La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 224
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- Capítulo 224 - 224 Gato de Guerra
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224: Gato de Guerra 224: Gato de Guerra “Toco-Toco, ¡debes levantarte!” gritó Milko desde la garra del felino que estaba poseyendo.
Sin embargo, el gato no respondía a su llamado incesante.
En su mente, Toco-Toco había tenido una visión con Avocios y su propia madre, quienes le recordaron su fuerza interior y lo animaron a seguir luchando.
Pero en el mundo físico, su cuerpo seguía inmóvil bajo los escombros.
El Gibrido llegó hasta los restos donde yacía Toco-Toco, sus enormes manos apartando piedras como si fueran hojas.
Con un movimiento rápido, tomó al felino inconsciente por el cuello, listo para acabar con él.
Milko, desesperado, usó la garra poseída de Toco-Toco para transformarla en un escudo protector.
Pero fue en vano.
El monstruo extendió sus enormes alas, generando ráfagas de viento que barrieron a Milko, alejándolo del cuerpo de Toco-Toco.
“¡No, señor Toco-Toco!” gritó Milko mientras era arrojado al suelo por los vientos.
“Lo siento, señor… No puedo ayudarlo… Y ahora no podré ayudarlo a llegar donde Paltio.” El Gibrido apretó aún más el cuello de Toco-Toco, ejerciendo una fuerza brutal como si quisiera separarle la cabeza del cuerpo.
“¡No!” gritó Milko, horrorizado ante la escena.
Pero justo antes de que el golpe final se consumara, Toco-Toco volvió a su forma normal de gato.
Con un salto ágil, escapó de las manos del monstruo, dejando al Gibrido sorprendido.
Este intentó atraparlo nuevamente, pero Toco-Toco ya estaba fuera de su alcance.
Con un movimiento preciso, el felino saltó sobre los brazos del monstruo y agarró el medallón dorado con un rubí carmesí incrustado que llevaba colgado en su cuello.
Lo abrió por la mitad, revelando dos piezas que colocó rápidamente en su frente.
De inmediato, una luz dorada cegadora brotó del medallón, dejando al Gibrido temporalmente desorientado.
Una luminiscencia rojo carmesí se mostró luego, del mismo tono que el rubí, envolvió a Toco-Toco.
Su cuerpo comenzó a cambiar drásticamente.
El cuerpo del gato comenzó a crecer rápidamente, expandiéndose hasta alcanzar el tamaño imponente del Gibrido.
Sus músculos se hincharon con una fuerza sobrenatural, marcándose bajo su piel como si estuvieran forjados en acero puro.
Su pelaje oscuro se iluminó desde dentro, transformándose en un plateado reluciente que parecía capturar la luz misma, proyectando destellos metálicos con cada movimiento.
Su rostro cambió por completo, adoptando una expresión seria y dominante que irradiaba autoridad.
Sus ojos, ahora más grandes y brillantes, adquirieron un brillo penetrante que parecía capaz de atravesar el alma de cualquiera que lo mirara directamente.
Era una mirada que no solo inspiraba temor, sino también respeto absoluto.
Las piezas doradas del medallón cobraron vida propia, desprendiéndose de su estructura original para fusionarse con su cuerpo.
Se convirtieron en guantes y botas resplandecientes que cubrieron sus extremidades, otorgándole un aire majestuoso.
Ahora erguido sobre dos patas, abandonó definitivamente su forma anterior de pantera que caminaba a cuatro.
El traje azul que solía cubrirlo desapareció, reemplazado por una armadura imponente de tonalidades azul océano.
Cada placa de la armadura reflejaba su nueva naturaleza: la de un guerrero legendario listo para enfrentar cualquier amenaza.
La presencia de Toco-Toco era abrumadora.
No solo había cambiado físicamente; su aura vibraba con una energía poderosa que resonaba en el aire, como si la tierra misma reconociera al Gato de Guerra que acababa de despertar.
“¿Qué es eso?” exclamaron todos, asombrados al presenciar la transformación del felino.
“Señor gato…” murmuró Milko, maravillado al ver la nueva figura de Toco-Toco.
Toco-Toco, ahora convertido en una entidad mucho más poderosa, observó al Gibrido con una frialdad implacable.
“Ya no me dejaré vencer, maldito monstruo,” declaró con una voz profunda y resonante.
“Recibirás el castigo del Warcat o gato de guerra por ser una abominación de la naturaleza.” En ese momento, una serie de flashbacks inundaron la mente de Toco-Toco.
“Mamá, ¿qué es esto?” preguntó una versión joven de Toco-Toco, sosteniendo un medallón dorado con un rubí carmesí incrustado.
“Esto, hijo mío, es un regalo de tu abuela.
