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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 250

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  4. Capítulo 250 - 250 LIGHTLIFE
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250: LIGHTLIFE 250: LIGHTLIFE “¡Recibe esto!” dijo Luara con determinación mientras elevaba su voz.

“Es mi poder: ¡LIGHTLIFE!” De pronto, comenzó a emerger el espíritu de la luz Luara desde la espada.

Era un hada de cabello claro y largo, etéreo como un susurro, cuya figura translúcida parecía hecha de cristal líquido.

Sus alas delicadas destellaban con un brillo prismático que descomponía la luz en destellos de colores vibrantes, proyectando reflejos sobre el suelo y los rostros de quienes la observaban.

Su belleza era sobrecogedora, casi irreal, como si perteneciera a otro mundo.

Al aparecer al costado de Mok, su presencia envolvió el ambiente en un aura cálida y celestial, como un rayo de sol filtrándose entre las nubes en un día tormentoso.

“Así que así eres tú,” dijo Mok, observándola con asombro.

“Eres muy bonita,” añadió sin pensar, dejándose llevar por el momento.

“Gracias por el cumplido,” respondió ella con una sonrisa ligera, aunque un leve rubor se asomó en sus mejillas translúcidas, casi imperceptible bajo su aura etérea.

“No pensé que fueras del tipo adulador y romántico.” Hizo una breve pausa antes de añadir con un tono más juguetón: “Aunque, eres el único que puede verme, así que supongo que eso cuenta como algo especial.” “Bueno, tú tampoco estás tan mal.

Te ejercitas de vez en cuando, por lo que veo,” bromeó Luara, inclinando ligeramente la cabeza mientras admiraba los brazos musculosos de Mok.

A pesar de los moretones y cortes que marcaban su piel, su fuerza y determinación seguían siendo imponentes.

“No, no es nada de eso,” replicó Mok, rascándose la nuca con timidez, sorprendido por el inesperado intercambio.

Un leve rubor asomó en su rostro mientras intentaba disimular su incomodidad.

“Bien, a lo que vinimos.

¡Compórtate!,” murmuró Mok para sí mismo, tratando de retomar la seriedad del momento y centrarse en la misión que tenía entre manos.

Sin embargo, Luara, quien estaba conectada a él a través del vínculo mágico de la espada, pudo escuchar claramente sus pensamientos.

Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro etéreo, aunque prefirió no decir nada al respecto.

“Sí, está bien,” respondió Luara, recuperando su tono profesional.

“Recuerda, este poder solo lo podrás tener por cinco minutos.

Los seres vivos no pueden soportarlo más tiempo; de lo contrario, enloquecerás o, en el peor de los casos, morirás.” “Entiendo,” afirmó Mok, listo para recibir el poder de Luara.

“¡LIGHTLIFE!” exclamó Luara, y en ese instante, la espada de Mok comenzó a transformarse.

La hoja se volvió más delgada y afilada, mientras una pechera azul con bordes dorados aparecía sobre su torso, haciendo juego con los guantes y las botas del mismo color.

Un visor se desplegó sobre sus ojos, mostrando un objetivo en su campo de visión.

“¿Disparar?

¿Con qué?” preguntó Mok, confundido.

“Pues con la espada.

Apunta hacia tu objetivo,” explicó Luara pacientemente.

Mok asintió y apuntó con su espada hacia donde estaba su hermano.

Una energía comenzó a emanar de la hoja, concentrándose en la punta hasta formar una esfera de luz brillante.

De repente, un potente rayo salió disparado hacia DeathSpark.

“Es inútil.

Los ataques de magia no me dañan; al contrario, me dan fuerza,” se mofó DeathSpark, burlándose del esfuerzo de Mok.

El rayo impactó con fuerza, pero en el último momento, DeathSpark dudó y logró esquivarlo.

Sin embargo, el ataque no fue en vano: un pedazo de su armadura quedó destruido.

“Perfecto.

Con eso le podemos hacer daño, pero necesitaré que el blanco esté inmóvil,” indicó Mok, analizando rápidamente la situación.

“Sí, ese es el problema.

Pero debes darte prisa; el ataque también necesita recargarse.

