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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 236

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236: Luara 236: Luara “Bien, ¡reciban mi ataque, malditas escorias!

¡CORONA DE LUCERO!” rugió Pridel con arrogancia mientras lanzaba una enorme bola oscura que parecía contener fuego candente, similar al sol.

Al impactar contra el suelo, la esfera estalló como una bomba apocalíptica, destruyendo todo a su paso y dejando tras de sí una marca en forma de corona de pavo real grabada en el terreno.

Desde arriba, Pridel observaba el caos riendo y jactándose de su victoria.

“Ahora sí, no creo que hayan sobrevivido a eso,” dijo Pridel con satisfacción, escaneando el área devastada en busca de algún rastro de sus enemigos.

Sin embargo, algo en su interior le decía que debía asegurarse.

“Maldición, ese ataque fue muy potente,” murmuró Geki desde dentro del caparazón que había usado para protegerse.

Solo sus ojos eran visibles entre las grietas que comenzaban a formarse en el duro exterior.

“Sí,” respondió otra voz débil, era Mok, quien también había logrado sobrevivir gracias a la protección del caparazón de Geki.

“Por poco y no la contamos,” añadió con un tono cansado, evidenciando el dolor de las heridas que cubrían su cuerpo.

“Ese desgraciado tenía un ataque así en su repertorio.

Con eso podría haber destruido Avocadalia en un santiamén,” comentó Mok mientras trataba de recuperar el aliento.

“Sí, pero nunca pensé que excavar tan rápido con mis enormes patas y meterme dentro de mi caparazón con todo y tú funcionaría,” respondió Geki con orgullo, aunque su voz sonaba agotada.

“Este caparazón mío es poderoso, pero…

no creo que me queden fuerzas.” Las palabras de Geki fueron interrumpidas por un crujido audible.

El caparazón comenzó a desquebrajarse, revelando al gecko exhausto en su forma original.

Geki se desplomó al instante, completamente agotado.

“Geki, compañero, resiste,” dijo Mok preocupado, acercándose a su amigo.

Pero solo escuchó los ronquidos del gecko, quien ya se había quedado dormido.

En sus sueños, Geki murmuraba: “Ese soy yo…

el gecko más fuerte.” Mok suspiró, sabiendo que ahora estaba solo, pero también consciente de lo que debía hacer.

Gracias a la información que Geki le había compartido —información que Avocios les había dado— sabía cuál era el punto débil de Pridel.

No podía permitirse dudar ni rendirse.

Con cuidado, Mok sacó unos vendajes de su saco y comenzó a cubrir sus heridas.

Sabía que no tenía tiempo que perder.

Si Pridel podía usar ese ataque devastador, era peligroso averiguar si solo podía hacerlo una vez o varias veces seguidas.

Una vez listo, Mok colocó a Geki en una especie de carcaj improvisado y lo aseguró a su espalda.

Luego, abrió un pequeño hueco en la tierra para asomarse y buscar a su enemigo en el cielo.

Lo divisó volando, sobrevolando el área en busca de señales de vida.

El demonio pensaba que su ataque había sido tan devastador que solo habían quedado cenizas de sus enemigos, pero algo dentro de él lo mantenía alerta.

Aunque estaba convencido de que nadie podía sobrevivir a su técnica más poderosa, no podía evitar sentir una leve incertidumbre.

“Debo recargar energía.

No puedo lanzar otro ataque como ese tan pronto,” se dijo Pridel a sí mismo mientras continuaba buscando cualquier indicio de supervivencia.

Mok observó al demonio que aún permanecía en el aire y, tras un momento de reflexión, decidió actuar.

“Tengo que hacer un plan,” murmuró para sí mismo, mientras comenzaba a emerger lentamente desde debajo de la tierra.

Con precisión y rapidez, Mok invocó arcos y flechas, tal como Geki le había enseñado durante su entrenamiento.

Lanzó varias flechas con explosivos en sus puntas hacia el demonio.

Pridel sintió la explosión de la primera flecha e inmediatamente giró su cabeza en todas direcciones, tratando de identificar el origen del ataque.

Pero antes de que pudiera reaccionar, cientos de flechas comenzaron a caer desde todas partes, creando una tormenta de proyectiles letales.

“¡¿Quién está haciendo esto?!” gritó Pridel, furioso y confundido, mientras intentaba protegerse con su espada.

Cada vez que usaba su arma para desviar las flechas, estas explotaban, generando una gran nube de polvo que lo envolvía por completo.

Mientras las flechas cumplían su propósito, Mok notó algo extraño: la espada CRIMSON CRYSTAL que llevaba consigo comenzó a brillar intensamente, emanando una luz roja tan vibrante como el vino.

