Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 213

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 213 - 213 Recuerdos 3
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

213: Recuerdos (3) 213: Recuerdos (3) El Bonefire ya estaba preparándose para acabar con Paltio.

El muchacho, acorralado en el borde del precipicio, no tenía escapatoria ni lugar a dónde ir.

La calavera flameante se regodeaba de su inminente victoria, saboreando la idea de que el alma de Paltio le serviría como fuente de energía eterna.

Cuando las espadas flameantes estaban a punto de tocar al muchacho, este gritó con todas sus fuerzas: —¡Poder al 80 por ciento!

Con ambas manos protegidas por los guantes dorados, Paltio agarró las dos enormes espadas que descendían hacia él.

Con un esfuerzo sobrenatural, levantó las armas, deteniendo el ataque mortal.

—¡Todavía no se ha terminado!

—gritó Paltio, sosteniendo las espadas con firmeza, aunque el fuego de color turquesa era abrasador.

Los guantes resistían como una barrera protectora, pero no sabía por cuánto tiempo más podrían soportar el calor infernal.

—¡¿Qué?!

—rugió el Bonefire, sorprendido al ver que sus espadas no habían acabado con el muchacho.

—Veo que aún tienes fuerza, mocoso —dijo el ente con desdén, empujando con más fuerza las espadas hacia abajo—.

Pero pronto las flamas te carbonizarán.

No te resistas y sírveme como energía.

En su mente, el Bonefire pensó: “Aún le queda fuerza a este mocoso… Nada mal.

Pero su energía será mía una vez que muera.” —¡Ríndete!

—bramó el Bonefire mientras presionaba con todo su poder, tratando de aplastar a Paltio bajo el peso de las espadas.

El muchacho luchaba con todas sus fuerzas, pero poco a poco iba perdiendo la batalla.

Sus piernas comenzaron a doblarse, y casi estaba arrodillándose bajo el peso abrumador de las armas.

En su mente, los pensamientos lo asaltaban sin piedad: —¿Y ahora qué voy a hacer?

¿Todo este viaje fue en vano?

¿Es que no puedo ser alguien fuerte por el bien de los demás?

Quiero salvar a todos… No soy egoísta.

Solo quiero paz para todos… Mientras reflexionaba, algo dentro de él comenzó a cambiar.

Todos esos sentimientos de duda y frustración se transformaron en una llama poderosa que ardía en su corazón.

Una luz brillante empezó a irradiar desde su pecho, envolviéndolo completamente en un resplandor cegador.

De la luz emergieron nuevamente las manos de Paltio, esta vez sujetando las espadas del Bonefire con una fuerza renovada.

Poco a poco, el muchacho salió por completo de la luz, pero había cambiado.

Ahora portaba una armadura verde esmeralda que cubría todo su cuerpo, completa hasta el último detalle: casco incluido.

Sus ojos brillaban con una luz intensa, reflejando una determinación inquebrantable.

—¡No me voy a dar por vencido!

—gritó Paltio con una voz que resonó como un trueno.

Con una mano, levantó las enormes espadas del Bonefire como si fueran plumas, y con la otra, lanzó golpes cargados de energía luminosa.

Cada puñetazo emitía ondas expansivas de luz que iluminaban el Valle de las Almas, obligando al Bonefire a retroceder.

El ente rugió de furia, sorprendido por la repentina transformación de su oponente.

—¿Qué clase de poder es este?

¡Esto no puede ser posible!

Pero Paltio ya no escuchaba.

Su mente estaba clara, su corazón lleno de propósito.

Sabía que no podía rendirse, no cuando tantos dependían de él.

Después de dar una ráfaga de golpes cargados de energía luminosa, las espadas del Bonefire comenzaron a agrietarse bajo la presión.

Finalmente, con un último impacto devastador, Paltio logró partir las armas enemigas por completo.

Sin perder tiempo, saltó hacia el aire, flotando momentáneamente como si estuviera suspendido en el tiempo, y se lanzó directamente hacia el Bonefire con los puños extendidos hacia adelante.

Con una velocidad vertiginosa, cayó en picada sobre el ente, partiendo su cuerpo óseo por la mitad.

