La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 229
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- Capítulo 229 - 229 La Armadura Carmesí
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229: La Armadura Carmesí 229: La Armadura Carmesí “¡Es tu fin!” exclamó Chiki mientras saltaba desde donde estaba, usando sus guantes de boxeo brillando con un haz de luz intensa que repelía los rayos láser que emergían de los ojos del demonio.
Con un grito poderoso, lanzó su ataque definitivo: “¡CHIKI PUNCH!” El impacto fue devastador.
Chiki alcanzó los enormes ojos de búho de Rageret, cegándolo temporalmente.
Con determinación, intentó llegar a la piedra incrustada en la frente del demonio, el punto débil que debía destruir para acabar con él.
Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarla, la enorme mano de Rageret lo atrapó con fuerza aplastante.
“No necesito ver para sentir tu presencia, tonto animal,” dijo Rageret con una sonrisa cruel.
“Siente alivio, porque morirás por la mano de un ser tan poderoso como yo.” Desde el hombro hacia abajo, todo el brazo de Rageret comenzó a arder como lava líquida, emanando un calor infernal que empezó a quemar a Chiki instantáneamente.
“Despídete de este mundo, pulgoso,” se burló Rageret con una sonrisa cruel, disfrutando del momento mientras su brazo ardía como lava líquida, envolviendo a Chiki en un calor infernal.
Pero entonces, algo inesperado ocurrió.
El antebrazo del demonio se desprendió de su cuerpo con un sonido sordo, cayendo al suelo junto con el lobo rojo.
Rageret observó la escena con asombro, incapaz de creer lo que veía.
Chiki estaba intacto, sin una sola quemadura en su cuerpo.
“¿Pero?
¿qué…?” balbuceó Rageret, confundido.
Su sorpresa aumentó al ver que Chiki estaba siendo cargado por alguien cubierto en una imponente armadura carmesí.
“¿Tú?
¿Cómo es posible?” preguntó el demonio, incrédulo ante la figura que ahora se encontraba frente a él.
Momentos antes, Ron estaba sumido en sus pensamientos mientras reunía energía para activar su carta final.
“El maestro me dijo que lograra usar mi carta final, pero necesito cargar energía de todo mi cuerpo para activarla.
Si no lo hago correctamente, no podré controlarla,” se repetía mentalmente, concentrándose al máximo.
La energía comenzó a fluir por cada fibra de su ser, extendiéndose desde su núcleo hacia cada extremidad.
Mientras tanto, los recuerdos de su entrenamiento con Chiki inundaban su mente.
“Maestro…
estoy exhausto,” murmuró Ron, tendido en el suelo, sudoroso y jadeando por el esfuerzo.
Su cuerpo temblaba ligeramente, incapaz de mantenerse en pie por más tiempo.
“Vaya, eres patético, niño pelos de césped,” respondió Chiki con su habitual sarcasmo, aunque había un destello de orgullo en su voz.
“Pero debo admitir que me sorprende el poder que guardas dentro de ti.
Esto solo puede usarse como carta final, ya que solo puedes mantenerlo activo por cinco minutos.
Ni un segundo más.” “Lo sé, maestro,” respondió Ron, aún agotado, tratando de recuperar el aliento.
“Entonces deberemos practicar aún más,” indicó Chiki, cruzándose de brazos mientras observaba cómo Ron luchaba por mantenerse consciente.
Finalmente, el cansancio venció al joven, y sus ojos se cerraron mientras caía dormido sobre el suelo.
Chiki suspiró, sacudiendo la cabeza con una mezcla de frustración y admiración.
“Este mocoso…
algún día nos sorprenderá a todos,” murmuró para sí mismo antes de alejarse, dejando a Ron descansar.
En ese momento, Ron entendió lo que debía hacer.
Cerró los ojos y comenzó a concentrar toda la energía de su cuerpo hacia su núcleo, el centro de su corazón.
“Debo contraer toda mi energía y traerla aquí,” se dijo a sí mismo, sintiendo cómo cada fibra de su ser vibraba con poder.
Al principio, observó con asombro cómo Chiki lideraba la pelea contra el enorme demonio.
Sin embargo, su expresión de admiración pronto cambió a una de puro miedo cuando vio que la vida de su maestro peligraba.
Sin pensarlo dos veces, canalizó todo el poder que había estado acumulando.
Su traje y armadura se evaporaron en un instante, reemplazados por una masa roja brillante que comenzó a expandirse desde su pecho hacia todo su cuerpo.
En cuestión de segundos, su figura quedó completamente cubierta por una armadura hecha de un extraño metal carmesí, parecido a la piel de un dragón fundido con algo más.
Incluso su rostro quedó oculto tras un casco majestuoso, cuyos laterales se extendían como alas de dragón.
Ahora, listo para enfrentar al demonio, Ron avanzó hacia Rageret con pasos firmes y decididos, sosteniendo a Chiki en sus brazos.
Sin más, como un destello al ver que la vida de su maestro peligraba, Ron salió disparado desde su posición.
Su figura se convirtió en un halo de luz carmesí que cortó limpiamente el antebrazo del demonio sin que este pudiera reaccionar a tiempo.
“¡Tú!” rugió Rageret, incrédulo, al ver su brazo amputado en el suelo y al guerrero carmesí frente a él.
Sus ojos ardían de furia mientras intentaba comprender lo que acababa de suceder.
