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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 222

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  4. Capítulo 222 - 222 Dominio Absoluto
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222: Dominio Absoluto 222: Dominio Absoluto “Si no queda de otra,” dijeron Geki y Mok al unísono, preparándose para su siguiente movimiento.

Geki creó otro escudo mientras ambos avanzaban hacia Pridel con determinación renovada.

Al llegar frente a él, Mok lanzó un golpe directo, pero antes de que el ataque pudiera rebotar hacia Geki, chocó contra el escudo.

Este funcionó como un espejo perfecto, reflejando el impacto de vuelta hacia Pridel.

El golpe cayó de lleno en su rostro, dejándole una pequeña hendidura.

“¡Pero!

¡cómo osan lastimar mi hermoso rostro!” gritó Pridel, furioso, mientras limpiaba la sangre que brotaba de la herida.

Dejó caer unas gotas al suelo, y su expresión confiada cambió repentinamente a una de profunda molestia.

“No volverá a ocurrir,” murmuró Pridel entre dientes, preparándose para recibir otro ataque.

Sin embargo, la estrategia de Geki y Mok volvió a dar resultado, no solo una vez, sino dos seguidas.

Geki había creado múltiples escudos que funcionaban como espejos, amplificando el efecto del rebote.

Los ataques se multiplicaron, golpeando repetidamente a Pridel y lanzándolo varios metros hacia atrás.

Cuando Pridel intentó levantarse, pequeñas cortadas cubrían su rostro.

Apretó los dientes, visiblemente adolorido.

“Veo que sí funcionó,” dijo Geki a Mok con una sonrisa triunfal.

“Al parecer, reflejar su rostro y hacerlo ver que el mismo es su enemigo formó un patrón.

Excelente plan,” respondió Mok, compartiendo su entusiasmo.

“¡Malditos!” gruñó Pridel desde su posición, su voz cargada de ira.

“No debí tomarlos a la ligera.

Pero ahora los haré sufrir por esto.” Sacó su abanico y lo agitó con elegancia, una sonrisa maliciosa curvando sus labios.

“Veamos si se las ingenian con esto,” dijo antes de gritar: “¡Dominio Absoluto!” Geki y Mok miraron a su alrededor, esperando algún cambio drástico en el entorno.

Sin embargo, todo parecía igual.

“¿Solo hiciste mover tu abanico para nada?” preguntó Geki, confiado.

“¿A no?

Entonces vengan de nuevo hacia mí,” respondió Pridel con una sonrisa burlona mientras limpiaba la sangre de sus heridas.

Sin que ellos lo notaran, las gotas de sangre caían directamente sobre su abanico, alimentando su poder oculto.

“Bien, más,” dijo Geki, decidido.

“Es hora de acabar con esto rápido.” Mok asintió y comenzó a moverse hacia Pridel.

Pero, de repente, sintió una fuerza invisible que lo empujaba hacia el suelo con una presión insoportable.

“¿Qué pasa?

¿Por qué no vienen?

¿No querían acabar conmigo rápidamente?” se mofó Pridel, disfrutando del desconcierto de sus enemigos.

“¿Qué te pasa, Mok?

¡Avanza!” ordenó Geki desde el hombro de Mok.

“No puedo…

Cada vez que trato de levantarme, siento una fuerza que me atrae hacia el suelo,” respondió Mok, luchando por ponerse de pie, pero incapaz de moverse.

“¿Pero?

¿cómo?” dijo Geki, saltando del hombro de Mok.

Sin embargo, al tocar el suelo, una fuerza aplastante lo empujó hacia abajo, creando un gran cráter donde cayó.

“¡Ja, ja!” rio Pridel con crueldad mientras observaba a Geki y Mok luchar por levantarse.

“Es inútil, tontos.

Parece que me tomaron a la ligera.

¿O es que olvidaron que soy el líder del concejo?” “¿Pero?

¿qué has hecho?” preguntó Geki con dificultad, intentando incorporarse bajo la aplastante gravedad.

“Pues algo simple,” respondió Pridel con arrogancia mientras guardaba su abanico elegantemente.

“Están recibiendo mi Dominio Absoluto.” “¿Dominio Absoluto?” dijeron ambos al unísono, sus voces llenas de confusión y desconcierto.

“Así es,” continuó Pridel con una sonrisa triunfal.

“Mi Dominio Absoluto es una de mis habilidades más poderosas.

Su arrogancia y soberbia, al pensar que con un simple ataque ya me habían derrotado, les jugó en contra.

Gracias a ustedes pude activarla.” “¿Cómo así?” preguntaron ambos, aún más desconcertados, tratando de mantenerse enfocados a pesar de la presión que los aplastaba.

“Es muy sencillo,” explicó Pridel con una calma burlona.

“Gracias a las heridas que me hicieron en el rostro, activaron mi habilidad.

Cada golpe que recibí transfirió mi sangre al abanico, contabilizando los ataques.

Ustedes me golpearon siete veces, así que la gravedad aumentó siete veces.

Esa es la razón por la que no pueden levantarse.” “Qué pesado es esto…” murmuraron Geki y Mok, luchando con todas sus fuerzas para ponerse de pie.

