el filo estaba a punto de alcanzarla, Jock apareció de repente, interponiéndose entre ambos.

Recibió el impacto directo en su espalda, pero logró golpear a Blajon con suficiente fuerza como para alejarlo de Ariafilis.

Sangre comenzó a brotar profusamente de la herida de Jock.

La escena fue devastadora, y Ariafilis, horrorizada, trató de levantarse para ayudarlo.

“¡No, no, Jock!” gritó ella mientras intentaba detener la hemorragia, presionando la herida con desesperación.

La sangre salía a borbotones; el golpe había sido mortal.

“No… no mueras, Jock.

Siempre has sido mi maestro en la espada y has estado conmigo en todo momento.

Por favor, no te mueras,” suplicó Ariafilis, sus lágrimas mezclándose con la sangre en sus manos.

“Está bien, señorita,” murmuró Jock con voz débil, mirándola directamente a los ojos.

“Doy gracias por haber sido parte de este ejército y por haberla apoyado en todo lo que pude.

Su padre estaría orgulloso de usted.” Jock cerró los ojos lentamente, rindiéndose ante la muerte.

“¡No, no!” gritó Ariafilis, abrazando el cuerpo inerte de su mentor.

“¡No te vayas, Jock!

¡Te necesito!

¡Por favor, no!” Las lágrimas corrían por su rostro mientras lloraba la pérdida de su amigo y guía.

Blajon, quien se había levantado y limpiado la sangre de la comisura de su boca, soltó una risa burlona.

“Ja, ja.

Así que ese tonto seguía vivo.

Fue un inútil para su reino y huyó como el cobarde que era contigo,” comentó Blajon con desprecio.

“¡Maldito!

¡No te lo perdonaré!” rugió Ariafilis, olvidándose por completo de la herida en su brazo.

Tomó la espada que aún sostenía el cuerpo inerte de Jock y se puso de pie, enfrentándose nuevamente a Blajon con una ira que parecía consumirla por completo.

“Como quieras,” replicó Blajon, preparándose para el enfrentamiento con una sonrisa arrogante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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