La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 206
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 206 - 206 7 vs Amigos Glutto
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
206: 7 vs Amigos: Glutto 206: 7 vs Amigos: Glutto “Vamos, déjate comer rápido y crudo, como me gusta…
Aunque también me encanta cocido y bien aderezado,” dijo Glutto mientras devoraba con deleite el hueso del brazo que Rocky había perdido.
“¿Sabes qué?
Mejor por partes o todo completo…
Mmm… Tendré que averiguarlo,” añadió, transformándose nuevamente en una enorme bola con púas afiladas que brillaban bajo la luz tenue.
“Maldición, esa cosa es rápida…
Pero no dejaré que se me acerque de nuevo,” murmuró Rocky, aplicando un líquido viscoso sobre la herida reciente.
Instantáneamente, la cicatrización comenzó, cerrando la herida y calmando el dolor.
El enemigo inició su ataque rodando a gran velocidad hacia Rocky, rebotando como un proyectil descontrolado.
“¡Ah, esta vez sí atacaré!” gritó Rocky, preparando sus tres brazos restantes, cada uno armado con garras metálicas enormes y afiladas.
Se posicionó firmemente frente a la esfera giratoria, deteniéndola con dos de sus brazos mientras intentaba agarrar una de las púas más cercanas con el tercero para evitar ser atravesado.
Pero lo que Rocky no sabía era que Glutto podía controlar las púas a voluntad.
Una de ellas se movió rápidamente, cortando limpiamente su otro brazo, esta vez el derecho inferior.
Rocky lanzó un grito desgarrador mientras caía al suelo, sujetándose el muñón sangrante.
Glutto, atraído por el olor fresco de la carne, recogió el brazo amputado y comenzó a devorarlo con avidez.
“¡Oh sí, oh sí!
Exquisito,” exclamó Glutto, saboreando cada bocado con una expresión de éxtasis.
“Es un deleite para mi paladar.
Para el próximo, debería sazonarte mejor…
Quizá con hojas de orégano y romero, aceite de oliva y pan con mantequilla derretida,” continuó, imaginando ya el festín que se prepararía.
Rocky, aun jadeando de dolor, volvió a aplicar el líquido en la herida, logrando cicatrizarla de inmediato.
Ahora, su apariencia había cambiado drásticamente: parecía más humano, con solo dos brazos y dos piernas.
“¡Tú, maldita bola de grasa!
¡Me las vas a pagar!” rugió Rocky, furioso y decidido a no rendirse.
“Voy de nuevo,” anunció Glutto con una risa gutural mientras comenzaba a rodar otra vez.
“Ya que no quieres ser comido pacíficamente entero, tendré que comerte por pedazos…
Y quizá quede comida para llevar.
¡Qué rico, qué suculento, qué delicia!
Tu carne hace agua a mi paladar.” “¡No soy comida de nadie!” gritó Rocky, lanzándose hacia Glutto antes de que este terminara de hablar y empezara a cambiar de forma.
Con un movimiento rápido, clavó sus afiladas garras en el enorme vientre de Glutto.
Glutto emitió un sonido estruendoso, un grito gutural tan fuerte que casi dejó sordo a Rocky y a cualquiera que estuviera cerca.
Sin embargo, después de aquel rugido ensordecedor, Glutto se recuperó rápidamente.
“Eso no me dolió,” declaró con desdén, mirando a Rocky con una sonrisa grotesca.
“Vaya, por fin te decidiste a venir a mí.
Sabia elección.” Rocky intentó retirar sus garras, pero estas quedaron atrapadas en el cuerpo blando de Glutto.
Antes de que pudiera reaccionar, el enemigo comenzó a absorberlo lentamente, envolviéndolo en su masa viscosa.
“Juguemos un poco más, comida,” dijo Glutto con voz melosa, disfrutando del momento.
“Me gustó comerte pedazo por pedazo.” Así, poco a poco, terminó de meter a Rocky dentro de su cuerpo, engulléndolo completamente.
El cuerpo de Glutto comenzó a expandirse rápidamente, creciendo hasta transformarse en una gigantesca hamburguesa que podía verse desde el exterior.
Por dentro, Rocky cayó tendido en el suelo mientras una enorme cara de Glutto lo observaba con hambre insaciable.
“Ahora sí, mi querida comida…
Empieza a correr,” dijo Glutto con una sonrisa malévola.
“Quiero jugar un poco contigo y comerte pedazo por pedazo hasta que no quede nada de ti.
Quiero escuchar hasta tu último grito de aliento.
Bienvenido a mi interior.” De repente, un laberinto formado por rodajas de queso comenzó a levantarse a su alrededor, con muros hechos de tocino crujiente.
