La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 216
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- Capítulo 216 - 216 Deseo Lujurioso
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216: Deseo Lujurioso 216: Deseo Lujurioso —Esa chica tiene un apego muy emocional… Una conexión con su familia —murmuró Lusta mientras observaba a Lukeandria desde lejos, quien seguía atrapada en su ilusión nostálgica—.
Acaso todos murieron, y por eso se evoca en la nostalgia.
Qué interesante…
Ese deseo intenso es justo lo que más me gusta: la “nostalgia”.
Lusta sonrió satisfecha, aunque ligeramente frustrada.
—Claro, está debajo de los placeres sexuales, pero esta chica no tiene ninguno de esos… Por eso la rosa aún no se abre del todo.
Tendré que indagar más y crear las escenas adecuadas para que mi flor florezca completamente y pueda alimentarme de ella.
Con una risa maliciosa, Lusta lanzó sus brazos convertidos en látigos hacia Lume, atacándolo sin piedad mientras continuaban su enfrentamiento.
Mientras tanto, en la mente de Lukeandria, algo comenzaba a cambiar.
Una especie de raíz brotó del techo y se introdujo lentamente en cada uno de sus oídos.
La joven seguía sumergida en el deseo de estar con su familia, añorando aquellos días en los que eran felices y disfrutaban de riquezas.
Sin embargo, pronto notó algo extraño: todos sus familiares comenzaron a desvanecerse frente a sus ojos.
De repente, el suelo bajo sus pies cedió, y Lukeandria cayó en un agujero oscuro.
Antes de que pudiera gritar, una mano fuerte la tomó y la jaló fuera del abismo.
—Aquí estás —dijo una voz que le parecía familiar, cargada de confianza y arrogancia.
Lukeandria miró al rostro de su salvador y se encontró con un brillo inconfundible en su expresión.
—¿Quién eres?
—preguntó ella, confundida.
—¿Cómo que quién soy?
Soy yo, tu prometido, Paltio.
¿No es obvio?
—respondió el muchacho, luciendo apuesto y seguro de sí mismo.
—¿Mi prometido?
—repitió Lukeandria, incrédula.
—Sí, amor mío.
¿No recuerdas que querías estar conmigo?
Te dije que estaría bien y que te daría todos los lujos que quisieras —dijo Paltio, señalando un carruaje lujoso y extendiendo una cartera fina y unos zapatos elegantes hacia ella—.
Mira, este es nuestro futuro juntos, mi amor.
—¡Oye, Paltio!
¡No juegues!, ¡no creo que seas él, eres muy mayor para mí!
¡Nosotros no somos pareja!
—exclamó Lukeandria, cada vez más desconcertada.
—Qué loquita resultaste, amor mío.
Seguramente la caída en ese pozo afectó tu cerebro —dijo Paltio con una sonrisa indulgente, acariciando su cabello como si tratara de calmarla.
—Bueno, dejémonos de tonterías.
Ya es hora de que te cambies para nuestra boda —declaró Paltio, chasqueando los dedos.
De inmediato, varias damas aparecieron, rodeando a Lukeandria y llevándosela a rastras.
—¡Esperen, esperen!
—gritaba Lukeandria, intentando resistirse mientras era arrastrada—.
¿Qué está pasando?
Primero estaba con mi familia, añorando esa nostalgia de cuando éramos felices y teníamos riquezas… Y ahora, de la nada, voy a ser la esposa de este sujeto que dice ser Paltio.
En ese momento, dos voces conocidas resonaron detrás de ella.
Al darse la vuelta, vio a Alita y Ron, quienes la miraban con sonrisas cómplices.
—¿Y ustedes qué hacen aquí?
—preguntó Lukeandria, sorprendida.
—¿Qué no es obvio?
También estamos aquí para tu boda —respondió Ron, tomando la mano de Alita—.
Después de todo, nosotros ya somos esposos.
—¡Sí!
Pensé que Paltio nunca se casaría, pero, amiga, te ganaste el premio mayor: ser la esposa del príncipe, con todas las cosas lujosas y… quizá alguna noche de placer después… ¡Eh!
—añadió Alita con una risita picara.
Lukeandria se quedó paralizada, procesando lo que estaba ocurriendo.
¿Cómo había llegado hasta aquí?
¿Por qué todos parecían aceptar esta realidad absurda?
—Esto no puede estar pasando… Esto no es real —se dijo a sí misma, intentando despertar de la ilusión.
Pero cuanto más lo intentaba, más profundo parecía hundirse en este mundo distorsionado.
—Pero ¡qué me están diciendo!
¡Ustedes dos están locos!
—exclamó Lukeandria, mirando a Alita y Ron con incredulidad.
—Tranquila, tú siempre eres una chica de gustos caros —respondió Alita con una sonrisa traviesa—.
Además, siempre te ha importado lo que las personas piensen de ti.
Eres toda una diva, ¿no es verdad, mi bomboncito?
