La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 254
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 254 - 254 ¡KIMPULSE!
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
254: ¡KIMPULSE!
254: ¡KIMPULSE!
Mok estaba peleando con su hermano, pero más que una batalla, parecía una lucha desigual.
DeathSpark le llevaba una ventaja abrumadora, demostrando una superioridad aplastante.
En un movimiento rápido y brutal, el villano perforó la espalda de Mok con el enorme aguijón filudo que sobresalía de su cola metálica.
El mayordomo lanzó un grito desgarrador que resonó por todo el campo de batalla, pero la tortura no terminó ahí.
DeathSpark retraía lentamente su cola metálica, posicionándola frente a él con precisión calculada.
Mok permanecía atrapado en ella, sus manos atadas como si fuera una marioneta indefensa bajo el control absoluto del villano.
La expresión de DeathSpark era fría, desprovista de cualquier rastro de empatía, mientras transformaba su mano en una lanza taladro que comenzó a girar con un zumbido amenazador.
Estaba listo para acabar con el mayordomo de una vez por todas.
El silencio tenso se rompió solo por el sonido agudo del taladro y la respiración entrecortada de Mok, quien, aunque herido y vulnerable, aún mantenía una mirada de resistencia en sus ojos.
Sin embargo, no había escapatoria; estaba completamente a merced de su enemigo.
“No,” gritaron los presentes al unísono, horrorizados ante la escena.
Mok no tenía escapatoria, y sus aliados estaban imposibilitados de avanzar debido a los ataques constantes del villano.
La situación parecía perdida.
Pero justo cuando la punta de la lanza estaba perforando a Mok, algo inesperado ocurrió: el cuerpo de DeathSpark se detuvo abruptamente, inmovilizado por completo.
Su visor se abrió de golpe, revelando su horrendo rostro deformado por cables y tecnología.
“¿Qué es lo que pasa?
¿Por qué no puedo moverme?” exclamó DeathSpark, desconcertado y furioso.
Sus ojos se movían frenéticamente mientras trataba de comprender qué había interrumpido su ataque.
“Qué bueno que llegué justo a tiempo, miau,” dijo una vocecilla penetrante detrás de él.
Era Toco-Toco, quien sostenía una pequeña caja roja en sus patas.
“¿Qué hiciste, maldito gato?” rugió DeathSpark, tratando desesperadamente de liberarse, pero su cuerpo seguía completamente paralizado.
Solo su cabeza, conectada a los cables, permanecía móvil.
Momentos antes… Toco-Toco había cogido la caja que el profesor le entregó y, como alma que lleva el viento, corrió a toda velocidad hacia el campo de batalla.
Recordaba claramente las palabras del profesor: “Toco-Toco, debes estar a no más de cien metros de tu enemigo y presionar este botón rojo de inmediato.
Este invento mío no servirá si no lo haces correctamente.” “Ve, felino, apresúrate,” le había dicho el profesor con urgencia.
“Velocidad es mi segundo nombre, miau,” respondió el gato antes de salir disparado como un rayo, decidido a ayudar a sus amigos.
“Espero que resistan,” murmuró mientras corría a gran velocidad, esquivando obstáculos y torretas láser.
Al llegar al campo de batalla, vio a Geki protegiendo al grupo con su enorme caparazón de tortuga.
“Tranquilo, voy a estar bien,” dijo Geki al ver que Toco-Toco se detenía brevemente para asegurarse de que su amigo estuviera a salvo.
“Bien, lo dejo en tus patas,” respondió el gato antes de continuar su carrera hacia donde Mok y DeathSpark luchaban.
Toco-Toco llegó justo a tiempo, justo cuando DeathSpark perforaba el pecho de Mok y estaba a punto de dar el golpe final.
Sin dudarlo ni un segundo, el gato corrió tan rápido como sus patas le permitieron.
Cada segundo contaba.
Llegó al costado de ambos y, sin vacilar, presionó el botón rojo de la caja.
La caja comenzó a brillar intensamente de color rojo, y unas ondas invisibles irradiaron desde ella, cubriendo el área.
Al instante, el cuerpo de DeathSpark quedó completamente inmovilizado, automáticamente abriendo el visor del villano.
“¿Pero?
¿qué está pasando?” gritó DeathSpark, tratando de moverse sin éxito.
Solo su cabeza, conectada a los cables, permanecía funcional.
Desesperado, intentó recuperar el control de su cuerpo, pero nada respondía.
Su ira crecía a medida que comprendía que sus planes de acabar con Mok habían sido frustrados… al menos por ahora.