“¿Por qué está brillando?” se preguntó Mok en voz alta, desconcertado por el fenómeno.

“Pues creo que puede ser que seas el elegido de esta arma,” respondió Geki desde su posición en el carcaj improvisado, aunque su voz sonaba débil debido a su agotamiento.

“¿Elegido?” preguntó Mok, sorprendido.

“Esta espada no es una espada cualquiera, como ya te dije.

Es una creación de mi maestro Krasper.

Según me contó, esta espada es el mayor logro que ha creado.

Tiene un espíritu muy poderoso en su interior.

Quizá llegue el día en que te apoye…

claro, si logras ser digno de ella,” explicó Geki con seriedad.

“Quizá necesitemos más entrenamiento para descubrir cómo liberarlo,” añadió Geki antes de quedarse dormido nuevamente.

En ese momento, Mok recordó cómo había intentado despertar el espíritu de la espada durante su entrenamiento, pero sin éxito.

Desde entonces, la espada no había vuelto a brillar…

hasta ahora.

Las flechas seguían cayendo sobre Pridel, enfureciéndolo cada vez más.

Con su espada, el demonio destruía todo a su paso, pero las explosiones continuaban, dificultando sus movimientos.

Aunque las flechas estaban funcionando por ahora, Mok sabía que eventualmente se quedarían sin munición.

Necesitaba otra estrategia, algo más efectivo.

La espada siguió brillando con más intensidad, y de repente, una voz dulce y femenina resonó en la mente de Mok.

“Permíteme ayudarte,” dijo la voz.

“¿Quién eres tú?” preguntó Mok, asombrado por la presencia inesperada.

“Soy Luara, el espíritu de la espada que portas.

Veo que tienes problemas con ese individuo…

además de que estás herido de gravedad,” respondió Luara con calma, como si estuviera evaluando la situación.

“Así es,” confirmó Mok, sin ocultar su preocupación.

“Bien, entonces déjame ayudarte.

He estado observándote y veo que tienes un corazón pacífico y tranquilo.

No ves las cosas con soberbia, sino que buscas ayudar a los demás, tal como ellos te han ayudado a ti.

Además, veo cuánto amas a ese muchacho llamado Paltio, como el amor de un padre o un hermano mayor,” añadió Luara con ternura.

“Sí, señora.

Yo quiero hacer lo mejor que pueda para resarcir mi pasado y apoyar a todo aquel que necesite ayuda,” respondió Mok con determinación, su voz cargada de sinceridad.

“Bien, entonces haz un pacto conmigo, Mok, y yo te serviré en tu camino,” dijo Luara, su voz dulce pero firme resonando en la mente de Mok.

“¿Y cómo hago eso?” preguntó Mok, desconcertado por el proceso que debía seguir.

Luara explicó: “Debes derramar una gota de tu sangre sobre el diamante carmesí que está en la empuñadura.

Bueno, ya tienes mucha sangre saliendo de casi todo tu cuerpo, así que un poco de la que tienes bastará.” Mok no sabía qué esperar, pero no había tiempo para dudar.

Geki, aún débil pero consciente, le gritó desde su improvisado carcaj: “¡Rápido, mayordomo!

¡El demonio ya destruyó todas tus trampas de flechas y solo le queda la que está justo encima de ti!” “Bien, ¿qué más da?” murmuró Mok, resignado pero decidido.

Con dificultad, tomó un poco de la sangre que brotaba de su herida en el estómago y la colocó sobre el diamante carmesí incrustado en la empuñadura de la espada.

“Eso es todo, Mok.

Ahora tenemos un contrato: tú y yo, por siempre, hasta tu muerte,” declaró Luara con solemnidad, sellando el pacto entre ambos.

En ese momento, Pridel lanzó un ataque devastador hacia el último lugar donde provenían las flechas.

La explosión dejó al descubierto a Mok, quien estaba ahora expuesto frente al demonio.

“Aún sigues vivo, mayordomo…

Qué gusto.

Te haré sufrir poco a poco hasta que mueras de dolor,” rugió Pridel con crueldad mientras avanzaba hacia él, su figura imponente proyectando una sombra amenazante sobre Mok.

El demonio estaba a punto de alcanzar a Mok cuando, de repente, una luz cegadora emergió del cuerpo del mayordomo.

Era como si la espada CRIMSON CRYSTAL hubiera cobrado vida propia, irradiando una energía roja intensa que iluminó todo el campo de batalla.

“Ahora se viene lo bueno,” dijo Luara con una risa en su voz, anticipando el poder que estaba a punto de desatarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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