La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 205
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- Capítulo 205 - 205 7 vs Amigos Rageret
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205: 7 vs Amigos: Rageret 205: 7 vs Amigos: Rageret “¿Eso es todo lo que tienen?” dijo el sujeto con el casco de león mientras recibía los golpes de Chiki sin inmutarse.
A pesar de los constantes ataques, cada parte de su cuerpo regresaba a la normalidad tras ser golpeada.
Ron, al ver que los esfuerzos de Chiki no surtían efecto, corrió hacia el enemigo para ayudar a su maestro.
“¡Qué haces, mocoso!
¡Este oponente es mío!” protestó Chiki, molesto por la intromisión.
“No, recuerde que estamos juntos en esto,” respondió Ron con firmeza.
“Además, usted no le está haciendo nada.
Mejor déjemelo a mí,” añadió, intentando convencer al perro de que trabajaran como equipo.
“¡Mocoso insolente!
¡Yo soy el más fuerte aquí!” replicó Chiki, indignado.
“¿Ah?, ¿sí?
¿Entonces por qué no le ha hecho daño alguno?” preguntó Ron, señalando al enemigo que seguía intacto a pesar de los golpes.
Ambos discutían llenos de ira mientras continuaban atacando al sujeto, pero sus palabras solo alimentaban más la energía de su oponente.
“Eso es…
Sigan así,” pensó Rageret para sí mismo, disfrutando de la furia que emanaba de ellos.
Ron y Chiki se lanzaron al combate contra Rageret desde ángulos opuestos, cada uno decidido a derrotar al enemigo por su cuenta.
Sin embargo, por más golpes que lanzaban, parecía imposible causarle algún daño real.
Los puños de Ron apenas rozaban el aire donde Rageret había estado un instante antes, mientras que las garras de Chiki se clavaban en el vacío, frustradas por la velocidad sobrehumana del adversario.
“¡Déjame manejar esto, mocoso!” gritó Chiki mientras intentaba rodear a Rageret, buscando un punto débil.
“¿Manejarlo?
¡Tú no estás haciendo nada!
Déjame a mí,” respondió Ron con irritación, lanzando otro ataque que el enemigo esquivó sin esfuerzo.
“¿Cómo que no estoy haciendo nada?
¡Soy mucho más fuerte que tú!” replicó Chiki, molesto, mientras sus patas generaban pequeñas grietas en el suelo con cada movimiento fallido.
“¡Fuerte no significa eficiente!
¡Estás desperdiciando energía!” exclamó Ron, tratando de mantener la calma, aunque su voz denotaba frustración.
Mientras discutían, Rageret los observaba con una sonrisa burlona, disfrutando de la ira que crecía entre ellos.
Cada palabra cargada de furia solo alimentaba su poder, haciéndolo aún más rápido e imponente.
“Qué lindos…
Pelean entre ustedes como niños pequeños.
¿Acaso no entienden que su ira me hace más fuerte?” dijo Rageret con desdén, deteniéndose brevemente para burlarse de ellos.
“Siguen siendo tan predecibles…
Patético.” “¡Cállate!” gritaron ambos al unísono, lanzándose nuevamente hacia él con renovada furia.
Voy a acabar contigo gritaba cada uno de ellos por separado, pero, como siempre, sus ataques eran inútiles.
Rageret desaparecía de su vista solo para reaparecer detrás de ellos, lanzando golpes devastadores que los enviaban volando por los aires.
“¡Esto no está funcionando!” dijo Ron, levantándose con dificultad mientras limpiaba un hilo de sangre de su labio.
“¡Claro que no está funcionando porque no me dejas hacerlo a mi manera!” respondió Chiki, también magullado pero terco en su postura.
Finalmente, ambos comenzaron a mostrar signos de agotamiento.
Sus golpes se volvieron más lentos y menos precisos, hasta que apenas podían mantenerse en pie.
“¿Eso es todo lo que tienen?
¿No decían que me iban a acabar?
Son unos inútiles,” se burló Rageret con desprecio.
“Les voy a enseñar cómo lo hace Rageret.” “¿Qué?