Miles de fragmentos de huesos flameantes se desprendieron, dispersándose por todo el Valle de las Almas.

—¡Ya te dije, mocoso!

¡Yo no voy a morir!

—rugió la voz del Bonefire mientras intentaba reconstruirse, llamando a más almas malignas para fortalecerse.

Pero antes de que pudiera completar su regeneración, Paltio sonrió con determinación.

Una luz purificadora comenzó a irradiar desde su cuerpo, envolviendo todo el lugar.

Las almas y espíritus malignos que alimentaban al Bonefire empezaron a arder bajo esa luz sagrada, gritando de agonía mientras se desvanecían en el aire.

—¡No!, ¡qué haces, mocoso!

¡Para, para!

¡Me vas a exterminar…!

—gritó el Bonefire, pero era demasiado tarde.

Con un último destello, Paltio purificó completamente el valle, eliminando toda huella de los espíritus malignos que lo habían plagado.

El Bonefire dejó de existir, consumido por la luz que ahora emanaba de Paltio.

El muchacho bajó lentamente al suelo, jadeando, pero triunfante.

Miró sus manos, aun brillando con energía, y murmuró: —Así que… este es mi verdadero poder.

En ese momento, Desirnight apareció frente a él, materializándose entre las sombras.

—Felicidades, muchacho.

Lo lograste —dijo con una sonrisa siniestra, aunque había un dejo de admiración en su voz—.

Acabaste con uno de los entes más poderosos que tenía en mis dominios.

Nada mal, chico.

Paltio lo miró, todavía procesando lo que acababa de suceder.

—Entonces… ¿este es el cien por ciento?

—preguntó, pero antes de que Desirnight pudiera responder, sus piernas cedieron y cayó inconsciente al suelo.

—Era de esperarse —comentó Desirnight mientras levantaba al muchacho con facilidad—.

Fue mucho poder para ti.

Pero bueno, lograste desbloquearlo por tu cuenta gracias a enfrentar y superar tu mayor miedo.

Ahora, cuando despiertes, podrás usarlo a tu antojo… aunque aún está incompleto.

Con esas palabras, Desirnight cargó a Paltio y abandonó el Valle de las Almas.

Cuando Paltio despertó, se encontró acostado en una cama blanda.

A su lado estaba Desirnight, observándolo con sus máscaras giratorias.

—Vaya, muchacho, al fin despiertas.

Han pasado casi un mes, pero ya veo que has despertado tu poder —indicó Desirnight, señalando las manos de Paltio, que aún brillaban débilmente con energía residual.

—¡Qué genial!

—exclamó Paltio, admirando sus manos con asombro.

Sin embargo, su expresión cambió repentinamente al escuchar la palabra “mes”.

—¿Un mes?

¿Estuve inconsciente durante un mes?

—Sí, mocoso.

Te falta control —respondió Desirnight con calma—.

Y eso es en lo que vamos a trabajar: mejorar tu manejo de poder y completar tu potencial.

Me pregunto hasta dónde puedes llegar… Paltio lo miró con curiosidad, pero luego recordó algo importante.

—Así que… fue idea tuya colocarme contra mi mayor miedo, ¿verdad?

Los fantasmas y espectros… todo fue parte de tu plan para que pudiera enfrentarlos y vencerlos.

—¡Eh!

Sí, sí… —respondió Desirnight, ligeramente incómodo, como si no quisiera admitirlo del todo.

Sus máscaras parecían sonrojadas, aunque era difícil decirlo con certeza.

—Te lo agradezco —dijo Paltio con sinceridad—.

Después de todo, no eres tan malo.

—Bien, bien —interrumpió rápidamente Desirnight, aclarando su garganta—.

No te equivoques, niño.

Solo lo hice para cumplir con mi parte del trato.

Paltio sonrió, sabiendo que detrás de esa fachada de indiferencia, Desirnight había jugado un papel crucial en su desarrollo.

—Ahora que ya estás despierto, prepárate para entrenar conmigo —anunció Desirnight con firmeza—.

Sacaremos a relucir tu verdadero poder y reduciremos tu tiempo de descanso.

