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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 212

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212: Recuerdos (2) 212: Recuerdos (2) Paltio había logrado escapar de los espíritus y espectros que lo perseguían, cruzando una puerta roja rodeada de flamas turquesas.

Sin embargo, lo que no sabía era que lo peor estaba a punto de comenzar.

Dentro de la habitación, las flamas comenzaron a danzar en el centro, girando lentamente hasta formar una columna de fuego que ascendía hasta el techo triangular.

De pronto, una enorme calavera, cubierta por aquellas llamas turquesas, emergió ante él.

La figura imponente solo llegaba hasta la cintura, pero su presencia era abrumadora.

En su mano derecha sostenía una espada colosal, cuya hoja brillaba con un resplandor letal.

—Prepárate a morir —dijo la calavera con una voz que resonaba como truenos en la habitación—.

Nadie entra en mis dominios sin que yo lo invite.

Paltio sintió cómo su cuerpo se paralizaba momentáneamente.

El miedo lo invadió, haciendo que quisiera gritar o desmayarse en el acto.

Sin embargo, la voluntad de sobrevivir fue más fuerte.

Con esfuerzo, se colocó frente al ente, tratando de mantenerse firme, aunque sus piernas temblaran.

—Tú…

Un insignificante mocoso.

¿Qué cosa eres?

—preguntó la calavera flameante, inclinando su cráneo hacia Paltio con curiosidad burlona—.

Eres como un humano, pero con características de un avocado.

—¡Soy de la raza de los avocados y soy un príncipe!

¡El príncipe Paltio de Avocadalia!

—gritó Paltio, aunque su voz temblaba por el nerviosismo.

—¿Así que un avocado-humano?, ¿eh?

—respondió la calavera con desdén—.

Pues igual morirá por entrar en mis dominios.

—¡Espere!

¡El Desirnight me envió a este lugar!

—exclamó Paltio rápidamente, intentando ganar tiempo.

La calavera soltó una carcajada grave y retumbante.

—¿El Desirnight?

¡Esa maldita cosa la voy a matar!

Pero primero te mataré a ti, pequeño mocoso, su emisario.

¿Esto es una broma?

¿Mandar a un niño a pelear sus batallas?

Mala suerte para ti, niño.

Siéntete alegría, porque morirás por el Bonefire y serás mi alimento.

Sin darle tiempo a reaccionar, el Bonefire lanzó su enorme espada hacia Paltio.

El filo descendió como un torrente devastador, dejando una gran fisura en el suelo donde impactó.

Paltio corrió con todas sus fuerzas para evitar el golpe, su mente trabajando frenéticamente para encontrar una solución.

—¡No te muevas, muchacho!

¡No ves que te quiero matar!

—rugió el enorme espíritu mientras observaba los movimientos desesperados de Paltio.

“Este ataque es muy fuerte”, pensó Paltio, respirando agitadamente.

“Será mejor que aumente mi poder si quiero sobrevivir”.

Concentrándose, evocó el poder de Golden al cincuenta por ciento, sintiendo cómo su cuerpo se llenaba de energía dorada.

Aumentó su velocidad y, en un movimiento audaz, subió por la espada que aún estaba impregnada de fuego turquesa.

—Tengo que pasar rápido o este fuego me quemará —murmuró para sí mismo mientras escalaba la hoja gigantesca.

Finalmente, llegó al cráneo del Bonefire.

Con un grito de determinación, lanzó un potente golpe directamente en el centro del cráneo.

Este se partió en dos con un sonido atronador, y todos los huesos del esqueleto comenzaron a desmoronarse en picada.

La espada que sostenía también cayó al suelo con un estruendo metálico.

Desde su asiento en el mundo exterior, Desirnight observaba la escena con atención.

—Bien, el muchacho se encontró con el Bonefire.

Espero que sobreviva, porque me tiene que sacar de este sitio —dijo en voz baja, como si hablara consigo mismo—.

Es la única manera de que el chico pueda liberar su poder oculto.

Un evento cercano a la muerte fortalecerá su carácter… y quizá, le quite el miedo a los fantasmas.

Paltio aprovechó los huesos que caían para usarlos como escalera y descender rápidamente.

—Vaya, qué rápido fue vencer a esa cosa —murmuró el muchacho mientras tocaba el suelo con alivio.

Esperaba que el Desirnight abriera un portal o algo para que pudiera regresar.

Sin embargo, sentía una profunda decepción porque no había logrado usar más de su poder ni aumentar su fuerza significativamente.

Desde su asiento en el mundo exterior, Desirnight seguía observando la escena con atención.

—¡Oh!

Aquí viene lo bueno… —dijo con una sonrisa siniestra, anticipando lo que estaba por suceder.

