La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 200
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- Capítulo 200 - 200 Echo-Boom
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200: Echo-Boom 200: Echo-Boom Trebolg se mofaba de los tres mientras lanzaba explosivos a diestra y siniestra desde el centro de su platillo, que giraba con gran rapidez.
Los que estaban cerca decidieron escapar del lugar, dejando espacio libre para que Rodelos, Medeos y Skila pudieran enfrentarse a Trebolg sin interferencias, además de evitar morir bajo las devastadoras explosiones.
Todos se movieron rápidamente, alejándose del alcance de los proyectiles mortales.
“¡Ja, ja!
¡Mueran, mueran!
Con mi nueva RUBY no podrán hacer nada,” decía Trebolg con arrogancia, burlándose de ellos mientras seguía presionando botones en su consola, enviando oleadas de proyectiles sin cesar.
“¡Debemos hacer algo!” exclamó Skila mientras se desplazaba con gracia, esquivando los ataques que caían a su alrededor.
“Sí, amor, pero no podemos acercarnos,” respondió Medeos, usando su escudo para protegerse de una explosión cercana.
“Pues yo creo que puedo hacer algo,” dijo Rodelos, observando una enorme roca cercana.
Con un movimiento rápido, la lanzó hacia Trebolg, pero este activó un mecanismo en su máquina, reduciendo la roca a escombros en cuestión de segundos.
“¡Demonios!” gritó Rodelos, cubriéndose justo antes de que las explosiones lo alcanzaran.
“¡No hay donde correr, ni adonde huir!
¡Mueran de una vez!” vociferaba Trebolg, apretando botones frenéticamente mientras lanzaba más y más explosivos.
“Papá, ¿y si lo metes en tu bolsa dimensional y luego vemos qué hacer?” sugirió Medeos.
“Lamento decirlo, pero esa bolsa se la di a Paltio, y ahora la tiene el gato parlante que está por allá,” respondió Rodelos, señalando a Toco-Toco.
“Qué mal,” replicó Medeos con frustración.
“Debe haber una forma de acabar con esa cosa,” murmuró Skila, escondida detrás de una roca mientras evaluaba la situación.
“Pues lo único que se me ocurrió fue lanzarle rocas, pero ya vimos que eso no funciona,” indicó Rodelos con resignación.
Mientras tanto, Chip llegaba al Ciertarias, su base de operaciones.
Al entrar, se encontró con Dall, quien le preguntó: “¿Qué haces aquí?
¿Acaso te acobardaste?” “No, tranquilo.
Solo vine por mis juguetes explosivos para acabar con un tipo molesto en un platillo volador,” respondió Chip, refiriéndose a Trebolg.
“¿Dónde está mi especial?” preguntó Chip mientras buscaba entre las provisiones.
“¿Te refieres a esto?” dijo Karpi, mostrándole una caja metálica envuelta como si fuera un regalo.
“Sí, esa es.
Es mi carta final; con eso seguramente venceremos a esa cosa,” afirmó Chip con determinación.
“¿Puedes dármela?” “No sé… Si es tuyo, seguramente es peligroso.
Además, solo te queda un brazo,” respondió Karpi, mirando el brazo robótico de Chip con preocupación.
“Tranquila, lo sé, pero no te preocupes, es por un buen fin,” insistió Chip con ojos suplicantes.
“Bien, toma, pero ten mucho cuidado,” accedió Karpi finalmente.
Chip le agradeció y salió de la base sin percatarse de que alguien los observaba desde la distancia.
“¡Vamos, salgan!
No los mataré, ¡solo los convertiré en pedacitos!” dijo Trebolg mientras reía a carcajadas, disfrutando de su ventaja.
“¡Rayos!
Ya se están acabando las rocas,” murmuró Rodelos al notar que el terreno cercano estaba prácticamente despejado debido a la destrucción causada por las explosiones.
“Ni modo, no nos queda más opción.
Debemos atacar; ya no quedan rocas,” dijo Skila, la madre de Paltio, mientras observaba el campo de batalla con determinación.
“Sí, creo que tienes razón,” respondió Medeos, su esposo, asintiendo con firmeza.
“Bien, si no queda de otra: ganamos o perecemos en esta guerra,” declaró Rodelos, mirando de reojo la máquina de Trebolg, que continuaba levantando polvo y escombros en el aire con sus ataques devastadores.
“¡Esperen!” interrumpió una voz desde atrás.
Era Chip, quien había regresado justo a tiempo.
Chip se sorprendió al ver que el enemigo los estaba llevando poco a poco a la base donde estaban sus aliados.
“¡Muchacho, al grano!
No tenemos tiempo,” indicó Rodelos con urgencia.
“Ah, sí…
Tengo este ‘regalito’ para ese sujeto,” dijo Chip, mostrando la caja metálica.
“Vaya, desde que me fui, esa máquina se volvió aún más horripilante.
Parece un cangrejo mal diseñado, solo le faltaban las tenazas.” “¿Y tú eres?” preguntó la reina Skila, evaluándolo con curiosidad.
