Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 257

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 257 - 257 Ni el 100 Por Ciento
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

257: Ni el 100 Por Ciento 257: Ni el 100 Por Ciento “No, no puedo,” pensó Paltio con angustia.

“Si uso el cien por ciento de mi poder y se me acaba el tiempo límite sin derrotarlo, estaré completamente a su merced.” Pero rápidamente reconsideró sus opciones.

“Debo hacerlo.

Si lo hago rápido y acabo con él de una sola vez, ya no tendré que preocuparme por el límite de tiempo.” Respirando profundamente, tomó una decisión final.

Con determinación renovada, Paltio comenzó a generar una potente aura que lo envolvió por completo, como un faro de luz verde esmeralda.

La energía fluyó desde su interior, incrementándose hasta niveles inimaginables.

Era como si el mismo aire vibrara con su poder.

De repente, algo surgió de la luz a una velocidad vertiginosa.

Antes de que Urugas pudiera reaccionar, esa figura le propinó un golpe devastador que lo lanzó hacia atrás nuevamente, haciéndolo chocar contra varios árboles de la zona.

“¡A ver qué te parece esto!” gritó la voz de Paltio, resonando con fuerza.

Cuando la luz se disipó, se pudo apreciar al joven príncipe transformado.

Vestía una impresionante armadura verde esmeralda que cubría cada centímetro de su cuerpo.

Un casco majestuoso adornaba su cabeza, con alas de dragón talladas en los lados y un triángulo invertido dorado en el centro, cubriendo incluso su mentón.

Sus brazos estaban protegidos por coderas circulares que terminaban en punta, mientras su pechera llevaba grabados antiguos que parecían brillar con un poder ancestral.

Un cinturón robusto y protectores laterales en forma de rombos completaban su atuendo, junto con muñequeras y guantes que parecían irrompibles.

Sus piernas también estaban recubiertas por la misma armadura imponente, con botas que reflejaban la misma tonalidad esmeralda.

“¡Admira el cien por ciento de mi poder!” le gritó Paltio a Urugas, con una confianza que nunca antes había mostrado.

Urugas, aun recuperándose del impacto inicial, se limpió la comisura de la boca, escupiendo un líquido morado que parecía ser su versión de sangre.

A pesar de la brutalidad del ataque, sonrió con arrogancia.

“Bien, niño… Nada mal,” dijo el señor de las sombras, pero antes de que pudiera continuar, Paltio no le dio tregua.

Con velocidad sobrenatural, el joven príncipe lanzó una ráfaga tras otra de golpes, moviéndose tan rápido que parecía haber miles de puños golpeando simultáneamente.

Cada impacto resonaba como un trueno, cargado de energía pura.

Urugas intentó defenderse, pero era incapaz de detener la avalancha de ataques.

“¡Esto va por Avocios!” gritó Paltio, canalizando toda su furia y dolor en cada golpe.

El villano no podía ni hablar; solo recibía golpe tras golpe, su cuerpo siendo sacudido violentamente por la fuerza implacable del joven.

Paltio no daba un momento de respiro.

Lo golpeaba tanto que parecía que ambos combatientes flotaban en el aire, con cada ataque elevándolos más alto.

Finalmente, con un grito de determinación, Paltio lanzó una patada devastadora que partió el suelo bajo ellos, sumergiendo a Urugas profundamente en la tierra como si lo estuviera enterrando vivo.

El estruendo fue ensordecedor, y una nube de polvo se levantó alrededor del lugar donde Urugas había caído.

Paltio se detuvo un momento, jadeando, observando su obra con intensidad.

Sabía que esto no sería suficiente para acabar definitivamente con el villano, pero al menos había logrado infligir un daño significativo.

“Creo que fue todo.

Ese sujeto no creo que se levante ante eso,” pensó Paltio mientras observaba el cráter donde había enterrado a Urugas con su último ataque.

Sin embargo, justo cuando estaba por relajarse, sintió una poderosa explosión proveniente de la distancia, en el lugar donde sus aliados estaban luchando.

“¿Qué fue eso?

¿Acaso mis amigos están en problemas?” se preguntó preocupado.

Esa explosión que se escucho fue en el momento en que los demás lograron acabar con DeathSpark por completo.

“Será mejor que vaya por ellos,” murmuró Paltio, preparándose para avanzar.

Pero antes de dar un paso, escuchó una voz burlona que lo detuvo en seco.

