La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 211
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211: Recuerdos (1) 211: Recuerdos (1) —Bien, entonces te quedarás por aquí conmigo por un rato, ¿verdad?
—preguntó Paltio, mirando a la mujer nube con curiosidad.
—Sí, claro.
Me quedaré un rato por aquí —respondió ella con calma, su voz suave flotando como una brisa ligera.
—Y entonces… si me ayudas y todo eso, ¿puedo saber cuál es tu rostro o cómo eres?
—preguntó Paltio, inclinándose ligeramente hacia adelante, tratando de vislumbrar algo más allá de su figura etérea.
La mujer nube negó con la cabeza, aunque su expresión seguía siendo amable.
—Lo siento, niño, pero eso no puedo hacerlo.
Yo soy solo una mensajera.
Ya estoy corriendo bastante riesgo al estar aquí sin que mi jefe se entere —explicó, dejando entrever un tono de advertencia en su voz.
Paltio asintió lentamente, comprendiendo que había límites que ni siquiera ella podía cruzar.
Sin embargo, su mente seguía buscando maneras de aprovechar su compañía.
—¿Qué tal si, para pasar el rato, me cuentas cómo te fue con el entrenamiento en Desirnight?
—sugirió ella, cambiando hábilmente de tema.
—Bueno… ya que no hay nada que hacer, ¿por qué no me muestras qué están haciendo mis amigos ahora?
—propuso Paltio, con una mezcla de ansiedad y esperanza en su voz.
La mujer nube sonrió, como si ya hubiera anticipado esa respuesta.
—Te diré algo: primero cuéntame lo que pasó en tu entrenamiento, y luego te mostraré en vivo y en directo a tus amigos.
¿Tenemos un trato?
—ofreció, extendiendo una mano incorpórea hacia él.
—Bueno, está bien —aceptó Paltio después de un breve momento de duda.
Se preparó mentalmente para empezar a contar lo que había vivido durante esos dos años en el mundo de Desirnight, un tiempo que para el mundo real apenas había sido de dos días.
En ese instante, imágenes comenzaron a aparecer frente a ellos, proyectadas en el aire como si estuvieran en una sala de cine.
La escena mostraba a Paltio enfrentándose a los rigurosos desafíos de su entrenamiento.
—Bien, Paltio —dijo Desirnight, su voz resonando con autoridad mientras sus máscaras giraban lentamente, como un juego mecánico de feria—.
Voy a cumplir con mi promesa y te entrenaré.
Luego tú cumplirás con la tuya.
El joven asintió con determinación, aceptando el desafío que se le presentaba.
El entrenamiento comenzó casi de inmediato.
Con un movimiento rápido, Desirnight lanzó un ataque devastador con sus potentes y filudas garras.
Paltio tuvo que usar casi el 80 por ciento de su poder para bloquearlo.
El ataque fue extremadamente rápido y potente, dejándolo sin aliento.
—Bien, prepárate, niño —advirtió Desirnight, su tono serio pero cargado de expectativa—.
A partir de ahora haré que llegues al cien por ciento de tu poder con mi entrenamiento.
Pero primero te aconsejo que aprendas a mantener ese poder por más tiempo, porque todos mis ataques son de este calibre.
Las máscaras de Desirnight giraban incesantemente, creando una atmósfera surrealista y casi hipnótica.
—Creo que con esto me va a matar… —pensó Paltio, sintiendo un escalofrío interior.
Pero rápidamente se contradijo a sí mismo: —No, debo mejorar si quiero lograr mi sueño de liberar a todos y crear un mundo mejor.
Pasaron un par de días, pero Paltio aún no lograba activar más del 80 por ciento de su poder, y solo por períodos cortos.
Cada vez que lo intentaba, el esfuerzo era abrumador, y su cuerpo colapsaba, dejándolo inconsciente en el suelo.
—¡Bah!
¡Eres patético, niño!
—exclamó Desirnight con desdén, su voz resonando como un eco doble que provenía de las máscaras giratorias—.
Pensé que te habían entrenado bien ese gato y el tonto doradito de Golden, pero veo que solo estuvieron jugando contigo.
Paltio se tensó ante las palabras hirientes, aunque sabía que había algo de verdad en ellas.
—Quizá deba cambiar mi estrategia para sacar a relucir tus poderes —continuó Desirnight, su tono pensativo pero cargado de impaciencia—.
Porque si sigues así, en dos años ni siquiera podrás igualar el poder de Golden, y mucho menos pelear contra Urugas.
Las dos voces que conformaban al ente hablaron al unísono, creando una atmósfera inquietante: —¿Qué haré?
¿Qué haré?
Desirnight se llevó una mano al mentón, sumido en un profundo silencio.
Finalmente, tras unos momentos de reflexión, anunció: —Te daré una misión.
—¿Una misión?
—preguntó Paltio, sorprendido.
—Sí, mocoso, una misión —respondió Desirnight con brusquedad—.
Esta misión abrirá la puerta que sella tu poder y lo liberará, como cuando sacaste al gato de esa prisión.
Sin más preámbulos, el ente abrió una grieta en el espacio frente a Paltio.
Las dimensiones parecían doblarse y retorcerse dentro del portal, emitiendo un brillo tenue pero inquietante.
—Adelante —indicó Desirnight, señalando la grieta con una de sus garras afiladas.
A lo lejos, Toco-Toco vio a Paltio acercarse al portal.