“Bueno, yo…” comenzó Chip, algo incómodo.
“Tranquilos, él es un muchacho que ayudé y luego me ayudó a mí,” explicó Rodelos rápidamente.
“Él es Chip.
Chip, este es mi hijo y ella mi nuera, los padres de Paltio.” “Encantado,” dijeron ambas partes cortésmente.
“Bien, entonces eso me suena a que tienes algo en mente, muchacho,” interrumpió Skila, volviendo al tema principal.
“Sí, señora…
digo, reina,” corrigió Chip, inclinando ligeramente la cabeza.
“Tranquilo, muchacho, no estamos para formalismos,” respondió Skila con una sonrisa breve pero amable.
“Entonces te daremos el tiempo que necesites para que actives eso que llevas en esa caja,” añadió Medeos, confiando plenamente en la recomendación de Rodelos.
“Después de todo, mi padre te tiene confianza, muchacho.” Chip se sonrojó ligeramente ante el cumplido de alguien de rango superior, pero Rodelos lo sacó rápidamente del trance.
“Vamos, deja los nervios para después.
Concéntrate y haz lo que tengas que hacer para ganarle a ese sujeto de enfrente.” “¡Vamos, salgan!” gritó Trebolg, lanzando explosivos sin parar como un desquiciado.
“¡Estamos por aquí!” respondió Skila, lanzando varias flechas hacia la máquina.
Por suerte, el depósito que contenía las flechas parecía inagotable, permitiéndole mantener un flujo constante de ataques.
“¡Es inútil!” exclamó Trebolg mientras seguía lanzando oleadas de explosivos.
“¡Ahora!” dijo Rodelos, y tanto él como Medeos salieron al frente para enfrentarse directamente a la máquina.
Medeos cubría a ambos con su escudo, mientras Rodelos lanzaba golpes con su puño cargado de fuerza prometedora.
“¡Tontos!
Con esos tontos golpes no me van a ganar,” se burló Trebolg desde dentro de su máquina.
Pero, si querían jugar así, les mostraría algo nuevo: dos enormes tenazas emergieron de los laterales de la máquina, completando su forma de cangrejo gigante.
“¡Lo sabía!
Esa cosa es un cangrejo raro, pero de todas formas lo es,” comentó Chip mientras desempacaba apresuradamente su caja metálica.
“¡Cuidado, hijo!” gritó Rodelos, desenvainando su espada justo a tiempo para bloquear el ataque de una de las tenazas.
“No sé cuánto más podremos aguantar con esas cosas y los explosivos.
Espero que tu amigo no se demore,” dijo Medeos, esquivando otro ataque mientras sostenía firmemente el escudo.
“Sí, no te preocupes.
Confío en el chico.
Solo concéntrate y démosle tiempo hasta que nos dé la señal,” respondió Rodelos con calma bajo presión.
“Bien,” asintió Medeos, ajustando su postura defensiva.
Chip comenzó a armar rápidamente las piezas que había dentro de la caja, murmurando concentrado: “Esto va aquí, y esto por acá.” “Muchacho, no quiero apresurarte, pero no creo que resistamos mucho más,” indicó Skila mientras esquivaba bolas explosivas con agilidad, su respiración entrecortada por el esfuerzo.
“Sí, señora, ya lo tengo.
Ahora lo prendo, y estaremos listos para ganarle,” respondió Chip con determinación.
Activó el dispositivo, y una voz robótica resonó desde la máquina: “Activando arma.
Liberando código.
Por favor, indique su objetivo.” “Esta arma es algo que estuve desarrollando con mi padre, así que le pedí al profesor que me ayudara a perfeccionarla.
Papá, con esto tu nombre llegará lejos, y nos ayudará a derrotar a este enemigo,” murmuró Chip para sí mismo antes de gritar: “¡Muévanse los tres!” Rodelos, Medeos y Skila escucharon la advertencia y se movieron rápidamente, poniéndose a buen recaudo detrás de los restos de rocas cercanas.
“¿Qué?
¿Por qué grita este chico?
¿Y por qué volvió?” se preguntó Trebolg desde su máquina, desconcertado por un momento.
Luego, con una risa arrogante, añadió: “Bueno, no importa.
De todas formas, todos morirán.” La voz robótica interrumpió sus pensamientos: “Objetivo localizado.
Lanzamiento inminente.” “¡Recibe esto, roedor verde!
Te presento al Echo-Boom,” exclamó Chip con orgullo mientras activaba el mecanismo final.
Imágenes de cuando trabajaba en el taller junto a su padre, armando y creando explosivos, pasaron fugazmente por su mente.
El joven sonrió con nostalgia y satisfacción mientras veía cómo el pequeño objeto despegaba del suelo y se dirigía a toda velocidad hacia Trebolg.
“¡¿Qué es eso?!” gritó Trebolg, alarmado, justo antes de que una explosión devastadora iluminara el campo de batalla, resonando con fuerza por todo el lugar.
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