Mira la barra en tu visor,” explicó el espíritu hada, señalando el indicador que aparecía frente a los ojos de Mok.

“¡Demonios!

Debo darme prisa.

Esta cosa es complicada,” murmuró Mok, frustrado.

“Tranquilo.

Ese ataque es de doble filo; también drena tu energía.

Por eso tiene restricciones,” añadió Luara, advirtiéndole sobre los riesgos.

“¡Maldito!

No dejaré que hagas ese ataque de nuevo,” rugió DeathSpark, lanzándose con todo contra Mok.

“Será mejor que lo esquives,” sugirió Luara rápidamente.

Mok activó su capacidad de flotación, elevándose en el aire justo a tiempo para evitar el embiste de DeathSpark, quien se estrelló contra el suelo con un estruendo metálico.

“Si esa cosa le pudo hacer daño, déjanos ayudarte,” dijo Lucca, aún herido pero decidido, mientras los demás comenzaban a levantarse con esfuerzo.

“Nosotros te daremos el tiempo que necesites para acabar con él,” afirmaron todos al unísono, poniéndose de pie con determinación renovada.

“Bien, cuento con ustedes,” respondió Mok, observando su visor mientras esperaba que el arma terminara de cargarse.

“No dejaré que uses esa arma, ¡inútil!” gritó DeathSpark, emergiendo de debajo de la tierra con una explosión de energía.

“¡Magia de plantas, enredaderas!” exclamó Alita, haciendo que gruesas lianas brotaran del suelo y se enrollaran alrededor de las piernas de DeathSpark, impidiéndole elevarse al cielo.

Con un fuerte tirón, lo atrajeron rápidamente hacia el suelo.

“¡No me detendrán, ustedes inútiles!” rugió DeathSpark, luchando contra las enredaderas mientras veía a los demás apoyando a Mok para que disparara con su arma.

“¿No decías que eras tan fuerte?

¿Y ahora le tienes miedo a esa arma?” comentó Ron con sorna, llamando la atención del cíborg.

“¡Estúpido mocoso!

¡Pagarás por burlarte!” bramó DeathSpark, lanzando ráfagas de energía hacia Ron, quien apenas logró esquivarlas.

“¡Fuego verde ilusorio real!” gritó Lume junto con sus tres copias, lanzando desde sus colas fuego que, en lugar de quemar, se estiraba como un limo pegajoso.

El fuego envolvió la cola de DeathSpark, atrapándolo en el suelo.

Pero eso no era todo: las copias de Lukeandria también jalaban al cíborg hacia abajo, haciendo que poco a poco perdiera movilidad.

“¡Aléjense, inútiles!” vociferó DeathSpark, disparando láseres desde sus antebrazos y su visor, intentando liberarse a toda costa.

“No te irás,” declaró Rykaru, bloqueando los rayos con sus ataques precisos, desviando los disparos que amenazaban con alcanzar a Mok.

“¡Suéltenme!” gritaba DeathSpark, forcejeando con furia.

“No escaparás,” afirmó Lucca mientras lanzaba su propio ataque, desviando el rayo láser que salía del visor y que se dirigía hacia Mok.

“¿Aún no carga esa cosa?” preguntó Mok a Luara, observando el indicador en su visor con ansiedad.

“Ya falta poco,” respondió ella con calma, aunque su tono denotaba preocupación.

“Sí, pero no creo que todos puedan resistir tanto contra DeathSpark.

Si usa su poder de irradiar todo su cuerpo, estamos perdidos,” comentó Mok, evaluando la situación con seriedad.

“Al parecer, está más enfocado en ti.

El odio nubla su juicio,” dijo Luara, analizando el comportamiento del enemigo.

“Ya falta un poquito… 3, 2, 1.

¡En funcionamiento!” anunció Luara con firmeza.

“Pero se está moviendo mucho.

En cualquier momento se escapará, y mis amigos no pueden estar ahí o morirán también con el rayo,” dijo Mok, dudando de si debía disparar en ese momento.

“¡Pues eres un inútil!” gritó Rocky, quien de repente apareció emergiendo de debajo de la tierra.

Saltó sobre DeathSpark y lo agarró de los pies con fuerza.

