La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 209
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- Capítulo 209 - 209 7 vs Amigos Pridel
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209: 7 vs Amigos: Pridel 209: 7 vs Amigos: Pridel —Orgullo, arrogancia, altanería… todos ellos me llevan a mí, porque yo soy el pecado de la soberbia.
Mi nombre es Pridel —declaró el líder con una voz cargada de desdén, mientras su abanico emitía un leve destello bajo la luz—.
Bienvenidos a mis dominios, donde cualquier ataque que intenten lanzar recaerá sobre su compañero.
El espacio a su alrededor comenzó a transformarse.
Las sombras se solidificaron en muros, sellando el área y convirtiéndola en una sala majestuosa llena de estatuas exóticas de pavos reales, hechas de oro y plata fina.
Desde afuera, aquellos que pudieran observar el espacio creado por Pridel solo verían una enorme corona de rey flotando en el aire.
—Ah, esperaré aquí sentado a que se maten entre ustedes —dijo Pridel, mientras un trono dorado en forma de pavo real emergía del suelo bajo él.
Se recostó cómodamente, como si estuviera disfrutando de una obra de teatro—.
Vamos, ¿qué esperan?
Denme a mí y a mi señor Urugas un buen espectáculo.
—Eso nunca va a pasar, zopenco —le respondió Geki desde el hombro de Mok, con una mezcla de furia y desafío en su voz.
Mok, por su parte, mantenía una expresión serena, aunque sus ojos reflejaban preocupación.
—Si no fuera por la ropa que llevo, ese kunai ya me hubiera perforado el costado, dejándome gravemente herido —murmuró, tocando la tela de su chaqueta de mayordomo.
—Tranquilo, Geki.
No podemos atacarlo directamente —indicó Mok, analizando rápidamente la situación—.
Si uno de nosotros lo ataca, el otro recibirá el golpe.
Es una terrible idea usar algo fuerte contra él.
Pero tal vez, si lo atacamos físicamente, el golpe lo alcance —sugirió Geki, señalando un posible plan.
—Bien, probemos —respondió Mok.
Con decisión, Mok corrió hacia Pridel, quien permanecía relajado en su trono.
Levantó el puño y lanzó un golpe directo hacia el rostro del líder.
Sin embargo, antes de que su puño pudiera rozar a Pridel, su brazo se movió involuntariamente, girando hacia atrás.
El puño impactó directamente en Geki, quien cayó del hombro de Mok al suelo.
—Ya les dije que es inútil —dijo Pridel con una sonrisa burlona—.
Además, no me gusta que la servidumbre se alce ante mí.
Sin darles tiempo de reaccionar, Pridel levantó una pierna y lanzó una patada poderosa hacia Mok, enviándolo volando cerca de Geki.
—¡Pero qué demonios!
—exclamó Geki, poniéndose de pie con dificultad.
—Es fuerte.
Ya lo noté con esa simple patada —comentó Mok mientras se levantaba lentamente, limpiándose el polvo de su ropa.
—¿Cómo vamos a acabar con ese sujeto?
—preguntó Geki, con la voz cargada de frustración mientras miraba hacia Pridel—.
¡No puede recibir ataques directos!
Porque quien lo ataca termina recibiendo el daño.
Mok, siempre sereno, frunció ligeramente el ceño mientras analizaba la situación.
Su mirada se desvió hacia el abanico que Pridel aún sostenía en su mano.
—Tal vez hizo algún tipo de magia que creó esa conexión cuando nos abanicó —sugirió Mok, pensativo—.
Esa ráfaga de aire podría haber sido el gatillo para establecer esta maldición entre nosotros.
—Vaya, pero qué perspicaz eres, mayordomo —intervino Pridel, tomando una copa de vino que había aparecido mágicamente en su mano—.
Pensé que eras alguien inculto, pero veo que sabes deducir las cosas.
—Así que nos embrujó —murmuró Geki, mirando a Mok.
—Sí, así parece.
Y no sé cómo vamos a hacer para vencerlo —respondió Mok, observando detenidamente su entorno en busca de alguna debilidad.
—¡Ja, ja!
Hagan lo que hagan, no podrán hacer nada —se burló Pridel, recostándose aún más en su trono—.
Así que háganse un favor y mátense entre ustedes.
—¡Maldición!
Tiene razón —dijo Geki con frustración—.
Si no hacemos algo, no podremos salir de aquí.
—Es verdad —respondió Mok, su tono sereno pero firme—.
Pero debemos encontrar la luz ante la adversidad.
Lo que no sabían era que estaban bajo la influencia del aura de sumisión de Pridel, una fuerza invisible que hacía que todos a su alrededor se sintieran insignificantes, como simples marionetas en su juego.
—Vamos, ¿qué esperan?
Háganlo de una vez.
Tengo cosas que hacer —dijo Pridel desde su trono, con un tono impaciente mientras jugueteaba con su copa de vino.
De pronto, su expresión cambió a una mirada seria y amenazante—.
O lo tendré que hacer yo.
—No vamos a seguir tus trucos, y mucho menos vamos a matarnos entre nosotros —declaró Geki con orgullo, su voz cargada de desafío.
—Esa actitud me gusta, lagartija —replicó Pridel, levantándose lentamente del trono con una sonrisa siniestra—.
Pero se me acaba la paciencia, y tengo que empezar a cumplir los planes de mi señor.