“¡Miau!
Funcionó,” dijo Toco-Toco con satisfacción, recordando el nombre que el profesor le había dado al invento.
“Todo se lo debemos a este aparatito llamado KIMPULSE, cortesía del profesor, miau.” Un flashback vino a la mente de Toco-Toco mientras sostenía la caja en sus patas.
Recordó claramente las palabras del profesor Kuang cuando le entregó el dispositivo: “Esta arma puede ser nuestra salvación contra un ciborg,” había dicho el profesor con urgencia en su voz.
“Al activarla con el botón rojo, genera un impulso electromagnético que inactivará cualquier máquina en un radio cercano, dejándola obsoleta.
Pero debes estar lo más cerca posible del objetivo para que funcione correctamente.” El gato asintió en ese momento, comprendiendo la importancia de su misión.
Sin dudarlo, aceptó la responsabilidad y prometió cumplir con lo que se le había pedido.
Ahora, frente al campo de batalla y con DeathSpark a punto de matar a Mok, Toco-Toco supo que este era el momento.
Con determinación, hizo exactamente lo que el profesor le había indicado.
No solo el cuerpo de DeathSpark quedó inactivo; las torretas que habían estado atacando implacablemente a los aliados también se desactivaron repentinamente, dejando un silencio tenso en el campo de batalla.
Rápidamente, Toco-Toco se acercó a Mok y, con sumo cuidado, comenzó a liberarlo del arma de DeathSpark, cuya punta afilada ya había penetrado superficialmente el cuerpo del mayordomo, amenazando con infligir un daño aún mayor.
El gato actuó con delicadeza, pero rapidez, asegurándose de no empeorar la herida mientras retiraba el aguijón metálico que parecía dispuesto a perforar a Mok por completo.
A pesar de la tensión del momento, Toco-Toco no perdió la concentración.
Sabía que cada segundo contaba y que cualquier descuido podría costarle caro al grupo.
La situación era crítica: DeathSpark estaba a punto de hacerle “otro ombligo” a Mok, pero gracias a la intervención oportuna del felino, el peligro inminente fue contenido, al menos por ahora.
Sin embargo, Tok —el individuo que se encontraba dentro de la máquina— aún no estaba dispuesto a rendirse.
Con una expresión de odio absoluto, maldijo entre dientes mientras veía cómo sus planes se desmoronaban frente a él.
“¡Maldito seas, gato!” gritó Tok, furioso por su impotencia.
El felino logró liberar a Mok, pero la otra herida que estaba en su espalda seguía sangrando profusamente.
De inmediato, Alita corrió hacia él, presionando la herida con magia curativa.
No estaba sola: algunos magos de Hassdalia se unieron para ayudarla, conscientes de que la lesión de Mok era mortal si no actuaban rápido.
“No, no, esto no puede ocurrir… ¡Yo soy el ser perfecto!” gritaba Tok, forcejeando desesperadamente contra la parálisis que lo mantenía atrapado en su propio traje.
“Estás vencido.
Ya no molestes,” le espetó Ron con firmeza, observando con desprecio cómo Tok luchaba inútilmente por escapar.
“¡La vida de Mok me pertenece!” repetía Tok una y otra vez, maldiciendo con voz cargada de rabia y frustración.
Gracias a la intervención combinada de Alita y los magos, lograron cerrar la herida de Mok, aunque este permanecía inconsciente.
Su respiración era débil, pero al menos estaba vivo… por ahora.
En ese momento, tras un último esfuerzo desesperado, Tok logró liberar su cabeza junto con algunos cables que colgaban del interior de su traje como tentáculos retorcidos.
Con movimientos frenéticos, agarró un objeto filoso que se había desprendido del interior de su propio armazón.
La pieza metálica, afilada y mortífera, quedó enredada entre los cables que aún controlaba, convirtiéndose en un arma improvisada pero letal.
Sin un segundo de vacilación, Tok lanzó su cuerpo hacia adelante, usando los cables como resortes para impulsarse.
Saltó directamente hacia Mok, con la mirada llena de odio y determinación, decidido a llevarlo consigo al infierno.
Su grito de furia resonó en el aire mientras volaba por los aires, listo para clavar el objeto punzante en el indefenso mayordomo.
“¡Morirás, hermano!
Si yo caigo, tú también vendrás conmigo al infierno,” rugió Tok con una mezcla de odio puro y amargura.
Pero antes de que pudiera alcanzar a Mok, Rykaru reaccionó rápidamente y pateó la espada que yacía en el suelo hacia el mayordomo.