¿Dijo su nombre en tercera persona?” dijeron Ron y Chiki al unísono, sorprendidos por la arrogancia del enemigo.
Pero antes de que pudieran reaccionar, Rageret lanzó un golpe cargado de fuerza devastadora que los envió volando por los aires.
Ambos chocaron contra algunas rocas, rompiéndolas con el impacto.
“¿Desde cuándo se volvió aún más fuerte?” murmuraron ambos, jadeando y escupiendo sangre.
“Algo anda mal,” dijo Chiki mientras veía cómo el sujeto volvía a acercarse.
Con un movimiento rápido, Rageret les propinó otro par de golpes con sus enormes puños, dejándolos magullados en el suelo.
“Es mejor que no se levanten,” advirtió Rageret, observando a sus dos oponentes con una sonrisa siniestra.
“¡Eso nunca!” gritó Ron, escupiendo sangre mientras trataba de incorporarse.
“Tengo que acabar contigo y salvar a Paltio.” “¡Sí, yo también!” añadió Chiki, limpiándose la comisura de la boca con el dorso de la pata.
“Son tercos y resistentes, ya veo,” dijo Rageret con una sonrisa siniestra, su voz cargada de una mezcla de admiración y desdén.
“Pero, como ya deberían haber notado, sus ataques son inútiles contra mí.
Además,” añadió, haciendo una pausa para saborear cada palabra, “sus constantes peleas entre ustedes solo me hacen más fuerte.” Rageret los miró fijamente, sus ojos brillando con un destello peligroso mientras continuaba: “Ya se los dije antes, pero parece que no me escucharon bien…
Me alimento de su ira.
Porque yo soy el pecado de la ira.
Infundo rabia en todo lo que me rodea, y convierto cada golpe que me dan en energía pura.
Cuanto más se enfadan, más poder obtengo.” Se detuvo un momento, disfrutando de la frustración y el agotamiento que comenzaban a reflejarse en los rostros de Ron y Chiki.
Luego, con una carcajada burlona, concluyó: “Así que, por más que intenten derrotarme, solo están alimentando mi fuerza.
Es gracioso, ¿no?
Sus esfuerzos los están llevando directamente a su propia destrucción.” “¡Lo sabía!
Ese maldito estaba escondiendo algo,” dijo Ron, frunciendo el ceño.
“Pero eso no tiene nada de nuevo,” continuó Rageret, encogiéndose de hombros.
“Sin embargo, ya que veo que aún resisten, solo por eso les voy a enseñar algo.” De pronto, el entorno a su alrededor comenzó a oscurecerse.
Una estructura gigantesca emergió del suelo, encerrándolos dentro de una especie de prisión.
Por dentro, parecía un cilindro liso y opresivo, pero desde el exterior, tenía la forma de un antebrazo con un puño cerrado, como si estuvieran atrapados en la palma de una mano gigante.
“Bien, ahora están en mis dominios, y veré qué tan resistentes son,” indicó Rageret con una sonrisa amenazante que helaba la sangre.
Sin previo aviso, salió corriendo a toda velocidad hacia Ron y Chiki.
Ambos intentaron golpearlo, pero el sujeto era increíblemente rápido.
Luego realizó una serie de movimientos imperceptibles para el ojo humano, aunque en realidad fueron miles de golpes lanzados en una fracción de segundo.
El resultado fue devastador: tanto Chiki como Ron recibieron un daño brutal, sus cuerpos cayeron al suelo llenos de heridas.
“¡Bah!
Patético.
Tan rápido se rompieron…
Yo quería jugar más, pero bueno, así como están me servirán por unos minutos.
Luego iré por alguien más del campo de batalla,” declaró Rageret mientras cargaba poder en sus puños.
“Este será su infierno…
Y su fin.” Miró a ambos detenidamente y añadió: “Veamos quién será primero…
¿El remedo de perro o el mocoso de pelo trinchudo que parece césped?
Creo que empezaré con el mocoso.
Al pequeño perrito lo dejaré para después, como postre.” Con paso firme y decidido, comenzó a caminar hacia donde Ron yacía tendido en el suelo, luchando por mantenerse consciente.
