La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 217
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 217 - 217 Las Espinas del Mal
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
217: Las Espinas del Mal 217: Las Espinas del Mal —¡No…oooo!
—gritó Lume con desesperación al ver que la flor en el pecho de Lukeandria había florecido por completo.
Lusta sonrió con satisfacción, lista para consumir la energía vital de la joven.
Pero antes de que pudiera actuar, una voz firme resonó en el aire: —¡Aún estoy viva, tonta horripilante!
—exclamó Lukeandria, abriendo los ojos con determinación.
En su mano sostenía la rosa marchita, arrancada justo antes de que esta pudiera abrirse por completo.
Lusta se quedó paralizada, incrédula ante lo que veía.
—¿Qué?
¿Cómo es posible?
—murmuró, furiosa al darse cuenta de que había sido engañada.
La rosa estaba marchita, completamente inútil para sus propósitos.
Lukeandria sonrió con astucia.
—Simulé que la flor me consumía usando magia ilusoria, solo para burlarme de ti.
Pensaste que habías ganado, pero te equivocaste.
Esta rosa está muerta, igual que tus planes.
—¡Maldita seas, mocosa insolente!
—rugió Lusta, apretando los puños con rabia—.
Pero esto no quedará así… ¡Me las pagarás, tonto zorro!
—gritó, lanzando una mirada asesina hacia Lume.
Momentos antes, en el mundo ilusorio creado por Lusta, Lukeandria había estado luchando internamente.
Por un lado, tenía una vida perfecta: riquezas, amor y comodidad.
Por otro, sabía que su verdadero propósito estaba afuera, en el mundo real, donde sus amigos dependían de ella para derrotar a las sombras.
—Una vez quise eso… —se dijo a sí misma mientras observaba el lujo a su alrededor—.
Pero sé que no es real.
Yo voy a lograr que mi mundo sea como yo quiera, no una visión impuesta por una loca desquiciada.
Miró a Paltio, quien se acercaba con una sonrisa encantadora.
Con calma, le respondió: —Estás hermoso y todo, lo admito… pero de momento no busco nada serio.
Quizá cuando llegue el momento, estaré lista.
Con esa decisión clara en su mente, Lukeandria abrió los ojos de golpe.
Se encontró de vuelta en el mundo real, con la flor aún pegada a su vientre.
Recordó el plan que había ideado junto con Lume: usar magia ilusoria para hacer creer a Lusta que la rosa había florecido, solo para burlarse de ella al final.
—Y resultó —dijo Lukeandria con una sonrisa triunfal mientras sacaba las raíces y tallos con el filo afilado de su escudo en forma de media luna.
El arma, además de ser protectora, tenía un borde cortante que facilitaba liberarse de las trampas vegetales de Lusta.
—Ya no caeré en tus trampas lujuriosas ni en tus deseos nostálgicos —declaró Lukeandria con firmeza, enfrentando directamente a Lusta—.
No dejaré que juegues con mis emociones, aunque algunas fueron buenas.
Maldita bruja.
—¡Cómo se atreven!
¡Pagarán por su osadía!
—rugió Lusta, furiosa por haber sido engañada.
Con un movimiento de sus manos, invocó una oleada de espinas gigantes que emergieron del suelo y de todas partes del entorno.
Las espinas eran enormes, del tamaño de pequeños icebergs, bloqueando cualquier camino de escape.
Lume, viendo la situación crítica, gritó a Lukeandria: —¡Sube a mi lomo, rápido!
Lukeandria obedeció sin dudarlo.
Saltó sobre el lomo del zorro ilusorio, y ambos comenzaron a correr hacia donde estaba Lusta.
Sin embargo, cada vez que avanzaban, nuevas espinas aparecían frente a ellos, obligándolos a cambiar de dirección repetidamente.
Pronto quedaron completamente rodeados, sin posibilidad de retroceder ni avanzar.
—Y ahora viene lo bueno —dijo Lusta con una sonrisa maliciosa mientras se colocaba un traje rojo exuberante y provocador—.
Ya que saliste del trance de mi perfume, ahora los quemaré de una vez.
De las espinas comenzaron a brotar plantas extrañas.
Pero estas no eran plantas comunes; secretaban un ácido corrosivo que burbujeaba peligrosamente, amenazando con devorar todo a su paso.
Pronto el lugar comenzó a llenarse de ácido corrosivo.
El líquido burbujeante subía como una marea implacable, amenazando con devorar todo a su paso.
—¿Qué hacemos?
—preguntó Lukeandria, mirando a su alrededor con desesperación mientras veía que no había escapatoria.
El ácido ya alcanzaba niveles alarmantes, avanzando hacia ellos con rapidez.
—¡Debemos ir a la espina más alta!
—respondió Lume con urgencia.
Sin perder tiempo, comenzó a escalar las enormes espinas con Lukeandria fuertemente aferrada a su lomo.
Desde abajo, Lusta observaba con satisfacción cómo sus víctimas intentaban escapar inútilmente.
—Es inútil.
Este lugar será su tumba… Y quizás me alimente de lo que quede —dijo con indiferencia mientras se pintaba las uñas con calma, disfrutando del espectáculo.
—¿Y ahora qué vamos a hacer?
—preguntó Lukeandria nuevamente, viendo cómo el ácido comenzaba a subir a borbotones.
Pronto los alcanzaría, borrándolos del mapa para siempre.
Se enfrentaban a una encrucijada.
