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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 207

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  4. Capítulo 207 - 207 7 vs Amigos Greedo
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207: 7 vs Amigos: Greedo 207: 7 vs Amigos: Greedo Eveldow intentaba desesperadamente atravesar un muro invisible para poseer el cuerpo del sujeto frente a él, pero algo lo bloqueaba.

Frustrado, observó cómo el enemigo terminaba de hacer sus cálculos con la balanza.

En ese momento, la misma Parca apareció repentinamente, anunciando con una voz espectral: “Tu deseo se cumplirá.” Acto seguido, Eveldow comenzó a cambiar.

Su forma etérea se desvaneció, y poco a poco volvió a convertirse en un avocado humanoide de Fuertelia.

De inmediato, todo a su alrededor empezó a transformarse.

Grandes edificaciones emergieron del suelo, cerrando el espacio completamente.

Desde el exterior, el lugar ahora parecía una bóveda impenetrable.

“Bienvenido a mi espacio,” dijo el sujeto mientras se ajustaba el casco de rana.

“Mi nombre es Greedo.” “Pero ¿qué fue lo que me has hecho?” preguntó Eveldow, furioso por haber sido devuelto a la vida.

“¡Ah!

Eso…

Simplemente compré un poco de la Muerte.

Hasta ella tiene un precio,” respondió Greedo con una sonrisa arrogante.

“Y lo que le pedí fue muy simple: que te transformara nuevamente por un breve periodo, unos veinte minutos, que es lo que me tomará acabar con mi juego.” “Maldito,” gruñó Eveldow, avanzando hacia Greedo con intención de atacarlo.

Sin embargo, frente a él apareció un estrado alto que lo detuvo abruptamente, impidiéndole llegar hasta su oponente.

Al darse cuenta de que no podía hacer nada contra esa barrera, Eveldow decidió aceptar las reglas del juego.

“Está bien.

Jugaré lo que sea que me impongas,” dijo con resignación, aunque la rabia aún ardía en su mirada.

“Pues bien, señor Eveldow,” continuó Greedo, disfrutando del momento.

“Ahora que tengo tu atención, el juego es simple.

Hay un mazo con cartas en el centro, y solo 20 minutos en juego, como puedes ver en ese reloj de arena allá.” Greedo señaló un reloj de arena que flotaba en el aire, marcando el tiempo inexorablemente.

“El objetivo es ganar dinero.

El primero en comprar todas las propiedades alrededor de este espacio será el ganador.” Eveldow miró el reloj fijamente, sintiendo una sensación extraña.

Era como si el destino se burlara de él, recordándole cómo había jugado un juego similar con Paltio y sus amigos en su castillo en ruinas.

“Pero no entiendo,” admitió Eveldow, confundido por las reglas del juego.

“Hay parece que eres una persona anticuada y no conoces estos juegos,” replicó Greedo con desdén, visiblemente molesto por la falta de conocimiento de su oponente.

“Es muy fácil, como dije antes…

Pero bueno, haré lo posible para que entiendas,” añadió, tomando aire para explicar con más detalle.

“Hay un total de 50 cartas.

De ellas, 15 son propiedades de mayor precio.

Si logras reunir todas estas, ganas de inmediato.

Luego, hay 5 cartas que pueden quitarte una propiedad al azar de tu mano y devolverla al mazo, que se barajeará de inmediato.

Otras 5 cambian el sentido del jugador.

Además, hay 10 propiedades de precio medio; si consigues todas estas, es como si tuvieras las 15 de mayor precio.

Finalmente, hay 15 propiedades de bajo precio, que equivalen a las 10 de precio medio.” Greedo hizo una pausa dramática antes de concluir: “En otras palabras, gana el que tenga las 15 propiedades de mayor precio en su mano antes de que el tiempo se acabe.” Eveldow se tocaba la cabeza, tratando de procesar toda la información.

La complejidad del juego lo abrumaba, pero sabía que no tenía otra opción más que jugar si quería sobrevivir.

“¡Ay!

Viejo tonto, las cartas de mayor rango tienen un dibujo verde en la esquina superior derecha, las de media tienen ámbar, las de baja tienen rojo y las que te quitan propiedades tienen un recuadro azul en la misma esquina,” explicó Greedo con impaciencia, señalando los detalles en el mazo central.

“Bien, entendí,” respondió Eveldow, repasando mentalmente las reglas mientras trataba de comprender completamente el juego.

“¿Y cómo empezamos este juego?” preguntó finalmente.

“Pues con los dados.

El que obtenga el número más alto empieza.

El juego cambia de jugador hasta que encuentres alguna carta especial: ya sea la que te quita propiedades o la que cambia el sentido del turno,” continuó Greedo con calma, disfrutando de la confusión de su oponente.

“Entiendo,” dijo Eveldow, aunque su expresión revelaba que aún estaba absorto tratando de asimilar todas las reglas.

“Como usted es el invitado, usted empezará,” declaró Greedo con una reverencia burlona.

“Espero que la avaricia no lo haga perder,” añadió con una sonrisa pícara, mostrando sus intenciones manipuladoras.

“Bien, empecemos,” dijo Eveldow, lanzando los dados.

Le salió un cuatro.

“¡Ugh!

Qué mal,” comentó Greedo con fingida decepción.

“Bueno, me toca.” Greedo lanzó los dados y obtuvo un tres.

