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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 243

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  4. Capítulo 243 - 243 El Arma Secreta Del Mal 1
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243: El Arma Secreta Del Mal (1) 243: El Arma Secreta Del Mal (1) “Y es así como pasaron las cosas,” dijo Karpi, concluyendo su relato.

“Así es,” confirmó Toco-Toco, mirando a Paris.

“Qué bueno que todos estén a salvo,” añadió el gato, aunque su voz denotaba cierta tristeza al pensar en Rose y en cómo estaría el profesor tras recibir la noticia.

“¿En verdad reconociste de inmediato a Toco-Toco?” preguntó Dall a Paris, sorprendido.

“Pues claro, ese gatito sigue siendo adorable incluso en esa forma,” respondió ella con una sonrisa cálida, admirando al felino.

“No creo que esa cosa haya sido el arma secreta del enemigo,” reflexionó Toco-Toco, compartiendo la información sobre el ataúd y las torretas.

“Se lo preguntaría al profesor, pero veo que aún sigue desmayado,” añadió, mirando hacia donde Kuang descansaba.

“Entonces, ¿si eso no era?, ¿cuál es?” se preguntó Paris en voz alta.

“Tranquilos, él sabe,” dijo Karpi, mostrando a Chiro al grupo.

“¡Es un desertor del ejército enemigo!” exclamó Toco-Toco, señalando a Chiro con desconfianza.

Sin embargo, Karpi lo tranquilizó explicándole lo que Rose había dicho antes de morir.

“Entendido, es un desertor entonces,” aceptó el gato, aunque sin bajar completamente la guardia.

“Bueno, no importa.

Igual lo tendré vigilado.” “Así que Rose tuvo unas últimas palabras con el profesor,” murmuró Toco-Toco después de escuchar el relato de Karpi.

“Miren, el profesor ya está despertando,” anunció una chica del grupo que lo había estado observando atentamente.

“Profesor, ¡qué bueno que está bien!” dijo Karpi, acercándose rápidamente.

El profesor todavía estaba conmocionado por lo ocurrido.

En su mente, todo parecía un sueño.

Incluso preguntó por Rose, aunque ya sabía la respuesta.

Solo quería corroborar la información.

Chiro y Karpi le contaron lo sucedido, compartiéndole además las últimas palabras de Rose.

Le mostraron una pequeña pantalla con una imagen de Rose sonriendo antes de la explosión, acompañada de un mensaje final.

En el mensaje, Rose indico: “Profesor, esta fue la mejor segunda oportunidad que pude haber pedido.

Salvé personas que conocí y me cayeron muy bien, y salvé a la persona más importante para mí: usted.

No lo hice por egoísmo, sino porque sé que tiene sueños por cumplir.

Y recuerde, profesor, no está solo.

Tiene mucha gente que lo rodea y son sus amigos, como yo lo fui una vez.” Al terminar de leer el mensaje, el profesor se quedó en silencio por un momento, dejando que las palabras de Rose resonaran en su mente.

Luego, colocándose los lentes con firmeza, fingió serenidad mientras decía con voz algo temblorosa: “Pues bien, ¿qué esperamos?

Las cosas no se van a hacer solas.” Acto seguido, comenzó a reírse a carcajadas, tratando de aparentar fortaleza frente al grupo.

Pero por dentro, estaba destrozado.

La pérdida de Rose lo golpeaba profundamente, como si una parte esencial de sí mismo se hubiera desvanecido.

Mientras reía, lágrimas silenciosas corrían por su rostro, traicionando el dolor que intentaba ocultar.

El contraste entre su risa forzada y su llanto contenido era desgarrador.

Cada lágrima parecía llevar consigo un fragmento de su corazón, pero el profesor se negaba a derrumbarse.

No frente a los demás.

No cuando aún había tanto por hacer.

Karpi y Paris se acercaron para consolarlo, abrazándolo con ternura.

El resto del grupo también se unió, reconociendo el sacrificio de Rose y el dolor que el profesor intentaba ocultar.

“Debemos construir una nueva base, una más resistente,” indicó el profesor entre risas y lágrimas, esforzándose por mantener la compostura.

Por fuera, se hacía el valiente.

Por dentro, lloraba desconsoladamente por la pérdida de su mejor amiga.

“¿Dijiste un ataúd?” preguntó Chiro, interrumpiendo la conversación al escuchar el relato.

“¿Y no había nadie adentro?” “Pues no,” respondió Toco-Toco con seriedad.

“¿Por qué?” preguntó Karpi, intrigada.

“Porque esas torretas que viste son solo meras distracciones,” explicó Chiro, su rostro pálido de terror.

“El verdadero contenido es una pesadilla.

Ojalá no nos topemos con eso.” “Si Meloc estaba tan desesperado por activar esa cosa, significa que podría significar la destrucción del mundo entero,” añadió Chiro con voz temblorosa.

“Me pregunto dónde puede estar ahora…

¿Es tan malo?” preguntó el gato, intentando comprender la magnitud del peligro.

