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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 198

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  4. Capítulo 198 - 198 Los Siete Rostros
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198: Los Siete Rostros 198: Los Siete Rostros Los siete concejales los miraron fijamente antes de hablar: “Pues sufrirán dolor físico aparte del mental, claro está.” Sin más preámbulos, los siete se quitaron sus túnicas completamente, revelando sus verdaderas identidades.

Cada uno tenía una apariencia que combinaba lo humano con rasgos de chacales, vestidos con trajes oscuros hechos de obsidiana reluciente.

Sus cascos eran distintivos, cada uno adornado con una piedra central de un color único que parecía latir con energía propia.

Comenzando desde la izquierda, el primero era un chacal humanoide extremadamente flaco, con una actitud desganada que reflejaba aburrimiento absoluto.

Su casco tenía forma de caracol, y en el centro brillaba una piedra de un azul claro casi etéreo.

El siguiente era una mujer chacal cuyo casco adoptaba la forma de una serpiente, con una piedra verde vibrante incrustada en el centro.

Su mirada era fría y calculadora, como si estuviera evaluando a sus oponentes con envidia.

El tercero era un chacal robusto, con un aire glotón y despreocupado.

Su casco tenía forma de cerdo, y en el centro destacaba una piedra anaranjada que parecía arder con un brillo voraz.

En el lado derecho, el cuarto concejal era una figura intimidante, con ojos llenos de ira ardiente.

Su casco tenía forma de león, y la piedra en su centro era mitad roja y mitad negra, pulsando con una energía agresiva.

La quinta era una mujer chacal que irradiaba una sensualidad peligrosa.

Su casco combinaba formas de cabra y conejo, y la piedra en su centro era de un rojo carmesí intenso, casi hipnótico.

Su presencia era inquietante, como si fuera capaz de manipular a cualquiera con su encanto mortal.

El sexto concejal destacaba por su armadura, que era notablemente más brillante que las demás, como si estuviera hecha de materiales preciosos.

Su casco tenía forma de rana, con filamentos dorados que rodeaban una piedra verde vibrante en el centro.

Todo en él transmitía avaricia y ambición.

Finalmente, al centro, estaba el más imponente de todos.

Su casco evocaba la cola de un pavo real, desplegándose majestuosamente, y la piedra en su centro era una mezcla de violeta y púrpura que parecía absorber la luz a su alrededor.

Su aura exudaba arrogancia y poder supremo.

Era evidente que estos siete representaban algo más profundo: los siete pecados capitales.

Pereza, envidia, gula, ira, lujuria, avaricia y soberbia.

“¡Guau!

¡Qué tenebrosos son esos tipos!” exclamó Nakia, impresionada al observarlos.

“No hay tiempo para esto,” respondió Ron con urgencia.

“Si, por primera vez dices algo coherente, y estoy de acuerdo contigo,” intervino Chiki con seriedad.

“Pero debemos pelear con estas cosas si queremos llegar hasta donde yace Paltio.” “Entonces nos dividiremos en equipos,” dijo Alita, tomando el liderazgo de inmediato.

“Sí, eso pensaba,” añadió Mok, asintiendo con firmeza.

“Pero veo que estos sujetos no serán tan fáciles de vencer.

Si vamos a hacer esto, debemos idear una estrategia.

Estos sujetos me recuerdan a las representaciones de los pecados capitales que leí en un libro antiguo de la biblioteca.” “Bien, entonces nosotros nos enfrentaremos al sujeto lleno de ira y que parece musculoso,” dijeron Ron y Chiki al unísono, señalando al concejal con el casco de león.

“Nosotras nos encargaremos de la mujer con el casco de serpiente,” anunciaron Alita y Nakia, intercambiando una mirada decidida.

“Así pues, yo me enfrentaré a la mujer con ese casco de conejo con cabra,” indicó Lukeandria junto a Lume, preparándose para el combate.

“Rykaru y yo nos enfrentaremos al que parece que se va a quedar dormido,” dijo Lucca, señalando al flaco chacal con el casco de caracol.

“Yo me enfrentaré al principal, que parece el más fuerte de todos,” declaró Mok, acompañado por Geki, quien asintió con firmeza mientras ajustaba sus escudos protectores.