—¡Sí!

—gritó Paltio con entusiasmo.

Ambos volvieron al entrenamiento, listos para llevar al muchacho al siguiente nivel de su potencial.

—Vaya, qué buena historia —dijo la mujer nube con un tono suave, casi melancólico—.

Me hubiera gustado haber estado viendo todo eso en persona… Pero, en fin.

Bueno, lo prometido es deuda: te mostraré cómo están tus amigos luchando contra las sombras.

De pronto, monitores etéreos comenzaron a materializarse frente a Paltio, mostrando imágenes de sus amigos y aliados en plena batalla.

Las escenas eran caóticas: algunos estaban gravemente heridos, otros luchaban con desesperación, y todos parecían estar siendo superados por el enemigo.

—¡Oh, no!

¡Mis amigos!

¡Debo ir a ayudarlos!

—gritó Paltio, horrorizado mientras observaba los monitores.

En una pantalla, Rykaru estaba siendo rodeado por enemigos implacables.

Alita y Nakia intentaban cubrirse mutuamente, pero ambos estaban visiblemente agotados.

Ron estaba recibiendo una paliza por parte del enemigo.

Mok se veía atrapado en una especie de ilusión que lo mantenía inmóvil, mientras Lukeandria sufría bajo el peso de un ataque devastador, aunque había una extraña sonrisa en su rostro, como si encontrara algo de paz en medio del dolor.

Lucca luchaba con todas sus fuerzas, pero era evidente que estaba al borde de sus límites.

Eveldow, a quien Paltio nunca había considerado cercano, también estaba en apuros, y Rocky, el monstruo que se hizo su amigo por darle un nombre, estaba siendo derrotado sin piedad.

—No, no, no… ¡No puedo quedarme aquí con los brazos cruzados!

—exclamó Paltio, angustiado—.

¡Pobre Rykaru!

Mis amigos Alita y Ron… Mok, ¿qué le pasa?

Lukeandria está sufriendo, pero a la vez parece feliz… ¿Qué significa eso?

Lucca está pasando mal, al igual que Eveldow, aunque no me caía bien, ya me está dando pena… Y el pobre Rocky no se merece ese destino.

¡Debo ir por ellos como sea!

—Tranquilo —intervino la mujer nube con calma, tratando de apaciguarlo—.

Toco-Toco y Milko están haciendo todo lo posible para llegar hasta ti y entregarte esa esfera que te permitirá volver a la contienda.

—¡No!

¡Debo salvarlos ahora!

¡Todos están en peligro, y es mi culpa!

—se repetía Paltio, consumido por la culpa y la desesperación.

De repente, una punzada aguda atravesó el pecho de Paltio.

Se llevó una mano al corazón, sintiendo cómo la vieja herida volvía a abrirse.

Sangre comenzó a brotar de su pecho, y un hilo carmesí escapó de sus labios.

Con un gemido ahogado, cayó de rodillas al suelo.

—¿Qué es esto?

—murmuró, mirando su mano manchada de sangre.

La mujer nube lo observó con preocupación mientras Paltio se desplomaba lentamente.

—¡Oh, no!

¡Paltio!

—gritó ella, inclinándose hacia él—.

Pensé que teníamos más tiempo, pero parece que ya no nos queda mucho… ¡No debes morir, no aún, niño!

¡Vamos, despierta!

¡Responde!

Pero Paltio apenas podía oírla.

Su visión comenzó a nublarse, y sus parpados se cerraban poco a poco.

Sentía cómo su cuerpo se enfriaba, y la oscuridad empezaba a envolverlo.

—No… No puedo rendirme… Mis amigos… —susurró débilmente antes de perder el conocimiento por completo.

La mujer nube lo miró con tristeza, pero también con determinación.

Sabía que no podía dejarlo morir, no cuando tantas vidas dependían de él.

—No te preocupes, muchacho.

No voy a dejarte caer tan fácilmente.

Aún hay esperanza… Solo resiste un poco más —dijo, colocando una mano etérea sobre su pecho herido.

Una luz tenue comenzó a brillar alrededor de Paltio, luchando contra la oscuridad que amenazaba con consumirlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo