La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 258
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258: Badogorfo 258: Badogorfo Paltio seguía enfrentándose a Urugas, codo a codo, mano a mano, patada tras patada e incluso cabezazo tras cabezazo.
Las fuerzas parecían equilibradas, pero solo en apariencia.
En realidad, Urugas estaba utilizando apenas el sesenta por ciento de su poder.
Con esa fracción, jugaba con Paltio como si fuera un simple reto deportivo, no una batalla desigual donde el destino colgaba de un hilo.
Paltio mantenía su defensa, aunque cada golpe que lanzaba o recibía lo iba debilitando.
Maldición… El poder que tengo no puedo controlarlo más allá de veinte minutos, y ya creo que estoy excediendo mi límite, se dijo mentalmente.
Su respiración se volvía más pesada, sus movimientos menos precisos.
Golpe tras golpe, la armadura de Paltio comenzó a resquebrajarse.
“¡Vamos, niño!
Dame más emoción.
Quiero que me diviertas”, exclamó Urugas con una sonrisa siniestra.
“¿Pero qué clase de enfermo eres?
¿Cómo puedes considerar esto una diversión?” le respondió Paltio, jadeando mientras trataba de mantenerse firme en la pelea.
Urugas rio con desdén.
“¿No te parece divertido ser enfrentado por alguien tan superior?
Me gusta medir la fuerza de mis oponentes antes de opacarlos, humillarlos y luego devorar sus poderes y sueños.” “No lo creo.
Eres un ser retorcido, además de condenar a mi mundo.
Debo vencerte, hacer que te vayas para siempre y liberarlo de las sombras que lo asedian,” dijo Paltio con determinación, su voz temblorosa pero cargada de resolución.
“Ja, ja, bueno no importa, mientras me sigas divirtiendo, tu mundo seguirá vivo”, respondió Urugas, clavando su mirada penetrante en los ojos de Paltio.
“Pero no sé cuánto más aguantes, niño.” Los ataques continuaron incesantes.
Cada golpe que Paltio recibía lo debilitaba aún más.
Su energía estaba al borde del colapso, casi en cero.
“¡Vamos, diviérteme, niño!” gritó Urugas con desdén, lanzando ráfagas de poder que sacudieron el campo de batalla como un vendaval destructor.
Acto seguido, propinó un rodillazo directo al estómago de Paltio, dejándolo sin aire y doblado de dolor.
Sin darle tiempo a recuperarse, Urugas juntó ambos brazos y descargó un potente coscorrón que resonó como un trueno, enviando a Paltio al suelo con un golpe seco.
Finalmente, con un pisotón brutal sobre el pecho del príncipe, Urugas hizo que este comenzara a sangrar, manchando la tierra bajo él con hilos carmesí.
“¡Qué patético muchacho!
No me digas que ese era tu cien por ciento.
Vamos, muéstrame de qué estás hecho, principito”, se burló Urugas, propinándole varios golpes más mientras Paltio yacía indefenso en el suelo.
El príncipe luchaba por respirar.
Sus fuerzas lo abandonaban.
El poder del cien por ciento estaba llegando a su límite.
Sin embargo, Urugas no estaba satisfecho.
Comenzó a pisotearle la cara, aumentando su crueldad.
“¡Vamos, mocoso!
Demuéstrame el poder que tenías.
¡No me digas que eso es todo!
Es una decepción entonces.
Si ya me aburres, iré a acabar con todo este planeta y comenzar mi expansión por el universo.” En ese preciso momento, varias voces resonaron en el aire: “¡No, Paltio!” Eran sus aliados, quienes acababan de llegar.
“¡Pero!
¡qué le haces a mi papi, tú feo monstruo!” gritó Rykaru, lanzándose directamente hacia Urugas con furia incontenible.
“¡Pero qué le haces a mi papi, tú feo monstruo!” gritó Rykaru, lanzándose directamente hacia Urugas con furia en sus ojos.
“No te metas, lagartija,” respondió Urugas con desdén.
Con un rápido movimiento, lanzó una patada devastadora que envió a Rykaru volando hacia Rodelos.
Este apenas logró atraparlo, ya que el impacto del golpe era brutal y lo hizo tambalearse hacia atrás.
