La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 201
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 201 - 201 Avance Bloqueado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
201: Avance Bloqueado 201: Avance Bloqueado “¡Recibe mi arma, que bauticé con el nombre de mi padre en su honor!
Él nos hará ganarte, Trebolg,” gritó Chip mientras disparaba un pequeño cohete hacia el villano.
El artefacto tenía forma de cohete con unos alerones en la cola y una cabeza puntiaguda, similar a una flecha roja con un dibujo de una cara sonriente.
Pero no iba solo: Chip se agarró del aparato, que sorprendentemente pudo soportar su peso.
El pequeño cohete avanzó rápidamente hacia Trebolg, quien intentó atraparlo con las tenazas de su máquina.
Sin embargo, el artefacto era demasiado rápido y se estrelló contra la cabina, abriendo un hueco en uno de los laterales.
Trebolg sintió un escalofrío de miedo, pero pronto comenzó a reírse al ver que el cohete no explotaba.
“¡Vaya!
Un simple susto,” dijo Trebolg con sorna.
“Ustedes no sirven para la tecnología; no tienen ni idea de cómo usarla.
Y tú,” añadió, señalando a Chip, que seguía colgado del cohete, “serás el primero en morir por haberme asustado de esa manera.
¡Prepárense, porque no tendré piedad!” En ese momento, recuerdos de su padre inundaron la mente de Chip.
Imágenes de ambos trabajando juntos en el taller pasaron por su cabeza.
Su padre, el señor Echo siempre le decía: “Chip, muchacho, si quieres que un artefacto explosivo funcione bien, debes colocar un granito de tu corazón e ingenio al hacerlo.
Ah, y no olvides realizar pruebas desde lejos, no vaya a ser que te explote en la cara.” Luego soltaba una gran carcajada que resonaba en todo el taller.
Chip repitió esas palabras mentalmente justo cuando Trebolg estaba a punto de atacar.
Miró al cohete y gritó: “¡Echo-Boom!” La cabeza del cohete comenzó a iluminarse, y el dibujo de la cara sonriente cobró vida, diciendo con una voz animada: “¡Feliz explosión!” Acto seguido, una enorme explosión destrozó completamente la máquina de Trebolg, reduciéndola a cenizas.
Antes de que el cohete explotara, Chip lo soltó recordando el consejo de Karpi: “No te pongas en peligro.” La onda expansiva fue tan fuerte que derribó a todos los que estaban combatiendo cerca.
Una vez disipada la explosión, Yaco, el subordinado de Trebolg, levantó la cabeza, horrorizado.
“¡No, mi señor Trebolg!” gritó desesperado.
“¡Lo lograste, muchacho!” exclamaron Rodelos, Skila y Medeos, acercándose al lugar.
Pero Chip no entendía nada; solo escuchaba un zumbido en sus oídos producto de la explosión.
Rodelos movió a Chip hacia un lado y, con un gesto y levantando la mano, le indicó: “Buen trabajo.” El muchacho, exhausto pero satisfecho, se desplomó inconsciente bajo la sombra de un árbol, con una leve sonrisa en el rostro, orgulloso de haber cumplido su misión y haber sido útil.
“Vaya, ese chico sí que es bueno, pero algo alocado,” comentó Medeos con una sonrisa.
“Sí, bueno, así son todos los de su edad,” respondió Rodelos con tono comprensivo.
“Bien hecho muchacho,” agregó Skila mientras los tres se reunían nuevamente, preparados para continuar la batalla.
Una vez dejaron a Chip descansando bajo la supervisión de uno de los soldados cercanos, decidieron regresar al combate.
Esto aún no había terminado.
En otra parte del campo de batalla, los amigos de Paltio se preparaban para enfrentarse a los siete villanos que tenían frente a ellos: los concejales, quienes aún no habían revelado sus rostros y, obedeciendo las órdenes de su creador Urugas, decidieron entrar en combate para impedirles llegar hasta donde yacía Paltio.
“Es ahora o nunca,” dijeron todos al unísono.
“Miau, así es,” añadió Toco-Toco, y sin más preámbulos, el grupo avanzó hacia sus enemigos con determinación.
Como ya habían repartido quién pelearía contra quién, rápidamente chocaron con sus respectivos contrincantes.
Alita y Nakia lanzaron un rayo cargado de energía hacia la mujer chacal con casco de serpiente.
Lukeandria y Lume embistieron directamente a la mujer con el casco mitad cabra y mitad conejo, derribándola con un placaje certero.
Mok y Geki arrojaron cuchillas afiladas al aire, dirigiéndolas hacia el que llevaba el casco de pavo real, mientras Rykaru, con puños envueltos en energía azul, se lanzó contra el que tenía el casco de caracol.
