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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 230

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  4. Capítulo 230 - 230 La Enorme Mosca
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230: La Enorme Mosca 230: La Enorme Mosca Todo parecía perdido para Rocky.

El monstruo frente a él era abrumadoramente poderoso, y ya sentía que no quedaba nada por hacer.

Estaba a punto de rendirse cuando, de repente, escuchó la voz de Avocios resonando en su mente.

“No te rindas, Rocky.

Paltio te necesita,” dijo Avocios con calma, pero firmeza, su voz resonando como un eco tranquilizador en la mente de Rocky.

“He detenido el tiempo momentáneamente para ayudarlos a todos contra el Consejo de las Sombras.” Avocios hizo una breve pausa, permitiendo que sus palabras se asentaran en el corazón del topo monstruo.

Luego continuó: “Recuerda que ya no eres solo una creación de las oscuras sombras.

Ahora tienes un propósito.

Eres libre.

Tienes mente propia y has decidido luchar por el bien.

Esa elección te define más que cualquier nombre o etiqueta que otros hayan intentado imponerte.” La voz de Avocios era como un faro en medio de la tormenta, iluminando la determinación de Rocky.

Cada palabra parecía reforzar la conexión entre su pasado y su presente, recordándole que su verdadera fuerza no provenía de su origen, sino de su voluntad de hacer lo correcto.

Avocios reunió unas gotas de su poder y las convirtió en una cinta roja brillante.

Con cuidado, la ató alrededor de uno de los brazos de Rocky.

“Esto te dará la fuerza que necesitas.

Buena suerte,” añadió antes de desvanecerse.

Rocky cerró los ojos por un momento, dejando que la energía de la cinta roja fluyera a través de su cuerpo.

Podía sentir cómo cada fibra de su ser se llenaba de una fuerza renovada, como si la cinta no solo le otorgara poder físico, sino también una claridad mental que lo conectaba con su propósito.

Fue entonces cuando recordó: “Es verdad…

Yo vine aquí para apoyar a Paltio por cuenta propia, el chico que me dio un nombre de verdad y considero mi primer amigo.

No un simple número ni un nombre de espécimen, como me asignaron en Tejod, el tejón de las sombras rojas.

Él me vio como algo más que una herramienta o un monstruo sin valor.

Y voy a ayudarlo, incluso si tengo que dar mi vida por ello,” se dijo a sí mismo con una determinación inquebrantable.

Sus puños se cerraron con fuerza mientras abría los ojos, ahora brillantes con una luz interior que reflejaba su resolución.

Ya no era solo un topo monstruo luchando por sobrevivir; era Rocky, el aliado de Paltio, dispuesto a enfrentarse a cualquier adversidad por aquellos que creían en él.

Aprovechando que el tiempo estaba inmóvil, Rocky observó el entorno.

Encontró un enorme cuchillo cercano y lo utilizó para cortar la masa deforme del monstruo que tenía frente a él.

Cuando el tiempo volvió a fluir, la criatura comenzó a desmoronarse, convirtiéndose en pequeñas partes esparcidas por todo el lugar.

“¡¿Qué?!” gritó Glutto, incrédulo al ver su creación destrozada en el suelo.

“¡Tú!

¿Cómo osas acabar con mi obra maestra?

¡Estaba lista para sazonarte y luego con todo junto te comería!

¡Ahora pagarás!” Su voz era una mezcla de furia y hambre insaciable.

Glutto abrió su enorme bocaza, preparándose para engullir a Rocky vivo.

“Esta vez te comeré crudo.

Ya no me importa si no estas condimentado y cocido,” rugió mientras se lanzaba hacia él.

Pero Rocky fue más astuto.

En un movimiento rápido, lanzó el enorme cuchillo directamente al centro del cuerpo de Glutto, traspasándolo por completo.

Glutto gritó de dolor, aunque solo por un momento.

Luego, recuperando su arrogancia, fulminó a Rocky con la mirada.

“¿Cómo te atreves a dañarme?

