La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 235
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- Capítulo 235 - 235 Corona del Lucero
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235: Corona del Lucero 235: Corona del Lucero Geki, en su forma de tortuga enorme, luchaba por levantar el peso abrumador de la muralla que lo mantenía atrapado.
Sin embargo, lo que no sabía era que esta muralla no era ordinaria; estaba reforzada con plumas negras que potenciaban su fuerza, haciendo casi imposible retirarla.
“Debo darme prisa…
Mok no va a poder contra ese tipo,” murmuró Geki para sí mismo mientras intentaba desesperadamente levantar el inmenso peso que lo mantenía a raya.
Por su parte, Mok estaba enfrentando a Pridel cuando, de repente, el demonio lanzó un ataque sorpresa.
Con su espada, Pridel logró hacer un corte profundo en el hombro derecho de Mok, a pesar de que este había bloqueado el golpe con su propia arma.
La sangre comenzó a brotar a borbotones de la herida, manchando el suelo bajo sus pies.
Mok soltó su espada debido al intenso dolor y se agarró la herida con la mano izquierda.
Observó cómo Pridel avanzaba hacia él con una sonrisa cruel, preparándose para darle la estocada final.
La hoja morada de la Espada de Luz Corrupta descendió rápidamente hacia él.
Justo antes de que el metal tocara su pecho, se escuchó el choque estruendoso de dos espadas.
Era Mok, quien, a pesar de su estado, había logrado recoger su arma y bloquear el ataque en el último segundo.
Aunque ambidiestro, apenas pudo contener el golpe, recibiendo parte del impacto en el pecho.
Sin embargo, aprovechó el momento para lanzar una patada certera hacia Pridel, haciéndolo retroceder unos pasos.
“Nada mal, mayordomo,” dijo Pridel con una sonrisa burlona, “pero es inútil.
Mis ataques seguirán debilitándote.
Si no tuvieras ese traje, ya habrías muerto.” “Menos mal que Geki me dio este traje,” respondió Mok entre jadeos, tratando de recuperar el aliento mientras evaluaba su situación.
Pridel volvió al ataque, esta vez con más ferocidad.
Mok, gravemente herido, decidió usar una táctica diferente.
Sacó varios cuchillos y kunais ocultos en su abrigo y los lanzó directamente hacia el demonio.
Aunque las armas fueron evaporadas instantáneamente por la Espada de Luz Corrupta, sirvieron como distracción para que Mok pudiera escapar y esconderse detrás de una columna cercana.
“Debo primero acabar con esas alas,” pensó Mok mientras se ocultaba, buscando un plan para neutralizar al enemigo.
“¡Huyes ante mí!” exclamó Pridel con desdén mientras desintegraba las armas con un simple movimiento de su espada.
“No te escondas, mayordomo.
Pronto acabaré contigo,” añadió, comenzando a buscarlo por todo el lugar.
Mok, aún escondido, analizaba la situación.
“Es muy poderoso ese ser.
Será mejor que tenga cuidado…
Necesito hacer un plan,” murmuró para sí mismo, intentando mantener la calma mientras su cuerpo temblaba por el dolor de sus heridas.
El demonio, utilizando su aguda vista, localizó un rastro de sangre que conducía directamente hacia donde estaba escondido Mok.
Con un rápido movimiento de sus enormes alas, Pridel voló hacia el lugar y apuntó con su espada, lanzando un ataque devastador que quebró varias estructuras cercanas.
Creyó haber eliminado al mayordomo, pero justo detrás de él apareció Mok, quien había salido de una viga cercana y se lanzó hacia la espalda del demonio, clavando su espada con fuerza.
El demonio gritó de dolor, pero rápidamente su expresión cambió a una mueca de satisfacción.
El grito había sido fingido.
De su espalda emergió una cola larga y afilada que atrapó a Mok y lo lanzó violentamente al suelo.
Mok cayó de lleno al suelo, escupiendo sangre por la boca debido a la violencia de la caída.
El dolor recorría todo su cuerpo, pero, aun así, logró mantener la calma.
“Bien jugado, mayordomo, pero no te servirá contra mí.
Ahora acabaré contigo de una vez,” declaró el demonio desde el aire, su voz cargada de arrogancia y desprecio.
Mok, con dificultad, levantó el brazo y cerró el puño con fuerza.
En ese instante, algo en el cielo comenzó a moverse.
