La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 251
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251: Piezas Para Algo Mejor 251: Piezas Para Algo Mejor “¡Hazlo!” gritó Rocky, mirando fijamente a Mok mientras le urgía lanzar el ataque.
Sin más tiempo que perder, Mok accionó su poder.
El rayo deslumbrante emergió de su espada, impactando directamente sobre DeathSpark y Rocky.
La explosión fue devastadora, dejando un inmenso cráter donde antes estaban ambos.
El grupo quedó en silencio, abrumado por la pérdida de Rocky.
Aunque aliviados por haber derrotado aparentemente a DeathSpark, el peso de la tristeza llenaba el aire.
Sin embargo, antes de que pudieran procesarlo completamente, un eco escalofriante resonó desde las profundidades del hoyo.
Una risa macabra se extendió por el campo de batalla, y poco después, DeathSpark emergió lentamente, cargando con una mano a Rocky, quien estaba maltrecho y casi irreconocible.
Con un gesto despectivo, DeathSpark lanzó el cuerpo de Rocky hacia un lado como si fuera poco más que basura.
“¡No, Rocky!” gritó Alita, corriendo hacia donde había caído el topo monstruo.
Ron la siguió de cerca, con el rostro tenso de preocupación.
“¡Rocky!
¡Rocky!
¡Responde!” exclamó Alita, arrodillándose junto a él.
“No responde,” dijo Ron tras examinarlo rápidamente.
“Aunque sus latidos son débiles,” añadió, intentando mantener la calma.
“Qué bueno que aún está con vida,” suspiró Alita, aliviada por ese pequeño milagro.
“A un lado, Ron.
Yo puedo curarlo usando mi magia, aunque voy a necesitar mucha energía para eso,” dijo Alita con determinación, preparándose para el esfuerzo.
“Bien, hazlo,” respondió Ron después de recordar las últimas palabras de Rocky: que él había sido un monstruo creado por las sombras, pero que se sentía parte de este mundo, como si hubiera nacido en él y no simplemente fabricado en un laboratorio.
Esas palabras resonaron en su mente, dándole aún más peso a la situación.
“Haz lo que puedas, Alita.
Yo te cubriré,” añadió con firmeza, su voz cargada de determinación mientras observaba a su alrededor, preparado para defenderla de cualquier amenaza.
“Bien,” dijo ella, comenzando a canalizar su energía para salvar a su amigo.
En paralelo, DeathSpark flotaba sobre el cráter, observando la escena con una sonrisa burlona.
“¿Y ahora qué vas a hacer, hermanito?
Ya no puedes crear ese ataque otra vez, ¿o me equivoco?” dijo DeathSpark con arrogancia, disfrutando del momento.
“Por poco y acabas conmigo, pero logré evadir el ataque en el último minuto,” añadió, recordando cómo había ocurrido todo.
Cuando Mok lanzó el ataque LIGHTLIFE, Rocky había cumplido su promesa de retener al enemigo.
“¡Suéltame, maldito topo monstruo, o tú también morirás!” había rugido DeathSpark, tratando de liberarse.
Pero Rocky no cedió, aferrándose con todas sus fuerzas para inmovilizarlo y evitar que escapara.
El ataque chocó contra DeathSpark con una fuerza abrumadora.
Él intentó detenerlo colocando sus manos frente al rayo, pero era inútil.
Comenzó a hundirse en la tierra, con Rocky aun agarrándole los pies.
Sin embargo, en su descenso, DeathSpark recordó algo crucial: su cola.
Libre del fuego ilusorio de Lume gracias al movimiento descendente, la utilizó sin piedad para empalar a Rocky y liberar sus piernas.
Una vez que tuvo al topo monstruo atrapado en su cola, DeathSpark canalizó toda su fuerza para resistir el ataque.
Usó cada gramo de magia que había absorbido durante la batalla, pero aun así no era suficiente.
Por un momento, pensó que su fin había llegado.
Sin embargo, en un destello de desesperación, se le ocurrió una idea arriesgada: crear un escudo de energía con toda la magia disponible.
El escudo, aunque precario, le dio una ínfima oportunidad.
Con un movimiento rápido, logró desplazarse hacia un lado, permitiendo que el rayo continuara su trayectoria devastadora.
Se salvó por poco, pero no sin consecuencias.
Aprovechando el agarre firme de su cola sobre Rocky, lanzó al maltrecho topo contra las ásperas paredes de tierra, restregándolo brutalmente mientras ascendía de nuevo hacia la superficie.
Finalmente, emergió del cráter con una sonrisa burlona, volviendo una vez más al campo de batalla ileso.
“Maldición, necesito más tiempo para recargar,” dijo Mok, frustrado, mientras observaba el indicador de su visor.
“No eso es todo, Mok.
El tiempo acaba de pasar,” respondió Luara con calma, aunque su tono denotaba preocupación.
En ese instante, la espada volvió a su forma original, engullendo el espíritu de Luara dentro de ella.
La pechera desapareció de inmediato, dejando solo los guantes y las botas.
Mok descendió al suelo, sintiendo cómo su poder disminuía abruptamente.
“¡Ja, ja!
Veo que se te acabó el tiempo,” se mofó DeathSpark, disfrutando del momento con una sonrisa burlona.
“Ahora que ya se les acabaron los ases bajo la manga, voy a exterminarlos,” declaró DeathSpark con un tono frío y amenazador, elevándose lentamente aún más sobre el campo de batalla.