Lukeandria, con sarcasmo, pensó que tal vez habría sido mejor quedarse en el sueño o lo que fuera que Lusta le había creado.
Mientras tanto, se aferraba con fuerza a Lume, quien intentaba mantenerse en equilibrio sobre la espina más alta utilizando sus garras de zorro.
En otro frente de batalla, Rageret estaba a punto de acabar con Ron cuando algo inesperado ocurrió: Ron despertó bruscamente y activó su armadura de cristal, entrando en su fase dos.
La resistencia del traje evitó el golpe mortal que Rageret pretendía darle.
—Nada mal, chico.
Pensé que no tenías cerebro —comentó Rageret con una sonrisa burlona mientras retrocedía unos pasos.
Sin embargo, Ron no se dejó intimidar.
Con un rápido movimiento, lanzó un potente golpe directo al estómago de Rageret, enviándolo volando varios metros.
—¡Maestro, maestro!
¿Está bien?
—llamó Ron preocupado mientras corría hacia Chiki, su compañero canino, quien estaba sacudiéndose las rocas del cuerpo tras el impacto.
—Nada como un pequeño calentamiento —respondió Chiki con una sonrisa relajada, aunque sus ojos brillaban con determinación—.
Bueno, es momento de ponernos serios.
Con una explosión de energía, Chiki entró en su forma Felica, transformándose en un lobo rojo imponente, listo para el combate.
—Déjamelo a mí, mocoso pelos verdes.
Yo me encargaré de ese sujeto —declaró Chiki con confianza mientras se preparaba para enfrentar a Rageret.
—Pero, señor, no debemos pelear entre nosotros.
Es este lugar el que nos hace actuar así.
Debemos enfrentarlo juntos —indicó Ron con seriedad, tratando de razonar con su maestro.
Chiki se detuvo un momento, reflexionando sobre las palabras de Ron.
Finalmente, asintió con una leve sonrisa.
—Tranquilo, entiendo tu punto… Y puede ser cierto lo que dices.
Vaya, parece que no eres tan tonto después de todo.
Ya te dejaré un poco de este sujeto para que tú también le des su merecido —respondió Chiki, ajustándose para enfrentar a Rageret.
Sin darle tiempo a reaccionar, Chiki se lanzó hacia donde había caído Rageret.
En un abrir y cerrar de ojos, le propinó una ráfaga de golpes devastadores.
El enemigo apenas podía reaccionar, recibiendo cada impacto sin decir una palabra.
—¡Recibe esto: mi patada mortal!
—gritó Chiki mientras lanzaba una poderosa patada que destruyó el suelo bajo los pies de Rageret, creando una enorme grieta.
Ron observó impresionado desde la distancia.
—¡Guau!
¡Nada mal, señor!
—exclamó con admiración.
—¡Tontos!
Ya les dije que sus ataques solo me harán más fuerte —declaró Rageret mientras emergía del suelo con su traje destruido, revelando un torso tonificado lleno de cicatrices.
Una sonrisa arrogante cruzó su rostro mientras observaba a Chiki en su nueva forma.
—Gracias por eso —continuó Rageret con sorna—.
Veo que ya no eres un remedo de perro; ahora eres un perro de verdad… aunque he visto mejores y con más fuerza.
—¿Cómo que no soy un perro fuerte?
¡Repite eso!
Además, en esta forma soy un lobo, idiota —gruñó Chiki, furioso, preparándose para lanzar otro golpe con su pata como si fuera un puño.
Pero antes de que pudiera conectar el ataque, Rageret soltó una carcajada burlona y atrapó la pata de Chiki con una rapidez sobrenatural.
—Recibe la Furia Resonante —rugió Rageret mientras estrellaba brutalmente a Chiki contra el suelo.
Sin darle tiempo a recuperarse, continuó golpeándolo repetidamente contra el suelo, moviéndolo de un lado a otro como si fuera un muñeco de trapo.
—Este ataque te devolverá todos los golpes que me diste… pero incrementados —dijo Rageret con una sonrisa malévola, disfrutando del dolor que infligía.
Ron observaba horrorizado desde la distancia, viendo cómo su maestro era brutalmente castigado sin poder hacer nada al respecto.
—Maldición… Le dije al maestro que no fuera solo.
Ese sujeto es un monstruo… Quizá si peleáramos ambos contra él, haríamos la diferencia —pensó Ron, apretando los puños con frustración.
—Si no hago algo, lo matará —murmuró Ron, tomando una decisión rápida.
Con determinación, corrió hacia Rageret y le lanzó una patada directa al rostro.
Rageret detuvo su ataque y bloqueó el golpe con facilidad, aunque la sorpresa se reflejó brevemente en su rostro.
—Nada mal… Así que te quedaban fuerzas, muchacho —dijo Rageret con una sonrisa torcida mientras arrojaba a Chiki hacia Ron.
Ambos cayeron al suelo con un golpe sordo.
Chiki jadeaba, visiblemente herido, mientras Ron intentaba ayudarlo a levantarse.
—Parece que quieren castigo… Y castigo les daré —declaró Rageret, su voz cargada de anticipación.
Sus ojos brillaron con una mezcla de locura y emoción desenfrenada mientras flexionaba los músculos de su torso marcado por las cicatrices—.
No me había emocionado tanto.
Espero que duren más esta vez.
Con una velocidad increíble, Rageret se lanzó hacia ellos, listo para continuar su implacable asalto.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com