Ha pasado de generación en generación gracias a la voluntad de nuestro señor Avocios,” respondió Siri con una sonrisa cálida.
“Se llama el Rubí de Guerra.” “¿Rubí de Guerra?” repitió el pequeño gato, maravillado por el nombre.
“Así es, pequeño.
Este es un arma muy poderosa que nosotros, los felinos, debemos cuidar y no dejar que caiga en malas manos.
Es el poder de último recurso que solo los felinos podemos usar.
Te hará más fuerte y cambiará por completo tu forma de pelear.
Tus enemigos huirán ante semejante poder.” “¡Oh!” exclamó el pequeño Toco-Toco, asombrado por las palabras de su madre.
“Algún día será tuyo cuando yo no esté contigo.
Este medallón te mantendrá cerca de tus antepasados… y de mí,” dijo Siri con ternura antes de añadir: “Bueno, basta de historias.
Es hora de dormir.” Otro recuerdo apareció frente a sus ojos.
Esta vez, su madre estaba en un campo de batalla, gravemente herida.
Con su último aliento, le entregó el medallón.
“Solo nuestro clan puede usarlo, y ahora lo tendrás tú, mi pequeño.
Cuídalo con sabiduría,” dijo Siri débilmente.
“Pero…
¡debiste usarlo tú!
Yo no sé cómo usarlo,” protestó Toco-Toco, lleno de angustia.
“Shh…
Mi pequeño, esto es tuyo ahora.
Y mientras este medallón esté contigo, yo estaré contigo,” respondió Siri con su último suspiro antes de cerrar los ojos para siempre.
De vuelta en la pelea actual, Milko observaba asombrado la transformación de Toco-Toco.
“¿Gato de Guerra?” murmuró Milko, incrédulo ante la nueva figura del felino.
“Sí, pequeño Milko.
Gracias por ayudarme.
Ahora depende de mí acabar con esta cosa frente a nosotros, miau,” dijo Toco-Toco con una voz más profunda y adulta, cargada de determinación.
“Bien, lo dejo en tus manos…
digo, patas,” respondió Milko, observando cómo el felino se erguía imponente frente al Gibrido, que comenzaba a recuperar la vista tras haber sido cegado por el brillo del medallón.
“¡Bah!
Tiene una nueva forma, pero así cambies no le ganarás a mi creación.
¡Ríndete, gato tonto!” gritó Meloc desde las sombras.
“¡Acaba con él, mi Gibrido!” ordenó a su monstruo.
“Ya voy por ti, Paltio.
Solo dame un poco más de tiempo.
Primero déjame acabar con esta cosa que nunca debió existir,” murmuró Toco-Toco para sí mismo, sus ojos brillando con resolución.
El Gibrido se lanzó hacia el felino con golpes rápidos y brutales, intentando derribarlo.
Sin embargo, Toco-Toco no se movió ni un centímetro.
Los espectadores pensaron que el impacto lo mataría, pero para su sorpresa, el felino permaneció completamente ileso.
“Mi turno,” dijo Toco-Toco con calma, deteniendo ambas manos del Gibrido en un abrir y cerrar de ojos, incluso a la velocidad con la que su enemigo lanzaba los golpes.
Con un movimiento fluido, lanzó una patada devastadora que envió al monstruo volando varios metros de distancia.
El monstruo cayó con una fuerza devastadora sobre una gran roca cercana, partiéndola limpiamente en dos.
“¿Qué?
¿Pero cómo?” balbuceó Meloc, incrédulo al ver a su creación derribada de esa manera.
“¡Vamos, mi bestia!
¡Levántate y acaba de una vez con tu enemigo!” ordenó con furia, su voz cargada de impaciencia.
El Gibrido se levantó lentamente, sus músculos tensos y su mirada siniestra fija en el felino frente a él.
Aunque tenía algunos golpes visibles en su cuerpo, seguía emanando una presencia amenazante, como si no pudiera ser detenido tan fácilmente.
“Señor gato…
usted se volvió alguien muy fuerte,” dijo Milko con admiración, observando al felino conocido como Toco-Toco con asombro.
“Gracias, mamá,” murmuró Toco-Toco en voz baja, sintiendo con orgullo el poder que fluía por su cuerpo.
Por un breve instante, alcanzó a ver la imagen de su madre sonriéndole desde lejos, como una luz cálida que lo llenaba de determinación.
“Esto no se acaba, mi muchacho.
Date prisa y acaba con esa cosa,” le dijo la imagen de Siri antes de desvanecerse lentamente en el aire.
“Sí,” respondió Toco-Toco en su mente, cerrando los ojos por un momento para absorber las palabras de su madre.
Cuando los abrió nuevamente, su mirada estaba llena de resolución.
Estaba listo para enfrentarse una vez más al Gibrido.
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