La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 226
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- Capítulo 226 - 226 Héroes en Todos Los Tamaños
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226: Héroes en Todos Los Tamaños 226: Héroes en Todos Los Tamaños Mientras Avocios descendía de la nube, avanzando lentamente con la ayuda de Toco-Toco, llegó hasta el cuerpo inerte de Paltio.
Cada paso que daba parecía costarle un esfuerzo titánico, como si su energía vital se desvaneciera con cada instante.
Sin embargo, aún conservaba suficiente poder para realizar un último acto monumental.
Con un leve gesto de su mano, Avocios detuvo el tiempo, paralizando todo a su alrededor en un silencio absoluto.
Luego, usando sus últimas reservas de energía, abrió un enlace mental con todos los presentes.
Su voz resonó en sus mentes, cálida pero cargada de urgencia, como un eco que trascendía el espacio y el tiempo.
“Amigos, guardianes, seres de este mundo… Les habla Avocios, su creador,” comenzó, su tono lleno de emoción y determinación.
“Hemos llegado al punto decisivo.
La lucha que enfrentamos no es solo por nuestras vidas, sino por un futuro lleno de esperanza y luz.
No podemos rendirnos ahora.
Confío plenamente en ustedes, en su fuerza y en su corazón.” Sus palabras fluyeron como una corriente de energía pura, tocando las almas de quienes lo escuchaban.
Era más que un llamado a la acción; era una despedida, una última entrega de sabiduría y confianza antes de que su tiempo llegara a su fin.
“Continúen adelante.
Peleen por este mundo, peleen por todo lo que aman.
Solo así podremos asegurar un mañana mejor.” El enlace mental se desvaneció lentamente, dejando una sensación de calidez y renovada determinación en quienes lo habían recibido.
Avocios, exhausto pero sereno, miró al cuerpo inerte de Paltio con una mezcla de ternura y orgullo.
Sabía que su sacrificio no sería en vano.
Pronto, al escuchar esas palabras, los amigos de Paltio comenzaron a sentir una energía renovada y un espíritu inquebrantable.
Uno a uno, se levantaron de los peligros en los que estaban atrapados, sintiendo el llamado de su creador como un eco que resonaba en sus corazones.
Rykaru y Lucca, quienes habían estado encerrados en el carrusel de sueño de Solz, empezaron a recuperar fuerzas.
Una luz de energía renovada recorrió sus cuerpos, rompiendo la prisión que los mantenía cautivos.
Solz, sorprendido al ver que ambos habían escapado de su “Carrusel Colgante de Sueños”, se enfureció y fue a confrontarlos.
“¡Haremos lo que dijo Avocios!” declaró Lucca con firmeza.
“¡Sí, por Avocios y por mi papi Paltio!” añadió Rykaru con determinación.
Ambos lanzaron un puñetazo cargado de energía hacia Solz, impactándolo directamente en el rostro y sacándolo despedido de la cama caracol en la que estaba, haciéndolo caer varios metros más abajo.
Solz se levantó rápidamente, furioso y humillado.
“¡¿Cómo se atreven a golpearme?!
¡Nadie me golpea ni interrumpe mis sueños!” gritó, su voz temblando de ira.
“Sí, bla, bla,” respondió Rykaru burlonamente, haciendo un gesto con la mano como si imitara una boca hablando sin cesar.
“¡Te burlas, enano insolente!
¡Pagarás caro tu osadía!” rugió Solz, apretando los puños con rabia.
“Quise ser indulgente contigo y tenerte como adorno en mi Carrusel Colgante de Sueños, pero ahora sufrirás las consecuencias.” “¿Tú y quién más?” replicó Rykaru mientras lanzaba un golpe de energía desde su puño hacia Solz.
“¡Espera…
qué?!
¿Por qué no puedo parar el tiempo?
¡Alguien está interviniendo!” exclamó Solz, notando que algo extraño estaba ocurriendo.
Pero ya era demasiado tarde; el ataque siguió su curso y lo golpeó de lleno.
Solz retrocedió, visiblemente afectado.
“¡No puede ser!
¡Esto es inaudito!
¿Quién está ayudándolos?” gritó, sus ojos brillando con un odio profundo.
“¡Demonio del Sueño, ven a mí!” invocó Solz, cerrando los ojos con fuerza.
En un abrir y cerrar de ojos, su cuerpo comenzó a transformarse en una criatura horripilante.
Unos cuernos retorcidos brotaron de su cabeza, una cola larga y afilada emergió de su espalda, y unas alas parecidas a las de un murciélago se extendieron majestuosamente.