“¿Te encuentras bien, muchacho?” preguntó Rodelos preocupado, sosteniendo firmemente a Rykaru mientras evaluaba su estado.
“Sí… pero ese ataque casi me mata,” murmuró Rykaru, señalando una herida profunda en su estómago que comenzaba a sangrar.
Sin darse cuenta, su esfera de energía vibraba peligrosamente, a punto de resquebrajarse por completo bajo la tensión del combate.
Urugas soltó una carcajada burlona al ver a los amigos de Paltio reunidos frente a él.
“Vaya, ustedes sobrevivieron.
Entonces, ¿acabaron con todos mis ejércitos de las sombras?
No pensé que fueran tan débiles.
Ya no se consiguen soldados fuertes en estos días.
Quizá en otro mundo que corrompa, los encuentre.
Tal vez la Tierra…” reflexionó en voz alta, mirándolos con una sonrisa torcida.
“¿Quieren pelear contra mí?” indicó Urugas, clavando sus ojos fríos y punzantes en cada uno de ellos.
“No creo que me den un buen espectáculo.
Si este mocoso es el más poderoso de ustedes, no veo cómo podrían divertirme.
Aunque tal vez puedan entretenerme un rato, mientras vuelvo a matar a su amigo Paltio.
Y espero que esta vez se quede en ese estado.” Su voz era una mezcla de amenaza y desprecio.
Comenzó a pronunciar palabras en una lengua antigua y oscura.
De la nada, frente a él empezaron a materializarse figuras conocidas: Tejod, Tertrol, Trebolg, Mejod, Blajon e incluso la esencia de Troba.
Sus cuerpos inertes se movían ahora controlados por la voluntad de Urugas.
“Bueno, al menos sus inútiles muertes y la magia que les di no serán en vano,” declaró con cinismo mientras inspeccionaba a cada uno de ellos.
“La tonta tejona que creía ser invencible gracias al poder de la bruja que envié para domar a los hombres y otorgarle eterna juventud… ¿Y en qué lo usó?
En convertirse en una cantante de música horrenda, manipulando a otros para que adoraran sus melodías y las escucharan sin descanso.
Aunque, claro, no era su talento lo que los atraía: los tenía bajo su control con su magia.
Pero su arrogancia fue su perdición.
Creyó que su belleza y la adulación de sus seguidores la hacían intocable.
No contó con un puñado de mujeres inmunes a su magia, quienes lideraron la resistencia contra ella.
Alita y las Guerreras de Fuertelia pusieron fin a su reinado de engaños.
¡Qué desperdicio de potencial!” Urugas hizo una pausa, clavando su mirada en el vacío mientras su voz se cargaba de desprecio.
“La lujuria por placeres egoístas y riquezas fue lo que le dio un final tan patético,” concluyó, refiriéndose a Troba.
“El que disfrutaba amenazando, oprimiendo y torturando… Usó su poder precisamente para eso, alimentando su crueldad sin límites.
Pero ¿sabes cómo terminó?
Fue vencido por quien menos esperaba: Ariafilis, una mujer que blandió su espada contra él con determinación inquebrantable.
Su soberbia fue lo que lo llevó a su caída.
Patético,” añadió Urugas con desdén, señalando a Blajon mientras una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro.
“El que creyó que la tecnología lo era todo y fue derrotado por gente que casi no dependía de ella… Encima, unos niños le ganaron en su propio juego científico,” dijo Urugas, refiriéndose al momento en que Paltio y sus amigos destruyeron a Ruby.
“Pero no contento con saborear su derrota, tuvo la desfachatez de crear otra inteligencia artificial.
¿Y qué obtuvo?
Nada.
Ni siquiera esa nueva creación pudo salvarlo ante un mocoso con explosivos.
Su gula insaciable por tener siempre a la tecnología de su lado fue su ruina.
Qué fracaso,” concluyó Urugas con sorna, hablando de Trebolg.
“Uno que solo usó lo que le di para mejorar su fuerza física y nada de cerebro.
Fue fácilmente derrotado.
Anciano inútil,” continuó Urugas con desdén.
“Pensaba que la tecnología no era para él y vivió en un mundo de piedra, demasiado perezoso para invertir en esas cosas.
Solo veía el mundo a través de la fuerza bruta, sin comprender que había más allá de sus músculos.
