La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 245
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245: DeathSpark 245: DeathSpark “No, no lo haré”, respondió su creación a Meloc con un tono gélido, rechazando las órdenes que le impartían.
No seguiría sus instrucciones, pero tenía algo claro: acabaría con los enemigos.
Y, sobre todo, con el mayordomo llamado Mok.
Con una rapidez sobrecogedora, la criatura se movió como un relámpago oscuro.
Primero, arremetió contra Tertrol, arrancándole la vida de un solo golpe certero.
Luego, sin detenerse, desgarró el brazo de Meloc con una precisión brutal.
La sangre brotó en un chorro caliente, tiñendo el suelo bajo ellos mientras el líder tejón caía de rodillas, incapaz de contener un grito ahogado de dolor.
El aire se llenó con un sonido metálico estridente cuando la máquina se inclinó hacia adelante, evaluando su obra con una frialdad implacable.
Pero no terminó ahí.
Con un movimiento rápido, tomó a Meloc, quien aún se desangraba por la pérdida de su brazo, y lo atrajo hacia sí con uno de su brazo retráctil.
“Deja de hacer ruido”, le espetó el DeathSpark con voz robótica y despiadada.
“Aunque me gusta escuchar el dolor, ya me aburriste”.
Acto seguido, lanzó a Meloc al suelo con desprecio y lo aplastó completamente bajo una de sus enormes patas metálicas, dejando escapar un crujido siniestro que resonó en el campo de batalla.
Finalmente, posó su mirada en Mok, quien permanecía inmóvil, observando la escena con una mezcla de horror y determinación dibujada en su rostro.
¿Por qué se la agarraría con Mok?
no entiendo se preguntó Lucca.
Pero no había tiempo para pensar en eso.
Los soldados de las sombras al ver que habían matado al último de los tejones lideres, decidieron ir gracias a los pocos generales que quedaban en el campo, decidieron enfrentar a esa cosa pensando que en número le iban a ganar.
Dejando de lado al ejército de los aliados que también vieron la escena de como masacro a Meloc y Tertrol, pero prefirieron quedarse neutrales, viendo como sus enemigos salían al encuentro de la maquina asesina.
Déjelos ir dijo el rey de Hassdalia.
“¿Pero por qué se retiran?”, preguntó Nomak mientras acababa con algunos soldados enemigos que aún resistían, observando con incredulidad cómo otros huían despavoridos.
No es por eso amiga le dijo Galatea es por esa cosa que esta allá.
Nomak volteo y miro a la máquina que estaba aplastando el cuerpo de Meloc.
¡Oh, no!
que acaba de hacer dijo ella, se nos adelantó con los peces gordos añadió.
No creo que sea por eso dijeron las hijas de Galatea reprendiendo a Nomak.
Bien como sea ya hemos ganado la guerra entonces dijo ella.
No aun no falta acabar con su líder y ahora contra esa cosa interrumpió Strongia que fue a verlas.
Los solados con los generales pasaron por el lado de los amigos de Paltio, para enfrentarse con el DeathSpark.
Diciéndoles que después de que acabaran con esa cosa irían por ellos.
“¡Opal!” gritó Alita, con una mezcla de sorpresa y tensión en su voz al ver a su enemigo finalmente liberado, pasar por su lado.
Luego arreglaremos cuentas niña le dijo Opal mientras avanzaba con los demás.
Todos rodearon al robot apuntándole con sus armas yendo directo acabar con este por acabar con su líder, haciendo un círculo por el cual no podría escapar el robot, apuntándole con las diversas armas que tenían.
El DeathSpark les dijo tontos no debieron molestarse en venir a mi todos ustedes a darme la bienvenida como su líder de las sombras.
Tu nuestro líder, no tu debes pagar por lo que hiciste dijo el general del ejército de sombras morado Noob, uno de los pocos generales que quedaba en pie, junto a uno de las rojas, uno de la azul, junto con Opal que lo habían liberado y uno de la negra y uno de la verde.
Ya veo entonces vienen para su funeral, morirán entonces y se desvaneció en el aire frente a sus ojos antes de que pudieran hacer algo.
Apareciendo delante de Noob, partiéndolo en dos con sus enormes garras metálicas, luego continúo atacando a los soldados que estaban cerca de Noob.
Saltaba de un lado al otro acabando con los soldados rápidamente como si se tratara de una máquina rebanadora de pan o una guillotina, acabando con cada soldado que se le acercaba, rebanándolos a algunos, partiéndolos a la mitad a otros.
Los generales restantes cayeron de sus caballos cuando su oponente, con un movimiento rápido y preciso, cortó las cabezas de los animales.
Se pusieron de pie, decididos a luchar, pero uno tras otro terminó empalados por la cola metálica como donas o desgarrados por las garras afiladas del monstruo.
A pesar de recibir todo tipo de ataques —disparos láser, estocadas de espadas, lanzas arrojadizas, flechas encendidas y explosiones atronadoras—, el cuerpo del DeathSpark permanecía intacto, como si ninguna arma pudiera tocarlo.
