La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 203
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203: 7 vs Amigos: Solz 203: 7 vs Amigos: Solz “¿Quién es Solz, señor?” preguntó Tertrol, intrigado por el cambio en la actitud del concejal.
“Solz es el verdadero nombre de esa extensión mía: el pecado de la pereza,” explicó Urugas con una sonrisa siniestra.
“Y cuando Solz abre los ojos, los llevará a su mundo lleno de terror y pesadillas.
Pobres criaturitas…
Me apiado de sus vidas,” añadió mientras se regodeaba con crueldad.
“Qué pena…
No me gusta que me despierten en mi momento más tranquilo.
Estaba soñando amenamente, y ustedes perturban mi espacio.
No se los permitiré,” dijo Solz con voz fría y cargada de desprecio.
“Encima me dañaron mi mejilla,” continuó, tocando un pequeño corte en su rostro.
“Reciban la ira de Solz.” Autodenominándose así, el ser descendió raudamente al suelo y fue directamente hacia ellos.
Los ojos de Solz brillaban con un azul tétrico, casi sobrenatural.
“¡Cuidado!” gritó Lucca, apartando rápidamente a Rykaru justo cuando Solz pasó cerca de ellos como una ráfaga, dejando cortes profundos en el suelo a su paso.
“¡Ah!
¡Morirán, malditos!” vociferó Solz con furia contenida.
“Nadie se mete con mi sueño.
Los llevaré a una amarga pesadilla,” decía mientras giraba nuevamente hacia ellos con una velocidad sobrehumana.
“¡Muévete, Rykaru!” ordenó Lucca mientras retrocedían.
El sujeto pasaba una y otra vez, tan rápido que parecía flotar en el aire.
Con cada pasada, el suelo se hendía como si una cuchilla invisible lo cortara.
Rykaru, decidido, comenzó a lanzar varios ataques de energía hacia su oponente, pero Solz esquivaba cada uno con gracia inhumana, como si anticipara cada movimiento.
Lucca aprovechó un momento para acercarse.
“¡Toma esto!” gritó mientras saltaba y golpeaba con su bastón.
Pero, en lugar de impactar al enemigo, solo levantó piedras con el golpe.
“¡¿Qué pasó?!” exclamó Lucca, impresionado y frustrado.
“Está usando su poder.
Ya lo vi,” dijo Rykaru, observando cuidadosamente los movimientos de Solz.
“¿En serio?” preguntó Lucca, intentando procesar lo que acababa de ocurrir.
“Sí, pero debes quitarte de ahí,” advirtió Rykaru.
Lucca se retiró rápidamente del sitio, justo antes de que Solz volviera a pasar como un torbellino.
“Sí,” murmuró Rykaru, analizando la situación.
“Usó su poder justo cuando estabas cerca.
Un aura azul oscura sale de su cuerpo.” “Aura azul…
Poderes de tiempo,” pensó Lucca en voz alta.
De repente, una idea cobró forma en su mente.
“Ya sé.
Ese sujeto solo puede usar su poder dentro de un rango reducido,” concluyó.
“Bien, entonces, Rykaru, tú y tu poder de energía pueden ser nuestra solución.
Yo lo distraeré, y luego tú lanzarás ese ataque,” propuso Lucca con determinación.
El sujeto volvió a pasar por ellos, esta vez más rápido.
Ambos saltaron y se alejaron, preparándose para ejecutar su estrategia.
Lucca se plantó firmemente frente a Solz, quien volvía a cargar con fuerza hacia ellos.
Con agilidad, Lucca giró su bastón rápidamente, generando una especie de mini tornado que bloqueaba el avance del enemigo.
Solz detuvo su ataque justo antes de alcanzarlo, al ver que lo que hacía el anciano lo frenaba eficazmente.
“¡Ahora, Rykaru!
¡Es tu oportunidad!” gritó Lucca sin dejar de girar su bastón.
Solz, concentrado únicamente en Lucca, había olvidado por completo a Rykaru, quien estaba acumulando una gran cantidad de energía en sus puños.
Al escuchar la señal, Rykaru lanzó un potente ataque directamente hacia donde Solz estaba parado.
El enemigo, distraído, no tuvo tiempo de reaccionar y recibió el impacto de lleno.
Una explosión masiva iluminó el campo de batalla.
“Nada mal,” comentó Lucca, observando satisfecho los resultados del ataque coordinado.
“¡Lo vencimos!” exclamó Rykaru con entusiasmo.
“Pues así parece,” respondió Lucca, relajando su postura mientras ambos se acercaban para felicitarse mutuamente por el buen trabajo realizado.
Sin embargo, antes de que pudieran celebrar, del lugar donde Rykaru había lanzado el ataque comenzaron a escucharse pisadas acercándose lentamente.
“¡Malditos, malditos!
No se los voy a perdonar.
Solo quería dormir tranquilamente, y ustedes, unos insectos insignificantes, me lo han impedido,” rugió Solz emergiendo de entre el humo, con media armadura rota pero aún más furioso que antes.
“¡Oh, vamos!