“Nada mal, mocoso.

Lo tenías bien guardado,” dijo Urugas, emergiendo lentamente de entre la tierra destrozada.

Su cuerpo estaba cubierto de golpes y moretones producto de los ataques de Paltio, pero aun así sonreía con arrogancia.

“Vaya, parece ser que mis ataques le hicieron daño,” pensó Paltio, impresionado por haber logrado lastimar al villano.

“Será mejor que le propine el golpe final ahora para derrotarlo.” Pero antes de que pudiera actuar, Urugas habló nuevamente: “Estabas conteniéndote también, ¿eh, niño?

Qué bueno, porque si hubieras estado así desde el principio, me habría aburrido.

Ahora, yo tampoco me contendré.

Espero que puedas saciar mi aburrimiento.” Urugas cerró los ojos por un momento y lanzó un grito escalofriante.

Una aura oscura e invisible comenzó a emanar de su cuerpo, envolviéndolo completamente.

Para asombro de Paltio, todos los golpes que le había infligido anteriormente desaparecieron como si nunca hubieran existido.

“¿Maldición?, ¿qué fue eso?” exclamó Paltio, incrédulo.

En su mente, se hacía mil preguntas: “¿Cómo pudo resistir esos ataques tan poderosos y recuperarse tan rápido?” “Niño, si te preguntas cómo pude sanarme tan rápidamente, es como ya te dije: soy energía pura.

No puedes matarme.

Creía que eso quedaba claro,” respondió Urugas con una sonrisa siniestra.

“Bien, ahora empezaré yo.

Espero que puedas resistir mis ataques.

¿Qué tal si uso el cien por ciento de mi poder como ese mocoso?” reflexionó en voz alta.

“No, si lo hago, quizá lo mate en el acto… Quizá un treinta y cinco será suficiente.

Sí, creo que sí.” “¿Qué?

¡Solo va a usar el 35 por ciento de su poder!” pensó Paltio, sorprendido.

“No, seguro está mintiendo.

Este tipo es demasiado fuerte como para que esto sea solo el 35 por ciento.” “Bien, el 35 será,” anunció Urugas, cargando una oscura y densa aura alrededor de su cuerpo.

Con una velocidad sorprendente, se lanzó hacia Paltio, golpeándolo con una fuerza abrumadora.

Paltio reaccionó rápidamente, cruzando sus brazos frente a él en forma de defensa para bloquear el ataque.

El impacto fue devastador, creando una onda expansiva que sacudió todo el campo de batalla.

Los árboles cercanos se inclinaron violentamente como si un fuerte ventarrón los azotara, y otros fueron arrancados de raíz por la tremenda fuerza del choque.

“¡Pero qué demonios!” gritó Paltio, sintiendo el peso del ataque resonar en cada fibra de su cuerpo.

“Veo que sí puedes resistir.

Entonces seguiré atacando,” dijo Urugas con frialdad, lanzándose nuevamente hacia el joven príncipe.

“No me tomes a la ligera,” respondió Paltio con firmeza, contraatacando con un puñetazo cargado de energía.

Puño con puño chocaron, generando ondas sísmicas que resonaron en el aire como truenos.

A lo lejos, Ron y compañía se acercaban corriendo hacia el lugar de la pelea, alarmados por las explosiones y los temblores que sentían en el suelo.

“¿Qué fue eso?” preguntó Ron, mirando hacia el horizonte con preocupación.

Mientras tanto, Urugas seguía golpeando a Paltio sin piedad, y aunque este último intentaba responder con sus propios ataques, cualquier herida que lograba infligir al villano se curaba instantáneamente gracias a su regeneración sobrenatural.

“Debo aumentar mi poder,” pensó Paltio, canalizando aún más energía en su cuerpo.

Decidido, retomó la ofensiva, lanzándose hacia Urugas con renovada determinación.

Paltio lanzó una serie de golpes devastadores contra Urugas, pero también comenzó a recibir ataques con la misma intensidad.

Ambos combatientes intercambiaban embestidas que parecían igualadas en magnitud, como dos fuerzas opuestas luchando por imponerse.

Con un grito desgarrador, Paltio elevó su energía una vez más y propinó un golpe colosal que envió a Urugas directamente hacia una enorme formación rocosa, haciéndolo estrellarse con tal fuerza que la montaña tembló y se fracturó bajo el impacto.