“¡Ignorantes!
¿De verdad pensaron que tenían oportunidad ante mí?”, se burló el DeathSpark mientras masacraba a los soldados a su alrededor con una precisión mecánica.
Opal gritaba órdenes desesperadas: “¡No rompan la formación!
¡Mantengan la línea!”.
Pero ya nadie le hacía caso.
El caos reinaba, y cada intento de resistencia se desmoronaba frente a la máquina asesina.
Los pocos supervivientes comenzaron a huir despavoridos, gritando palabras entrecortadas: “¡Es un monstruo!
¡Un demonio!”.
Sin embargo, no había escapatoria.
La máquina los alcanzaba con pasos veloces, disparando láseres desde sus muñequeras que cortaban carne y hueso con facilidad.
Disfrutaba viendo el dolor en sus rostros antes de rematarlos con su cola puntiaguda o transformando sus manos en enormes lanzas que perforaban sin piedad.
“¿Qué cosa eres tú, monstruo?”, gritó Opal, enfrentándosele con ataques mágicos brillantes que iluminaron brevemente el campo de batalla.
Pero cada ataque era absorbido por las extrañas runas luminosas grabadas en su abdomen, como si la máquina se alimentara de la energía dirigida hacia ella.
“Nada mal, tonta comadreja”, replicó el DeathSpark con desdén, devolviendo los ataques con una fuerza devastadora que lanzó a Opal varios metros hacia atrás, dejándolo herido y vulnerable.
Algunos soldados cercanos intentaron arrastrarlo para salvarlo, pero fue en vano.
El DeathSpark dio un gran salto, plantándose frente a ellos con un movimiento ágil y letal.
Con tres dedos largos y afilados, como garras metálicas, aprisionó la cabeza de uno de los soldados, aplastándola sin esfuerzo, y luego lanzó el cuerpo inerte contra el otro, clavándole el aguijón de su cola con un sonido húmedo y escalofriante.
Uno a uno, acabó con los últimos soldados, dejando solo a Opal, quien respiraba con dificultad, apoyándose débilmente sobre un brazo ensangrentado.
“¿Quién eres, maldito demonio?”, preguntó Opal, mirándolo con odio mientras sentía cómo la vida se le escapaba.
El DeathSpark no respondió.
En cambio, lo perforó en el abdomen con una de sus garras, observando fríamente cómo moría.
Las últimas palabras de Opal fueron apenas un susurro: “Señor Tertrol… lo siento”.
“¡No!
¡Opal!”, gritó Alita desde la distancia, incapaz de moverse del lugar donde estaba paralizada por el horror.
Nadie estaba a salvo de esa cosa.
Los aliados observaban la escena con terror absoluto, demasiado asustados para intervenir después de presenciar la crueldad implacable del DeathSpark.
“Tranquilos, nosotros nos encargaremos”, dijo Lukeandria a sus aliados, aunque su voz temblaba de nerviosismo.
Intentaba mostrarse fuerte, pero en realidad quería evitar más bajas en su bando tras haber visto cómo aquella máquina exterminaba sin piedad a los suyos.
Ninguno de los soldados del ejército de las sombras sobrevivió a la carnicería orquestada por el DeathSpark.
Por otro lado, Toco-Toco observaba la masacre desde lejos, murmurando para sí mismo: “Chiro solo me dijo que era un arma letal, pero nunca pensé que se pondría en contra de su creador.
Vine aquí para avisarles, pero… esto ya no es una guerra.
Es una matanza”.
Recuerdos de lo que le dijo Chiro inundaron su mente.
Así que ese ataúd contenía un arma… Pero ya acabé con las torretas, ¿no?
—murmuró Toco-Toco, intentando procesar la información.
—Las torretas solo eran una calurosa bienvenida.
Eso significaba que el arma había sido activada —respondió Chiro con un tono grave, casi como si temiera pronunciar las palabras siguientes.
—¿Cómo que mera distracción?
¿Entonces la muerte de mi Rose fue en vano?
—preguntó el profesor, con la voz quebrada por la impotencia y la tristeza.
Su mirada se perdió en algún punto del suelo mientras los recuerdos de Rose lo invadían.
—Temo que sí, profesor —admitió Chiro, bajando la cabeza.
Luego continuó—: Lo único que sé de esa arma es que fue forjada con tecnología avanzada y magia ancestral.
Además, tiene un huésped dentro, pero no sé quién sea.
Me rescataron antes de que pudiera presenciar la finalización del arma.
Sin embargo, viendo los planos… nadie podría ganarle a esa cosa.
No tiene puntos débiles.
Es la máxima creación de Meloc, y encima cuenta con un arsenal devastador que la hace prácticamente invencible.
Si nos topamos con esa arma, lo mejor sería correr.
Tiene un alcance de mil metros, sus ataques son letales, es rápida, fuerte… Es el monstruo perfecto.
—Chiro hablaba con nerviosismo evidente, como si temiera que el DeathSpark apareciera en cualquier momento.
—¿Huir de esa cosa?
—preguntó Toco-Toco, incrédulo.
—Sí.
Aunque no creo que puedan ir muy lejos.
Una vez encendida, esa cosa es imparable e invencible.
Puede encontrarte donde sea.
No hay escapatoria ante su poder —respondió Chiro con una mezcla de resignación y pánico en su voz.
—Corre, ve a advertirles a los demás —intervino Karpi, empujándolo hacia adelante.
El gato salió disparado con todas sus fuerzas, decidido a avisar a los demás del peligro inminente al que se enfrentaban.
Mientras corría, recordó las palabras de Chiro y sintió un escalofrío recorrer su espalda.
“Nada le hace daño a esa cosa… Ese DeathSpark… ¿Es acaso invencible?”, pensó Toco-Toco, asimilando la magnitud de la amenaza.
Pero cuando llegó al campo de batalla, ya era demasiado tarde.
Presenció la crueldad desmedida del DeathSpark, cómo había masacrado sin piedad a sus aliados.
—Si con sus propios aliados hizo esto, no me imagino lo que hará con nosotros —murmuró el felino, observando al enemigo frente a ellos.
—Debe haber un demonio dentro de esa cosa —reflexionó Toco-Toco en voz baja, sintiendo la energía oscura que emanaba de la máquina.
Era como un peso invisible que oprimía el aire a su alrededor.
Una vez que el DeathSpark terminó con todos los soldados de las sombras —quienes, ingenuamente, pensaron que ser más numerosos les daría ventaja—, la máquina giró lentamente sobre sí misma.
Con un movimiento preciso, posicionó su mirada frente a Mok y su grupo.
Las luces LED en su casco parpadearon, y sus ojos rojos endemoniados cambiaron por una “X” brillante y amenazante.
Los aliados cruzaron miradas entre sí, preguntándose si aquello significaba que estaban a salvo.
Pero pronto comprendieron que eso no era más que el principio.
—Pensaron que se iban a salvar, ¿verdad?
Esto solo fue un calentamiento para mí.
Prepárense —declaró el DeathSpark con una voz robótica, imponente y cargada de amenaza.
Sin previo aviso, el robot lanzó un ataque fulminante hacia donde estaba Mok, quien rápidamente bloqueó los golpes con su espada gracias a la guía del espíritu de Luara.
Logró defenderse de las garras afiladas, pero la cola del DeathSpark resultó ser un problema mayor.
La punta metálica pasó rozando su costado, a punto de infligirle una herida mortal, si no fuera por la intervención de Lucca.
—Gracias —dijo Mok, jadeando mientras recuperaba el equilibrio.
“No te entrometas, anciano”, le espetó el DeathSpark antes de lanzarle una patada devastadora a Lucca.
El anciano logró protegerse con su bastón, pero la fuerza del impacto lo despidió varios metros, haciéndolo caer con un golpe seco.
“Debemos ayudar a Mok”, dijo Alita, tratando de sacudirse el horror que había presenciado momentos antes.
Observó a los demás, quienes estaban paralizados por el miedo.
Sabía que no podía culparlos después de ver la brutalidad implacable de aquella máquina, pero necesitaba sacarlos de ese trance.
“Bien, vamos”, dijo Ron, mirando a Alita con determinación en sus ojos.
“Pues qué más da.
Total, ya morí una vez”, añadió Eveldow con un tono resignado pero decidido, preparándose para enfrentarse al enemigo.
“Ya que”, dijo Lukeandria, aunque su voz temblaba ligeramente.
“Yo también iré.
Le prometí a mi papi que los ayudaría”, declaró Rykaru con firmeza, uniéndose al grupo sin dudarlo.
Todos corrieron hacia donde Mok seguía luchando contra el DeathSpark, enfrentándose a una máquina que parecía invencible.
Mientras tanto, Ariafilis, los otros reyes, Galatea, sus hijas, Nomak, los padres de Paltio, su abuelo, Ban, Ludra y Gikel observaban la escena desde la distancia, incapaces de moverse.
El miedo los tenía atrapados, como si sus pies estuvieran clavados al suelo.
“Ese monstruo es poderoso”, murmuraron algunos entre ellos, con voces apenas audibles.
“No, no podemos dejar a los muchachos enfrentarse a esa cosa solos.
Debemos apoyarlos”, dijo Rodelos, rompiendo el silencio opresivo que los rodeaba.
Su voz resonó con firmeza, intentando infundir algo de valor en los demás.
“Esa cosa es muy poderosa”, respondieron algunos soldados que habían decidido mantenerse al margen, acobardados tras presenciar los estragos que el DeathSpark había causado.
“Eso es… Témanme”, rugió el robot endemoniado, su voz robótica resonando como un trueno atronador que sacudió el campo de batalla.
Cada palabra parecía vibrar en el aire, cargada de una energía opresiva.
“Yo soy la chispa de su muerte.
Soy el DeathSpark”.
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