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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 210

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210: Espera Un Poco Más 210: Espera Un Poco Más Las caras que acababa de ver Toco-Toco resonaban en su subconsciente como ecos de un pasado doloroso.

Aquellas formas familiares —la cabeza de lobo, la del cocodrilo— lo llevaban a recordar rostros de aquellos que perecieron ya hace tiempo.

Pero no había tiempo para reflexionar.

Las patas del híbrido se erizaron, y una corriente eléctrica pareció recorrer su cuerpo mientras se lanzaba directamente hacia Toco-Toco con una velocidad vertiginosa.

De la nada, una cola de lagarto emergió de su espalda, flexible y letal.

Con un movimiento rápido, golpeó al felino como si fuera una pelota lanzada por un bateador experto.

Toco-Toco salió disparado por los aires, pero gracias a su mayor fuerza y agilidad, logró dar una voltereta en el aire y caer sobre sus cuatro patas, como los gatos siempre lo hacen.

—Si, era cierto eso de que los gatos caen en cuatro patas —comentó Milko, observando cómo Toco-Toco recuperaba el equilibrio con elegancia felina.

—¡Grr…!

¿De dónde le salió esa cola?

—gruñó Toco-Toco, mirando al enemigo con furia renovada.

—¡Oh, jo, jo!

—rio Meloc desde su lugar, disfrutando del espectáculo—.

No vas a poder, así cambies de forma, gato.

¡Mi gran creación es invencible!

—Ese enemigo es peligroso, señor gato —dijo Milko con preocupación—.

No nos permite avanzar para nada.

—Eso ya lo sé, no me digas lo obvio, niño fantasma, miau —respondió Toco-Toco con irritación, aunque sin apartar la vista del híbrido—.

El tiempo es algo que no podemos desperdiciar.

Después de todo, a Paltio le queda poco tiempo antes de que se extinga su llama de vida.

Con determinación renovada, Toco-Toco se lanzó nuevamente hacia el híbrido, rugiendo con ferocidad.

Sin embargo, el enemigo sacó su cola de lagarto una vez más, lista para atacar.

Antes de que pudiera golpear, Milko intervino, intentando detener la cola con su propio poder fantasmal.

Pero fue repelido instantáneamente por el viento generado por las poderosas alas del híbrido, que lo enviaron volando hacia atrás.

—Es imposible pasar… —murmuró Toco-Toco mientras esquivaba otro ataque del híbrido.

—¡Vamos, mi creación!

¡Acaba con ese gato!

—gritó Meloc, animando a su monstruo.

El híbrido obedeció al instante.

Con una velocidad comparable a la de un rayo, se lanzó hacia Toco-Toco.

Sus puños, ahora transformados en una boca de lobo y otra de cocodrilo, atacaron sin cesar.

Los dientes afilados de ambas fauces brillaban bajo la tenue luz, amenazando con desgarrar cualquier cosa que tocaran.

Toco-Toco trataba desesperadamente de esquivar los golpes, pero en su forma Felica no era tan rápido como antes.

Cada ataque lo mantenía a raya, obligándolo a retroceder mientras buscaba una brecha en la defensa del monstruo.

De repente, del pecho del híbrido emergió una tercera boca, esta vez con la forma de un zorro.

Sin previo aviso, la mandíbula se abrió de par en par y mordió con fuerza una de las patas delanteras de Toco-Toco.

—¡Ahhh!

—rugió el felino, el dolor recorriendo su cuerpo como una descarga eléctrica.

Toco-Toco cayó pesadamente al suelo, su cuerpo temblando por el impacto.

Aunque herido y exhausto, sus ojos ardían con determinación.

No podía rendirse ahora, pero antes de que pudiera recuperarse, las poderosas alas del híbrido comenzaron a girar como torbellinos, generando una ráfaga devastadora que lo lanzó por los aires.

—¿Se encuentra bien, señor gato?

—preguntó Milko, acercándose rápidamente mientras veía a Toco-Toco noqueado en el suelo.

—¡Acaba con ese gato, mi creación!

