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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 223

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  4. Capítulo 223 - 223 El Gibrido
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223: El Gibrido 223: El Gibrido Meloc, con una sonrisa siniestra, le ordenó a su creación que se quitara las coseduras de la boca.

Al hacerlo, la bestia lanzó un grito gutural que resonó por todo el lugar, como un eco infernal que helaba la sangre.

Su cuerpo comenzó a transformarse ante los ojos de todos: sus músculos se expandieron, haciéndose más grandes y fuertes; unos colmillos afilados emergieron de su mandíbula, brillando bajo la tenue luz.

Una vez que el grito cesó, la bestia levantó la cabeza, revelando una mirada perdida y vacía, como si su mente hubiera sido consumida por una fuerza oscura.

Solo quedaba el instinto asesino, guiándola hacia la destrucción.

“Oh, no…

Creo que estamos en serios problemas,” murmuró Toco-Toco al ver el aura maligna que emanaba de la bestia, oscureciendo el ambiente a su alrededor.

En un abrir y cerrar de ojos, la bestia desapareció de su posición inicial.

Ni siquiera Toco-Toco, con sus agudos reflejos felinos, pudo percibir su movimiento.

Antes de que pudieran reaccionar, el Híbrido se abalanzó sobre el felino con una velocidad sobrehumana.

Con un rodillazo devastador en el costado, lanzó a Toco-Toco varios metros por los aires.

“¡Es rápido!” gritó Milko mientras volaban por el aire.

Rápidamente, intentó clavar las garras fantasmales de la pata poseída en el suelo para estabilizarse.

Finalmente logró encajarla y cayeron sobre cuatro patas, aunque el impacto aún resonaba en sus cuerpos.

“Si, es muy rápido…

Incluso más que yo,” admitió Toco-Toco, jadeando mientras trataba de recuperar el aliento después del brutal ataque.

Desde su asiento, Urugas observaba la escena con fascinación.

La bestia parecía completamente poseída, movida únicamente por un instinto asesino primitivo.

“Interesante…” murmuró para sí mismo antes de dirigirse a Meloc.

“Solo tiene un objetivo en mente matar, y encima es muy poderosa.

Aunque tiene una forma grotesca…

¿Qué hiciste exactamente para crear algo así?” Meloc sonrió con orgullo, encantado de explicar su obra maestra.

“Pues, como sabrá, señor, durante nuestro encuentro con Avocios decidí preservar algunos cuerpos para mis experimentos.

Me quedé con lo mejor de lo mejor.” Hizo una pausa dramática antes de continuar: “Ese es el resultado.

Claro, le añadí un poco de mi ciencia avanzada y algo de magia para asegurarme de que fuera imparable.” “Pues verá, señor,” comenzó Meloc continuo su explicación, “ese monstruo está compuesto por partes de criaturas extraordinarias.” Hizo una pausa, disfrutando de cada detalle que iba revelando.

“Las patas son de un gato similar a una pantera, el más rápido que existía…

o bueno, que existía,” explicó, dejando entrever su participación en su desaparición.

“Ese pelaje en su torso pertenece a un zorro especializado en combate.

Cuando entra en acción, su pelaje se endurece como si llevara una armadura puesta.” Meloc extendió una mano hacia su creación, señalando sus características mientras hablaba.

“Esa cola y uno de los brazos son de un cocodrilo rey, un animal extremadamente letal.

Su mordida equivale a la de un tiburón, y su cola es tan fuerte como una bola de demolición, además de ser resistente como el caparazón de una tortuga.

La otra mano tiene la apariencia de un lobo: su mordedura es poderosa, pero sus garras pueden desquebrajar el metal más duro como si fuera papel.” Meloc hizo una pequeña pausa para tomar aire antes de continuar.

“Esas alas que lleva pertenecen a una enorme ave capaz de generar vientos devastadores.

Incluso podría crear un ciclón si se lo propone.” Una sonrisa satisfecha cruzó su rostro.

“Y, por último, la cabeza…

¡Ah, esa cabeza!” exclamó, señalándola con entusiasmo.

“La encontré por ahí.

Parecía pertenecer a alguien muy fuerte, probablemente de la realeza de Avocadalia, dado su color dorado.

Pero tuvo un final trágico por estar en el lugar y momento equivocados.” Encogió los hombros con indiferencia.

“Lamentablemente, ahora está algo oscurecida debido al estado putrefacto en el que la encontré y a los experimentos que realicé.

Aun así, sigue siendo impresionante.” “Todas estas partes lograron juntarse gracias a su compatibilidad natural,” añadió Meloc, orgulloso de su creación.

