La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 240
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240: El Extraño Ataúd 240: El Extraño Ataúd En la base de los aliados, reinaba un ambiente de trabajo constante.
Algunos cuidaban a los heridos, otros fabricaban suministros y armamento para apoyar a sus compañeros en la guerra.
Sin embargo, en medio de todo el bullicio, el profesor se había encerrado en su laboratorio, donde trabajaba incansablemente junto a Chiro en un proyecto que parecía prometedor.
“Bien, esto aquí y esto por allá,” murmuraba el profesor, organizando componentes sobre su mesa de trabajo mientras ajustaba cables y sensores.
De pronto, sus ojos se iluminaron con entusiasmo.
“¡Eureka!” exclamó, sosteniendo una esfera equipada con un sensor especial.
“Espero que funcione,” dijo, más para sí mismo que para Chiro.
Apretó un botón en su consola, y uno de los muros del laboratorio se deslizó, revelando un ascensor oculto.
Ambos subieron al elevador, que los llevó a una habitación llena de cables gruesos que parecían nervios extendiéndose por todo el lugar.
“¿Qué es este lugar?” preguntó Chiro, impresionado por la complejidad del entorno.
“Este, muchacho, es donde está el cerebro de mi Rose,” respondió el profesor con orgullo.
En ese momento, las luces se encendieron, revelando una enorme corteza cerebral conectada al techo, brillando débilmente como si estuviera viva.
“Bien, es momento de empezar,” dijo el profesor, colocando la esfera en un platillo flotante en el centro de la habitación.
Al hacerlo, un pequeño domo descendió para cubrirla, y una manguera descendió desde el techo, conectándose a la esfera.
En una pantalla cercana apareció un mensaje: “Se ha detectado un material nuevo.
¿Desea activarlo?
Sí/No.” El profesor seleccionó la opción “Sí.” De inmediato, el pequeño domo ascendió hacia la estructura cerebral en el techo, fusionándose con ella.
Una luz resplandeciente iluminó toda la habitación, seguida de otro mensaje en la pantalla: “Actualización completada.
Esfera de voz activa.
¿Desea iniciar?” “Sí,” respondió el profesor sin dudarlo.
“Activación de voz iniciando…” indicó la pantalla.
Después de unos minutos, el sistema anunció: “Activación exitosa.” “Hola, hola,” dijo una voz femenina, suave y clara.
“Hola, Rose, ¿eres tú?” preguntó el profesor, emocionado.
“Hola, profesor.
¡Qué bueno que ahora puede escucharme hablar!
Por fin lo logró,” respondió Rose con alegría.
“Claro, pero no lo hubiera logrado sin el apoyo de este inteligente muchacho llamado Chiro,” añadió el profesor, señalando a su joven compañero.
“¡Oh!
Entonces es alguien que usted considera inteligente.
Debe ser de su agrado,” comentó Rose con un tono amigable.
“Encantada de conocerte, Chiro, y gracias por apoyar al profesor para que yo pudiera tener una voz.” “No fue nada, y encantado de conocerla también,” respondió Chiro tímidamente, sonriendo ante la calidez de Rose.
“Qué bueno que ahora puedo hablar con usted, profesor.
Ya me estaba cansando de comunicarme por chat de la computadora, con puros dígitos,” dijo Rose, evidenciando su felicidad por la nueva capacidad de comunicación.
“Sí, mi querida Rose.
Ahora que podemos conversar, podré comprenderte mejor y saber exactamente qué necesitas,” respondió el profesor con lágrimas en los ojos, emocionado por haber dado una voz a su amiga.
“Sí, profesor, ahora podemos platicar más seguido,” dijo Rose con alegría evidente en su voz.
Ambos estaban radiantes de felicidad.
Aunque Chiro seguía algo desconcertado al ver cómo una tecno-bestia y un humano prácticamente compartían un vínculo afectivo tan profundo, no podía evitar sentirse conmovido por la escena.
Mientras tanto, en la entrada de la base, Dall estaba de guardia junto a unos cuantos soldados, vigilando en caso de que algún enemigo se acercara.