¡Vamos, de una vez!

—ordenó Meloc, ansioso por ver la estocada final contra Toco-Toco.

—Sí, aún puedo ponerme de pie… bueno, de patas —dijo Toco-Toco con voz entrecortada, evidenciando el dolor que sentía.

El felino se levantó trabajosamente, su pata delantera herida temblando bajo su peso.

Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, el híbrido lanzó un pisotón devastador hacia él.

Gracias a Milko, quien había tomado posesión de la pata herida, Toco-Toco logró esquivar el ataque justo a tiempo.

—Pero ¿qué has hecho?

—preguntó Toco-Toco, mirando al niño fantasma con sorpresa.

—Ya que no puedo acercarme físicamente, tomé prestada tu pata coja y la poseí —explicó Milko con rapidez—.

No tengo tanto poder de posesión como el señor Eveldow, pero si me concentro, puedo hacerla más fuerte por unos breves momentos.

—Bien, gracias por la ayuda, te lo agradezco —respondió Toco-Toco, asintiendo con decisión renovada.

El híbrido se acercó nuevamente hacia el felino con una velocidad ultrarrápida.

Esta vez, Toco-Toco no pudo reaccionar a tiempo.

Sin embargo, gracias a Milko, quien convirtió la pata delantera herida en un escudo improvisado, bloquearon el golpe.

—Gracias —murmuró el felino, con una mezcla de gratitud y alivio.

—Ni lo mencione, señor gato.

Mientras pueda ser de ayuda, lo protegeré —indicó Milko desde dentro de la pata de Toco-Toco—.

Puedo convertir lo que poseo en arma o protección según me convenga.

—Eso nos servirá por ahora —dijo Toco-Toco, notando que el dolor en su pata había disminuido considerablemente—.

Veo que ya no me duele mi pata herida.

—Sí, señor.

Si en algo sirvo, gustoso lo apoyaré —respondió Milko con entusiasmo.

—Excelente.

Ya no soy uno que pelea, sino somos dos —declaró Toco-Toco con determinación—.

Y ahora más que nunca necesitaré tu ayuda.

—Vaya, señor gato… Creo que usted ha cambiado desde la última vez que lo vi.

Ahora es más abierto —comentó Milko con una sonrisa en su voz.

—Sí, fue algo que Paltio me enseñó cuando estuvimos atrapados en el mundo de Desirnight —respondió el felino, sus ojos brillando con una mezcla de nostalgia y firmeza—.

Por eso le debo una a ese muchacho.

No voy a dejar que muera… No aún.

—Como diga, señor gato.

Paltio es mi amigo, así que también quiero salvarlo —replicó Milko con resolución.

—Bien, entonces vamos con todo —indicó el felino, preparándose para enfrentar nuevamente al híbrido.

—¡Sí!

—respondió Milko con energía renovada.

Toco-Toco, ahora fortalecido por la ayuda de Milko, se colocó frente a la bestia híbrido, listo para continuar la lucha.

La combinación de la fuerza física del felino y los poderes de posesión del niño fantasma prometían darles una oportunidad contra aquel monstruo implacable.

Mientras tanto, en el subconsciente de Paltio, las cosas parecían muy diferentes.

—Vaya… Así que esto es morir —murmuró Paltio, su voz resonando en un espacio oscuro e infinito.

Estaba sentado en medio de la nada, rodeado de imágenes que representaban fragmentos de su vida: desde el momento en que nació hasta su enfrentamiento final con Tejod.

—Todo acabó… No pude salvar a mis amigos, a mi pueblo, a mis padres… Y mucho menos cumplir mi sueño de unir todos los reinos como uno solo —reflexionó Paltio, su tono lleno de tristeza y arrepentimiento.

Las imágenes flotantes mostraban su infancia feliz, los momentos de lucha junto a sus compañeros y, finalmente, su derrota a manos de Tejod.

Era como si cada recuerdo lo juzgara, recordándole todo lo que había perdido y todo lo que no había logrado.

Las lágrimas corrían por las mejillas de Paltio mientras sus ojos permanecían oscurecidos, reflejando el peso de su derrota y desesperanza.