En un movimiento casi involuntario, Mok —aún inconsciente— empuñó la espada y bloqueó el ataque justo a tiempo, empujando a Tok de vuelta hacia el traje de DeathSpark.
Fue Luara quien, usando su poder como espíritu de la espada, movió la hoja con precisión milimétrica para salvar a Mok.
La cabeza parlante de Tok salió volando, dejando caer el arma punzocortante que había intentado usar.
Se levantó de nuevo, esta vez con una mirada que irradiaba odio puro y una amargura que helaba la sangre.
Estaba listo para un segundo ataque.
Otro flashback cruzó rápidamente por la mente de Toco-Toco.
Recordó al profesor Kuang, cuyo rostro reflejaba seriedad mientras le explicaba con urgencia: “Seguramente ese sujeto es un testarudo y no será derrotado tan fácilmente.
Si el primer botón no lo detiene por completo, deberás apretar este otro botón azul oculto,” dijo señalando un pequeño interruptor casi imperceptible en la base de la caja.
“Pero te advierto algo: antes de activarlo, debes asegurarte de cubrirte.
La explosión será devastadora.” El profesor hizo una pausa breve antes de añadir: “Quizá Alita pueda ayudarte con eso.” “Entiendo,” respondió el felino con firmeza, asintiendo mientras se preparaba mentalmente para lo que vendría.
El recuerdo desapareció tan rápido como había llegado, pero las palabras del profesor resonaron claramente en su mente.
Sabía que no había margen para el error.
Ahora dependía de él ejecutar el plan con precisión.
Toco-Toco volteó rápidamente hacia Alita y le preguntó: “Alita, ¿aún te queda magia?” “Sí,” respondió Alita rápidamente.
Toco-Toco, con una mirada decidida, le indicó que creara una barrera lo más poderosa posible para protegerlos.
La muchacha no tuvo tiempo de preguntar para qué; simplemente confió en la urgencia reflejada en los ojos del gato y se puso manos a la obra.
Alita comenzó a trazar un muro mágico frente a ellos, concentrando su energía para formar un escudo impenetrable.
Sin embargo, antes de que el muro pudiera completarse por completo, Toco-Toco actuó.
Con un movimiento rápido y preciso, Toco-Toco presionó un pequeño botón azul oculto en la base de la caja.
El dispositivo cobró vida al instante, emitiendo un zumbido grave que resonó en el aire mientras comenzaba a irradiar una energía inmensa.
El felino, sin apartar su mirada decidida del villano, lanzó una última frase cargada de desprecio: “El profesor Kuang te manda saludos, maldito loco sádico.” Su voz era firme, casi un gruñido, reflejando tanto la satisfacción de cumplir su misión como el odio hacia el ser que había causado tanto sufrimiento.
Las palabras resonaron como una sentencia final, sellando el destino de DeathSpark.
Al instante, algo extraordinario ocurrió.
Un hueco en el espacio comenzó a formarse frente a ellos, como si la realidad misma estuviera siendo desgarrada.
Una esfera rodeada de anillos giratorios emergió del dispositivo, irradiando una energía inmensa que parecía devorar todo a su paso.
La fuerza gravitatoria era abrumadora, atrayendo todo lo que estaba cerca hacia su núcleo voraz.
El cuerpo metálico de DeathSpark fue arrastrado inexorablemente hacia la esfera, pieza por pieza.
El villano intentó resistirse, forcejeando con todas sus fuerzas para escapar y consumar su venganza contra Mok.
Pero ni siquiera Tok, la cabeza parlante dentro de la máquina, pudo luchar contra el poderoso arrastre.
Gritando de rabia y frustración, maldiciendo con voz cargada de odio, fue engullido por completo por la esfera voraz.
Su figura desapareció en un instante, consumida por el poder insondable del dispositivo.
Un silencio tenso siguió al acto, solo para ser roto por una explosión colosal que iluminó el cielo nocturno como si fuera de día.
La detonación fue tan intensa que sus ecos resonaron a kilómetros de distancia, dejando tras de sí una estela de luz cegadora y humo que se elevaba hacia las estrellas.
La detonación fue tan intensa que pudo verse desde kilómetros de distancia, una muestra final del poder destructivo del artefacto creado por el profesor Kuang.
A lo lejos, el profesor observó la explosión con lágrimas en los ojos.
Su rostro, aunque marcado por el dolor, mostraba una sonrisa leve pero decidida.
Mirando hacia el horizonte, murmuró con voz quebrada: “Esto va por ti, mi amiga… Te he vengado, Rose.”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com