“Pero reduje su poder para que pasara desapercibido ante los demás.

Los hilos mágicos cosidos en su boca lo mantenían bajo control, aunque aún contiene mucho poder contenido que lo vuelve errático.

En este estado, entra en un modo asesino, como un animal salvaje completamente guiado por instinto.

Solo con darle una orden, no parará hasta acabar con su objetivo.” “Pero eso lo convierte en una bestia incapaz de ser controlada,” interrumpió Tertrol con una mueca de desagrado.

“Sí, señor, pero menos mal que no soy iluso,” respondió Meloc rápidamente, intentando calmar cualquier preocupación.

“Le coloqué un chip como medida de seguridad.

Si se descontrola y decide atacarme, puedo incapacitarlo al instante.” “Interesante,” dijo Urugas, cruzándose de brazos mientras observaba al Gibrido con una mezcla de fascinación y repulsión.

“Has hecho un buen trabajo, pero para la próxima asegúrate de que no sea tan…

repugnante.

O yo mismo haré algo similar contigo.” “Entendido, señor,” respondió Meloc, tragando saliva nerviosamente.

Mientras tanto, Toco-Toco intentaba localizar al Gibrido, cuya velocidad era abrumadora.

“Es muy rápido,” murmuró el felino, girando la cabeza en todas direcciones.

De repente, el monstruo reapareció frente a él sin previo aviso.

Con un movimiento fulminante, lanzó otro rodillazo devastador contra Toco-Toco, enviándolo volando por los aires.

Pero el ataque no terminó ahí.

Mientras el felino estaba suspendido en el aire, la criatura continuó golpeándolo con una serie de ataques brutales, impidiendo que pudiera reaccionar.

Finalmente, estampó a Toco-Toco contra el suelo con la fuerza de un meteorito impactando contra la Tierra.

“Maldición…

¿Qué fue eso?” murmuró Toco-Toco mientras trataba de incorporarse, su cuerpo lleno de heridas y grandes magullones que sangraban profusamente.

“Señor gato, ¿está bien?” preguntó Milko desde el brazo poseído de Toco-Toco, preocupado por el estado del felino.

“Sí…

creo que voy a estar bien,” respondió Toco-Toco con dificultad, escupiendo un hilillo de sangre que brotaba de su boca.

“Pero no puedes poseer todo mi cuerpo, ¿verdad?

Solo ese brazo…” “Así es, señor,” respondió Milko con un tono de disculpa.

“Solo puedo controlar algo pequeño, como este brazo.

Por ahora, al menos.” “Ya lo sé, pero si no hay de otra…

No sé cómo vamos a vencer a esa cosa, pero algo se me ocurrirá,” dijo Toco-Toco, tratando de mantener la calma y la determinación.

“¡Pronto, señor!

Póngase en guardia, ¡ahí viene de nuevo esa cosa!” gritó Milko, alertando a Toco-Toco justo a tiempo.

El Gibrido se lanzó hacia ellos con una velocidad abrumadora, pero Toco-Toco logró esquivar el ataque gracias a la coordinación con Milko.

“Gracias,” dijo Toco-Toco rápidamente mientras se recuperaba del susto.

“Sí, pero cuidado, señor gato.

Esa cosa no deja de atacar, es como si usted fuera su único blanco,” indicó Milko con urgencia.

“Así parece…

Y no parará hasta que me mate,” respondió Toco-Toco mientras intentaba esquivar los potentes golpes del monstruo, cuyos ataques eran implacables.

Toco-Toco decidió usar el poder de sus garras contra el Híbrido, lanzándose hacia él con determinación.

Sin embargo, cuando sus garras impactaron contra el pecho del monstruo, no lograron penetrarlo.

El pelaje de zorro que cubría la criatura actuó como una armadura impenetrable, desviando el ataque sin problemas.

El Gibrido aprovechó la oportunidad para agarrar al felino del cuello con una fuerza brutal.

Lo estampó contra el suelo con violencia antes de levantarlo nuevamente y lanzarlo lejos con un golpe devastador.

El monstruo parecía disfrutar del momento, lamiendo la sangre de Toco-Toco que había caído sobre su rostro.

Con una sonrisa siniestra, volvió a avanzar hacia el felino, buscando terminar lo que había empezado.

Toco-Toco cayó violentamente contra una roca, estrellándose de frente.

Los escombros cayeron sobre él debido a la potencia del impacto.

“¡Señor gato, está bien!” gritó Milko desde la pata poseída, observando con angustia cómo Toco-Toco permanecía inmóvil.