¿Es que este sujeto no se muere con nada?” dijo Rykaru, incrédulo ante la resistencia de su oponente.
“Ustedes dos me han dañado no una, sino dos veces…
Ahora van a pagar.
Los engulliré en mi poder, en mi sueño de muerte,” declaró Solz con una voz llena de odio.
De pronto, alrededor de ellos comenzó a formarse un domo azul oscuro que los envolvió por completo, bloqueándolos del mundo exterior.
Todo a su alrededor empezó a deformarse: el suelo bajo sus pies desapareció, y ambos cayeron en un abismo interminable.
Ni Lucca ni Rykaru pudieron hacer nada para evitarlo; fueron tragados por las profundidades del abismo.
Desde fuera, todo lo que quedó visible fue una enorme cama flotante, rodeada de un aura azulada.
“Así que los metió en su sueño…
Bueno, en sus pesadillas,” comentó Urugas con satisfacción, observando desde su posición.
“Esto va a tardar un rato, pero menos mal que puedo verlo puesto que Solz está conectado a mí.” Urugas giró su mirada hacia otro combate que llamó su atención.
“Bien, dejemos que se preparen.
Iré a ver otro enfrentamiento para divertirme,” murmuró con una sonrisa siniestra.
Sus ojos se posaron sobre Lukeandria, la chica que había traicionado a Tejod.
Lukeandria estaba cara a cara con Lusta, una mujer de apariencia seductora y misteriosa.
En una mano, Lukeandria empuñaba su espada, mientras que en la otra llevaba su escudo en forma de media luna, preparada para cualquier movimiento.
“Soy Lusta, muchachita.
Dime qué amoríos quieres ver o algo nostálgico.
Si te rindes, haré que veas lo que realmente deseas en el fondo de tu corazón por siempre,” dijo Lusta con una voz melosa y persuasiva.
“No me interesas, seas quien seas.
Voy a acabar contigo,” respondió Lukeandria con firmeza, manteniendo su posición defensiva.
“Veo que eres una chica muy osada.
Me gustan las de tu clase: jóvenes, vírgenes y que piensan que todo debió ser como ellas querían,” replicó Lusta con una sonrisa burlona, mientras comenzaba a caminar en círculos alrededor de Lukeandria, evaluándola con la mirada.
“Deja de hablar tonterías y pelea,” dijo Lukeandria mientras lanzaba un ataque directo hacia Lusta.
“Ten cuidado con ella,” advirtió Lume desde la distancia, observando el enfrentamiento con preocupación.
Lusta comenzó a esquivar los ataques con gracia calculada, como si disfrutara viendo cómo la chica se movía con cada intento frustrado de alcanzarla.
“Vamos, muchacha, vamos…
Déjame cumplir tus deseos reprimidos,” dijo Lusta con una sonrisa pícara, guiñándole un ojo mientras evadía hábilmente las estocadas.
“Quizás sea ese chico muerto por allá…
Alguien a quien amas en secreto, ¿eh?” “¡Ya te dije que no digas tonterías, vieja loca!” gritó Lukeandria, furiosa, acelerando sus ataques.
“Ja, ja…
Niña tonta, esas no son maneras de hablarle a tus mayores,” replicó Lusta con desdén, sin dejar de moverse.
“Además, soy muy joven y hermosa.
Me desean por la forma que tengo, y no creo que eso pase contigo, con esas greñas con las que andas.” “¡Esas son estupideces!” exclamó Lukeandria, tratando de asestar un golpe certero.
“¡Deja de moverte!
¡Quiero acabar rápido contigo!” Entonces, Lukeandria invocó su habilidad.
“¡Clones!” Rápidamente, varias copias idénticas de ella aparecieron en el campo de batalla, rodeando a Lusta por todos lados.
“Bien, es hora de acabar contigo.
Ya me cansaste con tanto hablar,” dijo Lukeandria con determinación.
Todas las copias avanzaron al mismo tiempo, apuñalando a Lusta con sus espadas.
La sangre brotó del estómago de la mujer, manchando el suelo bajo sus pies.
“Con eso terminé contigo.
Ya no dirás más tonterías,” afirmó Lukeandria, lista para declarar su victoria.
Pero antes de que pudiera celebrar, algo inesperado ocurrió.
Lusta, en lugar de caer derrotada, comenzó a reírse con fuerza.
Se incrustó aún más las espadas en el cuerpo, como si disfrutara del dolor.
Luego, con una sonrisa siniestra, tocó un poco de su propia sangre y la sostuvo entre sus dedos.
“Será mejor que te dé una probadita, muchacha,” murmuró Lusta antes de desvanecerse en el aire, dejando solo una risa burlona que resonó en el lugar.
“Pero ¿qué pasó?” dijo Lukeandria, desconcertada.
“¿Acaso fue un sueño?” “No, pero esto sí lo será,” respondió Lusta, reapareciendo repentinamente a su costado.
Antes de que Lukeandria pudiera reaccionar, Lusta roció sobre ella un perfume extraño que emanaba un brillo hipnótico.
¡Te tengo!
Dijo la concejala con una risa diabólica.
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