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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 244

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244: El Arma Secreta Del Mal (2) 244: El Arma Secreta Del Mal (2) En ese momento, la nube de polvo comenzó a dispersarse lentamente, revelando una figura que se alzaba imponente frente a ellos.

Era una armadura futurista, diseñada con un aire intimidante y letal que helaba la sangre.

En el casco destacaban unas antenas afiladas que formaban una “V” invertida en la frente, proyectando una sensación de poder abrumador.

Un gran visor triangular se extendía desde los ojos hasta casi el mentón, pero su material polarizado impedía ver el interior, como si ocultara un misterio insondable, algo más allá de lo humano.

Era imposible saber quién —o qué— se escondía tras esa máscara impenetrable.

A cada lado del casco sobresalían tres púas afiladas, curvadas ligeramente hacia adelante, añadiendo un toque aún más amenazante al diseño.

Parecían listas para atravesar cualquier cosa que osara acercarse demasiado, como advertencia de que esta creación no solo era letal, sino también implacable.

La pechera estaba recubierta con un material duro y resistente, similar al utilizado por Avoteno, conocido por su indestructibilidad.

En los hombros, círculos metálicos sostenían hombreras caídas, como brazos inertes listos para cobrar vida en cualquier momento.

Sus extremidades superiores eran retráctiles, terminando en enormes muñequeras que parecían cañones integrados, capaces de desatar una destrucción implacable.

En lugar de manos, poseía garras metálicas afiladas, diseñadas para desgarrar sin piedad cualquier cosa que osara interponerse en su camino.

La parte baja del torso estaba decorada con inscripciones en morado, una escritura antigua que parecía vibrar con energía oscura.

Estas runas rodeaban todo el torso hasta la espalda, emanando un aura de poder ancestral.

Una especie de triángulo metálico conectaba las piernas, las cuales estaban recubiertas con una armadura pesada que emitía un brillo opaco bajo la tenue luz.

Desde las rodillas hacia abajo, los pies eran bloques macizos con luces rojas que subían y bajaban en un patrón constante, como si midieran algún tipo de energía interna.

En lugar de dedos normales, tenía tres garras largas: dos adelante y una más gruesa atrás, diseñadas para aplastar y destrozar con facilidad.

En la espalda, unas mangueras gruesas transportaban un líquido oscuro que entraba y salía de un cuadrado adherido a la parte superior, emitiendo un leve zumbido que resonaba en el aire.

Finalmente, una cola larga y metálica se extendía desde la base de la armadura, terminando en una punta afilada que brillaba con un resplandor ominoso, como si estuviera lista para atravesar cualquier obstáculo.

“¡Reciban a mi creación y mi arma secreta, la cual acabará con todos ustedes, malditos insensatos que osan aprisionarnos!” gritó Meloc con una mezcla de orgullo y locura en su voz.

“Este es mi mejor y último trabajo: el arma definitiva.

Mata entes, dioses, criaturas… ¡todo lo que se interponga en su camino!

También me gusta llamarla DeathSpark.” Toco-Toco, quien había estado corriendo hacia el campo de batalla, se detuvo en seco al ver la imponente figura frente a él.

Su expresión reflejaba asombro y preocupación.

“Debo avisarles,” murmuró el felino, girándose hacia los demás.

“Ve, mi creación, y acaba con ellos.

Hazlo por tu amo, Tertrol,” ordenó Meloc, señalando al grupo con un gesto dramático.

Luego se volvió hacia sus prisioneros con una sonrisa malévola.

“Ahora morirán todos ustedes gracias a mi arma.

Nadie podrá detenerla.” El científico loco se jactaba de su creación, observando cómo esta se erguía en el campo de batalla, lista para protegerlo y cumplir su propósito destructivo.

“Así que esta es tu arma final, ¿mi científico?” comentó Tertrol con una sonrisa satisfecha.

“Nada mal.” “De verdad, señor, esta maravilla fue diseñada combinando tecnología y magia trabajando juntas,” explicó Meloc, ajustándose las gafas con orgullo.

“Además, lleva la energía del Treelion, el material más resistente conocido.

Es prácticamente indestructible.

Y lo mejor de todo…” Hizo una pausa para mostrar un dispositivo en su muñeca, un control remoto con botones y pantallas.

“Está completamente bajo mis órdenes.” “¿Y por qué no avanza?

¿Se quedó sin batería o algo?” preguntó Tertrol con impaciencia, observando a DeathSpark, la imponente arma definitiva que permanecía inmóvil frente a ellos.

“Tranquilo, señor.

Le daré nuevamente la orden,” respondió Meloc, intentando mantener la compostura.

Luego se dirigió a su creación: “¡Oye tú, DeathSpark!

¡Ve y acaba con ellos!” Pero la máquina no respondió.

Ni un movimiento, ni un sonido.

Meloc frunció el ceño, visiblemente molesto.

“¡Máquina tonta!

¡Te lo ordeno!

¡Acaba con el enemigo!

¡No me hagas usar el control!” gritó, amenazándola mientras se preparaba para presionar los botones de su dispositivo.

“¡Máquina inútil!” Mientras tanto, Ron, confundido por la situación, preguntó: “¿Oigan, ¿qué pasa con esa cosa?

¿Por qué no se mueve?” “No lo sé, muchacho… Pero esa armadura que traes puesta se parece mucho a la mía,” dijo Eveldow, acercándose con una sonrisa orgullosa.

“¿Quién es usted?” preguntó Ron, desconcertado.

“Es el señor Eveldow,” respondió Milko, asombrado al ver a su señor ya no como un fantasma, sino completamente vivo.

