Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 26 - 26 Fuertelia Al Fin
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: Fuertelia Al Fin 26: Fuertelia Al Fin Paltio les dijo con firmeza a las serpientes: —¿Quién es la siguiente?

Ambas Serugulas lo miraron con ojos rojos como la sangre, brillando con furia asesina.

Listas para atacar, las serpientes se lanzaron hacia él, abriendo sus bocas descomunales llenas de colmillos afilados.

Sin embargo, Paltio no se movió ni un centímetro.

Simplemente extendió sus manos hacia adelante, con los dedos apuntando hacia ellas como si estuviera preparado para recibir su embestida.

—¡Muévete, eres tonto o qué!

—gritó Pax, todavía recuperándose de la caída y viendo cómo las serpientes se acercaban peligrosamente.

Pero justo cuando las dos criaturas pasaron por los lados de Paltio, fueron cortadas limpiamente, como si un cuchillo atravesara mantequilla caliente.

Las mitades de las Serugulas cayeron al suelo, pereciendo al instante.

—Eso no lo puedo creer… —murmuró Pax, incrédulo ante lo que acababa de presenciar.

El chico apenas había movido las manos, y con un simple gesto había eliminado a las serpientes.

“Esos guantes deben ser el poder detrás de todo esto”, pensó Pax, observando los guantes verdes que seguían brillando intensamente en las manos de Paltio.

Paltio, con una sonrisa confiada, se volvió hacia Pax.

—Ahora estamos a mano.

—Sí, como sea, niño —respondió Pax con indiferencia, aunque su tono traicionaba cierta admiración.

Ambos voltearon para ver a Toco-Toco peleando ferozmente contra Lula, la gigantesca “Serugulas”.

El gato daba saltos ágiles, bloqueando los colmillos-dardos que la serpiente lanzaba sin cesar.

De pronto, Toco-Toco se detuvo y miró hacia ellos.

—¡Ups!

Ya es hora, adiosito —dijo con una sonrisa felina antes de desaparecer, regresando al holograma de Golden.

—¿Pero por qué se fue?

¡Si iba bien!

—protestó Pax, frunciendo el ceño.

Golden respondió desde el vínculo mental: —Solo puede estar por poco tiempo en este mundo debe recargar su energía mientras yo esté dentro de este holograma.

Lula, furiosa por la interrupción, giró su enorme cuerpo hacia donde estaban Paltio y Pax.

Con los ojos inyectados en sangre, comenzó a lanzar sus colmillos-dardos hacia ellos.

Pax rápidamente recogió su espada y escudo para protegerse y contraatacar, mientras Paltio esquivaba los ataques con agilidad, usando sus guantes para desviar algunos proyectiles.

—Es hora de acabar esto —indicó Golden con urgencia—.

El tiempo de los guantes ya está por acabarse.

Lula avanzó hacia ellos con una velocidad sorprendente, abriendo su boca cada vez más grande.

Sus cuatro colmillos sobresalían como espinas mortales colocadas en los puntos de un cuadrado perfecto.

—¡Me los comeré de una vez!

—rugió la serpiente, acercándose a toda prisa.

Pax preparó su espada para incrustarla en el cuerpo de la criatura, pero Paltio lo detuvo con un gesto.

—No, lánzala hacia ella.

Pax lo miró con escepticismo, pero luego asintió.

—Está bien, creo que estará bien.

—Se agachó y colocó sus manos una encima de la otra, formando una plataforma.

Sin dudarlo, Paltio corrió hacia él y colocó un pie entre las manos de Pax.

Con todas sus fuerzas, Pax impulsó al príncipe hacia arriba, lanzándolo directamente hacia la boca abierta de Lula.

Para sorpresa de todos, Paltio atravesó limpiamente el cuerpo de la serpiente, dejando un gran hueco en su paso.

Aterrizó ágilmente en el suelo mientras los guantes se desvanecían de sus manos, causándole un calambre instantáneo.

—Es toda tuya, Pax —dijo Paltio, señalando a la bestia herida.

La gigantesca serpiente cayó al suelo, debilitada.

Pax aprovechó el momento para dar una estocada final, acabando con ella de una vez por todas.