Sin embargo, antes de que Paltio pudiera siquiera celebrar el éxito momentáneo, Urugas emergió nuevamente de los escombros.

Como si nada hubiera pasado, sus heridas se habían curado por completo.

Con una sonrisa arrogante, el villano comentó: “Interesante… Veo que aún tienes poder.

Ya veremos si aguantas la mitad de mi poder… o quizá el sesenta por ciento.

Sí, creo que sí.

Espero que con este aumento no te mueras tan pronto.” El cuerpo de Urugas comenzó a brillar con una energía oscura que lo envolvía completamente.

Su aura aumentó exponencialmente, y sin darle tiempo a reaccionar, se lanzó hacia Paltio con una velocidad sobrenatural.

El joven príncipe intentó defenderse cruzando sus brazos frente a él, pero esta vez el impacto fue tan brutal que empezó a resquebrajar los protectores de sus antebrazos.

“¡Maldición!” gritó Paltio mientras sentía cómo el choque lo empujaba hacia atrás.

La onda expansiva del golpe fue tan poderosa que lo hizo escupir sangre, dejándolo tambaleante y visiblemente debilitado.

“¡Vamos, niño!

Resiste más.

¿No ves que estoy emocionado?

¡Apenas estoy calentando!” dijo Urugas con una carcajada burlona, disfrutando claramente del sufrimiento de Paltio.

“No cuentes con eso,” respondió Paltio entre jadeos, incrementando la intensidad del aura que lo rodeaba.

Canalizando toda su determinación, lanzó un potente gancho derecho que impactó directamente en el rostro de Urugas, enviándolo volando hacia atrás.

Sin embargo, esta vez el villano logró agarrarse del suelo con una mano, usando el impulso para regresar rápidamente al ataque.

Ambas fuerzas chocaban repetidamente, pero era evidente que Paltio estaba perdiendo terreno.

Sus movimientos comenzaron a ralentizarse, y sus ataques ya no tenían el mismo brillo ni potencia inicial.

La fatiga causada por el uso prolongado del cien por ciento de su poder estaba cobrando factura.

“Maldición… El tiempo se está por agotar,” murmuró Paltio mientras trataba desesperadamente de protegerse de los implacables ataques de Urugas.

Sabía que, si no encontraba una manera de inclinar la balanza a su favor pronto, todo estaría perdido.

Urugas volvió a contraatacar, lanzándose directamente hacia el príncipe a una velocidad que parecía desafiar los límites de la vista.

Su figura se convirtió en poco más que una sombra oscura que cortaba el aire con una ferocidad implacable.

Antes de que Paltio pudiera reaccionar, Urugas ya estaba sobre él, descargando un golpe devastador que resonó como un trueno en el campo de batalla.

Un gran estruendo sacudió el área, tan poderoso que incluso los árboles cercanos temblaron violentamente bajo la fuerza del impacto.

La onda expansiva generada por el choque entre ambos combatientes barrió todo a su paso, levantando polvo y escombros que oscurecieron momentáneamente el lugar.

Paltio, aunque logró bloquear parcialmente el ataque, fue lanzado hacia atrás por la brutalidad del golpe.

Su cuerpo atravesó el aire hasta estrellarse contra una roca cercana, dejando una profunda grieta en su superficie.

El joven príncipe cayó al suelo, jadeando mientras intentaba recuperar el aliento, pero su mirada seguía fija en Urugas, llena de determinación a pesar de su estado crítico.

“¿Eso es todo lo que tienes, niño?” dijo Urugas con una sonrisa arrogante, limpiándose el brazo como si acabara de realizar una tarea insignificante.

“De verdad esperaba algo más impresionante después de tanto alarde.” En ese preciso momento, el equipo de apoyo liderado por Ron y los demás finalmente llegó al lugar de la batalla.

Lo que vieron los dejó horrorizados: Urugas tenía a Paltio inmovilizado en el suelo, colocando su pie sobre su rostro mientras el joven príncipe yacía en un charco de sangre, visiblemente malherido.

“¡Bah!

Este es tu cien por ciento, muchacho.

Patético,” dijo Urugas con desdén, presionando aún más con su pie sobre el rostro de Paltio, quien apenas podía moverse.

Todos los presentes se quedaron paralizados por el horror.

Era difícil asimilar que su amigo, el valiente Paltio, estaba siendo derrotado de manera tan aplastante por el señor maligno Urugas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo