La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 253
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253: Acorralado 253: Acorralado Rykaru, Lukeandria y Lume intentaban desesperadamente llegar hasta Mok, pero DeathSpark no les daba tregua.
Cada vez que atacaba a Mok, aprovechaba para lanzar rayos devastadores hacia ellos, obligándolos a retroceder constantemente.
Mok, por su parte, se arrepentía amargamente de que su carta maestra hubiera fallado.
Luara, desde dentro de la espada, trataba de tranquilizarlo: “No es tu culpa, ese sujeto es letal y extremadamente escurridizo.” Mientras tanto, Mok luchaba con todas sus fuerzas por esquivar los ataques de su enemigo, cuya velocidad era abrumadora.
Cada movimiento de DeathSpark parecía anticipar el siguiente paso de Mok, dejándolo siempre un instante atrás.
En un abrir y cerrar de ojos, DeathSpark ejecutó un movimiento sorpresivo: extendió su brazo retráctil con una rapidez inhumana, atrapando a Mok por una de sus piernas.
Sin darle tiempo a reaccionar, lo levantó en el aire y lo estampó brutalmente contra el suelo.
El impacto resonó como un trueno, sacudiendo la tierra bajo ellos.
Por suerte, Mok había logrado colocar la espada frente a sí mismo justo antes del choque.
La hoja actuó como un escudo improvisado, absorbiendo parte del daño y evitando que quedara hecho trizas al impactar directamente contra el suelo.
Aun así, el golpe fue devastador, dejando a Mok aturdido y jadeando por aire mientras intentaba recuperarse.
“Esa espada… está interfiriendo,” pensó DeathSpark, furioso.
“Pero no permitiré que lance ese ataque otra vez.
Si no fuera por la magia de esta máquina, habría muerto.” De las muñequeras y pierneras de su armadura emergieron miles de misiles, que comenzaron a surcar el aire en todas direcciones.
Cohetes impactaban sin piedad en el campo de batalla, causando explosiones que amenazaban con aniquilar a cualquiera que se interpusiera en su camino.
Los amigos de Paltio eran el blanco perfecto.
Alita, al ver la avalancha de misiles, utilizó rápidamente su magia de protección para crear escudos individuales alrededor de cada uno de sus compañeros.
Geki no estaba allí para cubrirlos, así que dependían de ella.
“¡Resistan!” gritó mientras concentraba su energía en mantener los escudos intactos.
“¡Mueran, mueran!” se burlaba DeathSpark, disfrutando del caos que había desatado.
Rykaru, Lukeandria y Lume seguían buscando la forma de avanzar a toda costa, esquivando los ataques mientras buscaban desesperadamente una forma de llegar hasta Mok y ayudarlo.
Mok, por su parte, estaba en el suelo, tratando de evitar que la mano de su enemigo, ahora transformada en una lanza taladro, lo atravesara.
La presión era insoportable, pero Luara lo animaba desde dentro de la espada: “Tranquilo, Mok.
Estoy contigo.” La pelea era completamente dispareja.
DeathSpark poseía todo lo necesario para ser prácticamente invencible: armamento ilimitado, magia robada del Treelion —que durante años había drenado la energía de Krasper y otros seres mágicos—, poderes oscuros y la tecnología más avanzada jamás creada, construida con los materiales más resistentes.
Era, literalmente, la máquina definitiva.
DeathSpark continuaba regocijándose, disparando sin cesar hacia donde estaban todos.
Alita, junto a Ron, Rocky y Lucca —quien aún estaba herido—, se esforzaba por proteger al grupo.
Con la ayuda de su bastón mágico, Alita creaba grandes círculos mágicos que amplificaban su poder, manteniendo los escudos activos frente a las explosiones incesantes.
Las detonaciones resonaban por todo el campo, levantando enormes nubes de polvo.
Lume aprovechó el caos para saltar alto en el aire e intentar golpear a DeathSpark directamente en el pecho con un cabezazo.
Sin embargo, ni siquiera logró hacerle un rasguño a su impenetrable cubierta.
Con su otra mano, DeathSpark extendió garras afiladas y le infligió una herida profunda a Lume antes de lanzarlo hacia un lado.
Lukeandria y Rykaru se lanzaron al unísono hacia el enemigo, decididos a contraatacar con todo lo que tenían.
Rykaru desplegó sus puños cargados de energía azul, cuyos destellos iluminaban el campo de batalla con cada golpe certero que lanzaba.
Al mismo tiempo, Lukeandria, flanqueada por sus clones, blandía su espada con precisión mientras usaba su escudo de media luna como protección y arma al mismo tiempo.
Los ataques eran rápidos, coordinados y feroces, reflejando la determinación absoluta de ambos.
Sin embargo, por más esfuerzo que pusieran, parecía que nada podía traspasar la defensa impenetrable de DeathSpark.
Cada impacto rebotaba inútilmente contra su armadura, como si estuvieran golpeando una pared de acero indestructible.
La frustración comenzó a apoderarse de ellos mientras veían cómo sus mejores intentos se desvanecían frente a la superioridad abrumadora del villano.
En ese momento, el villano cargó su cuerpo con electricidad, repeliendo a sus atacantes en un instante.
Lukeandria fue lanzada al aire, cayendo en picada hacia el suelo, mientras Rykaru logró recuperar el equilibrio rápidamente y decidió volver a la carga.
Sin embargo, antes de que pudiera acercarse, DeathSpark disparó un rayo devastador que impactó directamente contra él, causando grietas en la esfera de colores que brillaba en su centro.
Tanto Lukeandria como Rykaru cayeron al suelo heridos, pero eso no satisfizo al villano.
Con un rápido movimiento, extendió su cola metálica, dispuesto a rematarlos.