“Veamos si puedes salir de este laberinto antes de que yo te termine de comer,” se burló la enorme cara de Glutto mientras una especie de cabeza gigante aparecía detrás de Rocky, comenzando a perseguirlo a través del laberinto como si fuera un juego de Pac-Man.
“¡Vamos, corre antes de que te alcance!” gritó Glutto, disfrutando del espectáculo mientras veía a Rocky intentar escapar desesperadamente.
Por otra parte, Eveldow enfrentaba al sujeto con casco de rana.
“Vaya, vaya…
Hace tiempo que no peleo contra alguien.
Bueno, ya estoy muerto, así que no me podrán matar de nuevo,” dijo Eveldow con una sonrisa confiada mientras flotaba frente a su oponente.
Sin embargo, el sujeto con casco de rana parecía ignorarlo por completo.
En lugar de atacar directamente, sacó una balanza de su espalda y comenzó a colocar monedas en cada lado, ajustando meticulosamente el equilibrio.
Eveldow frunció el ceño cuando, sin previo aviso, el sujeto lanzó un cuchillo que lo atravesó limpiamente.
“¡Oye!
¿Eres tonto o qué?
¡Ya te dije que no puedes matarme!
Y encima crees que puedes comprarme con esa balanza y esas monedas de oro,” exclamó Eveldow, molesto por la falta de atención del enemigo.
El sujeto seguía ignorándolo, concentrado ahora en hacer cálculos con un ábaco de aspecto antiguo.
“¿No oíste?
¿Eres sordo o qué?” insistió Eveldow, visiblemente frustrado.
“Bien, entonces, si no vienes a mí, yo mismo te atacaré y te poseeré,” declaró Eveldow, avanzando rápidamente hacia su oponente.
Sin embargo, justo antes de alcanzarlo, sintió cómo una pared invisible lo detenía en seco.
“Pero ¿qué es esto?
No hay nada que un fantasma de mi nivel no pueda traspasar, excepto ese tonto cetro…
Pero aquí no está,” murmuró Eveldow, tratando de forzar su paso con toda su fuerza.
“Un fantasma…
¡Ja!
Qué patético.
He conocido mejores en otros lugares,” comentó el sujeto con indiferencia, revelándose como una criatura de contextura normal, pero morfología humanoide con rasgos de chacal y un casco de rana.
“¡Deja que te ponga una mano encima y te convierta en mi marioneta!” gritó Eveldow mientras seguía luchando inútilmente contra el muro invisible que lo bloqueaba.
“Paciencia, tonto fantasma de pacotilla.
Unos cálculos más y será tu turno,” respondió el sujeto tranquilamente, moviendo las cuentas de su ábaco con precisión.
Finalmente, añadió unas monedas más a la balanza y anunció: “Eso es todo.” De repente, del costado de la balanza emergió un espectro que parecía la mismísima Muerte o la Parca.
Con una mirada fría y penetrante, revisó la balanza antes de anunciar con una voz espectral: “Está completo.
Tu deseo se cumplirá,” señalando directamente a Eveldow.
Luego, el espectro desapareció junto con la balanza, dejando solo un silencio inquietante en su lugar.
Eveldow estaba atónito.
Quería cruzar la pared invisible que lo había bloqueado momentos antes, pero algo extraño estaba ocurriendo.
Para su sorpresa, logró traspasarla sin resistencia alguna.
No solo eso: al mirarse las manos, notó cómo cobraban un tono pálido pero real, como si estuvieran volviendo a la vida.
“Pero ¿qué…?
¿Qué me está pasando?” murmuró Eveldow, confundido y alarmado al ver sus manos materializándose ante sus propios ojos.
“Pues eso que ves es un trato,” dijo el sujeto con calma, observándolo con una sonrisa siniestra.
“¿Un trato?
¿Qué trato?” preguntó Eveldow, tratando de procesar lo que estaba ocurriendo.
“Así es, un trato con la Muerte.
Incluso ella puede ser comprada,” explicó el sujeto con arrogancia mientras daba un paso hacia él.
“Y ahora que estas vivo de nuevo, no podrás hacer tus tonterías de poseerme.” “¡Maldito!
¿Qué me has hecho?
¡No puedo ser un ser vivo!
¡Yo soy un todopoderoso espectro!” gritó Eveldow, furioso y desconcertado por su nueva condición.
“Eres tonto, Eveldow.
Ahora eres mío…
Y morirás,” declaró el sujeto con frialdad.
“Bienvenido a mi morada.” En ese instante, el entorno cambió drásticamente.
A su alrededor, edificios imponentes comenzaron a elevarse desde el suelo, y en el centro del escenario aparecieron unas cartas flotantes que brillaban con un aura misteriosa.
“Yo soy Greedo, y hago el papel del pecado de la avaricia,” anunció el sujeto con una sonrisa triunfal, revelando su verdadera identidad.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com