Como siempre, Dall era un manojo de torpeza.
Tropezaba con cualquier cosa que encontraba a su paso, ganándose comentarios mordaces de sus compañeros.
“¡Pero qué torpe eres!” le decían algunos, exasperados.
“Mejor ve para allá y revisa el perímetro, no queremos que nos pase algo por tu culpa.” Sin más opción, el joven Dall se adentró en el bosque cercano, inspeccionando con cautela cada rincón.
Mientras avanzaba entre los árboles, algo llamó su atención: un ataúd ligeramente abierto, oculto entre la maleza.
Intrigado, decidió investigar.
Con esfuerzo, empujó la tapa del ataúd, pero lo que encontró dentro lo desconcertó aún más: solo había unas cuantas cuerdas viejas y engranajes oxidados.
“¿Qué hace esto aquí?” se preguntó en voz baja, sintiendo que algo no encajaba.
Decidió regresar a toda prisa para advertir a los demás sobre el extraño hallazgo.
Casi llegando a la base, Dall tropezó con una roca y cayó al suelo.
Antes de que pudiera levantarse, un enorme rayo láser pasó zumbando a su lado, impactando en un árbol cercano.
Asustado, Dall intentó incorporarse, pero más rayos láser comenzaron a dispararse hacia la base, apuntando directamente a las piernas mecánicas de Rose, la gigantesca estructura que servía como refugio y centro de operaciones.
Uno de los rayos impactó justo donde estaban los soldados que habían estado con Dall, acabando con ellos en el acto.
El horror recorrió su cuerpo mientras veía cómo sus compañeros desaparecían en un instante.
Uno tras otro, los disparos continuaron cortando dos de las patas de Rose con una precisión devastadora.
La estructura entera se tambaleó violentamente, emitiendo un sonido metálico agónico que resonó como un lamento por todo el campo.
Antes de colapsar por completo, Rose logró mantenerse en pie, aunque precariamente, apoyándose sobre las dos patas que le quedaban: una adelante y otra atrás.
Su enorme figura oscilaba, luchando por mantener el equilibrio mientras intentaba resistir el embate.
El derrumbe parcial levantó una densa nube de polvo y escombros que cubrió el área, dificultando la visibilidad y aumentando el caos.
Todos los que estaban dentro quedaron alarmados y desorientados, aferrándose a cualquier superficie estable mientras intentaban comprender lo que estaba sucediendo.
El rugido metálico de Rose al tambalearse era ensordecedor, mezcla de dolor y determinación, como si la propia estructura estuviera luchando por sobrevivir contra el ataque implacable.
A pesar de su estado crítico, Rose seguía en pie, aunque claramente al límite.
Cada movimiento parecía ser un esfuerzo supremo, un último intento desesperado por proteger a quienes aún permanecían en su interior.
Dall, todavía en el suelo, decidió arrastrarse hacia la maleza para esconderse mientras buscaba una manera de ayudar a sus aliados.
En ese momento, las pantallas de Rose parpadearon con un mensaje de alerta: “¡ALERTA!
¡ALERTA!” “Profesor, estamos bajo ataque.
Peligro inminente.
Debemos irnos de inmediato,” dijo Rose con urgencia.
El profesor, visiblemente preocupado, asintió rápidamente.
“Bien, Rose, mueve…
espera, ¿qué sucede?” Antes de que pudiera terminar la frase, cuatro láseres más impactaron con brutal precisión contra las dos piernas restantes de Rose.
La estructura entera se desplomó con un estruendo ensordecedor, sacudiendo el suelo como si la tierra misma estuviera gimiendo de dolor.
El colapso fue devastador.
Una onda de choque recorrió el área, levantando escombros y polvo que envolvieron todo en un manto asfixiante.
Los que estaban dentro de Rose comenzaron a evacuar con rapidez, sus rostros llenos de pánico mientras luchaban por abrirse paso entre los restos de la estructura que se desmoronaba.
El sonido de metal retorciéndose y vidrios quebrándose llenaba el aire, mezclado con gritos ahogados y pasos apresurados.