Por suerte, Alita reaccionó a tiempo y usó su magia de viento para atraerlos hacia donde estaba ella, alejándolos del alcance mortal de DeathSpark.
“¡No se entrometan!
Esta batalla es entre mi hermano y yo,” declaró DeathSpark, desplegando su brazo retráctil para atrapar a Mok y traerlo hacia sí.
“Deja esa tonta espada, hermanito.
Me pregunto cuánto podrás aguantar con esa arma en mano,” dijo con sorna, disfrutando de la lucha desigual.
A pesar de que la espada seguía protegiéndolo, DeathSpark aumentó el tamaño de sus garras afiladas y las clavó en varias partes del cuerpo de Mok.
El mayordomo gritó de dolor mientras su hermano se regodeaba al verlo sufrir.
Acto seguido, DeathSpark lo aprisionó aún más fuerte y, con un impulso brutal, se lanzó hacia el suelo, estampando a Mok contra este con una fuerza tremenda.
El impacto hizo que el mayordomo escupiera sangre, tambaleándose por el daño recibido.
DeathSpark finalmente lo soltó, dejándolo malherido al mayordomo en el suelo.
“Esa espada, ni ese traje que llevas te protegerán de mí por mucho más tiempo, hermanito,” le dijo DeathSpark con frialdad, observando cómo Mok permanecía inmóvil en el suelo.
“Vamos, tú puedes levantarte.
Quiero destrozarte poco a poco.
Ver tu sufrimiento es mi ideal después de todo lo que me hiciste pasar.” “¿Lo que yo te hice pasar?” preguntó Mok, esforzándose por ponerse de pie con ayuda de su espada.
Su voz era débil, pero cargada de determinación.
“Tú mismo labraste tu propio destino.
Yo no tuve nada que ver con eso,” añadió, tratando de mantenerse firme a pesar de sus heridas.
“¡Eso no es cierto!” rugió DeathSpark, furioso.
“¡Tú vivías plenamente feliz mientras yo me pudría en una celda!
Por eso te detesto con todo mi ser.
Toda mi vida se arruinó por tu culpa, maldito mayordomo de pacotilla.” Después de una pausa, su tono se volvió aún más cruel: “Una vez que acabe contigo, iré tras ese principito tuyo.
Seguramente ambos se encontrarán en el infierno.” “No lo creo… Tú no ganarás.
Ya veremos la manera de derrotarte.
Siempre hay una salida,” respondió Mok con dificultad, su voz entrecortada debido al daño acumulado.
DeathSpark sonrió malévolamente.
“¿Quién más va a salvarte?
Todos tus aliados están fuera de combate u ocupados.
Nadie vendrá a ayudarte.” En ese preciso instante, su cola apareció sigilosamente detrás de Mok, sin que este se diera cuenta.
Con un movimiento rápido y letal, perforó su espalda con la enorme púa afilada que tenía al final, haciéndolo soltar la espada.
Mok cayó de rodillas, jadeando de dolor.
“Te tengo,” murmuró DeathSpark triunfalmente.
Había planeado cuidadosamente cada movimiento, incluso utilizando su cola —que también podía alargarse— para tenderle una emboscada desde el suelo.
La sangre brotó a borbotones de la espalda de Mok, empapando el suelo bajo él mientras un alarido desgarrador escapaba de sus labios.
El sonido resonó por todo el campo de batalla, cargado de dolor y desesperación, helando la sangre de quienes lo escuchaban.
Sin darle tiempo a recuperarse, DeathSpark retraía rápidamente su cola, arrastrando a Mok hacia él con una brutalidad implacable.
Con un movimiento calculado, colocó a Mok frente a sí mismo, retirando la cola de la herida pero inmovilizándolo al instante.
Enrolló su cola metálica alrededor de los brazos de Mok, sujetándolo firmemente como si fuera una presa indefensa.
La presión era aplastante, asegurándose de que no pudiera escapar ni defenderse.
“Ahora sí tengo tu atención, ¿eh?” dijo DeathSpark con una voz fría y burlona, disfrutando del sufrimiento de su hermano.
Su tono destilaba crueldad, como si cada palabra fuera una daga destinada a quebrar aún más la moral de Mok.
El villano inclinó la cabeza ligeramente, como si estuviera considerando opciones.
“Me pregunto… ¿cómo prefieres morir?
¿Con mis garras o con mi lanza?
¿En pedazos o perforado?” En ese momento, los ojos rojos dentro de su visor brillaron aún más intensamente, iluminados por luces LED que parecían arder con una crueldad inhumana.
“¡Oh, no!
¡Mok!” gritó Luara desde dentro de la espada, que yacía clavada en la tierra, impotente ante la escena que se desarrollaba.
“¡No!” exclamaron todos los presentes al unísono, horrorizados al ver cómo Mok era sometido sin posibilidad de escapar.
La desesperación inundó sus voces mientras observaban al villano disfrutar del momento.
“Ahora sí, despídete de este mundo, hermano mío,” dijo DeathSpark con una sonrisa malévola que deformaba sus facciones metálicas.
Ajustó el agarre de su cola, apretando los brazos de Mok con una fuerza despiadada que arrancó un gemido ahogado de dolor del mayordomo.
No solo tenía acorralado a Mok; también mantenía a todos los demás a distancia, dejándolos impotentes e incapaces de intervenir.
El aire se llenó de tensión mientras los presentes observaban horrorizados la escena, incapaces de hacer algo más que gritar desesperadamente.
En ese instante, un alarido ensordecedor rasgó el ambiente, tan agudo y desgarrador que parecía vibrar en lo más profundo de los huesos de quienes lo escuchaban.
El sonido fue seguido por un ruido metálico y húmedo, inconfundible y brutal: el eco de un metal perforando la carne.
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