¡Nadie hace eso y sigue vivo para contarlo!

Te voy a comer pedazo a pedazo, dejándote vivo para que veas cómo lo hago.

Me imagino que puedo hacerte a la parrilla mientras observas cómo voy dorando tu carne,” amenazó con una sonrisa siniestra.

“No gracias, paso.

Voy a acabar contigo,” respondió Rocky con una nueva actitud decidida en sus ojos, fortalecido por las palabras de Avocios.

Glutto seguía hablando, disfrutando de su propia retórica, cuando de pronto Rocky le propinó un golpe devastador en el rostro.

El impacto fue tan fuerte que Glutto retrocedió varios pasos, tambaleándose.

“¡¿Cómo osas golpearme?!

¡No ves que estoy hablando?!

¡La comida solo puede escuchar!” exclamó Glutto, indignado.

Se llevó el dedo a la boca y, con un gesto exagerado, infló nuevamente su cachete hundido como si nada hubiera pasado.

Luego sonrió maliciosamente a Rocky.

“Veo que aún tienes algo de persistencia.

Y hay algo diferente en ti…

Pero no me importa,” dijo Glutto, restándole importancia con un gesto de su mano.

Sin embargo, sus ojos revelaban un atisbo de preocupación.

“No me interesa.

No quiero saber más de ti, maldito fofo,” le espetó Rocky con firmeza, su voz cargada de desprecio.

Glutto se sintió profundamente ofendido por el insulto.

Su sonrisa perpetua, que siempre adornaba su rostro, se desvaneció abruptamente, transformándose en una expresión de terrible amargura.

Su piel pareció teñirse de rojo por la ira iracunda que lo consumía.

Nadie, absolutamente nadie, se atrevía a llamarlo así.

“¡Entonces morirás por insultarme!

¡Nadie me dice obeso!” rugió Glutto, su voz resonando como un trueno.

“¡Ven a mí, demonio de la gula!” En ese momento, Glutto comenzó a transformarse.

Su cuerpo creció y se deformó de manera grotesca, alargándose hasta adoptar una apariencia horripilante.

Su nueva forma tenía similitudes con una mosca gigante, pero no era cualquier mosca.

Poseía unas tenazas afiladas en su hocico, una larga y enrollada probóscide que parecía una manguera enrollada, seis patas peludas, unos ojos desorbitados que irradiaban amenaza, alas translúcidas y una cola similar a la de un alacrán, enrollada y lista para atacar.

Era una abominación de la naturaleza, un ser que combinaba lo peor de varios animales en un solo cuerpo.

Al terminar su transformación, Glutto extendió su probóscide hacia un tazón de sopa que caminaba cerca de él.

Como si fuera una manguera, drenó todo el contenido del recipiente, incluyendo al propio ser vivo que lo portaba.

“Delicioso,” dijo con satisfacción, haciendo unos sonidos raros.

“Ahora voy por ti, maldito.

¿Cómo te atreves a insultarme?” “Y decirme que yo era asqueroso…

Este ser es repugnante,” murmuró Rocky, retrocediendo mientras observaba la criatura con asco y cautela.

La enorme mosca sobrevoló hacia donde estaba Rocky, lanzando su probóscide como si fuera un látigo hacia él.

Rocky logró esquivarla, pero la cola de alacrán de Glutto, retráctil y rápida, se acercó peligrosamente.

La cola iba y venía, manteniendo a Rocky a raya y acorralándolo en un callejón sin salida.

Desesperado, Rocky intentó usar todo lo que encontraba a su paso como arma, pero la mosca esquivaba cada objeto con facilidad, continuando su implacable ataque.

Rocky estaba siendo superado, incapaz de acercarse lo suficiente para contraatacar.

Ni siquiera podía usar ataques a distancia ni aproximarse por debajo debido a la versatilidad de su enemigo.

Justo cuando parecía que todo estaba perdido, Rocky recordó la cinta que Avocios le había dado.

La sacó rápidamente de su brazo y se la colocó en la frente.

En ese instante, la cinta comenzó a brillar intensamente, emanando una energía que recorrió todo su cuerpo.

El topo monstruo sintió cómo esa energía revitalizaba sus fuerzas.

En ese momento, volvió a escuchar la voz de Avocios en su mente: “El punto débil de estos enemigos son las piedras en sus frentes.” “Bien, en todo caso, en sus frentes,” murmuró Rocky, observando detenidamente a la enorme y horripilante mosca.

Aparentemente, Glutto ya no podía hacer uso de otras habilidades, como convertirse en una esfera con púas o crear monstruos de comida.

Sin embargo, compensaba esto con su probóscide absorbente, su capacidad para volar y su cola de alacrán, que seguramente contenía una toxina paralizante.

Rocky fijó su mirada en la frente de Glutto, donde resplandecía la piedra que Avocios había mencionado como su punto débil.

Entonces, una idea cruzó por su mente.

Sacó con cuidado un líquido viscoso que llevaba escondido entre su pelaje, extrayendo varios tarros de vidrio que contenían un extraño fluido verde.

Sin dudarlo, comenzó a lanzarlos uno tras otro hacia su enemigo.

Los tarros impactaron contra el cuerpo de la enorme mosca demoníaca, rompiéndose al contacto y esparciendo el líquido sobre su piel escamosa.

Rocky no se detuvo ni un instante, lanzando envase tras envase sin importarle que Glutto ya estaba casi encima de él.

“¡Es inútil lo que haces!

¡Es una medida desesperada!

¡Ríndete y acepta tu destino, que es terminar en mi estómago!” rugió Glutto, sus ojos desorbitados brillando con malicia mientras avanzaba hacia Rocky.

“¿Eso crees?” respondió Rocky con una sonrisa astuta.

Rápidamente sacó un pequeño encendedor de su cinturón y, tomando aire, expulsó una ráfaga de fuego hacia el líquido que ahora cubría el cuerpo de Glutto.

Las llamas se expandieron instantáneamente, envolviendo al demonio en una infernal explosión de calor.

Glutto empezó a gritar de dolor, pero no era el fuego lo que lo quemaba tanto, sino el líquido que ahora reaccionaba de manera violenta.

“¡¿Qué es lo que me has hecho?!” vociferó Glutto, retorciéndose en el aire mientras intentaba apagar las llamas que consumían su cuerpo.

“Es Irconio,” explicó Rocky con calma, observando cómo su enemigo luchaba contra el fuego inextinguible.

“A simple vista parece un mineral común, pero cuando se convierte en líquido y entra en contacto con fuego, se transforma en una potente fuente de energía que seguirá ardiendo hasta consumir todo lo que toque.

Yo lo utilizo para ciertos experimentos, aunque también puede usarse como combustible, como hace el profesor Kuang.” Glutto volaba desesperado por todo el lugar, pero algo le impedía volver a su forma original.

El Irconio parecía estar bloqueando su habilidad para cambiar de estado.

“Vaya, nunca pensé que ese mineral que tanto custodié durante años me salvaría la vida,” murmuró Rocky, casi para sí mismo, mientras observaba cómo el demonio se debilitaba poco a poco.

“Pero es momento de acabar contigo, fea bestia,” dijo Rocky con determinación.

Canalizando la energía que había adquirido de la cinta roja, concentró todo su poder en sus garras, que comenzaron a brillar con una intensa luz pura.

Con un salto preciso, se lanzó hacia Glutto y clavó sus garras cargadas de energía directamente en la piedra incrustada en la frente del demonio.

“Adiós, monstruosa mosca,” dijo Rocky con firmeza mientras la piedra se fracturaba bajo el impacto de su ataque.

El cuerpo de Glutto comenzó a desmoronarse, consumido por las llamas del Irconio y la energía pura que emanaba de la cinta.

Finalmente, con un último grito de agonía, el demonio colapsó, reducido a cenizas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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