“Pero aun así quedan dos y no creo que Toco-Toco pueda encargarse de dos enemigos a la vez.

Además, necesitamos llevar esa esfera hacia el cuerpo de Paltio,” señaló Mok, preocupado.

“Sí, pero no hay de otra, ¡miau!

Me enfrentaré a los dos restantes: al de casco de cerdo y al de rana,” respondió Toco-Toco con determinación, aunque sus orejas temblaban ligeramente ante la perspectiva de enfrentarse a ambos.

Pero antes de que pudieran avanzar, alguien inesperado apareció en el campo de batalla.

Era alguien a quien no esperaban que les echara una mano.

“¿Así que eres tú?” preguntó Mok, sorprendido.

“Sí, así es.

Soy yo, Rocky,” respondió el recién llegado con voz profunda.

“Escuché lo que están intentando hacer, y no puedo quedarme con los brazos cruzados.

He venido a ayudar a mi amigo Paltio.” Rocky era una figura imponente: tenía apariencia de topo gigante, pero con vista excepcional y dos pares de patas delanteras equipadas con garras metálicas afiladas como cuchillas.

“¡Guau!

¡Eres al que mi papi le puso nombre!” exclamó Rykaru, admirando al nuevo aliado con asombro infantil.

“Sí, así es,” respondió Rocky con una sonrisa apenas perceptible.

“Y he venido a saldar mi cuenta por eso.

Dame al que tiene el casco de cerdo, gato,” dijo Rocky dirigiéndose a Toco-Toco.

“Bien, entonces pelearé con el de rana,” concluyó Toco-Toco, ajustando su posición.

“Vaya, un experimento de Tejod que ahora está en nuestra contra…

Interesante,” comentó Tertrol desde lejos, observando la aparición de Rocky con una mezcla de curiosidad y desdén.

“Podrías pelear con él, pero no tenemos tiempo.

Toco-Toco tendría que esquivarlo y llegar como sea hasta donde está Paltio,” dijo Mok, dirigiéndose a Rocky con urgencia.

“Ja, ja,” se rio Rocky, dejando escapar una risa grave y resonante.

“¿Por qué te ríes?” le preguntaron varios al unísono.

“Pues porque de eso no se preocupen.

Encontré en mi camino a algunos que nos van a echar la mano,” respondió Rocky con una sonrisa confiada.

En ese momento, una voz terrorífica resonó en el aire, seguida de un escalofriante “¡Buuu!” “¡Tú eres el que esa vez nos pusiste en un tanque!” dijo Alita, visiblemente molesta al reconocer la voz.

“Sí, así es.

Soy yo, el gran y todopoderoso Eveldow,” respondió el espectro, materializándose frente a ellos.

“Aún no he presenciado la muerte de Paltio, sino ya hubiera reclamado su alma.” “No diga esas cosas, señor,” intervino otra voz, esta vez menos amenazante.

“¿Eres Milko?, ¿verdad?” preguntó Ron al ver al pequeño fantasma aparecer frente a él.

“Sí, el mismo que calza…

Bueno, calzaba, porque ahora soy un fantasma, je, je,” respondió Milko con una risa nerviosa y tímida, rascándose la cabeza como si aún tuviera forma física.

“Se lo debo todo a Paltio,” continuó Milko, su voz ganando firmeza mientras hablaba.

“Él quiso ser mi amigo incluso sabiendo que soy un fantasma, algo que mucha gente teme…

Incluso él, al principio, debió sentir miedo, pero se armó de valor para acercarse a mí.

Por eso, ayudaré al gato a llegar al cuerpo de mi amigo,” añadió con determinación, sus ojos brillando con gratitud y resolución.

“Fantasmas en el campo de batalla,” murmuró Urugas con una sonrisa siniestra mientras observaba desde su posición estratégica.

“No pensé que la cosa se pondría interesante…

Bueno, lo dejaré, pero no permitan que lleguen al cuerpo de Paltio.

¿Entendieron todos?” “¡Sí, señor!” respondieron los concejales al unísono, sus voces resonando como un eco amenazante.

“Eso también va para ti, Tertrol.” “¡Sí, señor!” dijo Tertrol, tragando saliva nerviosamente al recibir la orden directa de Urugas.