—¡Pues claro, mi corazoncito!
—dijo Ron, besando a Alita en la boca mientras ambos intercambiaban miradas cómplices.
—Bueno, nos vemos después, futura novia rica —añadieron ambos antes de salir agarrados de la mano, dejando a Lukeandria aún más confundida.
—¿Qué es esto?
¿Dónde estoy?
—murmuró Lukeandria mientras varias manos desconocidas la vestían con un traje de novia deslumbrante, el más caro que jamás se había visto en Avocadalia.
A su alrededor, los murmullos no cesaban: —Vaya, sí que es una suertuda… —Esa arpía va a tener todos los lujos que siempre quiso.
—Sí, y ahora tendrá un buen partido.
Ese príncipe debe ser un gran manjar en… bueno, ya saben… Lukeandria sentía cómo su mente daba vueltas mientras intentaba procesar todo.
Finalmente, la llevaron a la ceremonia.
Vestida con un hermoso vestido blanco bordado en dorado, su apariencia era impecable.
El diseño era tan majestuoso que provocaba celos entre las mujeres y fascinación entre los hombres presentes.
—¿Por qué me miran todos así?
—se preguntó Lukeandria en voz baja, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.
Cuando se vio en un espejo cercano, quedó impactada.
Ya no era una niña de 14 años, sino una mujer adulta de 21.
Sus amigos también parecían haber crecido, bordeando edades similares, lo cual no se percató a simple vista.
—Tranquila, querida.
Todo esto es para ti, y hay mucho más una vez que seamos esposos hoy —dijo Paltio, acercándose con una sonrisa arrogante—.
Podremos hacer eso… —Desde cuándo Paltio me atrae… —murmuró Lukeandria, observándolo detenidamente.
Nunca había pensado en él como alguien guapo, pero ahora su apariencia tenía un encanto innegable.
Sin embargo, su actitud seguía siendo irritantemente arrogante.
“Nunca pensé que se convertiría en alguien así”, se dijo a sí misma mientras analizaba el panorama.
—Tranquila, mi chiquita.
Pide todo lo que quieras, y cumpliré tus caprichos y deseos —continuó Paltio con tono meloso—.
Así no me ames y solo ames mi dinero, por mí siempre estará bien tenerte a mi lado… como siempre quise.
Las palabras de Paltio resonaron profundamente en el interior de Lukeandria.
Evocaban algo que siempre había anhelado cuando era niña: ser una princesa, vivir sin preocupaciones, vestir ropas caras y nunca pasar hambre.
Empezó a cuestionarse si esta vida no era exactamente lo que siempre había deseado.
Desde las sombras, Lusta observaba la escena con satisfacción.
—Creo que la chica empieza a entender su situación y a adentrarse en el papel de la lujuria, causándole el placer que necesita —murmuró Lusta con una sonrisa siniestra—.
Pronto, mi amada flor florecerá, y podré alimentarme de estas emociones junto con el cuerpo de esta muchachita.
Pero antes de que pudiera continuar disfrutando de su triunfo, una voz furiosa irrumpió en el lugar: —¡No dejaré que hagas eso, maldita arpía!
—gritó Lume.
Con una explosión de energía, Lume activó su FELICA FORM, transformándose rápidamente en un enorme zorro de fuego ilusorio.
—¡No……ooo!
¡Mis bebés!
¿Cómo te atreves, maldita cosa?
—gritó Lusta con furia mientras veía cómo sus preciadas plantas y raíces se quemaban bajo el ataque de Lume.
Sin embargo, una sonrisa pícara cruzó su rostro al observar la forma imponente de Lume transformado en un zorro ilusorio—.
Aunque… en esa forma te ves algo sexy.
Lume ignoró por completo el comentario, concentrándose únicamente en su objetivo.
—No me interesa lo que diga, señora.
Voy a acabar con usted ahora mismo —declaró con firmeza antes de lanzar otro ataque—.
¡Rayo ilusorio!
De la boca del zorro emergió un potente rayo de energía que impactó directamente contra Lusta, haciéndola retroceder varios metros.
La mujer chacal gruñó de dolor, pero rápidamente recuperó su compostura.
—Ese ataque fue efectivo, pero no durará mucho… Debo hacer algo para salvar a Lukeandria —murmuró Lume, sabiendo que el tiempo se agotaba.
Decidido, colocó su cabeza contra la de Lukeandria, intentando comunicarse con ella con alguna especie de enlace mental.
Mientras tanto, en la fantasía creada por Lusta, Lukeandria ya había avanzado aún más en su ilusión.
Ahora estaba casada con Paltio, y ambos se encontraban en la alcoba real, listos para consumar su amor.
—Paltio… Sabes que es mi primera vez —dijo Lukeandria, sonrojándose levemente mientras miraba al joven frente a ella.
—Tranquila, también es la mía.
Prometo ser gentil —respondió la versión adulta de Paltio, acariciando su cabello con ternura.
