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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 248

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248: Bajo el Disfraz 248: Bajo el Disfraz “¿Quién diría que Eveldow nos salvaría?” le comentó Ron a Alita mientras ambos se levantaban del suelo, observando cómo el antiguo fantasma del castillo abandonado en Fuertelia era acabado por el enemigo.

“No me lo esperaba”, dijo Lukeandria acercándose, con una mezcla de asombro y tristeza en su voz.

Miró brevemente a Ron y Alita, evaluando sus estados mientras las heridas y el cansancio eran evidentes en ambos.

“No hay tiempo, debemos apoyar a Mok”, añadió con urgencia, su mirada fija en el campo de batalla donde el enfrentamiento contra el DeathSpark se volvía cada vez más desesperado.

“Bien, vamos.

Pero antes te curaré”, respondió Alita, concentrando su energía mágica para sanar la herida de Ron.

Una luz suave emanó de sus manos mientras cerraba la herida en el costado del muchacho.

Mientras tanto, Mok seguía enfrentándose al DeathSpark.

Su espada chocaba contra las poderosas manos con garras afiladas del robot, pero el combate estaba lejos de ser igualado.

La cola metálica del enemigo se movía con una velocidad sobrehumana, dificultando cualquier intento de contraataque.

El mayordomo luchaba por mantener el ritmo, aunque ya estaba agotado tras su enfrentamiento con Pridel.

Pero no había tiempo para descansar; cada segundo contaba.

En ese momento, Lucca volvió al combate, cambiando su bastón por dos espadas gemelas.

Con movimientos precisos, trató de ayudar a Mok, pero el DeathSpark apenas parecía notarlo.

“Es inútil.

Así sean más, morirán de todas maneras”, se regodeó el robot, casi como si estuviera jugando con ellos.

“¡Vamos a apoyarlos!” gritó Rodelos, reuniendo a algunos hombres que aún tenían fuerzas para luchar.

Avanzaron directamente hacia donde Mok y Lucca peleaban contra el enemigo.

“Estoy ocupado.

Luego acabaré con ustedes.

De momento, los dejaré con unas amigas”, declaró el DeathSpark con sorna.

De repente, del suelo emergieron unas torretas automáticas que comenzaron a disparar láseres en todas direcciones.

Los rayos cortaban el aire con un zumbido agudo, hiriendo y derribando a algunos soldados que intentaban avanzar.

“Eso los entretendrá un poco”, dijo el DeathSpark con frialdad, sin apartar la mirada de Mok y Lucca.

El robot lanzó otro ataque con su enorme cola, esta vez contra Lucca.

Aunque logró bloquear el golpe con sus espadas, no pudo romper la resistencia de la cola metálica.

Justo entonces, un sonido estruendoso resonó en el campo de batalla: ¡ZAS!

Era Ron, quien apareció de improviso y golpeó con todas sus fuerzas el casco del enemigo.

Pero el impacto no causó ningún daño visible al enemigo.

En cambio, varias rocas cercanas se partieron con el choque, enviando fragmentos volando por el aire.

“Nada mal, niño.

Pero te falta más”, dijo el DeathSpark con desdén, lanzando un cabezazo hacia Ron mientras mantenía a raya a Mok y Lucca.

Ron salió despedido hacia atrás, su casco destrozado por el impacto.

Sin embargo, gracias a la rápida intervención de Alita, una almohada gigante hecha de energía mágica amortiguó su caída.

“Gracias”, murmuró Ron mientras se ponía de pie, mirando consternado los restos de su casco.

Una fina línea de sangre corría por su frente, mezclándose con el sudor.

“Maldición… Si sigo así, se va a acabar mi energía”, indicó el joven con la cara descubierta y una expresión de frustración en su rostro.

“¡Geki!” gritó Mok a su compañero.

El gecko, aunque herido, entendió al instante lo que debía hacer.

Con agilidad, salió corriendo hacia donde estaban los demás, quienes intentaban cubrirse de los láseres que venían de todas partes.

“¡Maldición!

¿De dónde salieron todas esas cosas?” exclamó Ban, escondido detrás de una piedra mientras intentaba evitar los disparos.

“No lo sé, señor, pero necesitamos que esté a salvo”, respondió Ludra con urgencia, lanzando ráfagas de piedras con los pies para distraer a las torretas.

Gikel, por su parte, lanzaba rocas hacia las armas automáticas, tratando de desactivarlas o al menos dañarlas lo suficiente para reducir su potencia.

“Chip, ¿no tienes más de esos explosivos?” preguntó Rodelos mientras lanzaba rocas hacia las torretas automáticas, al igual que Gikel.

“No, ese era el último.

Pero si logro llegar donde Rose, puede que consiga más municiones”, respondió Chip rápidamente, evaluando sus opciones con una mezcla de urgencia y preocupación.

Sin embargo, un pensamiento lo detuvo: “No sé qué fue ese estruendo que escuchamos hace rato… Provenía justo de donde estaba Rose”.

“Lo malo es que no hay por dónde escapar”, exclamó la madre de Paltio mientras disparaba flechas hacia las máquinas.

