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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 204

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  4. Capítulo 204 - 204 7 vs Amigos Lusta
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204: 7 vs Amigos: Lusta 204: 7 vs Amigos: Lusta Lusta apareció repentinamente al costado de Lukeandria, riendo con malicia.

“¡Ya te tengo!” exclamó antes de sacar un frasco con una sustancia extraña y rociársela rápidamente a la joven.

“¡Pero qué cochina eres!

¡Me acabas de echar algo encima!” protestó Lukeandria, intentando quitarse el perfume de encima mientras sentía cómo su visión comenzaba a nublarse.

“Bien, bien…

Dulces placeres, jovencita,” murmuró Lusta con una risa siniestra que resonó en el aire antes de desaparecer por completo.

Lukeandria empezó a ver todo borroso.

Lume intentó hablarle desde la distancia, pero parecía que sus palabras no llegaban a ella.

La muchacha decidió frotarse los ojos con las manos para recuperar la claridad.

Cuando finalmente logró enfocar la vista, se encontró frente a una escena que no había visto en mucho tiempo: su familia estaba allí, justo delante de ella.

“¿Mamá?

¿Papá?

¿Son ustedes?” dijo Lukeandria con asombro.

Los dos sujetos frente a ella sonrieron con calidez.

“Hola, mi pequeñita,” respondieron ambos al unísono.

“Aunque eres muy joven y aún no puedes hablar, eres una preciosa niña.” “¿Qué no puedo hablar?” preguntó Lukeandria, confundida, cuando de pronto sintió que alguien la cargaba.

“Hola, soy tu hermano mayor.

¿Qué tal, pequeña Lukeandria?” le dijo una voz cálida.

“¿Mi hermano?

¿Qué hace aquí?

¿Y por qué me está cargando?” pensó Lukeandria para sí misma.

Miró sus manos y descubrió que ya no eran las de una joven guerrera; en su lugar, tenía las manitas regordetas de un bebé.

Era por eso que nadie podía escuchar lo que trataba de decir.

“Así es, yo soy tu hermano mayor,” dijo el niño, quien aparentaba unos diez años de edad y tenía una expresión amable en su rostro.

“Pero ¿cómo es posible que vuelva a este lugar?

Seguro es una ilusión…

Pero, ¿cómo puedo escapar de esto?

No quiero volver a sentir esto,” pensó Lukeandria, mientras lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos, aunque ahora era un bebé incapaz de controlarlas.

“Oye, Lute, estás molestando a tu hermana.

Dámela mejor, porque la asustas,” dijo una voz dulce.

Era su madre, una mujer hermosa que parecía una versión adulta de Lukeandria, solo que más madura y serena.

“¿Mamá?

¿Eres tú en verdad?” pensó Lukeandria, incapaz de articular palabra alguna.

“Sí, soy tu madre,” respondió la mujer con ternura mientras tomaba al bebé en sus brazos.

Observó cómo la pequeña dejaba de llorar poco a poco, calmándose con su contacto.

“Creo que aún no quiere nada contigo, Lute,” comentó el padre, un hombre de barba tupida y sombrero azul, mirando a su hijo con una sonrisa comprensiva.

“¡Ay!, ¡qué mal!

Prometo ser un mejor hermano mayor para ella y no hacer que llore,” dijo Lute con determinación.

“Claro, hijo, pero los bebés aún no pueden valerse por sí mismos.

Además, les encanta estar con sus madres,” explicó el padre con paciencia.

“Entiendo,” respondió Lute.

“Por eso voy a seguir intentándolo.” Pero dentro de la mente de Lukeandria, una tormenta emocional seguía creciendo.

“Pero ¿qué es esto?

¿Por qué está pasando esto?

Es esto lo que siempre quise…” se preguntó, confundida entre sus deseos más profundos y la realidad.

“Es la felicidad que siempre quise…

Seguir estando con mi familia y memorando este momento,” reflexionó Lukeandria mientras observaba la escena con nostalgia.

Sin embargo, una parte de ella sabía que aquello no era real y que debía encontrar una manera de liberarse de esa ilusión.

Mientras esto ocurría, una voz interrumpió la escena.

“Vaya, vaya…

Así que esto es lo que quería la nena,” dijo Lusta con sorna, apareciendo al costado del cuerpo inmóvil de Lukeandria.

La joven estaba rodeada por gruesas raíces espinadas, y en el centro de esta prisión natural, una rosa roja comenzaba a abrirse lentamente.

“¡Hey, tú!

¡Deja a mi aprendiz!” gritó Lume, saltando hacia Lusta con determinación.

“¡Maldita rata parlante!

Vete de mí vista, me das asco,” respondió Lusta con desprecio, lanzándole una mirada fulminante.

“No te la daré.

Ella está en un mejor lugar, y cuando esa rosa se abra por completo, será un nutriente más para mí,” dijo Lusta burlándose, mientras una sonrisa cruel se dibujaba en su rostro.

“¡No lo permitiré!” exclamó Lume, invocando clones de sí mismo.

Estos comenzaron a trepar rápidamente por el cuerpo de Lusta, intentando detenerla.

“¡Basta!