“Entonces, ¡empecemos el combate!” exclamaron todos, preparándose para el choque de poderes que estaba a punto de desatarse.

Mientras tanto, en el campo de batalla, Ariafilis logró ponerse de pie nuevamente, aun tambaleándose por la herida profunda que tenía en el brazo.

Frente a ella, Blajon se burlaba abiertamente de la muerte de Jock, su amigo y consejero.

La joven ignoró el dolor punzante que seguía recorriendo su cuerpo; sus ojos estaban fijos en un único objetivo: vencer a ese enemigo de una vez por todas.

“Algo que quería decirte, niña,” comenzó Blajon con una sonrisa cruel y provocadora, “es que mi guardaespaldas no mató a tu padre ese día.

Solo lo dejó sin aire.

Yo fui quien le dio el golpe final.” Esas palabras fueron suficientes para encender una furia incontenible en Ariafilis.

Sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia él con toda la velocidad que pudo reunir, decidida a acabar con su vida.

“¡Tonta!

¡No podrás contra mí!

Soy un ser superior,” declaró Blajon con arrogancia, esperándola con su espada en mano.

Ariafilis chocó su espada contra la de Blajon, usando solo una mano debido a su herida.

Sin embargo, este, al tener su otra mano libre, aprovechó para golpearla directamente en el rostro con el puño.

El impacto fue brutal, y Ariafilis cayó al suelo, aturdida y debilitada.

“Eres una pobre tonta sin reino,” continuó Blajon con desdén, su voz cargada de arrogancia mientras avanzaba lentamente hacia ella.

“Pensando que el reino de Ariafilis había sido destruido por el monstruo conocido como Lavafire.

No podrías vencerme ni en un millón de años.” Blajon se detuvo frente a Ariafilis, levantando su espada con deliberación mientras una sonrisa cruel se extendía por su rostro.

“Ya es hora de que mueras.

Te haré un favor y te enviaré con tu padre de una vez, como te prometí.” Blajon levantó su espada, listo para darle la estocada final.

Ariafilis, tendida en el suelo, cerró los ojos con pesar.

“Lo siento, papá…

No puedo con este tipo.

Es un arrogante que disfruta haciendo sufrir a otros.

Un maldito que no solo te asesinó padre, sino también a Jock…

No pude vengarlos.

Me rindo.” “No, mi señora, no se puede rendir.

Es usted una buena espadachín y guerrera.

Demuestre su perseverancia.

Recuerde cuando entrenaba conmigo,” resonó la voz de Jock en su mente, cálida pero firme.

Imágenes inundaron la mente de Ariafilis: recuerdos de cuando Jock la entrenaba desde pequeña, siempre a su lado, observando orgulloso cómo progresaba y se convertía en una formidable espadachina.

Pero también recordó la sombra que siempre la había acompañado: las palabras de su padre, quien, siguiendo las normas antiguas de Reedalia, había insistido en que una mujer no podía ser rey.

Otra voz emergió en su mente, esta vez más profunda y llena de arrepentimiento.

Era su padre, quien le habló con sinceridad: “Hija mía, lo siento…

Fui un terrible padre al seguir reglas tontas de nuestro pueblo.

Siempre vi tu esfuerzo, tus ganas de salir adelante.

Eres la más fuerte de todo el reino, y que eso no te quede duda.

Incluso eres mejor que yo.

Tu madre fue una excelente espadachina, y si no fuera por las leyes del reino, ella habría sido la comándate de todo el ejército y no solo una simple reina de casa.” La voz de su padre se llenó de orgullo mientras continuaba: “Por eso, hija, tú eres importante.

Puedes acabar con cualquier adversidad que tengas enfrente.

Vamos, tú puedes.

Confío en ti, hija.” “Yo también confío en usted, señorita Ariafilis,” añadió el espíritu de Jock, su tono cargado de seguridad y apoyo inquebrantable.

“¡Levántate y demuestra quién es Ariafilis de Reedalia!” dijeron ambas voces al unísono, tratando de infundirle ánimos a la joven caída.

“Lo… lo intentaré,” murmuró ella, abriendo un ojo con esfuerzo mientras la espada de Blajon se acercaba peligrosamente a ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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