Mientras tanto, en otra parte del campo de batalla, Rocky se preparaba para enfrentarse al sujeto voluminoso con casco de cerdo.
“Así que tú y yo seremos oponentes.
Veamos qué puedes hacer,” dijo Rocky con determinación.
El sujeto lo miró de arriba abajo y respondió con una mueca grotesca: “Te ves apetitoso.
Te acabaré y luego te comeré.” Sacó su enorme lengua y se la pasó por toda la boca, dejando claro su intención.
“¡Qué asqueroso!” exclamó Rocky, visiblemente incómodo.
“Será mejor que te venza.
Debo salvar a mi amiguito Paltio.” El sujeto rodó como una pelota gigante directamente hacia Rocky, quien apenas logró esquivar el ataque antes de refugiarse bajo tierra.
“¿Dónde está esa cosa?” preguntó el enemigo, buscando frenéticamente a su oponente.
“¡Por aquí!” gritó Rocky desde debajo del suelo, emergiendo repentinamente para lanzarle un ataque con sus enormes garras.
El golpe fue tan fuerte que envió al sujeto volando por los cielos.
“Vaya, creo que ya lo vencí,” comentó Rocky, relajando momentáneamente su postura.
Sin embargo, en el aire, el sujeto comenzó a reírse estruendosamente antes de transformarse nuevamente en una enorme bola giratoria.
Cayó en picada con tal fuerza que creó un cráter masivo en el suelo.
“¡Maldición!
Si no me quitaba, iba a terminar así,” murmuró Rocky mientras ajustaba una cinta roja que llevaba en su pata, preparándose para continuar la pelea.
“¡Deja de moverte para comerte!” le gritó el enemigo mientras rodaba nuevamente hacia él.
“¡Sigues con esas tonteras!
Yo no soy comida,” replicó Rocky con seriedad.
“Todo es comida para mí,” respondió el sujeto con desdén.
Para demostrarlo, levantó una enorme roca de su costado y se la tragó sin esfuerzo alguno.
“¡Qué asco!
Y eso que yo soy un monstruo,” dijo Rocky, visiblemente impresionado por la capacidad del enemigo de devorar cualquier cosa.
“¡Lo mismo te pasará, topo monstruo!” gritó el sujeto del casco de cerdo antes de convertirse nuevamente en una enorme bola que rodó a toda velocidad hacia donde estaba Rocky.
Esta vez, la esfera se movía como un proyectil descontrolado, rebotando por todos lados como si fuera una bola de pinball gigante.
Rocky intentaba esquivarla desesperadamente mientras excavaba túneles para esconderse y preparar algún contraataque, pero el enemigo no le daba ni un segundo de respiro.
“¿Qué hago?” murmuró Rocky, buscando una salida mientras la esfera parecía multiplicar su velocidad.
De repente, la bola extendió largas púas afiladas que cortaron limpiamente uno de sus cuatro extremidades delanteras: el brazo izquierdo inferior.
Rocky cayó al suelo retorciéndose de dolor mientras veía cómo su miembro cercenado quedaba tirado en el suelo.
La esfera se detuvo bruscamente y volvió a transformarse en el sujeto corpulento.
Este recogió el brazo amputado, lo lamió con una lengua descomunal y comenzó a devorarlo sin ceremonia alguna.
“¡Pero qué demonios!
¡Eso es asqueroso!” exclamó Rocky, aún adolorido mientras trataba de contener la hemorragia tocándose el muñón sangrante.
“Es muy rica tu carne, enorme topo.
Ya le di una probadita…
Está decidido: te comeré parte por parte,” dijo el sujeto con una sonrisa grotesca antes de volver a transformarse en la esfera gigante.
En otro lugar, Urugas observaba la escena con una expresión de regocijo.
“Pobre creación de Tejod…
Va a ser comida del pecado de la gula.
Una vez que Glutto pone el ojo en su objetivo, no para hasta acabarlo completamente,” comentó Urugas con sorna.
“Que le tenga cuidado a Glutto,” añadió con una risa burlona.
“No quisiera estar en los zapatos del tal Rocky,” concluyó Urugas, disfrutando del espectáculo desde las sombras.
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