De pronto, un montón de espadas descendieron como una lluvia letal, perforando algunas partes de las alas de Pridel y clavándolo al suelo cuando este cayó del cielo tras ser alcanzado por el ataque.
A pesar de su esfuerzo, Mok sabía que ese ataque no sería suficiente para derrotar a su oponente.
Con gran esfuerzo, intentó ponerse de pie mientras observaba cómo el demonio se levantaba lentamente del suelo.
Con un grito gutural lleno de rabia, Pridel arrancó las espadas de sus alas, desprendiéndolas completamente de su cuerpo.
“Bien…
Al menos ahora ya no podrás volar.
Eso iba a hacer nuestra pelea mucho más difícil para mí,” murmuró Mok entre jadeos, tosiendo más sangre mientras trataba de recuperar el aliento.
“¡Maldito!
¡Acabaré contigo!” rugió Pridel, irradiando una ira tan intensa que el ambiente a su alrededor parecía cargarse de energía oscura y opresiva.
“¡Recibe mi Juicio del Lucero!” gritó el demonio, elevando su espada al cielo.
Encima de él apareció un enorme círculo mágico oscuro, del cual emergieron rayos letales que comenzaron a moverse directamente hacia Mok.
Los rayos, cargados con un aura maligna, avanzaban implacables hacia el mayordomo, quien apenas lograba mantenerse en pie.
“¡Muere…!” exclamó Pridel con una sonrisa cruel, disfrutando del momento.
Los rayos impactaron justo donde estaba Mok, pero en lugar de atravesarlo, rebotaron y cayeron fuera de su alcance.
Sorprendido, Mok abrió los ojos y vio una enorme sombra protectora encima de él.
Era Geki, quien había llegado justo a tiempo para salvarlo.
“¿Estás bien, compañero?” preguntó Geki con determinación mientras mantenía su posición defensiva.
“Geki…” murmuró Mok, aliviado al ver a su amigo.
“Sí, pude quitarme esa cosa de encima gracias a que cambié de forma y volví a mi forma FELICA nuevamente.
¿Qué tal?
Soy un genio, ¿verdad?” respondió Geki con un tono burlón y un poco creído, aunque su preocupación por Mok era evidente.
“Es momento de acabar con ese demonio,” dijo Geki con firmeza, dirigiéndose a Mok.
“Avocios ya me dijo cuál es su punto débil.
¿Puedes ponerte en pie?” “Claro,” respondió Mok, quien, con gran esfuerzo, se levantó del suelo usando su espada como apoyo.
“¡Tú, maldita tortuga!
¿Cómo te escapaste de mi trampa?
Bueno, no importa.
¡Ahora acabaré con ustedes dos!” gritó Pridel, furioso por haber sido frustrado.
“¡Invoco la Llamarada Oscura Solar!” anunció el demonio, alzando su espada hacia el cielo.
En la punta de la hoja comenzó a formarse una pequeña esfera que, con cada segundo, crecía más y más hasta convertirse en una bola llameante negra, similar al sol, pero emanando una oscuridad abrumadora.
“¡Mueran, escorias!
¡Corona del Lucero!” rugió Pridel mientras el enorme ataque seguía creciendo en su espada.
“Con esto, todo quedará en cenizas…
¡Menos yo!” Para sorpresa de Mok y Geki, nuevas alas comenzaron a emerger de la espalda del demonio, permitiéndole elevarse rápidamente hasta alcanzar una gran altura desde donde lanzó el ataque.
La esfera candente, ahora del tamaño de un asteroide, brillaba con una luz oscura que parecía absorber toda esperanza a su alrededor.
“¡Demonios!
A esa cosa le volvieron a salir alas…
¡Y yo que hice lo que pude para equilibrar la balanza!” exclamó Mok frustrado, intentando ponerse de pie a pesar de sus heridas.
“Creo que esto se va a poner feo,” murmuró Geki con preocupación mientras observaba cómo la enorme esfera descendía hacia ellos a una velocidad vertiginosa.
Parecía un asteroide apocalíptico que amenazaba con arrasar todo a su paso.
El impacto fue devastador.
La esfera chocó contra el suelo con una explosión ensordecedora, desatando ondas de energía oscura que destruyeron todo a su alrededor.
Cuando el polvo comenzó a asentarse, quedó visible una figura grabada en el suelo: una corona en forma de pavo real, como si el propio orgullo de Pridel hubiera marcado el terreno, sin dejar rastro alguno de nuestros héroes.
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