El temblor bajo sus pies hizo que muchos perdieran el equilibrio, pero la urgencia de escapar les dio fuerzas para seguir adelante.
Cada segundo parecía eterno, como si el tiempo mismo se hubiera ralentizado para subrayar la magnitud de la tragedia.
“¡Debemos evacuar a todos de inmediato!” ordenó Rose, su voz firme pero cargada de preocupación.
El profesor presionó un botón en su consola, activando una serie de vehículos tipo carruajes que aparecieron en los pasillos para facilitar la evacuación.
“¡Karpi, debemos evacuar!” gritó el profesor a través de los monitores, asegurándose de que todos recibieran la orden.
Rápidamente, todos subieron a los vehículos, mientras afuera seguían lanzando rayos láser que iluminaban el cielo como fuegos artificiales mortales.
“Activando campo de fuerza,” dijo Rose con calma, aunque su voz denotaba tensión.
La estructura comenzó a protegerse, pero era evidente que el campo no resistiría mucho tiempo ante el bombardeo constante.
“Profesor, no podemos escapar,” dijo Karpi, señalando la entrada que también servía como salida.
Estaba completamente destruida, bloqueando cualquier posibilidad de huida.
“¿Y ahora qué hacemos?” preguntó, su voz temblorosa por el miedo.
Más rayos láser impactaban contra el campo de energía, desgastándolo poco a poco.
Cada explosión resonaba como un trueno, haciendo que el pánico dentro de Rose aumentara.
“Profesor, ¿qué hacemos?” gritó Karpi, mirando a los demás.
Todos estaban asustados, sabiendo que no había escapatoria.
Estaban acorralados, sin ninguna salida aparente.
El profesor estaba paralizado, completamente desconcertado por la situación.
Su mente se negaba a aceptar lo que sus ojos veían.
No podía perderla, no ahora.
Rose no era solo una máquina, no era simplemente una tecno-bestia que, gracias a su ayuda, había vuelto a nacer.
Cuando la encontró, estaba al borde de la muerte, desmantelada y olvidada, pero él le dio una segunda oportunidad.
Le devolvió la vida, no solo como una creación tecnológica, sino como algo más: un ser con propósito, con alma.
Era mucho más que eso.
Era su obra maestra, el fruto de años de dedicación, esfuerzo y sueños hechos realidad.
Pero también era su amiga, su compañera, su confidente.
Había compartido con ella innumerables conversaciones, momentos de duda, triunfos y esperanzas.
Rose no era solo una máquina; era una parte de él, un reflejo de su visión de un mundo donde tecnología y humanidad podían coexistir en armonía.
“No puedo perderte, no niego a hacerlo” murmuró el profesor, su voz apenas un susurro roto mientras observaba cómo Rose luchaba por mantenerse en pie frente a la devastación.
Sus manos temblaban sobre los controles, como si quisiera aferrarse a la última chispa de esperanza que aún quedaba.
“Profesor, debe irse,” dijo la voz de Rose, firme pero llena de ternura.
“Pero, Rose… no puedo abandonarte,” respondió el profesor con la voz quebrada, sus ojos llenos de lágrimas.
“Debe hacerlo.
No podré resistir mucho más,” replicó Rose con urgencia.
“Un sujeto brillante como usted merece vivir para mejorar el mundo y el universo, como siempre me dijo.” Antes de que el profesor pudiera responder, un inmenso rayo láser impactó directamente contra Rose, causando una explosión devastadora que iluminó todo el entorno.
La estructura colapsó por completo, envuelta en llamas y humo.
“¡No!” gritó Toco-Toco desde lejos, viendo cómo Rose era destruida junto con todos los que estaban dentro.
Lágrimas brotaron de sus ojos al comprender que el profesor, Rose y los demás habían sido exterminados.
“¡No!” gritó Dall, golpeando el suelo con sus puños, impotente ante la escena.
Su cuerpo temblaba de rabia y dolor mientras veía cómo todo lo que habían construido desaparecía en un instante.
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