La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 227
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- Capítulo 227 - 227 El Punto Débil Revelado
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227: El Punto Débil Revelado 227: El Punto Débil Revelado “Toma esto, maldito demonio,” dijo Lucca mientras cruzaba sus dos espadas en un movimiento preciso, cortando limpiamente al debilitado Solz para salvar a Rykaru.
El ataque fue devastador, causando un dolor irritable que hizo que Solz lanzara un grito desgarrador.
“¡NO!” rugió Solz con su último aliento antes de caer al suelo, derrotado.
Sus ojos se quedaron en blanco mientras murmuraba débilmente: “Malditos…
Yo solo quería dormir a gusto.” Rykaru se levantó lentamente y, con curiosidad, intentó picar el cuerpo inmóvil de Solz con su mano.
Al no obtener respuesta, sonrió con satisfacción.
“Eso quiere decir que nosotros ganamos,” dijo el pequeño con una sonrisa triunfal.
“Así parece,” respondió Lucca mientras observaba el cadáver de Solz.
“¿Quién iba a pensar que su punto débil era esa piedra azul en su casco?” “Eso quiere decir que por fin cumplió su deseo de descansar,” dijo Rykaru con una mezcla de satisfacción y cierta melancolía mientras observaba los restos de Solz desvanecerse en el aire.
“Bueno, en parte sí… Pero no deberías decirlo así,” respondió Lucca con seriedad, aunque su tono era amable.
“Aunque fuera nuestro enemigo, luchó por lo que creía.
No olvides que incluso aquellos que nos enfrentan tienen sus propias razones.” Rykaru asintió lentamente, reflexionando sobre las palabras de Lucca.
A pesar de todo, ambos compartieron una pequeña sonrisa aliviada, conscientes de que habían logrado algo importante.
Habían vencido a un adversario formidable y, al hacerlo, habían dado un paso crucial hacia la paz que tanto anhelaban.
“De todas formas…
Lo logramos,” dijo Rykaru finalmente, dejando atrás cualquier rastro de duda.
“Así es,” respondió Lucca, colocando una mano en el hombro del pequeño.
“Y esto no es el final.
Es solo el comienzo de algo mucho mayor.” Ambos se miraron por un momento antes de dirigir sus ojos hacia el horizonte, donde el campo de batalla comenzaba a desmoronarse lentamente.
A pesar de la destrucción a su alrededor, sentían una renovada esperanza.
La victoria no solo significaba haber derrotado a Solz, sino también haber demostrado que incluso en los momentos más oscuros, la unidad y la determinación podían iluminar el camino hacia un futuro mejor.
“Bien hecho, guerreros,” resonó la voz de Avocios en sus mentes.
“Me alegra que hayan encontrado su punto débil.
Ahora, salgan de allí rápido.
Este lugar está comenzando a desmoronarse tras la muerte de Solz, el dueño de este dominio del sueño.” El espacio a su alrededor empezó a temblar y colapsar, como si el mismo aire estuviera siendo arrancado.
Sin perder tiempo, Rykaru y Lucca corrieron hacia la salida, sabiendo que no había un segundo que perder.
Entre tanto, en otro lugar, Lume y Lukeandria luchaban contra una situación igual de desesperada.
El ácido estaba a punto de alcanzarlos cuando, de repente, el avance del líquido se detuvo abruptamente.
“Muchachos,” dijo la voz de Avocios en sus mentes.
“Deben acabar con esto de una vez.
Si destruyen la piedra en el casco de su enemigo, podrán debilitarlo y vencerlo.
He parado el tiempo por unos instantes.
Rápido, acaben con ella.” “Gracias, Avocios,” respondió Lukeandria con urgencia.
Lukeandria miró a su alrededor y rápidamente ideó un plan.
“Lume, necesitamos crear varias copias de nosotros mismos.
Así podremos llenar este lugar y abrir una grieta para escapar.” Lume asintió y volvió a su forma anterior, capaz de generar múltiples clones.