“Vaya, parece que están intentando levantarse,” comentó Pridel con fingida preocupación mientras veía cómo ambos lograban casi erguirse.

“Pero eso no será suficiente.” Sin previo aviso, comenzó a golpearse a sí mismo en uno de sus brazos.

“Mi poder no solo funciona con la sangre; también se activa con cada golpe que recibo.

Aunque yo sano rápidamente, así que esto no será más que un mero rasguño.” Las heridas en su rostro y las que se autoinfligió empezaron a sanar casi instantáneamente.

En su abanico apareció un contador digital que mostraba el número 50.

“Ahora serán cincuenta golpes,” anunció Pridel con una sonrisa maliciosa.

“La gravedad aumentará cincuenta veces.” De inmediato, Mok y Geki sintieron cómo una fuerza colosal los empujaba hacia el suelo con una brutalidad inimaginable.

Intentaron avanzar, pero cada movimiento los hundía más profundamente, creando enormes cráteres en el suelo.

Finalmente, quedaron atrapados en una especie de pozo profundo, resultado de la intensa gravedad que los había aplastado.

Pridel se acercó al borde del hueco y miró hacia abajo con desdén.

“¡Oigan!

¿Siguen vivos?” Su voz resonó como un eco dentro del pozo.

Esperó unos segundos, pero no hubo respuesta.

“Vaya, qué mal.

Si siguen vivos, estaré esperando a que salgan.” Una risa cruel escapó de sus labios, y el sonido viajó como un eco por el enorme agujero, dejando un ambiente de tensión y desesperanza.

Mientras tanto, en otro lugar, Toco-Toco y Milko luchaban ferozmente contra el Gibrido.

En su forma de pantera, Toco-Toco lanzaba rápidos ataques con una de sus patas delanteras, mientras que, con la otra pata, el chico fantasma estiraba su extremidad y proyectaba una enorme garra fantasmal para bloquear los ataques del enemigo.

El combate era intenso: cada golpe de Toco-Toco era respondido con precisión por el enemigo, quien parecía anticipar cada movimiento.

La garra fantasmal de Gikel brillaba con un resplandor etéreo mientras interceptaba los ataques enemigos, pero el Gibrido no daba tregua.

“¡No podemos rendirnos ahora!” gritó Milko, coordinando sus movimientos con Toco-Toco.

Ambos sabían que enfrentarse a este ser requería más que fuerza bruta; necesitaban ingenio y estrategia para superarlo.

“Hacemos un buen trabajo juntos,” dijo Milko mientras bloqueaba otro ataque con la garra fantasmal.

“Así parece, muchacho,” respondió Toco-Toco en su forma de pantera, lanzando un zarpazo rápido hacia el enemigo.

“Pero lo malo es que no podemos llegar donde Paltio…

Y creo que ya no tiene mucho tiempo.

Debemos llegar de una vez hacia él.” El Gibrido retrocedía con cada golpe recibido, pero seguía firme, bloqueando cada intento de avance con una precisión inquietante.

No iba a ceder fácilmente.

“¡Vamos, mi criatura!

¡Gánale y acaba con ese mendigo gato crecido!” gritó Meloc desde las sombras, su voz cargada de impaciencia y desprecio.

“Si lo haces, te daré toda la comida que quieras.” “Pero esa cosa… ¿cómo va a comer si no tiene boca cosida?” preguntó Tertrol con sarcasmo, señalando al Híbrido con una sonrisa burlona.

“Pues gracias por decir eso, mi señor,” respondió Meloc con frialdad.

Luego, dirigiéndose a su bestia, añadió: “Descósete la boca.

Te doy permiso de usar todo tu poder.” El monstruoso Gibrido escuchó las palabras de su amo y, sin dudarlo, comenzó a rasgar los hilos que mantenían su boca cerrada con una de sus garras afiladas.

Uno a uno, los hilos se desprendieron, dejando al descubierto una abertura irregular y amenazante.

“¿Qué pasó?” preguntó Toco-Toco a Milko, quien rápidamente hizo que ambos retrocedieran usando la pata poseída.

“No lo sé, pero sentí una gran fuerza cuando este se sacó los hilos,” respondió Milko, su voz tensa y llena de preocupación.

De repente, el Gibrido lanzó un grito gutural que resonó por todo el lugar, vibrando en los oídos de todos los que estaban cerca.

Era un sonido escalofriante, como si despertara algo primordial y destructivo dentro de él.

Toco-Toco activó su ojo verde, el cual podía detectar la energía de sus enemigos.

Observó cómo el aura del Gibrido se expandía violentamente, irradiando una fuerza abrumadora.

“Tienes razón,” dijo Toco-Toco, su voz grave y seria.

“Creo que estamos en serios problemas.” La bestia comenzó a avanzar hacia ellos con una mirada asesina en sus ojos, cada paso resonando como un trueno.

La atmósfera se volvió densa, casi palpable, mientras el Gibrido liberaba todo su poder, preparándose para aniquilar a sus oponentes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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