Cada vez que lograba impactar una torreta, esta parecía regenerarse, emergiendo nuevamente como si estuviera alimentada por una fuerza desconocida.

“Parece que estuvieran conjuradas con magia.

Cada vez que le das, vuelve a salir una nueva”, comentó el padre de Paltio con frustración, observando cómo las torretas reaparecían sin cesar.

“Sí, es muy peligroso”, dijo Ariafilis, quien aún estaba herida tras su batalla anterior contra Blajon.

Su voz se entrecortaba ligeramente, cargada de tristeza por la pérdida de su amigo Jock.

“¿Cómo acabamos con esas cosas?” se preguntaban los presentes, cuando de repente, una voz resonó desde el cielo: “¡Yo los ayudo!”.

Un punto pequeño descendió rápidamente, desdibujándose en el aire hasta revelar una figura conocida.

Gracias al uso de una catapulta creada por la magia ilusoria real de Lume, alguien había logrado llegar hasta ellos.

“¡FELICA FORM!” gritó la figura en el aire.

Frente a todos apareció una enorme tortuga acorazada, imponente y majestuosa.

“Tranquilos, yo los cubro de este lado.

Coloquen a los heridos detrás de mí”, dijo Geki con determinación, posicionándose estratégicamente frente al grupo.

“Está bien”, respondió Galatea, apoyada por Nomak y las demás.

Todos corrieron a refugiarse detrás de la tortuga, utilizando su caparazón como escudo contra los ataques incesantes de las torretas.

“Así que usaron la enorme tortuga para protegerse… Nada mal”, dijo el DeathSpark con un tono burlón.

Luego añadió, mirando a Geki: “Pero… ¿cuánto resistirá?

Veo que ya está herido después del último combate”.

Desde la bolsa de Paltio, que ahora Ron llevaba consigo, Chiki intentaba salir.

“Muchacho, déjame salir”, insistió.

“Aún no, maestro.

Está herido.

Si sale, solo será otra muerte innecesaria”, replicó Ron con firmeza.

“Él tiene razón.

Ese tipo de robot es muy peligroso”, intervino Nakia, quien también se encontraba junto a ellos.

“Demonios”, murmuró Chiki, visiblemente frustrado por su estado debilitado.

“Si Paltio nos pudiera curar, estaríamos bien”, dijo Chiki, pensativo.

Luego, mirando a Nakia, preguntó: “Oye, tú no sabes magia curativa, ¿ave?” “Bueno, sí, pero no tengo mucha energía”, respondió Nakia con un suspiro.

“Y qué tal tú, aprendiz Alita.

¿Ella podría ayudarnos?” preguntó Chiki.

“No, ella necesitará toda su energía para pelear contra ese sujeto.

Además, veo que la magia no es efectiva contra él; más bien lo fortalece”, explicó Nakia con preocupación.

“Quizá Lume, con su magia ilusoria, pueda ayudarte con eso”, sugirió Nakia tras unos segundos de reflexión.

De pronto, pidieron a Ron que trajera a Lume.

El hurón se encontraba con Lukeandria, listo para volver al combate contra el enemigo.

“Bien, lo intentaré, aunque no tengo mucha energía.

Quedé exhausto después de la pelea que tuvimos”, dijo Lume con voz cansada, sus palabras apenas un murmullo mientras luchaba por mantenerse en pie.

A pesar de su agotamiento, comenzó a canalizar su magia, cuyas luces tenues y parpadeantes danzaban alrededor de sus manos temblorosas.

Logró sanar a algunos de sus compañeros, pero solo hasta donde sus fuerzas se lo permitieron.

“Recuerden que mi tipo de magia solo funciona si la persona a la que se la lanzo cree que funcione”, añadió Lume, mirando a los demás con una mezcla de disculpa y determinación en sus ojos.

“Es decir, cuando crean que mi magia los alivia, será en ese momento cuando realmente surta efecto”.

Sabía que sus limitaciones podían ser un obstáculo, pero no había tiempo para lamentarse.

La urgencia del momento pesaba sobre sus hombros mientras veía las heridas y el cansancio en los rostros de sus compañeros.

Los demás igual a pesar de la advertencia decidieron que Lume use sus poderes.

Una vez realizada su magia en ellos, Lume les explicó la situación completa.

Habló de la naturaleza del enemigo, de cómo sus poderes parecían alimentarse de cualquier ataque mágico dirigido hacia él, y de lo imposible que parecía vencerlo.

Sus palabras resonaron en el aire como un eco gélido, helando la piel de todos los presentes.

La gravedad de la situación era palpable, y cada uno de ellos sintió el peso de la desesperanza apretando sus pechos.

“Es un sádico”, murmuró Chiki con rabia contenida.

“Bien, muchacho, te ayudaremos en lo que podamos”, dijeron Chiki y Nakia al unísono, decididos a contribuir a la lucha contra el DeathSpark.

Mientras esto sucedía, Toco-Toco regresó al lugar donde Karpi y los demás se encontraban, no muy lejos de donde ocurrió el ataque.