Ambos comenzaron a crear copias idénticas, una tras otra, hasta que el lugar estaba completamente abarrotado.
Algunos clones se incrustaron en las espinas del entorno, pero los que seguían emergiendo poco a poco llenaron el espacio hasta rebalsarlo.
La presión acumulada finalmente provocó una pequeña grieta en la estructura que ambos aprovecharon para escapar.
Una vez afuera, Lume regreso a su forma Felica y permitió que Lukeandria subiera a su lomo.
“Listo, somos libres,” dijeron ambos al unísono, respirando aliviados.
“¿Pero?
¿cómo salieron de allí?” preguntó Lusta con incredulidad, su voz cargada de rabia.
“¡Ya estaban perdidos y próximos a morir por mi trampa!
¿Qué hicieron?” “Pues esto,” respondieron Lume y Lukeandria con una sonrisa confiada.
Del agujero por el que habían escapado, colocaron un enorme corcho creado gracias al poder de Lume y la intervención temporal de Avocios.
Acto seguido, crearon un camino con unos tubos que, al abrirse, expulsaron el líquido ácido a presión directamente hacia Lusta.
El ácido cayó sobre ella, cubriendo su rostro y cuerpo por completo.
“¡NO!
¡Mi hermoso cuerpo!
¡Mi rostro!” gritó Lusta mientras se retorcía de dolor.
Su piel comenzó a derretirse rápidamente, disolviendo su figura hasta que desapareció por completo.
“Vaya, creo que ya acabamos con esa odiosa mujer,” dijo Lume con satisfacción mientras observaba los restos del charco ácido.
“Sí, es momento de irnos,” respondió Lukeandria, ajustándose el equipo y preparándose para partir.
Pero antes de que pudieran dar un paso, una voz distorsionada y cargada de odio emergió del charco.
“¡Ustedes no van a ningún lado!
¡Malograron mi hermoso rostro y cuerpo!
¡Pagaran por esto!” gritó Lusta con furia.
“¡Demonio de la lujuria, ven a mí!” invocó Lusta, su voz resonando como un eco maligno.
Del charco comenzó a emerger una criatura grotesca y horripilante.
Tres cabezas se alzaron imponentes: una era un conejo en el lado izquierdo, otra una cabra en el derecho, y en el centro, un demonio de color rojo fuego con seis ojos brillantes.
El resto del cuerpo seguía emergiendo lentamente, revelando una bestia similar a un perro cubierto de escamas metálicas y una enorme cola terminada en púas afiladas.
“¿Qué cosa tan horrible es esta?” murmuró Lukeandria, visiblemente perturbada al ver la forma demoniaca de Lusta.
“Ni que lo digas,” respondió Lume, también impresionado por la transformación.
“¡Ustedes, malditos!
¿Cómo osan hacerme daño?
Ahora que han visto mi verdadera forma, no vivirán para contarlo,” rugió la bestia con sus tres voces combinadas, lanzando desde cada cabeza un torrente de fuego abrasador.
“¡Cuidado!” gritó Lume, rápidamente cargo a Lukeandria en su lomo para escapar del ataque.
Las llamas pasaron a centímetros de ellos, dejando marcas negras en el suelo donde impactaron.
“¡No huyan, cobardes!” bramó Lusta, avanzando con pasos pesados que hacían temblar el terreno bajo sus pies.
“¿Qué hacemos, Lume?” preguntó Lukeandria mientras observaban a la bestia desde una roca cercana.
“Parece como la vez que peleamos contra el Lavafire, pero en versión aún más peligrosa.
Seguro podemos con esta,” respondió Lume con confianza renovada.
“Bien,” asintió Lukeandria.
Pero antes de que pudieran continuar hablando, la voz de Avocios resonó en sus mentes.
“El punto débil de su enemigo es la piedra que lleva en la frente de la cabeza central,” indicó Avocios con calma.