Mientras tanto… En otro rincón del reino de Avocadolia, Toco-Toco corría frenéticamente, buscando cada objeto de la lista lo más rápido que podía.
Ya contaba con tres de los cinco elementos: un martillo de herrero, unas sogas de acero y un cilindro metálico.
Solo le faltaban dos cosas más: un rayador de queso y una batería.
“Debo darme prisa, miau,” se dijo el gato a sí mismo, moviéndose a toda velocidad por el reino y sus alrededores.
“Pero… ¿para qué quiere todo esto el profesor?
No lo sé, pero debo encontrarlo todo lo antes posible.” Con su agilidad mejorada, Toco-Toco inspeccionó cada rincón del reino.
En una casa encontró el rayador de queso, aunque estaba un poco roto.
Sin embargo, la búsqueda de la batería se complicaba.
Después de varios intentos fallidos, el gato pensó que tal vez la escuela podría tener algo útil.
Corrió directamente hacia los salones, revisando pupitres, mesas y armarios hasta que llegó a un lugar que parecía un laboratorio.
Con cuidado, inspeccionó cada rincón.
De pronto, algo brilló en uno de los estantes.
Toco-Toco corrió a ver qué era y encontró una lupa.
Al principio, se molestó pensando que no era lo que buscaba, pero al levantarla, descubrió una batería, justo debajo.
“¡Espero que esto sirva!” exclamó el gato, satisfecho por fin.
Con todos los objetos reunidos, emprendió una carrera contra el reloj para regresar donde el profesor y los demás.
En el lugar donde estaban el profesor y los demás que no fueron a la batalla y algunos heridos.
El profesor y Chiro estaban armando un artefacto extraño.
Parecía una pequeña caja de metal con huecos circulares en cada lado.
El profesor trabajaba con determinación, aunque su mente estaba consumida por pensamientos de venganza.
Después de la pérdida de Rose, su única motivación era acabar con el enemigo responsable de su muerte.
Cada movimiento que hacía estaba cargado de rabia contenida, pero también de un profundo dolor que no dejaba de atormentarlo.
“Si, esto debe funcionar,” murmuró el profesor, ajustando los últimos componentes del dispositivo.
Su voz apenas era audible, como si hablara más para sí mismo que para Chiro.
“Tranquilo, profesor, no se altere,” dijo Chiro al notar la expresión tensa del científico.
“No es nada, continuemos con lo que estamos haciendo,” respondió el profesor secamente, evitando mostrar sus emociones.
Chiro suspiró en silencio.
“Creo que tengo mala suerte… siempre me tocan los científicos locos,” pensó para sí mismo, aunque sabía que detrás de esa actitud había un hombre destrozado por la pérdida.
“Acostúmbrate, muchacho, él siempre es así,” dijo Karpi con una sonrisa ligera, dirigiéndose a Chiro mientras todos permanecían en lo profundo del bosque.
Algunos soldados ya se habían recuperado lo suficiente para patrullar la zona, vigilando en caso de otra emboscada.
“¡Miau!
Ya llegué,” anunció una vocecilla aguda.
Era Toco-Toco, quien regresaba con todas las cosas que le habían pedido.
“¿Trajiste todo?” preguntó Chiro, observando al felino con curiosidad.
“Sí,” respondió Toco-Toco, aunque su expresión denotaba confusión.
“Aunque no sé por qué me pidieron todas esas cosas.” En poco tiempo, el profesor Kuang ya había armado una pequeña estación de trabajo improvisada.
Contaba con una mesa rústica donde realizaba sus experimentos científicos, utilizando partes de una tableta que encontró entre los escombros y algunos componentes de sus Kbots, los cuales desarmó cuidadosamente para crear un laboratorio móvil.
Toco-Toco entregó los objetos solicitados a Chiro, quien a su vez los pasó al profesor.
Este no perdió ni un segundo: rápidamente comenzó a desarmar los componentes de cada objeto, fundiendo algunos y ensamblando otros con precisión.
Las sogas fueron usadas como alambres conductores, cubriendo cada hueco de la caja metálica que estaba construyendo.
El rayador de queso fue fraccionado en cuatro partes, y la lupa que el gato trajo —aunque no fue solicitada— resultó ser un bono inesperado que también incorporó al diseño.
Una vez terminado, el profesor soltó una de sus habituales carcajadas fuertes y algo inquietantes.
Luego, volteó hacia los demás con una sonrisa satisfecha y declaró: “¡Admirad mi creación!” El profesor mostró la caja, que seguía siendo un tanto peculiar.
Era una pequeña estructura metálica con cúpulas en cada lado, excepto en la parte superior, donde había un botón rojo prominente.
“¿Y esa cosa qué es?” preguntó Toco-Toco, mirando el artefacto con desconcierto.
La misma pregunta cruzaba por la mente de Chiro y los demás mientras observaban al profesor exhibir su invento con orgullo.
“Esto, amigos míos, es nuestra carta ganadora,” respondió el profesor con solemnidad, admirando su creación.
Su tono cambió ligeramente al continuar: “Con esto tendremos una oportunidad para vencer a esa cosa que acabó con mi amada Rose.” La voz del profesor tembló por un instante al mencionar a Rose, y una sombra de dolor cruzó su rostro.
Sin embargo, rápidamente recuperó su determinación, apretando los puños con firmeza.
Estaba decidido a hacer pagar al responsable de su pérdida.
“Esperemos que no sea demasiado tarde,” murmuró Toco-Toco, observando el objeto frente a él con una mezcla de esperanza y escepticismo.
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