De pronto, la misma voz que antes había acusado a Paltio de ingresar sin permiso resonó con furia desbordante.

—¡Tonto mocoso!

¡Pagarás!

La puerta roja con flamas turquesas se abrió de golpe, y de ella emergieron todos los espíritus y espectros que habían estado persiguiendo a Paltio.

Pero esta vez, en lugar de dirigirse hacia él, los espíritus flotaron hacia el centro donde estaban los restos de los huesos.

Uno tras otro, comenzaron a fusionarse con las flamas turquesas, convirtiéndose en nuevos fragmentos óseos flameantes.

Los huesos empezaron a ensamblarse nuevamente, pero esta vez formaban una figura mucho más grande e imponente.

El techo se hizo pedazos, revelando un cielo oscuro lleno de nubes tormentosas, y el Bonefire reapareció, ahora más enorme y amenazante que nunca.

En cada mano sostenía una espada de hueso gigantesca, cuyas hojas brillaban con un fulgor azulado.

—¡Pagarás caro tu osadía, mocoso avocado!

—rugió el ente, su voz retumbando como truenos en el aire.

Sin darle tiempo a reaccionar, el enorme ser lanzó sus espadas hacia Paltio.

El muchacho logró esquivar los ataques, pero estos impactaron con tal fuerza que destruyeron todo el lugar, dejando al descubierto un tétrico valle desde lo alto donde estaba parado.

—Este es el Valle de las Almas —anunció el Bonefire con tono ominoso—.

Aquí nunca podrás matarme, niño.

Aquí tengo vida eterna.

Veamos cuánto más podrás durar contra mí.

El Bonefire continuó lanzándole ataques brutales con sus espadas.

Cada golpe que daba abría enormes grietas en el suelo, reduciendo progresivamente el espacio donde Paltio podía moverse libremente.

—Debo hacer algo… —se dijo Paltio a sí mismo, su mente trabajando frenéticamente mientras intentaba evitar ser alcanzado por las llamas mortales de las espadas.

—¡Muere, muere, mocoso!

¡Muerte de una vez!

—gritaba el Bonefire con cada ataque, su risa grave resonando en el valle.

Paltio intentó escalar por las espadas como había hecho antes, pero era imposible.

Los peldaños irradiaban un calor aún más intenso que antes, amenazando con calcinarlo si se acercaba demasiado.

—Ni se te ocurra hacer lo mismo, mocoso —advirtió la calavera, sonriendo con malicia—.

Mis llamas son tan calientes que calcinan todo a su paso.

Si te tocan, te evaporarás.

“Me tiene acorralado…” pensó Paltio mientras seguía esquivando los ataques.

El terreno bajo sus pies se desmoronaba pedazo tras pedazo, acortando aún más el espacio disponible.

Desesperado, intentó replicar la estrategia que había usado antes: cortar al Bonefire con los guantes de Golden.

Sin embargo, por más que le propinaba golpes cargados de energía, la calavera se regeneraba instantáneamente, burlándose de sus esfuerzos.

—¡Ja, ja, ja!

¿Crees que eso funcionará?

¡Nada puede destruirme aquí, mocoso!

¡Soy inmortal en este valle!

Paltio miró a su alrededor, buscando cualquier oportunidad para escapar o contraatacar.

Pero el Bonefire seguía presionándolo, obligándolo a retroceder cada vez más hacia el borde del precipicio.

Paltio ya no sabía qué hacer.

Con el último ataque que lanzó el Bonefire, solo quedaba un pequeño camino entre ellos, apenas lo suficiente para mantenerse en pie.

El resto del terreno se había desmoronado, dejando un abismo a su alrededor.

—Este es mi último ataque, niño —declaró el Bonefire con una sonrisa siniestra, sus ojos vacíos brillando con anticipación—.

No tienes a dónde ir.

El enorme ente levantó sus espadas de hueso flameantes, cruzándolas sobre su cabeza mientras juntaba ambas manos para preparar un golpe devastador.

La energía turquesa comenzó a acumularse en las hojas, irradiando un calor abrasador que hacía temblar el aire mismo.

Paltio miró a su alrededor, pero no había escapatoria.

El camino bajo sus pies terminaba abruptamente en el precipicio, y cualquier movimiento en falso lo enviaría directamente al abismo.

Por primera vez desde que comenzó la pelea, bajó la cabeza, como si aceptara su destino.

—¿Qué vas a hacer, niño?

¿Cómo piensas enfrentar esta amenaza?

—murmuró Desirnight desde su asiento, observando el combate con atención.

Aunque su tono era calmado, había un brillo de curiosidad en su voz, como si esperara ver qué decisión tomaría Paltio en ese momento crítico.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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