La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 214
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- Capítulo 214 - 214 Sueño Oscuro
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214: Sueño Oscuro 214: Sueño Oscuro Rykaru y Lucca emergieron lentamente de un profundo sopor, despertando en un lugar extraño pero acogedor.
A su alrededor, todo parecía estar compuesto por caracoles gigantes que formaban camas cómodas y suaves, como si estuvieran diseñadas para el descanso perfecto.
—¿Qué es este lugar?
—preguntó Rykaru, observando con curiosidad mientras se levantaba de una de las “camas”.
—Parece ser una especie de paraíso para dormir —respondió Lucca, frotándose los ojos—.
Lo último que recuerdo es que ese sujeto abrió algo que nos tragó…
y ahora estamos aquí.
—Sí, parece un lugar de ensueño —añadió Rykaru, aunque su tono tenía un deje de inquietud.
De pronto, una voz tétrica resonó en el aire, cargada de burla y desdén: —Vaya, vaya…
Por fin se levantan, mis invitados.
Sean bienvenidos a mis dominios —dijo Solz, materializándose frente a ellos envuelto en sombras.
El ambiente tranquilo cambió abruptamente.
La luz cálida fue reemplazada por una oscuridad densa y opresiva, que parecía devorar cualquier rastro de esperanza.
—Este lugar es un cálido refugio para aquellos que se portan bien —continuó Solz con una sonrisa siniestra—.
Pero como ustedes me trataron mal, este lugar puede convertirse fácilmente en una pesadilla.
En mi mundo oscuro de los sueños, olvidarán todo lo que alguna vez tuvieron que hacer y a todas las personas que conocían.
Solo habrá oscuridad en sus mentes.
Dulces, pesadillas…
—concluyó antes de desaparecer en la niebla.
—¿Qué fue eso?
—preguntó Rykaru, mirando a su alrededor con nerviosismo.
Antes de que Lucca pudiera responder, una figura familiar apareció frente a ellos.
Era Paltio, aunque algo en él parecía diferente.
—¡Papi, eres tú!
—exclamó Rykaru con alegría, corriendo hacia él.
—¿Quién eres?
—preguntó Paltio con desconfianza, mirando al niño con frialdad.
—¡Soy yo, tu hijo, Rykaru!
—respondió el pequeño, lleno de emoción.
Pero Paltio frunció el ceño y respondió con dureza: —¿Mi hijo?
¡Vaya, soy muy joven para tener hijos!
Además, no creo que seas nada mío, feo animal.
Rykaru retrocedió, visiblemente herido por las palabras de Paltio.
Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras luchaba por contenerlas.
—Tranquilo, Rykaru —intervino Lucca rápidamente, colocando una mano sobre su hombro—.
Seguramente es una ilusión.
Este no es el verdadero Paltio.
El Paltio real te quiere y jamás diría algo así.
Rykaru asintió lentamente, aunque la tristeza aún pesaba en su corazón.
En ese momento, otra figura familiar apareció frente a Lucca.
Era Krasper, el señor Serlet, quien había sido una figura importante en su vida.
—¡Señor Serlet, digo señor Krasper!
¿Qué hace aquí?
¿Acaso ha venido a salvarnos?
—preguntó Lucca con asombro y esperanza en su voz.
Krasper lo miró con desprecio, su expresión fría y distante.
—Salvarme a ti, perdedor…
Yo solo vine por ese bastón que te di.
Lo necesito de vuelta.
No puedo dejar un objeto tan importante en manos de alguien como tú —respondió secamente.
Lucca parpadeó, confundido y herido por el tono de su mentor.
—¿Por qué me trata así, señor?
Usted me dio esta arma y me la encomendó para vencer al mal…
—¡Ah, me arrepiento de eso!
—interrumpió Krasper con brusquedad—.
No debí haberle dado esa arma a alguien como tú.
Devuélvemela, le daré un mejor uso.
Extendió la mano hacia Lucca, esperando que le entregara el bastón.
Lucca vaciló, levantando el bastón lentamente.
Estaba a punto de colocarlo en la mano de Krasper cuando, de repente, una luz brillante emergió del arma, quemándole la mano al sujeto.
—¡Ahhh!
¿Pero qué haces?
¿Por qué atacas a tu señor?
—gritó Krasper, agitando su mano mientras el dolor lo consumía.
La luz del bastón parecía vibrar con vida propia, rechazando cualquier contacto con su antiguo dueño.
—Qué raro… El bastón nunca había brillado de esta manera —murmuró Lucca, sorprendido por el inesperado comportamiento del arma.
—¡Dame mi arma, viejo decrepito!
—gritó Krasper, extendiendo nuevamente su mano hacia el bastón con impaciencia.
Pero Lucca lo miró con desconfianza, algo en su interior le decía que algo no cuadraba.
—Tú… tú no eres mi señor Serlet.
¡Tú eres un impostor!
—acusó, apretando el bastón con más firmeza.
El hombre soltó una risa burlona antes de desvanecerse lentamente en la niebla, dejando a Lucca solo con sus pensamientos.
—Rykaru, ese no es Paltio —dijo Lucca, volviéndose hacia el niño, quien aún parecía triste por las palabras crueles del supuesto Paltio.
—¿No lo es?
¿Y cómo puedo saberlo?
—preguntó Rykaru, dudoso.