“Así que es esa piedra…” murmuró Lukeandria, estudiando cuidadosamente a la bestia mientras señalaba la gema incrustada en la frente del demonio central.
“Gracias, señor,” respondieron ambos mentalmente, sintiendo cómo la información les daba una nueva estrategia.
Lume y Lukeandria intercambiaron una mirada rápida y se pusieron de acuerdo para enfrentar al demonio que tenían enfrente.
“¡Den la cara, malditos!” gritó Lusta en su forma demoniaca, lanzando fuego infernal en todas direcciones mientras avanzaba hacia ellos.
Con rapidez, Lume creó dos copias de sí mismo, y Lukeandria hizo lo mismo.
Cada copia de la chica se subió a una de las copias de Lume, formando tres enormes zorros que avanzaron hacia su objetivo con determinación.
“Objetivo encontrado,” dijo Lukeandria mientras divisaban la piedra en la frente del demonio central.
Las copias se dividieron estratégicamente: una fue a distraer la cabeza del conejo, otra a la de la cabra, mientras los originales se centraron en la cabeza central.
“¡Acabaré con ustedes!” rugieron las tres cabezas de Lusta al unísono, lanzando flamas letales hacia ellos.
La cabeza del conejo y la de la cabra acabaron rápidamente con las copias de Lume y Lukeandria, reduciéndolas a cenizas.
Sin embargo, los originales seguían firmes.
“¡Ahora!” exclamó Lukeandria, saltando del lomo de Lume justo a tiempo para evitar otro ataque.
Con su escudo en forma de media luna, se ancló en la barbilla de la cabeza central mientras Lume escapaba hábilmente del alcance de las llamas.
“¿Qué haces, maldita?” rugió Lusta, sus tres cabezas retorciéndose de furia mientras preparaba otro ataque devastador.
Sus ojos ardían con un brillo malévolo mientras fijaba su atención en Lukeandria, quien se afianzaba con valentía en su barbilla escamada.
“Yo no me quemaré, pero la pregunta es… ¿tú lo harás?” respondió Lusta con una sonrisa siniestra antes de lanzar un torrente de fuego infernal directamente hacia Lukeandria.
Lusta lanzó un torrente de llamas hacia Lukeandria, convencida de que había consumido a su oponente en el abrasador ataque.
Las llamas envolvieron su barbilla con una intensidad devastadora, iluminando todo a su alrededor con un resplandor anaranjado.
Sin embargo, cuando el fuego se disipó, no quedó rastro de Lukeandria.
“¡Ja, ja!
¡Gané, mocosa!
Ahora voy por ese zorro,” se burló Lusta, triunfante.
“Pudiste vivir tu fantasía en mi mundo de lujuria, pero desafiarme fue tu error.
Ya fuiste eliminada, muchacha.” Continuó riendo mientras disfrutaba de su aparente victoria.
Pero lo que no sabía era que Lukeandria había anticipado su movimiento.
En lugar de enfrentar directamente el ataque, había creado un clon suyo como señuelo, dejando que las llamas consumieran la ilusión mientras ella se movía estratégicamente fuera de peligro.
Lusta seguía diciendo lo ilusa que había sido la Lukeandria jactándose de haber acabado con ella.
Sin embargo, detrás de ella, una voz familiar resonó: “Detrás de ti, idiota.” Era Lukeandria, quien había sobrevivido gracias a su estrategia.
Rápidamente sacó una soga, la ancló en la cabeza de la bestia y se deslizó hacia donde estaba la piedra incrustada en la frente central.
“¿Qué haces ahí, tonta?
No podrás dañarme,” dijo Lusta, aunque un dejo de nerviosismo comenzaba a filtrarse en su voz.
“Así entonces… Si hago esto, ¿qué pasará?” respondió Lukeandria con una sonrisa confiada mientras desenvainaba su espada y la clavaba directamente en la piedra.