De repente, los cuerpos de Mok y Geki comenzaron a moverse como si hilos invisibles los controlaran.
Sus extremidades se agitaban sin su consentimiento, como títeres atrapados en las manos de un titiritero cruel.
—¿Qué es esto?
—gritó Geki, luchando inútilmente contra el control.
—No lo sé… pero no puedo moverme —murmuró Mok, intentando resistirse, aunque sus esfuerzos eran en vano.
—Bailen para mí, mis marionetas de la soberbia —dijo Pridel con una risa burlona—.
Mientras yo esté parado, ustedes harán mi voluntad.
Con un gesto de su mano, Pridel hizo que Geki avanzara hacia él.
Luego, manipulando sus extremidades, lanzó un golpe con la pata de Geki que fue directo hacia Mok.
El impacto resonó en el aire, dejando a Mok tambaleándose por el daño.
—¡Ja, ja!
Bailen para mí, deleiten a mi amo —continuó Pridel, disfrutando del espectáculo mientras forzaba a Mok y Geki a atacarse mutuamente.
Cada golpe que uno lanzaba recaía sobre el otro, atrapados en un ciclo interminable de dolor y confusión.
Mientras tanto, en otro lugar, Toco-Toco y Milko enfrentaban a su propio adversario.
Frente a ellos, un monstruo híbrido les bloqueaba el camino, sus alas extendidas como un muro impenetrable.
—¡Quítate del camino, monstruo, miau!
—gritó Toco-Toco, lanzando patadas rápidas y precisas hacia el enemigo.
Milko observaba con atención, analizando la situación.
—Si le corto esas alas, Milko podría ayudarme —pensó Toco-Toco en voz alta.
Con su velocidad sobrenatural, el felino sacó sus armas y se lanzó hacia el engendro, intentando arrancarle las alas.
Sin embargo, el híbrido no era un oponente fácil.
Aleteaba frenéticamente mientras usaba sus patas para correr y esquivar cada ataque con sorprendente agilidad.
—Bueno, no queda de otra —murmuró Toco-Toco, deteniéndose por un momento—.
Si debo llegar donde Paltio, tengo que hacerlo.
El felino cerró los ojos y gritó: —¡FELICA FORM!
En un instante, su cuerpo comenzó a cambiar.
Su figura felina se transformó en la de una pantera negra, más grande y musculosa, con un brillo feroz en sus ojos dorados.
—¡Cielos, señor gato!
Ahora se ve mucho más imponente —exclamó Milko, impresionado por la metamorfosis.
—Sí, así es —respondió Toco-Toco con una voz grave y autoritaria—.
Pero solo me hago más fuerte perdiendo parte de mi velocidad en el proceso.
—Bueno, lo tendré que acabar —dijo Toco-Toco con determinación, lanzándose hacia el híbrido.
Con un rápido movimiento, empujó al monstruo contra una pared mientras clavaba sus afilados dientes en uno de sus brazos.
El engendro no podía gritar; su boca estaba cosida con gruesas cicatrices, pero un murmullo ahogado escapó de su garganta, como si intentara decir algo incomprensible.
De repente, la mano libre del híbrido, que hasta ahora había sido una garra de lobo, comenzó a transformarse.
Las garras se replegaron y, ante los ojos sorprendidos de Toco-Toco, tomaron la forma de una cabeza de lobo que lo mordió ferozmente en el cuello.
—¡Ah…!
—gritó Toco-Toco, lanzando una patada para soltarse de inmediato del monstruo.
La sangre brotó de la herida, manchando su pelaje negro.
Mientras retrocedía, Toco-Toco observó con detenimiento aquella mano convertida en una cabeza de lobo.
Había algo familiar en ella, algo que despertaba recuerdos confusos en su mente, aunque no lograba identificar qué era.
Con un esfuerzo sobrenatural, se balanceó hacia atrás y colocó sus patas traseras en el estómago del híbrido, empujándolo con fuerza para liberarse por completo.
—Maldición… Debo tener más cuidado con este monstruo —murmuró Toco-Toco, limpiándose la sangre del cuello con una pata temblorosa.
Pero su mente seguía dando vueltas alrededor de aquel detalle perturbador: ¿por qué le resultaba tan familiar esa cabeza de lobo?
Era como si la hubiera visto antes, en algún lugar que prefería olvidar.
Antes de que pudiera reflexionar más, el híbrido lanzó su otra mano hacia él.
Esta vez, el brazo, que tenía características de cocodrilo, también comenzó a transformarse.
Las escamas verdes se reacomodaron, y una cabeza de cocodrilo emergió, abriendo sus fauces llenas de dientes afilados.
Toco-Toco sintió un escalofrío recorrer su espalda.
No era solo la ferocidad del ataque lo que lo inquietaba, sino la certeza creciente de que aquellas partes del cuerpo del híbrido no eran simples creaciones monstruosas.
—No puede ser… —susurró, con los ojos bien abiertos—.
¿Qué es esta cosa?
Está hecha con partes de algunos que conocía… ¡No puede ser!
La verdad lo golpeó como una avalancha.
Aquellos fragmentos del híbrido —la cabeza de lobo, la garra de cocodrilo— pertenecían a criaturas que alguna vez había conocido.
Alguien las había desmembrado y combinado en esta aberración viviente frente a él.
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