Lucca se acercó al impostor y tocó suavemente a “Paltio” con el extremo del bastón.
De inmediato, el cuerpo del falso Paltio comenzó a retorcerse de dolor, revelando brevemente una forma demoniaca bajo su piel.
—¡Ayuda, hijo!
Este viejo se ha vuelto loco, ¡quiere hacerme daño!
—gritó el impostor, fingiendo agonía mientras miraba a Rykaru con ojos suplicantes.
—¡Qué le haces a mi papi!
—rugió Rykaru, lanzándose contra Lucca y golpeándolo en el costado con fuerza.
—¡Tranquilízate, muchacho!
¡Ese no es Paltio, es un impostor!
—exclamó Lucca, intentando calmar al niño mientras bloqueaba los ataques con el bastón.
—¡Sálvame, hijo!
¡Sálvame!
Este viejo está loco —continuó el falso Paltio, aprovechando la confusión para sembrar más discordia entre ellos.
—¡Oye, Lucca, no le harás daño a mi papi!
—gritó Rykaru, colocándose protectoramente frente al impostor.
Sus puños comenzaron a brillar con energía mientras se preparaba para enfrentarse a Lucca.
—¡Espera, Rykaru!
Lo que quiere el enemigo es que peleemos entre nosotros —intentó razonar Lucca, levantando las manos en señal de paz—.
¡Debemos mantener la calma!
—¡No digas tonterías!
¡Mi papi está aquí delante de mí y necesita mi protección de ti!
¡No dejaré que le pongas otro dedo encima, y mucho menos con ese sucio bastón!
—respondió Rykaru, lanzándose al ataque con furia renovada.
El falso Paltio observaba desde atrás, riendo satisfecho ante la escena.
—¡Eso es, Rykaru!
¡Acaba con él, nuestro enemigo!
¡Tú papi estará orgulloso de tu desempeño!
—alentó el impostor, disfrutando del caos que había creado.
—¡Sí, de verdad, papi!
¡Rykaru vencerá al enemigo!
—dijo el niño, convencido de que estaba haciendo lo correcto.
Mientras bloqueaba los ataques de Rykaru, Lucca reflexionaba rápidamente en su mente: —Maldición… Este lugar crea sueños oscuros que invaden el corazón de las personas, distorsionando la realidad para manipularnos.
Aunque son un poco retorcidos, logran convencer a los demás de que están luchando por algo noble.
Tengo que acabar con ese impostor tocándolo con mi bastón, pero el problema será no lastimar a Rykaru… Aunque creo que él me hará daño si no me defiendo.
—¡Vamos, Rykaru!
¡Detente!
¡Él no es tu padre!
¡Entra en razón!
¡Es nuestro enemigo!
Si fuera el verdadero Paltio, tendría la herida en el corazón y estaría sin poder hablar —argumentó Lucca, tratando de hacer entrar en razón al obstinado niño.
—¡Sí lo es!
¡Es él, mi papi!
¿Verdad, papi?
—preguntó Rykaru, girándose hacia el impostor.
El falso Paltio sonrió con malicia antes de responder: —¡Claro que soy yo, hijo!
Ese sujeto te está engañando.
Mira mi herida… De pronto, brotó sangre del pecho del impostor, justo donde Paltio había sido apuñalado.
—¡Vamos, hijo!
¡Acaba con él y ven a salvarme!
¡Tú puedes, confío en ti!
—dijo el impostor, fingiendo debilidad mientras extendía una mano temblorosa hacia Rykaru.
Sin embargo, Lucca sabía que todo era una ilusión creada por el reino oscuro.
Su misión ahora era encontrar la manera de romperla sin lastimar al niño que tanto confiaba en esa falsa figura paterna.
—¡Ya ves!
¡Es él!
—gritó Rykaru, lanzándose nuevamente contra Lucca con furia renovada.
Sus ojos estaban fijos en el impostor que fingía ser Paltio, cuyo pecho aún sangraba donde había brotado la falsa herida.
Lucca bloqueó otro de los ataques con su bastón, sus movimientos rápidos pero calculados mientras intentaba no lastimar al niño.
Sin embargo, la situación se volvía más desesperante con cada segundo que pasaba.
—Maldición… Este lugar piensa en todo —murmuró Lucca entre dientes, consciente de lo meticulosamente diseñadas que estaban las ilusiones para manipular sus emociones y debilitarlos.
Rykaru seguía atacando sin tregua, convencido de que estaba protegiendo a su padre.
Cada golpe cargado de energía resonaba en el ambiente, amenazando con romper cualquier intento de diálogo.
—Debo hacer algo, o este lugar acabará con nosotros… No me queda de otra que confiar en el bastón —dijo Lucca para sí mismo, apretando el arma con determinación.
Sabía que tenía que actuar rápido antes de que la situación escapara completamente de control.
En ese momento, una risa siniestra resonó en el aire, proveniente de un rincón oscuro del reino.
Solz emergió lentamente de las sombras, su figura envuelta en una niebla densa que parecía alimentarse del miedo y la confusión de sus víctimas.
—¡Eso es, tontos!
¡Peleen entre ustedes!
—exclamó Solz con malicia, disfrutando del caos que había creado—.
Mi dominio, el sueño oscuro, hará que sus peores miedos cobren vida.
Pronto, olvidarán quiénes son y solo quedarán las semillas de odio y desconfianza que he plantado en sus corazones.
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