“¡No hagas eso!” gritó Lusta, pero ya era demasiado tarde.
Con todas sus fuerzas, Lukeandria no solo rompió la piedra una vez, sino que invocó múltiples clones de sí misma para golpearla cientos de veces hasta que la gema se hizo añicos.
La villana lanzó un grito desgarrador de dolor mientras su cuerpo comenzaba a desmoronarse.
Pero eso no fue suficiente.
En ese momento, Lume emergió de su escondite, inflando sus pulmones con determinación.
Exhaló un poderoso chorro de fuego verde que envolvió completamente a la bestia.
“¡NO!” gritó Lusta mientras su cuerpo se deshacía en polvo frente a ellos, víctima de la combinación devastadora de los ataques de Lukeandria y Lume.
“Lo logramos,” dijeron ambos al unísono, sonriendo con satisfacción.
Una copia de Lume salvó a Lukeandria justo antes de que el verdadero lanzara su ataque final.
El dominio de Lusta comenzó a desquebrajarse poco a poco, colapsando tras la derrota de su creadora.
En otro dominio, Chiki y Ron, ambos heridos y exhaustos, se encontraban atrapados en un círculo de fuego ardiente.
A su alrededor, monstruos hechos completamente de lava hirviendo avanzaban lentamente, emanando un calor insoportable que hacía temblar el aire mismo.
Sus cuerpos incandescentes brillaban con una luz rojiza, iluminando el campo de batalla como si fuera el mismísimo infierno.
Los enemigos eran numerosos y parecían imparables.
Ambos luchaban con todas sus fuerzas, pero el número abrumador los tenía acorralados.
De repente, el tiempo se detuvo por unos instantes.
Una voz familiar resonó en sus mentes.
“Señor Avocios…” murmuró Chiki, reconociendo la presencia.
“Escúchenme bien,” dijo Avocios telepáticamente.
“Aprovechen este momento para acabar con estos monstruos.
Usa tu movimiento especial, Chiki.” “¿Mi movimiento especial?” preguntó Chiki, desconcertado.
“Sí, ese que sabes usar para apaciguar las llamas,” aclaró Avocios con paciencia.
“Tiene razón, señor,” dijo Chiki, reflexionando sobre las palabras de Avocios.
Luego se volvió hacia Ron y le dijo con firmeza: “Mocoso, haz lo mismo que yo.” Ron asintió con decisión, confiando plenamente en su maestro.
Ambos se prepararon, sincronizando sus movimientos como si hubieran practicado esa técnica toda su vida.
Flexionaron las rodillas, concentrando su energía, y apuntaron sus puños hacia el centro de su estómago.
“¡ICE PUNCH!” gritó Chiki mientras liberaba una ráfaga helada que se expandió en todas direcciones.
El tiempo volvió a fluir, pero los monstruos apenas tuvieron tiempo de reaccionar.
La ráfaga congeló a todos los enemigos de lava al instante, transformándolos en estatuas frías y quebradizas que se desmoronaron en pedazos.
Incluso el círculo de fuego que los aprisionaba se extinguió por completo, dejando el campo libre.
“¿Vas a algún lado?” dijeron Chiki y Ron al unísono, sus voces cargadas de determinación a pesar de las heridas que marcaban sus cuerpos.
Aparecieron detrás de Rageret en perfecta sincronía, emergiendo de entre el humo y las llamas como dos sombras implacables.
Aunque el cansancio se reflejaba en cada respiración entrecortada y en los rasguños que cubrían su piel, sus ojos brillaban con una convicción inquebrantable.
No eran solo supervivientes; eran guerreros decididos a acabar lo que habían comenzado.
Listos para enfrentarlo, adoptaron sus posiciones de combate, preparados para lanzar todo lo que les quedaba de fuerza contra su enemigo.
Sabían que este enfrentamiento sería decisivo, pero no había duda en sus corazones: no retrocederían.
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