“Malo no alcanza para describirla.

Es terrible, casi, casi tan destructiva como Tejod,” indicó Chiro, ajustándose los lentes con nerviosismo.

“Aunque me atrevo a decir que es superior.

Por eso fue creada en un principio.” “Un arma tan poderosa como Tejod…” reflexionó Toco-Toco, frunciendo el ceño.

“Pero bueno, a ese tejón no lo vimos pelear.” “¿Eh?” dijo Chiro, sorprendido por el comentario inesperado del gato.

“Pues sí, se murió antes de la batalla.

Bueno, lo mataron rápidamente, miau,” respondió Toco-Toco con despreocupación fingida.

“Así que lo mataron… Ese par logró su cometido,” murmuró Chiro, comprendiendo que Tertrol y Meloc habían cumplido su objetivo.

La noticia le causó un escalofrío.

“Bueno, el príncipe Paltio también murió,” añadió Toco-Toco, como si fuera un dato más en su lista.

“¿¡Qué Paltio también murió!?” exclamaron Paris y Dall al unísono, con lágrimas brotando de sus ojos.

Algunos aldeanos de Avocadalia también se conmovieron profundamente al escuchar la noticia.

El profesor sintió cómo su corazón se encogía, sabiendo que había perdido a dos grandes elementos ese mismo día: Rose y ahora Paltio.

Sin embargo, no derramó lágrimas, no por falta de dolor, sino por la forma en que el gato había compartido la noticia.

“Sí, pero tranquilos, no pongan esas caras largas,” continuó Toco-Toco, intentando aligerar el ambiente.

“Revivió y ahora está peleando contra Urugas.” “¡Ah!” exclamaron todos, sorprendidos por la revelación.

Pero su asombro creció aún más cuando supieron que Paltio había sido revivido gracias al poder de Avocios.

Y lo que les dejó sin palabras fue enterarse de que ahora se enfrentaba al mismísimo rey de las sombras.

“Vaya, ese chico es raro, pero en el buen sentido,” comentó el profesor, quien parecía un poco más calmado después de escuchar las noticias.

“Bien, en fin, ahora que sé que todos están bien, deben refugiarse y alejarse del lugar.

Iré con la noticia a los demás,” indicó Toco-Toco, saliendo disparado del lugar sin perder un segundo más.

“Ese gato nunca se queda quieto,” dijo Dall, observando cómo el felino desaparecía en la distancia.

“Sí, será mejor que hagamos lo que dice el gato,” afirmó el profesor, ajustándose los lentes mientras tomaba la situación con seriedad.

“Nosotros lo ayudaremos, profesor.

Ya no está solo.

Está rodeado de amigos,” dijo Karpi con firmeza.

El profesor asintió en silencio, recordando las palabras de Rose en su mensaje final.

“No está solo.” Aquellas palabras resonaban en su mente, dándole fuerzas para seguir adelante.

Mientras tanto, Toco-Toco avanzaba a toda velocidad hacia el campamento de los aliados.

“Será mejor que primero vaya con el señor Golden y los guardianes.

Quizá necesitemos ayuda si esa arma que menciona Chiro es tan poderosa como indica,” pensó en voz alta.

Luego reflexionó: “Aunque si es como Tejod, no habrá problema.

Ya lo derrotaron fácilmente a ese tipo.” Pero entonces sintió algo diferente en el aire.

Una energía familiar aún latente.

“No, ellos están bien.

Aún siento su energía,” murmuró, cambiando de dirección.

“Mejor llevo el mensaje a los demás.” Toco-Toco estaba a punto de llegar donde los demás, quienes se encontraban en medio del campo de batalla, apresando a Tertrol y Meloc.

Sin embargo, justo antes de que pudiera unirse al grupo, algo cayó del cielo con un estruendo ensordecedor, obligando a Mok y Lucca a retroceder de inmediato.

Una enorme nube de polvo se alzó, cubriendo el área y oscureciendo todo a su alrededor.

“¡Ah!

Justo a tiempo,” exclamó Meloc con una sonrisa torcida, mirando hacia la figura que emergía de la nube.

“Qué bueno que llegaste, mi última creación: el arma definitiva, el arma secreta del mal.” Una enorme sombra comenzó a alzarse lentamente desde la nube de polvo, revelando dos ojos rojos brillantes que parecían perforar las almas de todos los presentes.

La criatura giró su cabeza hacia donde estaban los amigos de Paltio, como si los estuviera evaluando antes de atacar.

“No vaciles, mi creación,” ordenó Meloc con voz fría y autoritaria.

“Destrúyelos.

Hazlos sentir el infierno en carne viva.” Mientras la nube de polvo se disipaba gradualmente, una risa maquiavélica resonó en el lugar, haciendo que un escalofrío recorriera la espalda de todos los presentes.

“¿Pero qué cosa es esa?” preguntaron Mok y Lucca al unísono, observando con horror la presencia que había aparecido frente a ellos y ahora se colocaba entre ellos y sus aliados, bloqueando cualquier posibilidad de escape.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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