En su mano apareció una lanza con una punta extremadamente filosa, reluciente bajo la tenue luz.
“¡Ahora sí, morirán!” declaró Solz en su forma demoniaca, su voz resonando con un tono oscuro y amenazante.
“¡Qué horrible resultó ser!” comentó Lucca, mirando con asco la nueva forma de Solz.
El demonio se acercó a ellos con pasos lentos pero amenazantes.
Rykaru intentó dar el primer golpe, pero el demonio bloqueó fácilmente el ataque con su lanza y contraatacó, golpeando a Rykaru en el estómago y lanzándolo lejos.
“¡Sigues tú, maldito viejo!” gruñó Solz, dirigiéndose a Lucca con una voz cargada de malicia.
“¡No lo creo!” respondió Lucca con calma mientras detenía el ataque de Solz, quien venía con toda su fuerza.
“¡Esta vez pelearé en serio yo también!” dijo Lucca mientras partía su bastón a la mitad.
De cada extremo emergieron dos espadas: una larga y otra corta, ambas relucientes con un brillo místico.
“Espadas de Serlet, así las he bautizado en honor a mi señor Serlet,” añadió Lucca con una sonrisa confiada mientras bloqueaba otro ataque de Solz.
“¡Tú, maldito hombre brócoli!” gritó Solz, furioso al ver cómo Lucca seguía esquivando sus golpes con facilidad.
Los ataques de la lanza de Solz se volvían cada vez más rápidos, pero Lucca no cedía.
Con un movimiento ágil, invocó un poder ancestral.
“¡Fuego!” exclamó, y la espada larga se embebió en llamas ardientes que comenzaron a quemar la lanza de Solz.
“¡Tonto!
¡El fuego no me hará nada!” se burló Solz, apagando las llamas con un gesto despectivo.
“No era por eso,” respondió Lucca con calma mientras se agachaba.
En ese preciso instante, Rykaru apareció detrás de él, cargando un puño lleno de energía azul brillante.
Con un grito de guerra, lanzó un potente golpe directo al rostro de Solz, enviándolo volando varios metros hacia atrás.
“¡Otra vez osan dañarme y no me dejan dormir!
¡Tomen esto, zombis del sueño!” rugió Solz, levantando su lanza al cielo.
Un círculo mágico apareció bajo sus pies, y de él emergieron decenas de monstruos dormidos que rápidamente cobraron vida.
Con ferocidad insaciable, se lanzaron hacia Rykaru y Lucca a toda velocidad.
“Lucca,” dijo Rykaru, preparándose para el enfrentamiento.
“¿Sí?” respondió Lucca con una sonrisa confiada.
Ambos intercambiaron una mirada rápida antes de posicionarse espalda contra espalda.
Los monstruos comenzaron a rodearlos, pero Rykaru concentró energía azul en sus manos, formando una esfera brillante en el centro.
Al mismo tiempo, Lucca cargó su espada con electricidad y agua, creando un aura letal a su alrededor.
Con un movimiento coordinado, ambos lanzaron sus ataques hacia las hordas de enemigos.
La esfera azul de Rykaru explotó en una onda expansiva que quemaba y destruía todo a su paso, mientras el ataque combinado de Lucca mojaba a los enemigos para luego electrocutarlos con una corriente devastadora.
Ambos se movían con precisión, cambiando de posición constantemente como si estuvieran sincronizados desde siempre, acabando con el avance implacable de los súbditos de Solz.
“¡Pero!
¡qué pasa!” se preguntó Solz, incrédulo ante lo que veía.
“Primero, mi ataque de pausar el tiempo no sirve, y ahora estos dos tienen una resistencia y fuerza mayor.
¡No puede estar pasando!
¡Un viejo y un enano no pueden derrotar a mis monstruos!” gritó, su voz llena de frustración y rabia.
Viendo que Rykaru y Lucca estaban distraídos eliminando a sus criaturas, Solz decidió aprovechar la oportunidad.
Se abalanzó hacia ellos con su lanza en alto, listo para atacar.
Sin embargo, ellos ya lo esperaban.
En un movimiento perfectamente calculado, Lucca se agachó, y Rykaru saltó sobre él como si fuera un trampolín.
Usando la fuerza acumulada, Rykaru lanzó una enorme esfera de energía brillante directamente hacia el estómago de Solz.
Una explosión masiva iluminó el campo de batalla.
Cuando el humo se disipó, Solz estaba gravemente herido, con uno de sus brazos completamente destruido.