“¡Espérate, muchacho!” gritó Lucca antes de seguirlo apresuradamente.
“Veo que me asignaron al señor del casco de rana,” dijo Eveldow con desdén, cruzándose de brazos.
“Nadie se llevará el alma de ese niño más que yo,” añadió con tono amenazante.
“Señor Eveldow, no diga eso,” intervino Milko, algo incómodo.
“Tú preocúpate en la tarea que tienes que hacer, niño,” respondió Eveldow con sequedad, desestimando las palabras de Milko.
Por su parte, Rocky escarbó bajo tierra y emergió rápidamente, propinando un gancho devastador al que llevaba el casco de cerdo.
El villano con mirada furiosa y casco de león, al ver que todos estaban ocupados luchando, sonrió con arrogancia y exclamó: “Bueno, qué más me queda.
Ese niño de cabello trinchudo como césped encima es verde y ese remedo de perro.” Sin perder tiempo, avanzó directamente hacia Ron y Chiki.
“¿A quién llamas remedo de perro?” gruñó Chiki, el chihuahua, con los pelos erizados.
“Bien, es nuestra oportunidad, señor gato,” dijo Milko, observando cómo algunos de los concejales estaban distraídos.
“Ni lo menciones,” replicó Toco-Toco, aunque aprovechó el momento para prepararse y comenzar a correr hacia donde estaba el cuerpo de Paltio.
“Miau, estamos cerca,” murmuró Toco-Toco, casi llegando al lugar donde yacía Paltio.
“Tertrol, detenlos,” ordenó Urugas desde su asiento.
Tertrol asintió y miró a Meloc.
Este último, entendiendo la señal silenciosa, presionó un botón en su dispositivo.
De inmediato, una criatura monstruosa apareció frente a ellos.
La bestia era una aberración grotesca: tenía piernas musculosas de pantera, un brazo de lobo cubierto de pelaje grisáceo y otro de lagarto escamoso.
Su cuerpo estaba cubierto de un pelaje similar al de un zorro, pero su espalda estaba adornada con largas y elegantes alas de garza que contrastaban con su aspecto feroz.
Lo más perturbador era su cabeza: parecía un avocado podrido, con un ligero tono dorado ennegrecido, y su cerebro expuesto pulsaba como si fuera un corazón latiendo.
Era el Gibrido, una amalgama viviente de terror y poder.
“Pero ¿qué es esa cosa?” exclamó Toco-Toco al ver al monstruo frente a él, sus ojos fijos en la aberración que bloqueaba su camino.
“¡Vamos, mi bestia!
No les des el paso y acaba con ellos,” ordenó Meloc mientras observaba con satisfacción cómo la criatura se movía hacia los intrusos.
“¿Trajiste esa cosa horripilante al campo de batalla?” le espetó Tertrol a Meloc, lanzándole una mirada asesina cargada de desprecio.
“Tranquilo, Tertrol.
Esa horrenda bestia me fascina.
Apruebo que acabe de una vez con ese gato parlante,” respondió Urugas sin inmutarse, disfrutando del caos que su creación estaba a punto de desatar.
“Miau, maldición… Tan cerca y ahora no puedo avanzar,” murmuró Toco-Toco, desenfundando sus armas con frustración.
Algo en esa criatura le resultaba familiar, pero no lograba identificar qué era.
Sin más tiempo que perder, decidió actuar.
“Sin más opción, debo pelear.
Miau,” dijo el gato con determinación, preparándose para enfrentar al monstruo.
“Oigan, ¿puedes colocarle la esfera en el pecho de Paltio?” preguntó Toco-Toco rápidamente, dirigiéndose a Milko.
“No, señor gato.
Yo no puedo hacer eso.
Si toco esa esfera, me purificará.
Pero puedo encargarme de nuestro enemigo que está delante de nosotros,” respondió Milko con firmeza, preparándose para luchar.
“Bien, cuento contigo, miau,” dijo Toco-Toco antes de intentar avanzar nuevamente.
Sin embargo, antes de que pudieran coordinar un ataque, la criatura extendió sus largas alas para bloquear el avance de Milko.
Toco-Toco aprovechó el momento para correr hacia donde estaba Paltio, pero la bestia lo detectó rápidamente y, con un movimiento veloz, lo obligó a retroceder.
“Lo siento, señor gato, pero creo que esto es un grave problema.
No puedo darle un golpe, y usted tampoco puede avanzar.
Este monstruo es demasiado rápido,” dijo Milko, visiblemente preocupado.
“Bien, no hay otra opción.
Debemos vencer a este engendro lo antes posible.
A Paltio no le queda mucho tiempo,” concluyó Toco-Toco, ajustando su postura de combate mientras evaluaba cómo derrotar a la criatura.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com