“¡Usa ese ataque!

Yo detendré al enemigo para que funcione,” ordenó Rocky, jalando con todas sus fuerzas para inmovilizarlo.

“¡Rápido!

¡No hay tiempo que perder!” le gritó Rocky a Mok, luchando para mantener a DeathSpark en su lugar.

“¿Rocky?

¿Y de dónde salió?” preguntó Alita, sorprendida por la súbita aparición del aliado.

“Yo le dije que se mantuviera bajo tierra para aprovechar cualquier oportunidad cuando estábamos enfrentando a Urugas, pero veo que ahora lo necesitamos para acabar con este sujeto,” explicó Lukeandria, aunque en realidad había olvidado completamente la presencia de Rocky hasta ese momento.

“¡Es verdad!

¡Rocky también estaba con nosotros!

Me había olvidado,” exclamó Lucca, sorprendido por la aparición repentina del enorme topo monstruo.

“¡Suéltame, topo crecido!” gritaba DeathSpark, forcejeando con furia mientras intentaba liberarse, pero Rocky se aferraba con todas sus fuerzas para evitar que escapara.

“Lanza tu ataque, Mok.

Confío en ti.

No importa si yo muero; es mejor salvar al mundo.

Ya que yo también soy parte de él, como me dijo Avocios,” indicó Rocky con convicción en los ojos, su voz firme y decidida.

“¡Todos, muévanse!” ordenó Rocky, pero los demás vacilaron, mirándolo con preocupación.

“No, Rocky, no lo hagas,” dijeron algunos, intentando disuadirlo.

“¡Vamos, muévanse!

Yo lo detendré,” insistió el enorme topo monstruo, su tono dejando claro que no aceptaría un “no” como respuesta.

“Solo váyanse,” les dijo finalmente, su voz cargada de determinación.

Los demás, aunque reacios, aceptaron que era la única forma de lograr acabar con el enemigo.

Con pesar en sus corazones, comenzaron a retirarse, lanzando un último “gracias” hacia Rocky mientras este seguía forcejeando con DeathSpark.

“¡Suéltame, maldito topo!” rugió DeathSpark, lanzando rayos desde sus antebrazos y visor hacia Rocky.

Sin embargo, ninguno de los ataques lograba impactarlo.

Los clones de Lukeandria habían creado una barrera de espejos que reflejaban los rayos con sus escudos, protegiendo al valiente topo.

“¡Vamos, hazlo, Mok!

El tiempo se está agotando, y solo tienes un disparo.

Una oportunidad como esta no se repetirá,” indicó Luara con urgencia, su voz firme pero llena de confianza.

“Confía en tus amigos,” añadió, dándole ánimo en el momento más crítico.

Mok dudó por unos instantes, observando la escena frente a él.

La mirada de Rocky, llena de sacrificio y determinación, fue lo que finalmente lo decidió.

Con un profundo suspiro, apuntó su espada hacia el objetivo y lanzó el gran ataque.

Un rayo deslumbrante emergió de la hoja, iluminando el campo de batalla con un halo de luz que podía verse a kilómetros de distancia.

El impacto creó un enorme cráter en la tierra, dejando tras de sí un silencio sepulcral.

Una gran polvareda se alzó en el lugar.

Pensaron que había acabado con DeathSpark… y con su amigo Rocky.

Pero entonces, una risa maléfica resonó en el aire.

Desde las profundidades del agujero emergió DeathSpark, lanzando el cuerpo inerte de Rocky a un lado con desprecio.

“Pensé que sería mi fin, pero veo que ahora me han hecho enojar.

Ahora será el suyo,” declaró DeathSpark con una sonrisa burlona que emanaba oscuridad, su figura imponente destacándose contra el resplandor del cráter.

Mientras tanto, en otro lugar…

Toco-Toco seguía corriendo frenéticamente de un lado a otro, buscando algunas cosas que el profesor necesitaba con urgencia.

“¡Vamos, felino, apresúrate!” le gritaba Paris con impaciencia, mientras Dall y Karpi observaban con expresión esperanzada, confiando en que el gato lograra encontrar lo que necesitaban a tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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