Pero no hubo respuesta.

Milko lo llamó repetidamente, cada vez más asustado.

El Gibrido estaba a punto de llegar hasta el felino, y Milko sabía que no había tiempo que perder.

En medio de la oscuridad, Toco-Toco escuchó una voz familiar resonando en su mente.

“¿Es este acaso mi final?

No voy a poder devolverle el favor al muchacho,” pensó Toco-Toco con amargura, sintiendo cómo sus fuerzas se desvanecían.

“Toco-Toco,” dijo la voz en su mente.

Era una voz calmada pero firme.

“¿Señor Avocios?

Miau…

¿Qué hace en mi mente?” preguntó Toco-Toco, sorprendido al reconocer al espíritu de su creador que lo había guiado antes.

“No hay tiempo, muchacho.

Debes ponerte de pie.

El monstruo se acerca a ti,” respondió Avocios con urgencia.

“No puedo, señor…

Ya no me quedan fuerzas.

Creo que no pude cumplir con el cometido que me dio, y ahora no podré salvar a Paltio,” dijo Toco-Toco con voz débil, cargada de frustración y culpa.

“Aún hay tiempo y esperanza.

El tiempo se le acaba a Paltio, pero su corazón aún late.

Débil, pero late.

Vamos, tú puedes.

Eres especial, muchacho,” dijo Avocios, sus palabras llenas de convicción.

Las palabras de Avocios hicieron que algo dentro de Toco-Toco despertara.

Sorpresa y determinación inundaron su mente, seguidas de una furia renovada.

“Hay alguien que te puede ayudar,” dijo Avocios con calma mientras su voz resonaba en la mente de Toco-Toco.

De pronto, cerca de él, apareció la figura de Siri, la madre de Toco-Toco.

Su presencia era cálida y reconfortante, como un rayo de luz en medio de la oscuridad.

“Mi niño,” comenzó ella con ternura, “entiendo lo que te dijo Avocios, pero yo sé que tú puedes hacerlo.” Observó cómo lágrimas silenciosas brotaban de los ojos de su hijo.

“Sécate esas lágrimas,” le pidió con dulzura.

“Si estás en peligro, usa nuestro recurso más preciado.” “Pero, mamá…

Yo no pude salvarlos a ti ni a papá.

Lo siento tanto,” dijo Toco-Toco con voz quebrada, lleno de culpa y tristeza.

“Lo sé, mi pequeño,” respondió Siri sin dejar de sonreír.

“Pero tu padre y yo estamos orgullosos de ti.

Solo acaba con tu enemigo frente a ti.

Hazlo por nosotros, por ti y por tus amigos.” “Lo intento, mamá, pero esa cosa es poderosa…

Y ahora sé lo que me reveló Avocios,” respondió Toco-Toco, cabizbajo, sintiendo cómo el peso de la situación lo llevaba al borde de la rendición.

“Tranquilo, mi pequeño,” dijo Siri, colocando una mano fantasmal sobre su cabeza.

“Tú puedes.

Usa nuestra reliquia familiar; con ella podrás vencerlo.

Ve y salva a tu amigo.

Vamos, yo confío en ti.” Con esas palabras, la figura de Siri comenzó a desvanecerse lentamente, transformándose en una luz suave que envolvió a Toco-Toco.

“Eso es lo máximo que pude convocar a su espíritu, pequeño,” dijo Avocios desde la distancia de la mente del felino.

“No se preocupe, mi señor.

Ya sé qué debo hacer, miau” respondió Toco-Toco, secándose las lágrimas con determinación renovada.

Abrazó la luz que quedaba de su madre, sintiendo cómo la fuerza y el amor de su familia fluían dentro de él.

El Gibrido seguía aferrado al cuello de Toco-Toco, levantándolo del suelo con una fuerza descomunal.

Milko intentaba desesperadamente usar la pata poseída del felino para liberarlo, pero sus esfuerzos eran inútiles contra la brutalidad del monstruo.

“¡Es inútil!” gritó Milko, frustrado.

“¡Esta cosa es demasiado fuerte!” En ese momento, una luz intensa comenzó a emanar del cuerpo de Toco-Toco.

Era un brillo dorado que iluminó todo el campo de batalla, obligando al Gibrido a retroceder unos pasos, sorprendido por el repentino cambio.

“¿Qué es esto?” exclamó Milko, asombrado al ver cómo la energía envolvía a Toco-Toco.

La luz parecía vibrar con vida propia, cargada de poder ancestral y una determinación inquebrantable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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