La criatura se evaporó en el aire junto con los restos de las otras Serugulas.

Poco después, los demás comenzaron a despertar del veneno paralizante que las serpientes habían inyectado en ellos con ayuda de la pieza del cetro que tenía Paltio.

—Bueno, lo logramos.

Vencimos a esas cosas —indicó Paltio, contando lo sucedido.

Alita, aún aturdida, no podía creer lo cerca que habían estado de convertirse en comida de serpiente.

Mientras tanto, el grupo revisó la casa y encontró los huesos de las verdaderas dueñas del lugar.

Decidieron darles una sepultura digna como muestra de respeto.

—Algo bueno que hicieron esas serpientes fue lavar nuestra ropa —comentó Ron, sosteniendo su traje limpio con una sonrisa irónica.

Mok ajustó sus lentes con formalidad y añadió: —Es mejor que salgamos de aquí y retomemos el camino.

El grupo asintió y, tras asegurarse de que no quedaba ningún peligro latente, abandonaron el lugar, listos para continuar su viaje.

Todos estuvieron de acuerdo y regresaron al camino.

Al retomar la ruta, el reloj cambió a “6”.

—Ya pasaron seis días —indicó Paltio con seriedad, mirando hacia el cielo aunque este estaba oscuro producto de las sombras—.

Debemos darnos prisa.

—Eso quiere decir que perdimos más tiempo del pensado en ese lugar —comentó Ron, frunciendo el ceño.

—Sí, parece ser que el tiempo pasaba más lento adentro —reflexionó Mok—.

Pero una vez que fueron vencidas las serpientes, el tiempo volvió a la normalidad.

El carruaje se puso en marcha nuevamente.

Cabalgaron sin cesar hasta llegar a una especie de cuesta empinada.

Al descender, divisaron a lo lejos unos muros no tan grandes como los del reino anterior.

—Hemos llegado —anunció Mok—.

Ese es Fuertelia el reino de los “Fuertes”.

—Bien, será mejor ingresar para buscar la pieza —indicó Pax, ajustando su espada con determinación.

El carruaje bajó la pendiente y llegó a las puertas de la ciudad.

Al acercarse, notaron una bandera enorme colgada verticalmente en la pared, similar a la insignia que portaba Pax, pero de color amarillo brillante.

—Así que aquí están las famosas sombras amarillas —murmuró Pax para sí mismo, observando la bandera con desconfianza.

Iban a tocar la puerta, pero antes de que pudieran hacerlo, esta se abrió sola.

Al entrar, vieron que los carruajes de los comerciantes estaban aparcados cerca de lo que parecía una tienda improvisada.

Todo estaba nublado y oscuro; si no fuera por la llama azul que emanaba de la antorcha de Pax, apenas podrían ver algo.

—Decidieron pasar… Así que este es Fuertelia.

No se ve tan fortificado para ser de los Fuertes —dijo Ron, inspeccionando la ciudad vacía.

Parecía un pueblo fantasma, con calles desiertas y edificios abandonados.

Siguieron en el carruaje hasta llegar a la plaza central.

De repente, una voz resonó en el aire: —¡Prepárense para presenciar a nuestra maravillosa y talentosa señorita Troba, la tejona, nuestra gran soberana!

Del suelo comenzaron a emerger chispas y humo, levantando un escenario improvisado que era sostenido por cuatro ciudadanos de Fuertelia.

Del centro apareció una mujer tejón humanoide, vestida con un elegante traje amarillo que resaltaba con su pelaje rubio y sus ojos verdes brillantes.

La multitud que había comenzado a reunirse estalló en aplausos, gritando: —¡Viva Troba, nuestra soberana!

Pax frunció el ceño mientras observaba la escena.

—Pero ¿qué está pasando aquí?

¿Por qué solo hay hombres en esta ciudad?

¿Y las mujeres Fuerte?

¿Dónde están?

—se preguntó en voz alta.

—El “sombra roja” tiene razón —dijo Alita, cruzándose de brazos—.

¿Qué raro que no haya mujeres?

—Sí, es muy extraño, señorita Alita —añadió Mok, llevándose una mano a la barbilla, pensativo.