De pronto, una voz dulce y reconfortante resonó en aquel espacio vacío.

—Paltio… Paltio, aún no todo está perdido —dijo la voz con calma.

—¡Ah!

¿Eres tú, mujer nube?

—preguntó el muchacho, tratando de enfocar su vista hacia donde provenía la voz.

—¿Por qué esa cara tan larga y triste, con lágrimas en los ojos?

¿Acaso alguien murió?

—preguntó ella, con un tono suave pero cargado de ironía amable.

—Pues claro que sí… Yo —respondió Paltio, su voz temblorosa por el dolor—.

Y lo peor de todo es que nunca volveré a ver a mis amigos.

No pude cumplir mi promesa de unir a los reinos ni salvar a mi familia y a mi pueblo.

La mujer nube flotó hacia él y colocó una mano incorpórea sobre su hombro, como si intentara transmitirle algo de consuelo.

—Ya, ya, muchacho, deja de llorar.

Aún no todo está perdido —dijo ella con firmeza—.

No seas pesimista; todavía hay esperanza.

Además, tus amigos están luchando por llegar hasta ti en este mismo momento.

Con un gesto suave, la mujer nube hizo aparecer imágenes frente a Paltio: escenas de sus amigos enfrentándose a difíciles desafíos de enemigos muy fuertes para abrirse paso y llegar hasta donde estaba él.

—Eso es cierto… —murmuró Paltio, observando las imágenes con asombro.

—Sí, incluso tus padres y tu pueblo dejaron de ser estatuas de jade y ahora están peleando por tu causa —continuó la mujer nube—.

Los guardianes también llegaron en apoyo, y Toco-Toco está enfrentándose a una criatura rara para llegar hacia ti y devolverte la vida.

—Entonces… ¿Aún no estoy muerto?

—preguntó Paltio, con una mezcla de incredulidad y esperanza en su voz.

—Pues no, niño bueno, al menos no del todo —respondió ella con una sonrisa tranquilizadora—.

Pero tus amigos deben darse prisa.

Seca esas lágrimas, muchacho.

¿No ves que trajiste a toda esta gente a luchar por su libertad?

Has cumplido tu cometido.

Solo espera un poco más, y podrás volver para apoyarlos.

La ayuda llegará muy pronto.

Paltio se secó las lágrimas con el dorso de su mano, y sus ojos comenzaron a brillar nuevamente, iluminando el espacio oscuro que lo rodeaba.

El ambiente empezó a cambiar, adoptando un tono más claro y cálido, como si su renovada determinación estuviera transformando el lugar.

—Si tú lo dices, debe ser cierto.

Ya me ayudaste una vez, así que confiaré en mis amigos y en todos los que he conocido durante este viaje —dijo Paltio con una actitud renovada, mientras las imágenes seguían pasando frente a él.

—Así es, niño.

Solo espera un poco más.

Me quedaré a tu lado por un rato, aunque no debería hacerlo —dijo la mujer nube con un tono travieso—.

Pero bien, te mantendré vivo lo más que pueda.

Por mientras, puedes ir viendo e indagar qué puedes hacer para solucionar las cosas o encontrar la salida para vencer a Urugas.

—¿Y Tejod?

—preguntó Paltio, recordando su enfrentamiento final—.

—Sé que él pereció en la batalla a causa de una traición de uno de sus propios aliados —dijo Paltio, su voz cargada de amargura mientras recordaba el destino de Tejod—.

Igual que yo… recibí una puñalada en el corazón.

¿No es eso irónico y poético?

La mujer nube soltó una leve risa, su tono suave, pero con un dejo de ironía.

—Si así parece … Así que Tejod está muerto.

Pero aún quedan enemigos poderosos, como Urugas —reflexionó Paltio, frunciendo el ceño—.

Me pregunto si Avocios pudo ser liberado.

—Eso, muchacho, pronto lo sabrás —dijo la mujer nube con un tono misterioso, dejando que las palabras flotaran en el aire como una promesa inacabada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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