“Bien, creo que la suerte está de tu lado, ex espectro,” indicó Greedo con una expresión seria, aunque sus ojos brillaban con interés.

“Entonces, yo empiezo,” anunció Eveldow, cogiendo una carta del mazo.

“Y recuerde: el perdedor…

su alma se lo llevará la Muerte,” añadió Greedo, dejando escapar una sonrisa macabra que helaba la sangre.

Mientras tanto, en otro lugar, Alita enfrentaba a la mujer yacal con el casco de serpiente.

La tensión era palpable entre ambas.

“Envidio tu ropa, chica.

A mí nunca mi señor me dio una como esa seda que tienes… Y mucho menos tengo compañeros que estén a mi lado,” dijo la mujer, deslizando su lengua bífida al hablar.

“¿Así?

¿Por qué?” preguntó Alita, genuinamente curiosa.

“Pues porque mato a todo el que se me acerca,” respondió la mujer con frialdad, moviéndose lentamente como una serpiente acechando a su presa.

“Me das esa capa que tienes, o tendré que quitártela por la fuerza.

Me ha encantado, y se vería bien en mí,” continuó, mirando fijamente a Alita con una sonrisa venenosa.

“Claro que no es parte de mi atuendo, pero puedo hacer que mi amiga Nakia haga uno para ti si eso quieres,” respondió Alita, intentando calmar la situación.

“No, yo quiero esa que estás usando, chica cuatro ojos,” replicó la mujer, refiriéndose a los lentes de Alita.

“Además, traes el cabello que parece helado de fresa.” “¿A quién le dices cabello de helado?” exclamó Alita, molesta por el insulto.

“Tranquila, niña.

Ella solo trata de provocarte,” intervino Nakia, volando junto a Alita para calmarla.

“Esa ave parlante se ve muy bonita,” comentó la mujer con una sonrisa insidiosa.

Nakia se sonrojó ante el halago, pero rápidamente comprendió las verdaderas intenciones de la mujer cuando esta añadió: “Sí, pero sería más bonita colgada en mi cinturón.” “¡Hey!

Yo pensaba que lo decía por lo bonita que soy, no porque quiere diseccionarme,” protestó Nakia, visiblemente indignada.

“Tranquila, Nakia,” dijo Alita, tratando de calmar a su amiga.

“No vamos a dejar que nos provoque.” “Entonces las mato a ambas y serán parte de mi colección de muñecas,” dijo la mujer con una sonrisa siniestra mientras levantaba su cinturón para mostrar unas grotescas muñecas clavadas en él.

“Como tengo aquí.” “¡Claro que no!” gritó Nakia, lanzando una de sus plumas que se transformó instantáneamente en dagas de hielo afiladas.

“Nada mal, tonta ave,” respondió la mujer con desdén justo antes de que el ataque de Nakia, llegara directo hacia ella, pareciendo impactar en su rostro.

Sin embargo, antes de que pudiera tocarla, sacó un espejo de detrás de su cinturón y lo colocó frente al ataque.

Con un destello brillante, el espejo absorbió la energía y creó una inmensa daga de hielo del tamaño de un tempano, que lanzó hacia ellas con una fuerza devastadora.

Alita y Nakia lograron esquivar el ataque por poco, pero el impacto dejó una enorme grieta en el suelo donde habían estado paradas.

“¿Qué fue eso?” exclamó Alita, visiblemente sorprendida.

Decidida a contraatacar, lanzó varias bolas de fuego hacia la mujer.

“Tontas,” murmuró la mujer mientras levantaba su espejo nuevamente.

Este absorbió las bolas de fuego sin dificultad.

“Esto es una verdadera bola de fuego,” declaró con arrogancia, y del espejo emergió una enorme esfera de fuego que se dirigió hacia ellas a toda velocidad.

Con rapidez, Alita y Nakia combinaron sus poderes para congelar la esfera de fuego antes de que las alcanzara, formando una escultura de hielo ardiente suspendida en el aire.

“Nada mal,” comentó la mujer con una sonrisa burlona, disfrutando del desafío.

“Alita,” dijo Nakia volando cerca de su amiga.

“¿Sí?” respondió Alita, observando fijamente a su oponente.

“¿Me parece o esa mujer loca regresa nuestros ataques a una escala mayor con ese espejo que tiene en sus manos?” preguntó Nakia, analizando la situación.

“Sí, así parece, amiga,” respondió Alita con seriedad.

“Será mejor no dejar que toque el ataque con el espejo.” “¡Ah!

¿Pensaban que solo con este espejo puedo hacer que sus ataques se les devuelvan con el doble de fuerza?

Pues están muy equivocadas,” declaró la mujer mientras lamía sus labios con deleite.

De pronto, un montón de espejos aparecieron flotando en el cielo, rodeándolas.

“Bienvenidas a mi lugar, a mi mundo.

Y yo, Envydas, estaré encantada de atenderlas,” anunció con una voz triunfal.

Acto seguido, de los espejos comenzaron a salir enormes bolas de fuego que descendían rápidamente hacia ellas como meteoros letales.

Ambas muchachas se quedaron petrificadas por un instante al ver las enormes bolas de fuego que descendían rápidamente hacia ellas como meteoros incandescentes.

El calor abrasador ya comenzaba a sentirse en el aire, amenazando con envolver todo en su camino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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