No soporto a las ratas, ¡déjenme!” gritó Lusta, visiblemente molesta, tratando de quitarse a los pequeños hurones de encima.

Los clones la rodearon, pero su furia no tenía límites.

Lusta comenzó a emanar un aura roja ardiente, como si su cuerpo estuviera hirviendo, y con un movimiento brusco hizo desaparecer a todas las copias.

“¡Tú, tonta rata, pagarás!

Ya es suficiente haber estado rodeada de esos patéticos roedores por órdenes de mi señor.

Pero que se me suban al cuerpo…

¡Eso no lo voy a tolerar!” rugió Lusta, completamente fuera de control.

“¡Yo no soy una rata, soy un hurón!” replicó Lume con indignación.

“¡Pues a mí me da igual!

¡Morirás!” gritó Lusta, y en ese instante sus brazos se transformaron en largos tallos en forma de látigos cubiertos de espinas afiladas.

Comenzó a agitarlos con ferocidad, lanzando ataques letales hacia Lume.

El pequeño hurón trataba desesperadamente de esquivar cada golpe mientras gritaba con todas sus fuerzas: “¡Lukeandria, despierta!

¡Resiste!” Lamentablemente, Lukeandria seguía sumida en su mundo nostálgico, atrapada por el poder del perfume de Lusta.

“No podrás salvarla.

Ella será mía y nunca podrá salir de mi perfume de placer,” declaró Lusta con crueldad, lanzando otro latigazo hacia Lume, quien apenas logró evitarlo.

Mientras tanto, en el exterior una enorme rosa rodeaba el campo de batalla, bloqueando cualquier vista del interior o el exterior.

En otro lugar, Ron y Chiki luchaban contra el sujeto con el casco de león, cuyos ojos irradiaban ira pura.

“Siento ira solo con verte, niño tonto.

Tu cabello verde que parece césped es repulsivo, y ese remedo de perro que tienes contigo…

Ambos morirán,” dijo el sujeto con desdén antes de lanzar un poderoso golpe hacia ellos.

Ambos saltaron para evitar el ataque, pero el impacto dejó una enorme grieta en el suelo que se extendió varios metros.

“¿A quién llamas remedo de perro, tonto cara de chacal y cerebro de chorlito?” gruñó Chiki, visiblemente ofendido por el comentario del sujeto.

“¡Voy a darte tus pataditas!” añadió, avanzando rápidamente hacia él.

“¡Espere, maestro!” gritó Ron, tratando de detener a su compañero.

Pero Chiki no escuchó y, con un salto, lanzó una potente patada directamente hacia el sujeto con el casco de león.

La patada de Chiki impactó directamente en la cara del sujeto, haciéndolo caer contra una roca cercana.

Sin embargo, el enemigo se levantó como si nada, escupió un diente y dijo con desdén: “Nada mal…

Pero no eres tan fuerte como yo.” Acto seguido, el sujeto se movió con una velocidad sorprendente y lanzó un golpe devastador hacia Chiki, enviándolo volando por los aires.

“¡Bah!

Se me pasó la mano.

Creo que maté al perrito,” comentó el sujeto con indiferencia, antes de dirigir su atención hacia Ron.

“Bueno, ahora es tu turno, mocoso de los pelos verdes que parecen césped.” El sujeto avanzó rápidamente hacia Ron, pero este último lo detuvo de inmediato con un fuerte golpe en el estómago que lo lanzó por los aires.

Luego, Ron corrió hacia donde había caído Chiki para asegurarse de que estuviera bien.

El perro se levantó lentamente, sacudiéndose el polvo.

“Estoy bien, mocoso pelos de puerco espín.

¿Dónde está ese sujeto?” preguntó, mirando a su alrededor.

“Ya le di un golpe y lo mandé a volar,” respondió Ron, señalando hacia el lugar donde supuestamente había caído el enemigo.

Chiki miró hacia donde Ron le había indicado, pero no había rastro alguno del sujeto.

De repente, algo los tomó por sorpresa.

Una fuerza invisible los golpeó brutalmente en el estómago, lanzándolos al suelo.

Era el mismo sujeto de antes, quien había reaparecido sin que lo notaran.

“Pero ¿cómo?” dijo Chiki, levantándose con dificultad mientras trataba de recuperar el aliento.

“Es muy fuerte y rápido,” añadió Ron, también poniéndose de pie con esfuerzo.

“Es verdad…

Pero antes no era así.

Sus movimientos se volvieron más fuertes y rápidos.

¿Por qué?” reflexionó Chiki, frunciendo el ceño.

“Será mejor que yo vaya solo, chico.

Pero creo que debemos ir juntos,” sugirió Ron, intentando mantener la calma.

“No.

Ese sujeto me da rabia, y no voy a permitir que me llame ‘remedo de perro.’ Voy a acabar con él,” declaró Chiki con determinación, apretando los puños.

Urugas observaba todo desde las sombras, disfrutando del espectáculo con una sonrisa siniestra.

“¡Uh!

Qué mal…

No debieron hacer eso, y mucho menos pelear entre ellos dos.

La ira será su perdición, y Rageret lo sabe perfectamente,” murmuró Urugas, relamiéndose los labios con anticipación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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