Troba, la tejona, comenzó a dirigirse a su público con una sonrisa encantadora.

—¡Queridos míos, los quiero tanto como todos ustedes me quieren a mí!

Pero necesito un poco de su calor, aunque más de su energía lo dijo con una sonrisa diabólica.

Rápidamente, sacó una especie de guitarra y comenzó a tocar y cantar.

Su voz era hipnótica, casi mágica, y la multitud empezó a marearse.

Uno a uno, los hombres caían al suelo con una sonrisa en el rostro, murmurando: —Troba, te amamos… —Antes de quedarse profundamente dormidos.

—Qué fea canción… ¿No lo creen, chicos?

—dijo Alita, volteando hacia sus compañeros.

Pero nadie respondió.

Paltio, Ron y Mok ya no estaban a su lado; se habían acercado al escenario, completamente hechizados por la música.

—¡Oigan, chicos!

¡Paltio!, ¡Ron!, ¡regresen aquí!

—gritó Alita, intentando llamar su atención.

Sin embargo, ninguno de ellos le hizo caso.

Incluso Mok, quien siempre era el más sensato del grupo, parecía haber perdido toda racionalidad.

Se encontraba entre la multitud, mirando a Troba con una expresión de fascinación absoluta.

—¡Mok, tú también, ven!

¡Sé que eres el más sensato de todos!

—exclamó Alita, frustrada.

Pero ni siquiera él la escuchó.

Alita se quedó sola, observando cómo sus compañeros caían bajo los encantos de la tejona.

Sabía que algo no estaba bien… y que tendría que actuar rápido si quería salvarlos.

—¡Oh!

Ustedes han de ser nuevos, ¿verdad?

—preguntó Troba con una sonrisa encantadora, extendiendo sus brazos como si estuviera dando la bienvenida a un viejo amigo—.

Bienvenidos a mi paraíso y el lugar donde permanecerán para siempre.

Volvió a tocar su guitarra y cantar, pero esta vez su mirada se clavó fijamente en Paltio.

Sus ojos verdes brillaban con intensidad mientras lo observaba arrodillarse, luchando por resistirse al poder hipnótico de su música.

—Creo que tú y yo nos vamos a llevar muy bien —dijo Troba con una risa suave y melódica—.

Bueno, tu energía me hará mucho bien.

Espero que dures, muchacho.

Paltio cayó finalmente al suelo, inconsciente, mientras Troba reía con satisfacción.

—¡Guardias!

Llévense a estos tres a mi palacio —ordenó, señalando a Ron, Mok y Paltio—.

Pero más a este jovencito… Será mi luz por mucho más tiempo.

Alita, al costado del carruaje, intentaba comprender qué estaba sucediendo.

Observó cómo sus compañeros eran arrastrados por los guardias sin oponer resistencia.

Su frustración crecía, pero antes de que pudiera hacer algo, Pax la jaló hacia un rincón, cubriéndole la boca con una mano.

—Silencio, niña —susurró Pax con urgencia—.

No llames la atención.

Troba, aún sobre el escenario, frunció ligeramente el ceño, como si percibiera algo fuera de lugar.

—Me pareció ver a alguien… —murmuró, mirando en dirección a donde Alita y Pax estaban escondidos.

Sin embargo, no logró distinguir nada en la oscuridad.

En ese preciso momento, mientras Pax y Alita forcejeaban en silencio —ella tratando de hablar y él sosteniendo firmemente su mano sobre la boca de la chica para evitar que emitiera algún sonido—, cuatro manos surgieron repentinamente de la penumbra detrás de ellos.

Antes de que pudieran reaccionar, las manos les taparon las bocas con fuerza, ahogando cualquier intento de protesta o grito.

Sin darles tiempo a defenderse, los arrastraron hacia la oscuridad, desvaneciéndose como sombras tragadas por la noche.

Mientras se alejaban del lugar, Troba permaneció en el escenario, ajena al secuestro, con sus ciudadanos hombres postrados inconscientes a sus pies.

Ahora, tanto los habitantes de Fuertelia como los amigos de Alita estaban completamente a su merced.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo