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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 234

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234: El Caído 234: El Caído Mok y Geki ya estaban a punto de rendirse.

La fuerza gravitacional de Pridel los había aplastado repetidamente, dejándolos sin energías para luchar.

Justo cuando pensaban que todo estaba perdido, escucharon la voz de Avocios resonar en sus mentes.

“No hay tiempo que perder.

Es hora de actuar,” dijo Avocios con firmeza.

En ese instante, el tiempo se detuvo.

Tanto el mayordomo como el gecko lograron ponerse de pie sin dificultad, liberados momentáneamente del peso abrumador que los había derrotado.

“Vamos, salgan de ahí y acaben con su enemigo,” les urgió Avocios.

Sin pensarlo dos veces, Mok y Geki comenzaron a saltar por las paredes del hueco en el que estaban atrapados, moviéndose con una velocidad impresionante gracias al tiempo congelado.

Al llegar arriba, vieron a Pridel frente a ellos, pero su cuerpo estaba completamente inmóvil.

“Rápido, chicos.

Mi poder de detener el tiempo se acabará muy pronto,” advirtió Avocios.

Actuando con rapidez, ambos idearon un plan.

Usaron la misma táctica de Pridel contra él: crearon un montón de escudos espejos que colocaron estratégicamente alrededor del enemigo.

Luego, aprovecharon el tiempo detenido para golpear repetidamente al demonio desde múltiples ángulos, asegurándose de que cada impacto fuera preciso.

Cuando el tiempo volvió a la normalidad, Pridel estaba sonriendo satisfecho, convencido de que ya había absorbido toda la energía de la soberbia de sus oponentes.

Sin embargo, su expresión cambió drásticamente al ver a Mok y Geki frente a él, rodeados de innumerables escudos espejo.

“¿Qué…?” murmuró Pridel, confundido.

De repente, todos los escudos cobraron vida, reflejando cada uno de los golpes que habían sido acumulados mientras el tiempo estaba detenido.

Uno tras otro, como fichas de dominó cayendo en secuencia, los impactos fueron directamente hacia Pridel.

Golpe tras golpe lo alcanzaban sin tregua, haciendo que su cuerpo temblara bajo la avalancha de ataques.

“¡Pero!

¡cómo sucedió esto!” gritó Pridel, incrédulo y furioso.

Enojado, el demonio utilizó su poder de gravedad para lanzar los escudos espejo en todas direcciones, creando una especie de cola de pavo real al dispersarlos.

“¡¿Cómo escaparon de mi poder de gravedad, malditos?!” rugió, su cuerpo marcado por los golpes recibidos.

“Veo que les gusta jugar rudo, ¿eh?” dijo Pridel, limpiándose la sangre de la comisura de sus labios.

“Bien, entonces yo tampoco me contendré.

Pero luego no digan que no se los advertí.” A diferencia de los otros concejales, Pridel no se transformó en una bestia grotesca.

En cambio, anunció con orgullo: “Yo no me convierto en una criatura horrenda.

Yo simplemente cambio mi apariencia.

¡Ven a mí, demonio de la soberbia!” Un halo de fuego, similar a un rayo deslumbrante, cayó sobre Pridel.

Desde el interior del halo emergieron unas manos con garras afiladas, seguidas por todo su cuerpo.

Lo que apareció ante ellos era un demonio en todo su esplendor.

En su cabeza resplandecían unos enormes cuernos retorcidos, símbolo de su poderío.

Sus ojos oscuros irradiaban tinieblas, como si pudieran absorber cualquier luz a su alrededor.

Llevaba una pechera que parecía estar moldeada en forma del rostro de un pavo real majestuoso, mientras que sus coderas imitaban la cola de este animal.

Un cinturón con cráneos colgantes adornaba su cintura, y sus enormes patas terminaban en garras tan afiladas como las de un depredador.

Su cuerpo era de un azul profundo, y su armadura brillaba con un morado oscuro intimidante.

Además, poseía unas alas demoníacas que se extendían imponentemente a sus espaldas, y en su costado descansaba una espada letal.

Era un demonio un poco más alto que Mok, y su cuerpo era pura musculatura, emanando una presencia abrumadora.

“Ahora sí, peleemos de verdad,” dijo Pridel con una voz demoniaca que resonó como un eco oscuro.

Sacando su espada, anunció: “¡Reciban el ataque de mi Espada de Luz Corrupta!” De inmediato, la hoja de la espada se iluminó con un morado demoniaco, emanando una energía maligna que parecía distorsionar el aire a su alrededor.

Con un movimiento rápido, lanzó un ataque devastador hacia Mok.

Sin embargo, este logró bloquearlo con la ayuda de la espada que Geki le había dado.

“Nada mal, tonto mayordomo,” comentó Pridel con una sonrisa burlona, aunque su mirada seguía siendo fría y calculadora.

Pero entonces, algo inesperado ocurrió.

De la boca de Mok brotó sangre.

“¿Pero?

¿qué es esto?” balbuceó el mayordomo mientras escupía más sangre, confundido y alarmado por lo que estaba sintiendo.

“Debes tener más cuidado, tonto mayordomo.

Esa arma que tengo puede cortar todo, incluso el espacio,” explicó Pridel con arrogancia.

“Veo que tu arma resiste el ataque, pero ¿tu cuerpo puede hacerlo?” añadió, mofándose abiertamente de Mok.

“¡Tranquilo, Mok!

Yo te apoyo,” gritó Geki, lanzando kunais directamente hacia el demonio.

Los proyectiles obligaron a Pridel a retroceder momentáneamente.

“¡Ah!

Ya veo, esa tonta lagartija aún sigue con vida.

Si no fuera por la magia de protección de esa cosa, ya habríamos matado al muchacho,” indicó Pridel, desintegrando las armas lanzadas por Geki con un simple barrido de su espada.

“Esa espada es luz pura,” recordó Geki en voz alta, acordándose de las características del arma.

“¡Es por eso que no la podrás destruir!” le gritó al demonio.

“¡Ah!

Así que es obra tuya.

Quizá no pueda destruirla, pero al que la porta sí,” respondió Pridel, dirigiéndose nuevamente hacia Mok con intenciones letales.

“¡No lo permitiré!

¡FELICA FORM!” exclamó Geki, transformándose en una enorme tortuga acorazada que bloqueó el paso al demonio.

“Tonta criatura, ¿crees que convirtiéndote en una enorme tortuga me impedirás el paso?” se burló Pridel, levantando su espada para atacar.

“No, pero ayudará a que no dañes a Mok y pueda hacer esto,” replicó Geki mientras Mok salía rápidamente de un lado y lanzaba un corte limpio hacia Pridel con su espada.

“¡Malditos!” rugió Pridel al recibir un corte profundo en un costado.

“Qué bueno que esta coraza también funciona,” murmuró Geki para sí mismo, aunque sabía que no sería suficiente.

“Lo malo es que no voy a poder apoyarlo creando armas.

Solo podré moverme rápido y protegerlo de los golpes de esa espada asesina.” “No me subestimen, tontos inútiles,” gruñó Pridel mientras pasaba su propia espada por el costado herido, cicatrizándolo al instante.

Luego extendió sus enormes alas demoníacas y emprendió vuelo, evadiendo a la tortuga gigante y dirigiéndose hacia Mok, quien estaba vulnerable a un lado.

El demonio se lanzó en picada directamente hacia Mok, pero la enorme tortuga reaccionó con rapidez, moviéndose para interceptar el ataque.

“¡Maldición!” masculló Pridel al ver cómo frustraban su embestida.

“Esta tonta tortuga es rápida…

Es un problema.

Y ahora, en esta forma, no puedo usar mi magia de gravedad ni hacer que ellos mismos se golpeen al tocarme.

Pero puedo usar otras cosas,” se dijo a sí mismo, comenzando a idear un nuevo plan.

“Con la ayuda de Geki podremos ganarle,” murmuró Mok, observando cómo su compañero bloqueaba los ataques de Pridel.

“Si él sigue deteniendo esos golpes devastadores, no recibiré otro ataque como el que me dejó esto,” añadió, mirando su camisa empapada en sangre con preocupación.

“Pero qué raro que no haya usado sus artimañas como antes, cuando aún no se había transformado en ese demonio feo,” comentó Mok, dirigiéndose a Geki mientras mantenía su espada lista.

“No lo sé, pero hay que tener cuidado.

Este enemigo es peligroso.

No bajemos la guardia,” advirtió Geki, su voz cargada de seriedad.

“Bien,” respondió Mok, aferrando su espada con firmeza.

“¡Muralla celestial corrupta!” gritó Pridel con una sonrisa maliciosa.

De pronto, una enorme muralla morada apareció frente a Geki y Mok.

Sin previo aviso, toda la estructura comenzó a colapsar sobre sí misma, cayendo directamente hacia donde estaba Geki, quien quedó atrapado bajo el peso abrumador.

“¡Maldición!

¡Un muro no va a poder conmigo!” exclamó Geki, luchando por liberarse mientras intentaba mover la inmensa estructura que lo mantenía inmovilizado.

Pridel aprovechó la oportunidad para lanzarse hacia Mok, blandiendo su espada con intención de acabarlo.

Mok logró evadir el ataque en el último momento, pero un torrente de sangre comenzó a brotar desde su hombro.

“Ja, ja,” se burló Pridel, disfrutando del sufrimiento de su oponente.

“Ahora somos tú y yo.

Menos mal que tienes ese traje que te protege, porque si hubiera sido ropa común, ya habrías perdido ese brazo.” Mok estaba en desventaja, incapaz de usar plenamente su brazo herido.

Ahora solo contaba con una mano para pelear, y eso lo ponía en una posición extremadamente vulnerable.

“¿Y ahora qué vas a hacer, mayordomo?” dijo Pridel con arrogancia, acercándose lentamente hacia Mok.

“Ya no tienes escapatoria.

Acabaré contigo primero, y luego con esa enorme tortuga.” El demonio levantó su espada, preparándose para un ataque crítico.

“Yo soy el demonio caído, pero seré yo quien haga que caigas ante mis pies,” declaró Pridel, lanzándose hacia el pecho de Mok con intención letal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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