Al final, fue vencido por alguien aún más fuerte que él,” dijo refiriéndose a Galatea.
Urugas hizo una pausa, como si saboreara cada palabra antes de continuar: “Debía haber hecho más.
Quizás pudo haber ganado si hubiera usado estrategia en lugar de depender únicamente de su fuerza bruta.
Pero fue demasiado flojo, demasiado arrogante para considerar otras opciones.” Mientras hablaba, señaló el cuerpo inerte de Mejod con un gesto cargado de desprecio.
“¡Ah!
El que soñaba con que sus planes secretos clandestinos lo llevarían a triunfar sobre el líder supremo de las sombras… Terminó traicionado y asesinado por un arma científica, que él mismo mandó a crear.
Qué ironía,” dijo Urugas con una sonrisa burlona, dejando que las palabras resonaran en el aire como un eco cruel.
Hizo una breve pausa, saboreando su propia crueldad, antes de continuar: “El tonto era insaciable en su sed de poder y envidiaba a mi líder en jefe, pues siempre quiso ser visible y aspiraba a liderar mi ejército de sombras.
Lo logró, pero lamentablemente, su ambición lo cegó.
Tomó decisiones desesperadas que sellaron su destino.
Tuvo un liderazgo tan corto que fue destituido en tiempo récord, gracias a cómo DeathSpark, su supuesta arma secreta, puso fin a su miserable intento de grandeza.” Urugas sacudió la cabeza con desdén, refiriéndose a Tertrol, mientras su mirada se endurecía aún más.
“Y, por último, creo que el peor de todos: el que tuvo hambre de poder, avaricia y lujuria por dominar a los demás.
Aunque lo hacía para mí, sabía que se divertía siendo el conquistador supremo, imponiendo su voluntad sin límites.
Pero su pereza lo llevó a no ir más allá de sus objetivos inmediatos, ignorando las traiciones que se gestaban en sus propias unidades.
A pesar de saberlo, su soberbia lo cegó.
Envidiaba a todos los demás seres por tener formas humanoides antes que él, convencido de que eso los hacía superiores.
Pensaba que poseer grandes habilidades y conocimientos que nunca tuvo era lo que definía su poder… y por eso los odiaba,” dijo Urugas con desdén, refiriéndose a Tejod.
Urugas hizo una pausa, como si saboreara cada palabra antes de continuar: “Pobre tonto… Sus sueños nunca se cumplieron.
Quería conocer más allá de su pequeña comarca de alimañas, pero al final fue mi títere personal.
Le doy las gracias por lograr liberarme, pero eso no le resta lo inútil que fue al final.” Todos se elevaron lentamente, fusionándose en una masa oscura que parecía engullida por las sombras.
La masa comenzó a crecer de manera descomunal, expandiéndose y tomando forma poco a poco.
De ella emergieron cuatro enormes patas provistas de garras afiladas, una cola larga y escamosa adornada con hileras de púas intimidantes, unas alas gigantescas que oscurecían el cielo y un cuerpo colosal coronado por un cuello largo que culminaba en una cabeza endemoniada.
Era la forma de un dragón temible, con ojos aún cerrados y dos enormes cuernos curvados a los costados de su cráneo.
“Despierta de una vez, mi querido dragón infernal Badogorfo, y muéstrame un gran espectáculo,” ordenó Urugas con una sonrisa siniestra.
En ese instante, la bestia abrió sus ojos, revelando llamas vivas que formaban las insignias de los seis órdenes de líderes de las sombras.
Su mirada era abrasadora, cargada de odio y poder, lista para atacar a los amigos de Paltio.
“Genial… Salimos de un ciborg y ahora tenemos que enfrentar un dragón.
Este día va de mal en peor,” murmuró Ron con sarcasmo, observando cómo la criatura se alzaba imponente frente a ellos.
Sus ojos ardientes se posaron sobre el grupo con una intensidad que parecía perforar sus almas.
El aire vibraba con cada movimiento del dragón, y el suelo temblaba bajo el peso de sus garras.
Las hileras de púas en su cola brillaban sutilmente, reflejando destellos amenazadores, mientras sus enormes alas extendidas proyectaban sombras que cubrían todo a su alrededor.
Era evidente que no estaban ante un simple monstruo; Badogorfo irradiaba un aura de devastación capaz de aniquilar mundos enteros.
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