“¿Quién eres tú?” preguntó con voz atronadora, pero rápidamente reconoció la energía familiar.
“¡Ah!
Eres el mocoso de pelos verdes que parece puerco espín…
Pero, ¿cómo?
¿Cómo obtuvo ese poder?” se dijo a sí mismo, confundido y alarmado por primera vez en mucho tiempo.
“Se encuentra bien, maestro,” dijo Ron mientras cargaba a Chiki sobre su espalda, asegurándose de que estuviera a salvo.
“Vaya, eres tú, muchacho…
¿Quién iba a pensar que vendrías a salvar a este tonto can?” comentó Chiki con su habitual sarcasmo, aunque su voz era débil.
“Bien, ya llegué.
Me voy a encargar de este sujeto,” respondió Ron con determinación.
“De acuerdo, pero no te olvides del punto débil del demonio…
Y recuerda tu tiempo,” indicó Chiki antes de desmayarse, transformándose nuevamente en el pequeño Chihuahua que todos conocían.
Rageret, furioso, se preparó para atacar a Ron, quien aún estaba conversando brevemente con Chiki.
Sin embargo, antes de que pudiera acercarse, sintió un dolor inmenso en el lugar donde Ron había cortado su antebrazo.
Retrocedió de inmediato, agarrándose el muñón ardiente con su otra mano.
“¿Pero por qué?” se preguntó Rageret en voz alta, desconcertado por el inesperado sufrimiento.
“Esto nunca me había pasado…” “Bien, será mejor que me apresure,” murmuró Ron, observando cómo la lava comenzaba a inundar todo el lugar.
“Es momento de vencerte.” Apretó los puños con firmeza, la armadura carmesí brillando con intensidad bajo la luz infernal del dominio de Rageret.
“Ja, ja…
¿Vencerme?
No te creas tan fuerte solo porque tengas ese nuevo aspecto.
¡No podrás derrotarme!” declaró Rageret, tratando de mantener su arrogancia a pesar de la situación.
Ron, quien llevaba consigo la bolsa mágica de Paltio (gracias a Toco-Toco), metió cuidadosamente a Chiki dentro de ella y se preparó para enfrentar al demonio.
El demonio lanzó su otro brazo hacia Ron con brutalidad, pero este lo esquivó con agilidad sorprendente.
Con un salto impecable, Ron subió sobre el brazo de Rageret como si el fuego que emanaba no fuera más que una brisa ligera.
En un movimiento rápido y preciso, cortó también la mitad restante del brazo del demonio.
Rageret gritó de dolor, retorciéndose mientras trataba de predecir los movimientos de Ron.
Sus enormes ojos de búho luchaban por recuperar la visión perdida, pero el guerrero carmesí era demasiado rápido.
Ron aprovechó que el demonio estaba momentáneamente incapacitado y saltó tan alto como pudo, propulsándose con una fuerza sobrenatural.
Con dos golpes devastadores directos al estómago del demonio, hizo que este cayera arrodillado al suelo, gimiendo de agonía.
“Fuiste un buen adversario,” dijo Ron con calma, mirando fijamente al demonio herido.
“Pero con mi siguiente golpe será tu fin.
Hay personas que esperan mi regreso,” añadió, levantando su puño derecho, que brillaba con un resplandor carmesí.
“No te creas tan importante, mocoso.
¡Nadie puede contra mí, el pecado de la ira!” rugió Rageret, tratando de recuperar su confianza mientras analizaba a Ron.
Sin embargo, algo no cuadraba.
“Espera…
No siento nada de ira en tu corazón,” murmuró Rageret, desconcertado.
“Solo hay tranquilidad y luz…” Su voz se volvió más sombría mientras procesaba esta revelación.
“Seguramente fuera de mis dominios aún existen corazones llenos de esos sentimientos.
Debo expandir mi influencia,” se dijo a sí mismo, intentando convencerse de que todavía tenía el control.
Pero antes de que pudiera actuar, abrió los ojos repentinamente, recuperando parcialmente su visión.
Era demasiado tarde.
Ron ya estaba frente a él, habiendo tomado impulso con un salto colosal.
Con una patada poderosa y precisa, atravesó no solo la piedra incrustada en la frente del demonio, sino también su cráneo.
“¡Maldito mocoso de pelo de césped!” fueron las últimas palabras de Rageret antes de caer al suelo, derrotado.
El fuego voraz que había dominado el lugar comenzó a devorar rápidamente el cuerpo del demonio, consumiéndolo por completo.
Sin perder tiempo, Ron lanzó un puñetazo hacia arriba, rompiendo el domo que contenía el dominio de Rageret.
La estructura se desmoronó, liberando finalmente el espacio de su influencia destructiva.
En otro lugar… “Bien, bien, la comida parece vencerte, mi pequeño topo monstruo,” dijo Glutto con una sonrisa burlona mientras observaba a Rocky luchar contra el monstruo de comida que lo atacaba sin descanso.
“¿O me dejas comerte de una vez?” añadió, riendo con malicia.
Rocky estaba exhausto, cubierto de migajas y restos pegajosos de alimentos que lo habían golpeado repetidamente.
Pero justo cuando parecía que no podía más, el tiempo se detuvo abruptamente.
Una voz familiar resonó en su mente.
“Vamos, Rocky.
Tú puedes hacerlo.
Hazlo por Paltio,” dijo Avocios con calma, infundiendo en Rocky una nueva oleada de determinación.
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