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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 246

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  4. Capítulo 246 - 246 Una Batalla Imposible
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246: Una Batalla Imposible 246: Una Batalla Imposible “Peleas bien para ser un mayordomo, ¿eh?” le dijo el DeathSpark a Mok con una voz cargada de sarcasmo metálico.

“Pero no eres suficiente para mí.

Te haré sufrir tanto como puedas soportar”.

Mok intentó cubrirse con su espada, pero sabía que su arma era inútil contra aquel enemigo invencible.

En ese momento, la cola del DeathSpark atravesó su costado, provocando un grito ahogado de dolor.

La sangre brotó caliente, corriendo por su cuerpo mientras caía de rodillas.

“Eso es música para mis oídos”, dijo el DeathSpark con deleite.

“Pensé que te perforaría con eso, pero veo que llevas un traje mágico.

Bueno, no importa.

Veamos cuánto más puedes aguantar contra mí.

No te vayas a morir tan rápido… Quiero oírte gritar de dolor”.

Mok seguía sin comprender quién —o qué— podría ser esa cosa que tenía frente a él.

El DeathSpark se burlaba, disfrutando del misterio que aún no revelaba.

“Tranquilo, Mok, ¡la ayuda llegó!”, dijeron sus compañeros, quienes finalmente reunieron fuerzas para acudir en su auxilio.

Lukeandria lanzó su escudo de media luna, que giraba rápidamente para interceptar los ataques de la cola del DeathSpark.

Alita intentó inmovilizarlo con ataques de tierra, hundiendo el suelo bajo sus pies.

Ron y Eveldow se concentraron en cada uno de los brazos del robot, mientras Rykaru preparaba un golpe decisivo en el pecho.

Todos estaban coordinados, lanzando ataques sin descanso.

Sin embargo, el DeathSpark no parecía impresionado.

“Mayordomo, ¿vas a dejar que estos insignificantes peleen tu batalla?” dijo el robot con desdén.

“Si es así, entonces los mataré a ellos primero, sin piedad, para que sientas ese remordimiento de no poder salvarlos antes de que tú mueras”.

Su voz estaba cargada de un deleite cruel.

“No puedo dejar que ellos peleen con esta cosa”, pensaba Mok frenéticamente, debatiéndose entre el orgullo y la necesidad de proteger a sus amigos.

“¡Esperen, muchachos, apártense, no sigan!” gritó Mok desesperado.

“No te preocupes, es mi turno”, dijo Alita, decidida.

Creó un enorme círculo mágico sobre el enemigo, brillando intensamente en el cielo nocturno.

“Bien”, respondieron todos al unísono cuando Toco-Toco, aprovechando el momento, lanzó una fuerte patada en el estómago del DeathSpark, forzándolo a retroceder y alejarse de los demás.

El círculo mágico de Alita explotó en una lluvia de meteoros de fuego que cayeron sobre el enemigo con una fuerza devastadora.

Un enorme cráter se formó en la tierra, humeando y dejando un olor acre de ceniza en el aire.

“Vaya, sí que te has vuelto poderosa”, comentó Ron, halagando a Alita con una sonrisa de admiración.

“Gracias… Fue por el entrenamiento”, respondió ella, ruborizándose ligeramente.

Sin embargo, antes de que pudieran celebrar, una risa maléfica resonó desde el cráter.

El DeathSpark emergió ileso, su figura imponente iluminada por las brasas que aún ardían a su alrededor.

“Gracias por la carga mágica, niña”, dijo el enemigo con una sonrisa retorcida.

“En muestra de mi agradecimiento, los mataré rápido”.

“¿Qué es esa cosa?

¡No puede ser destruida con nada!”, exclamó Alita, su voz temblorosa por el nerviosismo.

El enemigo se desvaneció frente a ellos y reapareció de repente frente a Alita.

“Tú serás la primera, niña”, dijo el DeathSpark con un tono frío y amenazante.

Con una de sus enormes garras metálicas, se lanzó hacia ella, listo para atravesarla.

Pero Ron se interpuso rápidamente, protegiéndola con su cuerpo.

Según él, su armadura era resistente… pero pronto empezaron a aparecer grietas en ella.

Un hilillo de sangre comenzó a brotar de su boca mientras luchaba por mantenerse en pie.

“Nada mal, niño.

Veo que le tienes afecto a esta muchacha de pelo rosa.

¿Qué tal si los mato a ambos a la vez?

Sería una muestra de mi gentileza”, dijo el DeathSpark con sorna.

Luego añadió, con una sonrisa cruel: “Aunque, mejor aún… que ella te vea morir primero.

Sería un deleite para mí”.

Cargó su mano nuevamente contra Ron, preparándose para rematarlo.

“¡No!” gritó Alita desesperada.

En ese momento, varios clones de Lukeandria aparecieron, intentando detener el avance del enemigo.

Toco-Toco aprovechó la distracción para llevarse a Ron y Alita del lugar.

“¿Qué pasó?

¡No te mueras, Ron!”, le decía Alita mientras lo arrastraban, pero el DeathSpark no iba a dejar que escaparan tan fácilmente.

“Pero no se irán”, declaró el robot antes de que todo su cuerpo comenzara a irradiar electricidad.

Con una descarga masiva, acabó con todos los clones de Lukeandria, dejando el campo despejado.

Se desvaneció nuevamente y reapareció frente a Toco-Toco.

“Es rápido”, murmuró el felino, apenas logrando esquivar un ataque.

“Gato tonto, nos volvemos a ver”, dijo el DeathSpark con frialdad, lanzándole una patada que lo envió de vuelta al campo junto con los demás.

El malvado robot estaba a punto de acabar con los muchachos, pero fueron salvados por alguien inesperado.

“¡Métete con alguien de tu tamaño!”, gritó Eveldow, lanzándose hacia el enemigo con un potente tacle.

“¡Sí, eso es, señor Eveldow!”, exclamó Milko emocionado, observando cómo su señor enfrentaba al enemigo.

“Interesante”, dijo el DeathSpark, examinando la armadura negra de Eveldow.

“Esta armadura es como la que tiene ese mocoso, pero en negro.

¿Acaso las venden en colores?” añadió con sarcasmo.

“¡Soy un antiguo rey de Fuertelia, el gran Eveldow, y voy a acabar contigo, maldito demonio!”, rugió Eveldow, sujetando las manos del robot con fuerza, tratando de ganarle en resistencia.

“¿Esta armadura es resistente?

Eso crees.

Comprobémoslo, supuesto antiguo rey”, respondió el robot con desdén.

De repente, su cola metálica se disparó directamente hacia el pecho de Eveldow, golpeándolo con una fuerza devastadora.

La armadura de Eveldow comenzó a desquebrajarse bajo el impacto.

Eveldow sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

Había confiado en que su armadura sería suficiente, pero estaba equivocado.

La fuerza del robot era abrumadora; con un solo ataque, había perforado su defensa tan fácilmente como si fuera una hoja de papel.

“Parece que no”, dijo el robot con una risa burlona, lanzando más ataques con su cola hasta que la armadura de Eveldow quedó completamente destrozada.

“¡Vamos, chicos!, ¡qué esperan!

¡Ataquen!”, gritó Eveldow, instando a los demás a aprovechar que tenía al DeathSpark ocupado mientras resistía los golpes de su cola.

Mok se preparó para lanzarse al ataque, pero en ese momento vio algo que lo detuvo en seco.

El enemigo actuó más rápido de lo que nadie esperaba.

“Esta será tu fin”, declaró el DeathSpark con una voz fría y despiadada antes de lanzar una patada devastadora al abdomen de Eveldow.

El impacto le robó el aire, obligándolo a soltar las manos del robot por un instante.

El enemigo aprovechó ese breve descuido.

“Solo estaba jugando un rato”, dijo con sorna, mientras aprisionaba a Eveldow con una sola mano y lo levantaba del suelo.

Luego, su cola metálica se enrolló alrededor del cuerpo de Eveldow, inmovilizándolo por completo.

Con la mano libre, transformó sus dedos en una lanza afilada, preparándose para darle la estocada final.

Pero justo cuando estaba a punto de atravesarlo, un escudo brillante apareció frente a Eveldow, protegiéndolo del golpe mortal.

“¡Dejen en paz al señor Eveldow!” gritó Milko, cuyo espíritu poseyó un escudo para intervenir.

“Un fantasmita… Qué tierno”, dijo el DeathSpark con una risa burlona.

Al parecer, podía ver al pequeño espíritu de Milko.

“Pero no me importa”.

Un rayo de energía surgió de su visor, partiendo el escudo en dos con un destello cegador.

“Tú morirás primero, señor Eveldow”, dijo el robot, refiriéndose a cómo Milko había llamado al antiguo rey.

“¡No!

¡Señor Eveldow, no!” gritó Milko, impotente, sabiendo que sus poderes como fantasma solo le permitían poseer un objeto a la vez.

No había nada más que pudiera hacer.

“No te preocupes, Milko.

Yo ya he muerto una vez; morir otra vez no me importaría”, respondió Eveldow con calma, aunque aún recuperaba el aliento.

Su voz era firme, casi serena, como si hubiera aceptado su destino.

“Valientes palabras… El no tener miedo a la muerte es admirable, pero morirás de todos modos.

No sin antes deleitarme con tu agonía”, dijo el DeathSpark, disfrutando cada segundo de la desesperación de sus oponentes.

Con un movimiento rápido y brutal, arrancó las extremidades de Eveldow de un tirón.

El cuerpo del antiguo rey cayó al suelo, desangrándose rápidamente mientras un charco carmesí comenzaba a formarse bajo él.

Antes de que Milko pudiera reaccionar, un rayo del visor del robot perforó el abdomen de Eveldow, sellando su destino.

“¡No, señor Eveldow, no!” repetía Milko, con la voz quebrada por la impotencia y el dolor.

“Tranquilo, muchacho… Nos volveremos a ver como antes”, murmuró Eveldow desde el suelo, su voz débil pero cargada de calma, mientras su vida se apagaba lentamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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