Intentó gritarle que no entrara, pero su oponente, una versión mejorada de este, bloqueaba su camino con un movimiento rápido.
—Tú eres mi responsabilidad —gruñó el sujeto, empujando a Toco-Toco hacia atrás—.
Y debo quebrarte para que te conviertas en el mejor guerrero.
Antes de que pudiera intervenir, Paltio cruzó el umbral de la grieta, un poco temeroso pero decidido.
Las máscaras de Desirnight sonrieron siniestramente, y con un gesto brusco, empujaron al muchacho hacia el interior del portal.
El lugar comenzó a jalarlo con fuerza, envolviéndolo en una espiral vertiginosa.
Paltio sintió cómo su cuerpo era arrastrado por corrientes invisibles, hasta que finalmente perdió el conocimiento.
Cuando despertó, se encontró con un paisaje desolador.
Era un lugar plagado de espíritus que flotaban sin rumbo, atravesándolo todo como sombras etéreas.
Lamentos y gritos llenaban el aire, creando una atmósfera opresiva que erizaba la piel.
Paltio sintió un escalofrío recorrer su columna.
Sabía que los fantasmas siempre le habían dado miedo, y ahora estaba rodeado de ellos.
Miró a su alrededor, preguntándose si Desirnight lo había enviado allí para enfrentar sus miedos.
Después de todo, este ser tenía la habilidad de ver dentro del alma de los demás, basándose en sus deseos y pesadillas para ponerlos a prueba.
Con el corazón latiendo rápidamente, Paltio avanzó lentamente por el terreno inhóspito.
El lugar parecía una parte del infierno, un reino donde los muertos no podían encontrar descanso.
En la distancia, divisó una especie de roca en forma de torre que sobresalía entre la niebla densa.
Aunque el miedo lo invadía por completo, decidió armarse de valor y seguir adelante.
Cada paso que daba era acompañado por el murmullo constante de los espectros que lo rodeaban, aumentando su ansiedad.
“Debo hacer esto”, pensó Paltio, tratando de convencerse a sí mismo.
“Si quiero liberar mi poder… tengo que enfrentar esto”.
La torre parecía llamarlo desde la distancia, aunque cada vez que miraba hacia ella, una sensación de inquietud crecía en su pecho.
No sabía qué lo esperaba allí, pero algo en su interior le decía que era crucial para su desarrollo.
El muchacho entró al lugar, y de inmediato las rocas comenzaron a transformarse en escaleras.
Antorchas con flamas turquesas se encendieron una tras otra, iluminando el entorno con un brillo etéreo mientras los espectros y espíritus lo observaban desde las sombras, como si estuvieran esperando algo.
Paltio empezó a correr por las escaleras, pero pronto notó que los fantasmas y espíritus comenzaban a acercársele.
Al parecer, el miedo que emanaba de él era la fuente de energía que estos seres buscaban.
Cuanto más corría, más espíritus aparecían, formando una densa multitud que lo perseguía implacablemente.
Los espíritus de cada piso se unieron a la cacería, hasta que una gran cantidad de ellos lo rodeaba como un enjambre voraz.
Finalmente, los espectros lograron agarrarlo de los pies.
Paltio intentó zafarse desesperadamente, pero las garras incorpóreas de los espíritus no lo soltaban.
Sus rostros deformes y grotescos emergían de las sombras, con ojos vacíos y bocas desfiguradas que parecían surgir directamente del infierno.
Para alguien como Paltio, que siempre había sentido terror hacia los fantasmas, aquella visión helaba su sangre y hacía que su corazón latiera tan rápido que casi sentía que se le saldría del pecho.
—¿Será este mi fin?
—pensó Paltio, aferrándose al suelo con todas sus fuerzas para evitar ser arrastrado.
En ese momento de desesperación, recordó que aún tenía el poder de Golden dentro de él.
Con un último esfuerzo, evocó el 20 por ciento del poder de Golden, liberando una pequeña oleada de energía dorada que iluminó brevemente el lugar.
Luego, golpeando sus botas contra el suelo, generó una explosión de luz que ahuyentó a los espíritus, quienes gritaron de dolor y retrocedieron momentáneamente.
Aprovechando la oportunidad, Paltio se levantó y corrió con todas sus fuerzas por las escaleras, como si su vida dependiera de ello.
Los lamentos de los espíritus resonaban detrás de él, pero no se detuvo ni un instante.
Continuó subiendo hasta llegar al último piso de la torre, donde encontró una puerta roja con flamas turquesas que brotaban de sus bordes, danzando como serpientes de fuego.
Sin pensarlo dos veces y viendo que los espectros seguían persiguiéndolo, Paltio abrió la puerta con toda su fuerza, entró rápidamente y la cerró de golpe.
Desde el otro lado, se escucharon los gritos y lamentos de los espíritus, llenos de frustración y desesperación.
Paltio se limpió el sudor de la frente con la mano, respirando agitadamente mientras pensaba que finalmente había escapado del peligro.
Pero su alivio fue breve.
De pronto, las antorchas dentro de la habitación se encendieron una tras otra, y las flamas turquesas comenzaron a desprenderse de ellas, flotando lentamente hacia el centro de la sala.
Allí, las llamas se fusionaron, tomando forma poco a poco.
Una voz profunda y amenazante resonó en el aire, cargada de autoridad: —Prepárate a morir.
Nadie entra en mis dominios sin que yo lo invite.
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