Dejó a Milko con ellos, explicándoles brevemente quién era el niño y la situación crítica en la que se encontraban.

“Bien, nosotros lo cuidaremos”, dijo Paris con determinación, mientras Dall asentía a su lado, colocándose protectoramente cerca de Milko.

“Pobrecito… Por lo que ha pasado”, murmuró Paris con tristeza, mirando al pequeño, quien aún parecía abrumado por el dolor y la confusión.

Toco-Toco se acercó a Chiro para contarle lo que había presenciado.

El pequeño hámster humanoide escuchaba con atención, pero sus ojos reflejaban sorpresa y temor ante las palabras del felino.

“Así que esa cosa se reveló contra su amo y acabó con el último de los tejones líderes en pie”, reflexionó Chiro, pensativo.

“Eso significaría que los soldados ya no tienen motivos para seguir luchando, ¿pero?

¿cómo es posible que sigan peleando?

Parece que hay algo más que los impulsa”.

Chiro hizo una pausa antes de continuar: “Y ahora también me dices que acabó con todos los ejércitos de las sombras.

Te lo dije: esa cosa es una máquina de matar.

Y quienquiera que esté dentro debe ser alguien muy perturbado”.

“¿Cómo que alguien?” preguntó Toco-Toco, sorprendido por la revelación.

“Así como te comenté: esa cosa llamada DeathSpark está siendo controlada por alguien en su interior.

No es un simple robot.

En todo caso, sería más preciso decir que es un cíborg”, explicó Chiro con calma, aunque su tono dejaba entrever preocupación.

“Ah… Entonces debes tener razón.

Lo escuché decir otra vez ‘tú’, como si me conociera, pero yo no sé quién es”, dijo el gato, rascándose la cabeza con una pata mientras intentaba procesar la información.

“Un cíborg aquí, ¿eh?” interrumpió el profesor, acercándose con curiosidad.

“Sí, profesor.

Un cíborg conectado a alguien dentro de esa máquina tan poderosa.

Es tecnología avanzada, materiales resistentes y magia combinados”, explicó Chiro, haciendo énfasis en cada palabra.

“Además, la magia no le hace daño; al contrario, lo alimenta”, añadió el hámster humanoide con gravedad.

“Sí, ya fui testigo de eso, miau”, confirmó Toco-Toco, recordando cómo los ataques mágicos parecían fortalecer al DeathSpark en lugar de debilitarlo.

“Entonces debemos desactivarlo”, indicó el profesor con firmeza, sus ojos reflejando una mezcla de determinación y dolor.

“Pagará caro su osadía por haberle hecho eso a Rose”.

El profesor se volvió hacia Toco-Toco, entregándole una lista escrita apresuradamente.

“Toco-Toco, quiero que traigas estas cosas”, dijo con seriedad, su voz cargada de urgencia.

“Si es para ayudar a nuestros amigos, con gusto lo haré, miau”, respondió el gato antes de partir rápidamente, moviéndose con agilidad entre los escombros en busca de los materiales solicitados.

“Espero poder armarlo a tiempo”, murmuró el profesor, más para sí mismo que para los demás.

“Sé en lo que está pensando, profesor.

Yo lo ayudaré”, dijo Chiro con decisión, acercándose al improvisado laboratorio que estaban montando.

“Bien, muchacho.

Hay que poner manos a la obra mientras regresa nuestro amigo felino”, respondió el profesor, asintiendo con gratitud.

“Sí”, confirmó Chiro, comenzando a organizar herramientas y componentes sobre una mesa improvisada.

Regresando al campo de batalla… Mok intentaba mantener a raya al DeathSpark, pero el robot no hacía más que mofarse de ellos con una risa robótica escalofriante que resonaba en el aire como un eco siniestro.

En ese momento, el DeathSpark lanzó un ataque devastador contra Lucca, hiriéndolo de gravedad.

El viejo cayó al suelo, incapaz de moverse, pero Mok actuó rápidamente.

Con precisión milimétrica, lanzó uno de sus kunais especiales, cuya cuerda invisible emergió como un hilo de seda desde el traje del mayordomo.

En un movimiento fluido, jaló a Lucca hacia él, trayéndolo de vuelta a su lado justo a tiempo para evitar otro golpe mortal.

“Siempre lleno de sorpresas, Mok”, dijo el DeathSpark con sorna, su voz metálica cargada de burla.

“¿Cómo sabes mi nombre?” preguntó Mok, frunciendo el ceño mientras mantenía la guardia alta.

“¿Quién eres tú?” “Pensé que te habrías dado cuenta por mi estilo de pelea frío e implacable”, respondió el robot con frialdad.

“Pero veo que necesitas una pista para saber quién es el que te vencerá y acabará con tu vida”.

En ese instante, el visor frontal del DeathSpark comenzó a elevarse lentamente, revelando un rostro familiar bajo la máscara metálica.

“¡No puede ser!

¡Eres… tú!” exclamó Mok, incrédulo y conmocionado.

“¿Pero?

¿cómo es posible?” se preguntó en voz baja, sintiendo una mezcla de rabia y confusión invadirlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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