“Pero… ¿cómo está vivo otra vez, señor?” “Es por algo que pasó con el juego de ese concejal de la avaricia.

Te lo contaré luego,” respondió Eveldow, su voz cargada de seriedad mientras los recuerdos de aquellos eventos se agolpaban en su mente.

Era evidente que no quería ahondar en el tema en ese momento, pero su expresión reflejaba la magnitud de lo que había vivido.

“Se ve genial con esa armadura, señor,” dijo Milko, admirando con asombro el traje que llevaba su señor.

La armadura era imponente, con detalles intrincados que brillaban bajo la luz tenue, como si estuviera diseñada tanto para inspirar temor como para resaltar su grandeza.

Cada línea y cada placa parecían haber sido moldeadas con un propósito claro: proyectar poder absoluto.

“¡Verdad!

Está genial, ¿no te parece?

¡El señor Eveldow vuelve a cabalgar!” exclamó Eveldow, alardeando de su nueva condición y su reluciente armadura.

“Bien por usted, señor,” dijo Milko, aunque su voz denotaba cierta tristeza.

“Hubiera sido mejor que el que vuelva a la vida hubieras sido tú, niño,” dijo Eveldow con un tono cargado de gravedad, mirando a Milko con una mezcla de culpa y tristeza.

“Pero no fue mi idea.

Todo fue culpa del concejal con el que me enfrenté.” Sus palabras resonaron en el aire, dejando entrever el peso de los eventos pasados.

Era evidente que Eveldow sentía remordimiento por cómo las cosas habían resultado, pero también una firme convicción de que su enfrentamiento con el concejal había sido inevitable.

“Silencio,” interrumpió Lukeandria con firmeza.

“Luego pueden hablar de ese tema.

Ahora hay que ver qué haremos con ese enemigo frente a nosotros.” “Tienes razón.

Debemos prepararnos ante cualquier cosa,” respondió Alita, interrumpiendo la conversación.

“Bien,” dijo Eveldow con determinación, su voz firme pero cargada de cautela mientras fijaba la mirada en el nuevo enemigo frente a ellos.

Su postura irradiaba confianza, como si estuviera listo para enfrentar cualquier desafío que se le presentara.

Por su parte, Meloc seguía intentando controlar a su invención, pero este permanecía inmóvil.

“¡Vamos, atácalos de una vez!” casi gritó, desesperado.

“No lo voy a hacer,” respondió una voz robótica y fría proveniente de DeathSpark.

“¿Qué no vas a hacer?” preguntó Meloc, confundido.

“¿Acabar con ellos?” “No.

Eso sí lo voy a hacer,” replicó la máquina con calma.

“Entonces…” comenzó Meloc, pero antes de que pudiera terminar, la máquina lo interrumpió.

“No voy a seguir órdenes de seres patéticos,” declaró DeathSpark con frialdad.

Antes de que Meloc pudiera activar el control en su manga, la máquina extendió su brazo retráctil y le cortó la mano de un solo movimiento limpio.

La sangre brotó de la herida mientras el científico comenzó a chillar de dolor.

“¡Pero!

¡qué es esto!” gritó Tertrol, horrorizado al ver cómo su propia creación se sublevaba.

“¡Tonta máquina, te atreves a traicionarnos!” Con furia, Tertrol lanzó sus ataques de energía hacia DeathSpark, pero estos ni siquiera hicieron cosquillas a la armadura futurista.

“Eres un ser despreciable, Tertrol,” declaró la máquina con voz metálica y autoritaria.

“Y no se cumplirán tus sueños.

Yo he decidido ser el líder de todas las sombras.” Sin darle tiempo a reaccionar, DeathSpark acercó su brazo hacia Tertrol con una velocidad sobrecogedora.

Su mano se transformó en una especie de lanza afilada que brilló bajo la luz tenue antes de perforar el pecho del tejón azul con precisión letal.

El impacto fue limpio, casi quirúrgico, como si la máquina supiera exactamente dónde golpear para asegurar una muerte rápida pero inevitable.

Luego, con el mismo gesto frío e implacable, DeathSpark retrajo su brazo, llevándose consigo el corazón aún palpitante de Tertrol.

Observó con desprecio cómo el cuerpo inerte del villano se desplomaba contra el suelo, cayendo con un golpe sordo que resonó en el silencio sepulcral del campo de batalla.

Fríamente, la máquina permaneció inmóvil por un instante, como si estuviera evaluando su obra.

No había emoción en su postura, solo una eficiencia sombría que helaba la sangre.

Tertrol, el temido villano que una vez sembró el caos, ahora yacía derrotado, reducido a nada más que un cadáver sin vida frente a la imponente figura de su propia creación.

Todos los presentes se quedaron inmutados ante lo que acababan de presenciar.

Incluso Mok y Lucca, que estaban cerca de Tertrol y Meloc, se paralizaron, incapaces de procesar cómo todo había sucedido en un abrir y cerrar de ojos.

El aire parecía más pesado ahora, cargado de tensión y horror.

El cuerpo sin vida de Tertrol yacía en el suelo, mientras Meloc, herido y tembloroso, miraba con incredulidad a la máquina que él mismo había creado.

Nadie podía creer que DeathSpark, diseñada para ser su arma definitiva, se hubiera vuelto contra ellos.

“¿Qué vamos a hacer ahora?” murmuró alguien en voz baja, rompiendo el silencio tenso.

La pregunta resonó en las mentes de todos.

Frente a ellos estaba una máquina asesina, imponente e indestructible, que acababa de demostrar su capacidad para eliminar sin piedad a sus propios creadores.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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