Después de compartir su noche de pasión, ambos se recostaron, exhaustos pero felices.
—¡Ay!
No puedo creerlo… Soy la mujer más feliz —susurró Lukeandria mientras observaba a su esposo, quien ahora lucía guapo y fornido.
Todo a su alrededor era opulento: lujosos muebles, joyas deslumbrantes y una vida sin preocupaciones.
Estaba a punto de aceptar completamente esa realidad cuando una voz resonó en su mente, sacándola momentáneamente de su burbuja de felicidad.
—Lukeandria, Lukeandria, debes despertar.
Por favor, esto no es real.
Es solo el poder del enemigo.
La joven abrió los ojos de golpe, confundida.
—¿Quién eres?
—preguntó, intentando ubicar la fuente de la voz.
Ya se estaba acoplando tanto a esa realidad que comenzaba a olvidar todo lo demás.
—Soy yo, Lume, tu maestro.
Por favor, despierta.
Si continúas en este lugar, morirás.
No queda mucho tiempo.
La flor que está en tu pecho está a punto de abrirse por completo.
Esto no es real.
¿No recuerdas nuestra misión?
Debemos salvar a Paltio y liberar a todos del poder de las sombras.
Lukeandria frunció el ceño, tratando de recordar.
Las palabras de Lume parecían familiares, pero la ilusión era tan vívida y tentadora que le costaba distinguir qué era verdad y qué no.
—Hola, amor… ¿Qué paso?
¿Por qué estás despierta?
—interrumpió Paltio, incorporándose en la cama mientras la observaba con una expresión de preocupación fingida.
—Escuché a alguien decir mi nombre —respondió Lukeandria, su voz llena de incertidumbre mientras miraba hacia el vacío, tratando de ubicar la fuente de aquella voz que aún resonaba en su mente.
—Seguramente fue una pesadilla —dijo Paltio con tono suave, acariciando delicadamente su brazo en un intento de calmarla—.
No te preocupes, estoy aquí contigo.
Trata de dormir; todo estará bien.
Su sonrisa tranquilizadora parecía diseñada para disipar cualquier duda, pero algo en su mirada no terminaba de convencer a Lukeandria.
Aunque las palabras de Paltio eran reconfortantes, la sensación de inquietud dentro de ella no desaparecía del todo.
—No lo escuches, pequeña —intervino nuevamente la voz de Lume, firme pero amable—.
Ese no es quien tú crees que es.
Está inconsciente en el frente de batalla.
Recuerda que debemos salvarlo a él, al verdadero Paltio y acabar con los malos.
Tienes una misión importante que cumplir.
Paltio frunció el ceño al oír la voz de Lume resonar en la alcoba.
—Vamos, amor, vamos a dormir.
No le hagas caso a esa voz; debe ser un loco tratando de confundirte —dijo Paltio, intentando persuadirla con tono seductor—.
Aquí tienes todo lo que siempre quisiste: seguridad, amor, lujos… No necesitas nada más.
Algo en Lukeandria aún la tenía indecisa.
Por un lado, tenía la vida que siempre había anhelado cuando era niña: una existencia llena de riquezas, amor y comodidad.
Pero, por otro lado, sabía que había una realidad más dura esperándola afuera, una en la que se había convertido en una guerrera valiente, lista para enfrentarse a las sombras y luchar por aquellos que amaba.
Lukeandria se llevó las manos a la cabeza, masajeando sus sienes mientras intentaba procesar todo lo que estaba ocurriendo.
—No lo sé… No sé qué hacer… —murmuró Lukeandria, su voz temblorosa mientras miraba alternativamente a Paltio y hacia el vacío donde resonaba la voz de Lume.
—Haz lo que dicta tu corazón —respondió Lume con calma, como si entendiera la tormenta interna que Lukeandria estaba enfrentando—.
Sé quién eres realmente.
No permitas que esta ilusión te consuma.
Por un momento, pareció que Lukeandria iba a tomar la decisión correcta.
Pero entonces, algo terrible ocurrió.
La rosa que había estado brotando en su pecho finalmente se abrió por completo, liberando una fragancia embriagadora que llenó el aire.
Lusta observó desde las sombras, sonriendo con satisfacción mientras sentía cómo la energía de Lukeandria comenzaba a desvanecerse.
—¡Perfecto!
¡Mi flor ha florecido!
Ahora, por fin, puedo alimentarme —dijo Lusta con una risa cruel, extendiendo sus manos hacia Lukeandria mientras su cuerpo empezaba a desmoronarse lentamente.
En ese instante, Lume sintió cómo la conexión mental con su aprendiz se rompía abruptamente.
Desde el mundo real, soltó un grito desgarrador, incapaz de contener su dolor.
—¡NOOOOOOOO!
—gritó Lume, cayendo de rodillas con lágrimas en los ojos mientras veía cómo Lukeandria moría frente suyo—.
¡No puedes morir!
¡No ahora!
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