“¡No, no puede ser!
¿Cómo hiciste eso, sabandija?” gritó Solz, su voz mezcla de dolor y furia.
Rykaru, por su parte, sonrió con satisfacción, listo para atacar nuevamente en cualquier momento.
“No…
¡Es imposible!
¿Cómo se hicieron más fuertes?” exclamó Solz, confundido y furioso.
La piedra azul claro en el centro de su casco brillaba intensamente, como si latiera con vida propia.
“Me pregunto si eso es su fuente de poder,” murmuró Lucca, observando fijamente a Solz mientras analizaba la situación.
Solz intentó contraatacar nuevamente, pero esta vez sus movimientos eran erráticos, completamente desprovistos de racionalidad.
Atacaba sin control, desesperado por recuperar la ventaja.
“Rykaru, tengo un plan,” dijo Lucca con urgencia, señalando la brillante roca azul en el casco de Solz.
“Creo que la fuente de su poder proviene de esa piedra.
Si te lanzo hacia ella, ¿puedes destruirla?” Rykaru no lo pensó dos veces.
Sus ojos se iluminaron con una determinación renovada mientras asentía con firmeza.
“Sí, lo haré.
Confía en mí,” respondió, su voz cargada de resolución.
Era evidente que ambos estaban listos para dar todo por acabar con la amenaza de Solz.
La confianza entre ellos era palpable, como un vínculo invisible que los unía en ese momento crucial.
Lucca asintió sin dudarlo.
“Entendido.
Confío en ti.” Sin pensarlo más, Lucca aprovechó un momento de descuido de Solz.
Con un movimiento rápido y preciso, canalizó la magia de sus espadas, infundiendo cada una con energía para maximizar su poder.
Agarró a Rykaru con firmeza y, con un grito de esfuerzo, lo lanzó por los aires con una fuerza impresionante.
El impulso mágico de las Espadas de Serlet brilló intensamente mientras Rykaru surcaba el cielo como un cometa.
La velocidad y precisión del lanzamiento eran asombrosas, demostrando la perfecta sincronización entre Lucca y su compañero.
Rykaru volaba alto, su cuerpo envuelto en una luz azul que contrastaba con el oscuro ambiente de la batalla.
Sabía que este era el momento decisivo, y la confianza que Lucca había depositado en él resonaba en cada fibra de su ser.
“¿Pero?
¿qué…?” gritó Solz al ver a Rykaru elevarse por encima de él, pasando por sobre su cabeza como un cometa azul.
“¡Ahora te tengo!” exclamó Rykaru mientras descendía en picada.
Antes de impactar, embebió su cuerpo en fuego azul, aumentando su velocidad y poder destructivo.
Con un rugido feroz, estrelló su puño directamente contra la piedra en la frente de Solz, quien había cometido el craso error de mirar hacia arriba.
“¡Toma esto!
¡Esto es por crear una copia de mi papi y confundirme!” gritó Rykaru con una mezcla de furia y determinación.
Con un rugido poderoso, estrelló su puño cargado de energía contra la piedra azul en el casco de Solz.
El impacto resonó como un trueno, enviando ondas de choque que iluminaron el campo de batalla.
La piedra, que hasta entonces había parecido invulnerable, comenzó a agrietarse bajo la fuerza devastadora del golpe.
Rykaru no solo estaba luchando contra Solz; estaba liberando toda la frustración y dolor acumulados desde que su padre fue usado como un peón en los engaños del enemigo.
Cada palabra, cada grito, era un eco de su deseo de justicia.
Un sonido estridente resonó en el aire cuando la piedra comenzó a agrietarse.
En cuestión de segundos, se partió en mil pedazos, liberando una energía brillante que iluminó todo el campo de batalla.
Solz empezó a gritar desesperado, su cuerpo temblando mientras la destrucción de la piedra lo consumía.
“¡No!
¡Ustedes no me van a derrotar!” rugió, tratando de recuperar el control.
Con un último esfuerzo, se lanzó hacia Rykaru, quien aún estaba en el suelo recuperándose del impacto.
“¡No lo creo!” respondió Lucca, corriendo hacia Solz con todas sus fuerzas.
En sus manos, las Espadas de Serlet brillaban con una luz intensa mientras formaban una media luna de energía.
“¡Desaparece, demonio!” gritó Lucca antes de lanzar el ataque final.
“¡NOOOOO!” fue el último grito de Solz mientras el poder combinado de Lucca y Rykaru lo envolvía por completo, desintegrándolo en una explosión de luz y energía.
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